Cuando cualquier visitante acude a Japón, una de las cosas que más le sorprende es la ausencia de papeleras en la calle. Si preguntamos sobre la razón de esto, probablemente la respuesta que obtengamos es que se han suprimido muchas papeleras para evitar ataques terroristas. Pero, siguiendo la historia reciente de Japón, podemos comprobar cómo no han existido casos de terrorismo internacional que puedan enlazar con los atentados de Londres, Madrid o Nueva York. Realmente, la amenaza terrorista en Japón ha surgido normalmente desde dentro, con casos como el del Rengôsekigun 連合赤軍, la Unión del Ejército Rojo de ideales comunistas; el grupo de ultraderecha Seikijuku 正氣塾, que desde 1981 ha protagonizado numerosos actos violentos; y el más importante de todos, del cual vamos a hablar en esta ocasión: el de la secta anteriormente conocida como Ôm Shinrikyo オウム真理教.
El lunes 20 de marzo de 1995 la secta de la Verdad Suprema (Ôm Shinrikyo オウム真理教), atentó en varias estaciones del metro de Tôkyô, en los recorridos de las líneas Chiyoda, Marunouchi y Hibiya. Estas líneas atraviesan todo el centro de la capital y conectan con el barrio en el que se concentra el poder estatal, Kasumigaseki.
Por aquel entonces era corresponsal del diario El País Ramón Mantecón, quien describió cómo sucedieron los hechos. A las 7.59 de la mañana, entonces hora de grandes desplazamientos y aglomeraciones, Ikuo Hayashi, Ken’ichi Hirose, Tôru Toyoda, Masato Yokoyama y Yasuo Hayashi se deslizaron en los vagones del metro de Tôkyô ataviados con mascarilla. Algo habitual en Japón, y que no provocó las sospechas de los pasajeros. Sí parecía extraño, no obstante, los guantes de plástico que cubrían los brazos de estas personas, la bolsa de plástico envuelta en papel de periódico y el paraguas, algo nada habitual en la mañana víspera del solsticio de primavera.
En pocos minutos esos hombres agujerearon las bolsas, y un líquido comenzó a deslizarse por el suelo del vagón de metro. A los 15 minutos el líquido, que se evapora y se mezcla con el aire, comienza a afectar a los pasajeros. Vómitos, asfixia, ceguera… Es el efecto del gas sarín con el que los miembros de la Verdad Suprema cometen el atentado. Un gas 20 veces más mortal que el cianuro de potasio. El jefe de la estación de Kasumigaseki recoge uno de los paquetes de un vagón de metro con sus manos desnudas, y cae desplomado casi al instante. El gas sarín penetra en el cuerpo a través de la piel y los pulmones, rompiendo las defensas del organismo y provocando una crisis nerviosa.
En total, seis personas murieron en menos de 20 minutos en el metro de Tôkyô, y otras tantas en los hospitales. Más de 5.400 personas fueron intoxicadas.
Aunque todo apuntaba a la secta religiosa de Shôkô Asahara, en un principio negaron los atentados. No obstante, varios meses antes se había oído a este líder laurear al gas sarín en varios de sus sermones. Además, se habían encontrado varios compuestos necesarios para la elaboración de este gas en las instalaciones que la secta poseía en Kamikuishiki. Aunque oficialmente no se había reconocido que Asahara estaba siendo investigado y que se sospechaba de él, la prensa sensacionalista sí había dado cuenta de ello, debido a la presunta implicación que éste había tenido en otros incidentes. Este atentado no fue el primero, el 1994 la policía japonesa dejó sin resolver la muerte de siete personas en la ciudad de Matsumoto, en la provincia de Nagano, tras un ataque con el mismo gas.
Este hecho puso de manifiesto la debilidad de la sociedad democrática y de las grandes ciudades ante el ataque de sectas religiosas fundamentalistas o de grupos terroristas. Los atentados tuvieron una repercusión mundial. También Nueva York y Washington aumentaron la vigilancia en sus subterráneos.
La CIA ya había experimentado la debilidad del metro de Nueva York en los años cincuenta, introduciendo un colorante no tóxico que fácilmente se propagó por los sistemas de ventilación. Este experimento fue la inspiración de una novela de Gordon Thomas escrita en 1990, Perfume Mortal. El desarrollo de esta novela tenía similitudes con los atentados de Tokio. Igualmente, estos ataques inspiraron la novela Salto Mortal (Chûgaeri), del premio Nobel japonés Kenzaburo Oé; y el libro Underground de Haruki Murakami, en el que se discute la repercusión de estos ataques en la psique japonesa.
La secta de Asahara reunía a 10.000 fieles en Japón, 20.000 en Rusia y otros tantos en Nueva York, Bonn, y en Sri Lanka. Su nombre, Ôm Shinri Kyo, deriva del término hindú Om, que representa el universo, y sigue con los Kanji (ideogramas) Shin (verdad), Ri (razón, justicia), y Kyo (fe, doctrina). Esta secta toma influencias del hinduismo y del budismo por la rama Theravada, Mahayana y Vajrayana. Nació a partir de la celebración de varios seminarios sobre Yoga que eran el pretexto para hablar sobre la espiritualidad. En 1987 el grupo de Asahara obtuvo el estatus oficial de religión de manos del gobierno japonés. A partir de entonces fue creciendo el número de fieles, en su mayoría estudiantes, que eran captados a la salida de las estaciones de metro mediante preguntas sobre la existencia.
Shôkô Asahara, cuyo verdadero nombre era Chizuo Matsumoto, se convirtió en lider de esta religión en 1986, tras unos ejercicios espirituales en el Himalaya. Asahara predicaba que el fin del mundo acaecería en 1997, tras una última guerra mundial. En la personalidad y la historia de Asahara hay muchos puntos aún por discutir. Antes de cometer los actos por los que finalmente fue condenado, mantuvo incluso contacto directo con el Dalai Lama, hecho que ayudó a su secta a ser reconocida como religión en Japón. En el juicio contra él fue acusado de 27 asesinatos, y encontrado culpable de 13 de los 17 cargos a los que se enfrentaba, entre ellos de otros casos como el ‘incidente Matsumoto’ y el asesinato de la familia Sakamoto.
No obstante, su juicio no estuvo falto de puntos oscuros. El proceso, que fue titulado por los medios sensacionalistas japoneses como “El juicio del siglo”, fue criticado por la Human Rights Watch porque el abogado más preparado para la defensa de Asahara, Yoshihiro Yasuda, fue arrestado y acusado de obstruir y retrasar el juicio para así evitar que el líder de la secta fuese condenado a la máxima pena posible, por lo que se le impidió participar en la defensa.
Finalmente, el 27 de febrero de 2004 Asahara fue condenado a morir en la horca. Hoy, a sus 54 años, el anterior gurú del la Verdad Suprema aún no ha sido ejecutado. Aunque en 2006 se ha tratado de recurrir la sentencia apelando a una supuesta enfermedad mental, la corte japonesa se ha mostrado inamovible en su decisión. En cuanto a la secta, después de los atentados abandonó Japón para instalarse en Rusia, cambiando su nombre por el de Aleph, la primera letra el alfabeto hebreo. Hoy tratan de desligarse de los actos ocurridos en 1995, por los que toda la política de seguridad del país se transformó.
Encontramos en Youtube un interesante reportaje sobre esta secta (inglés):
Igualmente, un anime que, aunque ha sido montado de modo humorístico con distintas canciones, en origen perteneció al material de propaganda de la secta:
Una de las escapadas que más gratamente recuerdo de 2009 fue la que hicimos Paolo, Yunhee y yo a Kôya san, en Wakayama, a una hora de Ôsaka aproximadamente. Estábamos dejando atrás el invierno, y aún en lo alto de la montaña quedaba algo de nieve. El frío calaba los huesos, pero aún así, la práctica ausencia de viento hacía el paseo muy agradable. Después de mucho tiempo en tren, llegamos a lo alto de la montaña y comenzamos a pasear por el cementerio, deteniéndonos de vez en cuando frente a los enormes árboles que apenas dejan pasar la luz dentro de la naturaleza del lugar. Entre las tumbas y las linternas de piedra, algunos grupos de turistas y jubilados haciendo el papel de peregrinos.
Por el camino natural, entre mucha maleza, varios tocones de árboles que debieron tener un tamaño considerable nos sorprendieron por estar decorados con una multitud de monedas de un yen. Un sólo yen. La mínima expresión monetaria convertida en instrumento de superstición, y decorando aquí y allá árboles, piedras y el fondo de algunas charcas. ¿Cuál será el motivo real? Hagan apuestas. Seguramente algo tendrá que ver con la buena fortuna en los negocios.
Pasando el templo, donde los monjes nos prohíben enérgicamente hacer fotos al vernos pasar con nuestras cámaras, encontramos una caseta cerrada, hecha para el descanso del viajero. Abrimos la puerta y pasamos a resguardarnos un rato. Frente a la misma, un elemento curioso. Un gong de perfecto sonido, fabricado con una pesada roca que cuelga de un gancho metálico.
Después de mucho caminar, de pisar la nieve y mojarnos los zapatos, llegamos a uno de los puntos más importantes del lugar: la gigantesca pagoda del Danjogaran, de tonos vivos. Llegamos justo a tiempo para ver cómo nos cierran las puertas. A lo largo del camino, muchas otras pagodas, hermanas pequeñas del coloso de madera que es la corona de Kôya.
En realidad, no existe el monte o la montaña Kôya como tal, pero sí el pueblo. Se llama montaña Kôya a toda la zona montañosa que se extiende al sur de Ôsaka, en la prefectura de Wakayama. La fama del lugar, además de por sus paisajes, viene derivada de ser el emplazamiento elegido por la secta budista Shingon (“la palabra verdadera”) como lugar central de culto. Hoy es considerado como uno de los lugares sagrados de Japón, gracias además a la importancia de su fundador, el monje Kûkai (Kôbo Daishi), que llegó allí en el año 819. La UNESCO denominó a Kôya san como Patrimonio de la Humanidad en 2004, lo que, pese al turismo, está ayudando a preservar la naturaleza del lugar. Como se puede imaginar, es uno de los lugares más importantes donde estudiar la espiritualidad y el budismo en Japón.
Descubrí en Japón la obra de Tôru Takemitsu 武満徹llamada Song book. Este gran compositor japonés, al que el premio nobel de literatura Kenzaburo Oe reverencia en sus libros, sin duda, y al que dedica su obra Salto mortal, es también autor de numerosas canciones populares como esta, que hoy día podemos oír en cualquier coral. Como este fin de semana quiero dejar con buen sabor de boca a todos los que amablemente me leéis, os ofrezco esta canción con su letra, transcripción y traducción. Podéis oír la versión del video de Mutsumi Hatano y Takashi Tsunoda. Para mi gusto, es una canción muy bella. Con vosotros, Chiisana Sora 小さな空, el pequeño cielo.
青空見たら Aosora mitara
綿のような雲が watano youna kumo ga
悲しみをのせて kanashimi wo nosete
飛んでいった tondeitta
いたずらが過ぎて Itazura ga sugite
叱られて泣いた shikararete naita
子供の頃を kodomo no koro wo
思い出した omoidashita
夕空見たら Yuuzora mitara
教会の窓の kyoukai no mado no
ステンドグラスが sutendogurasu ga
真っ赤に燃えてた makka ni moeteta
いたずらが過ぎて Itazura ga sugite
叱られて泣いた shikararete naita
子供の頃を kodomo no koro wo
思い出した omoidashita
夜空を見たら Yosora wo mitara
小さな星が chiisana hoshi ga
涙のように namida no you ni
光っていた hikatteita
いたずらが過ぎて Itasura ga sugite
叱られて泣いた shikararete naita
子供の頃を kodomo no koro wo
思い出した omoidashita
Al ver un cielo azul,
una nube como de algodón
se llevaba volando la tristeza.
Hacía demasiadas travesuras
era reprendido y lloraba.
Recuerdo cuando era un niño.
Al ver el cielo del atardecer,
la vidriera en la ventana de la iglesia
ardía en un rojo intenso.
Hacía demasiadas travesuras
era reprendido y lloraba.
Recuerdo cuando era un niño.
Al ver el cielo nocturno,
una pequeña estrella
brillaba como una lágrima.
Hacía demasiadas travesuras
era reprendido y lloraba.
Recuerdo cuando era un niño.
Hace poco mi director de tesis me ha regalado la popular obra del escritor de novela fantástica Kôji Suzuki titulada Drop, publicada en formato papel higiénico. El escritor (autor del éxito Ring) pensó en la costumbre de muchos japoneses de llevarse lectura al baño, y negoció con sus editores el curioso formato que podéis ver en las fotos. Gracias a la ayuda de la empresa Hayashi Paper, el escritor ha podido ver realizado su proyecto, y lo que es más, con un éxito apabullante, habiéndose convertido en todo un Best Seller en menos de un año. De hecho, la obra de Suzuki es vendida en algunas webs y librerías como “el papel higiénico más terrofíco de Japón”.
Ya tenemos Drop 1 y Drop 2 en un pack de dos rollos de papel higiénico. Si el éxito se traduce en una estrategia editorial real, los más “regulares” no se van a librar de sus 10 minutos (por un poner) de lectura diaria. Todo un visionario, Kôji Suzuki.
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El 1 de octubre de este año, en el artículo inaugural del Hatoyama Cabinet E-mail Magazine, el actual líder nipón remarcaba el concepto de Yuai 友愛, cuya traducción es fraternidad, como palabra clave y declaración de intenciones en cuanto a la futura política exterior del nuevo gobierno del Minshutô (PDJ). Este concepto, según afirma el mismo Yukio Hatoyama en un artículo titulado El espíritu de la fraternidad en The Japan Journal, era uno de los motores de la política de su padre, Ichirô Hatoyama, que gobernó Japón sucediendo a Shigeru Yoshida entre 1954 y 1956.
Curiosamente, estando en el gobierno el padre del actual primer ministro, el 18 de diciembre de 1956 Japón pasó a formar parte de las Naciones Unidas. En su artículo, el líder nipón recuerda parte del primer discurso en la ONU del entonces ministro de asuntos exteriores, Mamoru Shigemitsu, que señaló lo siguiente:
“La esencia de la política, economía y vida cultural de Japón es el producto de la fusión de las civilizaciones occidental y oriental durante el último siglo.”
De este modo, Hatoyama señala que Japón puede ser considerado, históricamente, como un puente o un enlace entre la civilización occidental y la oriental.
En realidad, detrás de esta maniquea visión de lo oriental y lo occidental, se esconde una visión de la política regional que propone superar una serie de retos históricos que siguen latentes. Hay quien afirma que en la región de Asia-Pacífico sigue viva una suerte de guerra fría que ocupa, de manera abierta en algunos casos como Corea del Norte, o de manera “sumergida” en las relaciones con la China popular, buena parte del libro blanco de defensa de estos países desde que terminase la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea.
La gira del presidente norteamericano Barack Obama no ha hecho sino abrir el debate, una vez más, sobre la delicada posición de Japón como actor en la región, tanto a nivel geoestratégico como político. Tal como afirmara el ministro Shigemitsu en su discurso frente a las Naciones Unidas, Japón ha sido el peso equilibrador en una zona de política desequilibrada, si bien también una de las naciones más criticadas por su historial de agresiones a las naciones vecinas hasta la ocupación norteamericana. No en vano, anunciar una nueva política de relaciones exteriores bajo el concepto de fraternidad recuerda a muchos países aún recelosos la Daitôa Kyôeiken 大東亜共栄圏, o Gran esfera de coprosperidad del este de Asia, que sirvió finalmente como carta de entrada a la invasión japonesa de numerosos países asiáticos.
Culturalmente, Japón ha seguido las vías de occidente, asimilando y transformando lo que no le ha sido impuesto, desde que se iniciara la restauración Meiji, en el siglo XIX. La saga de los Hatoyama, siempre relacionada con la política del país desde esta misma época, ha estado sin duda influenciada por el pensamiento occidental y la política desde aquellos primeros estadios de la renovación política del país. El propio abuelo del actual primer ministro, Kazuo Hatoyama, se graduó en la universidad norteamericana de Yale; Ichirô Hatoyama, antes mencionado, era cristiano protestante. Es obvio que en el carácter de Yukio Hatoyama, o al menos en su educación familiar, hay un importante componente de relación con occidente, tanto a nivel de valores como a nivel nostálgico.
El palpitante crecimiento económico de la China de Hu Jintao hace sospechar que la balanza de poder en la región puede inclinarse a favor de la República Popular. El hecho de abogar por el Yuai, por la fraternidad, en calidad de enlace o nodo de “acceso” a la región para las potencias occidentales, puede tener varias lecturas. Una de ellas es el reforzamiento de las relaciones con Estados Unidos, que Japón parece desear con renovadas fuerzas tras la entrada de Obama en la Casa Blanca. Otra lectura es la pretensión de Japón de establecerse como figura conciliadora entre EE.UU. y China, cuyos regímenes aún mantienen manifiestas diferencias.
Finalmente, tal vez la lectura más deseada del uso del concepto de Yuai en la futura estrategia exterior de Japón, es la voluntad del país de reconciliarse de manera definitiva con los países de la región solventando los conflictos latentes del pasado. Para ello el gabinete de Hatoyama debe enfrentarse al pasado de Japón de manera descarnada, para reconocer y aceptar todos aquellos puntos oscuros que aún provocan en los países de la región protestas anuales de las cuales, al menos mediáticamente, ya nadie puede hacer oídos sordos. Tal vez la esperanzadora renovación de Japón no sólo esté en una revisión económica, política y social del país, sino también en una concienzuda renovación moral en cuanto a todo lo que queda por pacificar desde que el país pusiera fin a su aventura expansionista.
Hace un tiempo os hablé de un programa educativo que adoro que se llama Shakin!. En aquella entrada os enlazaba un video de una canción titulada Kanjite goran, con la que se podían aprender los primeros 80 Kanji de la escuela primaria en Japón. Pues bién, hace poco me he topado con el segundo video, mucho más trabajado, donde se pueden aprender un centenar de Kanji más con su vocabulario. Sigo afirmando que adoro este programa, y que cuando pueda conseguiré los DVD del mismo. Está realizado por un grupo artístico (Manzai entre otras cosas) llamado Rahmens, y si hacéis una búsqueda sobre el mismo en Youtube podréis encontrar videos muy interesantes que os servirán como complemento para estudiar japonés.
Sin más, os dejo con el video. Os recomiendo su visionado diario, y la lectura de la letra para su buena memorización.
Y a modo de recordatorio, el primer Kanjite Goran:
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En los anteriores meses he posteado tres artículos que resumen de manera peculiar algunos aspectos del llamado “desarrollo japonés” desde los primeros años de las postguerra hasta nuestros días. He pensado que pueden ser artículos de interés para todas aquellas personas que desean estudiar la historia contemporánea de Japón, y especialmente todo lo que se refiere al crecimiento y la crisis de este país, cuya peculiaridad se discute hoy día debido a la crisis global que vivimos. Sin más, quiero recapitular aquí los tres artículos, para todas aquellas personas que decidan leerlos y, cómo no, discutirlos:
El desarrollo japonés ante el mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo
Terminada la década de los sesenta, Japón ya ha superado prácticamente a la Alemania Occidental en producción industrial, ganándose un puesto entre las principales economías del mundo. EEUU y la URRS miran con recelo este “milagro japonés”, y vuelve a despertar el fantasma del “peligro amarillo”.
El desarrollo japonés ante el mundo. (II) El sueño traicionado
Tras la retirada de MacArthur, ya con la economía japonesa bien encarrilada, la legislación del país se vuelve más laxa en cuestiones de monopolio. Es entonces cuando vuelven a tomar importancia antiguos conglomerados como Sony, Matsushita, Mitsubishi, Honda o Mitsui, entre otros.
El desarrollo japonés ante el mundo. (III) El coste humano del desarrollo
[El] creciente índice de envejecimiento de la población (se espera que la población mayor de 65 años alcance el 28% en 2020), fue uno de los factores que trajeron consigo durante la década perdida de los ‘90 una dura recesión de la que aún Japón cree a duras penas salir. Esta misma crisis es considerada, en algunos casos, como una traición al pacto social de postguerra, cuyo resultado no es, ni de lejos, el esperado.
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En los anteriores capítulos habíamos visto de manera muy resumida cómo Japón entró primero en una fase de desarrollo que se conoció como “el milagro japonés”, y en la que el trabajo, la ciudad y por consiguiente la sociedad sufrió un proceso de cambio importante. Posteriormente los fundamentos de ese mismo desarrollo serían el caldo de cultivo para la corrupción y para el surgimiento de la burbuja inmobiliaria y financiera que trajo la crisis de la década perdida, cuyo coste humano vamos a analizar en este último artículo.
El primer factor que afecta al nuevo periodo económico-social de Japón en los ‘90 y hasta nuestros días es el envejecimiento de su población. Se denominan sociedades envejecidas aquellas cuyo porcentaje de población mayor de 65 años supera el 14% del total. La peculiaridad japonesa es que el país pasó de ser una sociedad en crecimiento a una sociedad envejecida en unos 24 años, una transición que normalmente suele suceder en un periodo de 40 años. A este hecho se le suma que la esperanza de vida en Japón pasó de ser 50 años para los hombres y 54 para las mujeres en 1947, a 69 para los hombres y 74 para las mujeres en 1970. Ya en 2001, la esperanza de vida se estimó en 78 años para los hombres, y 84 para las mujeres. Un incremento de más de 30 años, propiciado, obviamente por el rápido desarrollo económico de la nación. En 1998, Japón ya se había convertido en la población más envejecida del mundo.
¿Pero qué es lo que hace que la sociedad de Japón envejezca en un periodo de tan sólo 24 años? La respuesta a esto la encontramos en que el Baby Boom más importante que ocurre en el país tiene también una duración especial. El Baby Boom japonés más importante sucede desde el final de la guerra, pero termina en apenas cuatro años, al contrario que en otras naciones en las que este fenómeno continúa durante al menos 10 años. Una de las razones de esa “frenada en seco” fue la Yûseihogohô 優生保護法, o acta de protección eugénica, aprobada en 1948 y revisada en 1949, que básicamente aprobaba los abortos a petición, y cuya aplicación se tradujo en un descenso del 40% en el índice de nacimientos.
Este creciente índice de envejecimiento de la población (se espera que la población mayor de 65 años alcance el 28% en 2020), fue uno de los factores que trajeron consigo durante la década perdida de los ‘90 una dura recesión de la que aún Japón cree a duras penas salir. Esta misma crisis es considerada, en algunos casos, como una traición al pacto social de postguerra, cuyo resultado no es, ni de lejos, el esperado. Una de las primeras consecuencias que debemos ver en este punto es el comienzo del fin de la hegemonía del Partido Liberal Democrático (PLD, Jimintô), en el gobierno desde su fundación en 1955. Aunque gobernará hasta 2009, el partido comienza a sufrir serias escisiones. La primera gran crisis gubernamental sucede los años 1993 y 1994, en los que es expulsado del gobierno durante 11 meses. Cuatro años después las tensiones cristalizarán en el nacimiento del principal competidor del PLD con la unión de cuatro partidos distintos en el Partido Democrático de Japón (PDJ, Minshutô), que finalmente, favorecido por los escándalos del PLD durante los últimos años y la crisis económica global, se alza en el poder con Yukio Hatoyama a la cabeza en 2009.
En cualquier caso, los últimos 20 años en Japón son el reflejo de una catarsis cultural. Las nuevas generaciones y los que comienzan su vida laboral en los ‘90 empiezan, tímidamente al principio, y marcadamente en la actualidad, a cambiar el modelo de vida estándar. En la segunda mitad de los ‘90 los japoneses ya reconocen abiertamente haber perdido la confianza en su modelo económico. Encontramos a partir de entonces un auge en el modelo de vida individualista, y una separación de la idea de grupo, o incluso de la empresa como familia.
Antes de la gran recesión, la empresa japonesa forma parte casi inseparable de la familia, ya que se reconoce en muchos casos como soporte y sustento. En los ‘90 la traición a la empresa comienza a hacerse patente, y los jóvenes, ante la lentitud del proceso que les permite escalar puestos en una misma empresa, comienzan a imitar el modelo norteamericano al cambiar de trabajo con el objetivo de “vender” sus aptitudes y así escalar puestos con mayor rapidez. Es el principio del fin de los sistemas de lealtad a la empresa.
Otro fenómeno de mayor actualidad, y de gran interés, es el de los Furitâ y Niito. El nombre del primer grupo proviene de la palabra free-arbeiter, y se trata de un estilo de vida alejado de la lealtad a la empresa, o de la dependencia de la misma. Es algo parecido a un trabajador autónomo, normalmente cualificado, que realiza labores por su cuenta sin contar con horarios o calendarios fijos, ni depender de la jerarquía de una gran empresa. Este primer grupo pertenece a esa generación de entre 25 y 35 años que se aleja del modelo del pacto social, y se vuelca en un estilo de vida más individualista, en el que el disfrute del tiempo libre tiene mayor valor que la seguridad económica. Se ha calculado que el número de furitâ alcanza en la actualidad los cuatro millones dentro de Japón.
Los niito, del inglés Neet (abreviatura de “Not in Employment, Education or Training”), son un grupo más joven, y bien distinto al anterior. Para este grupo de jóvenes el esfuerzo laboral tiene un marcado sentido negativo, y se muestran contrarios a cualquier tipo de sacrificio.
Un fenómeno ligado a la obtención rápida de dinero, y que afecta tanto a hombres como a mujeres jóvenes o incluso menores de edad, es el Enjo Kôsai 援助交際, en el que la compañía o prostitución voluntaria y sin intermediarios de jóvenes con adultos a cambio de dinero se convierte en un modo de subsistencia del que posteriormente resulta difícil salir, y que trae consigo acusados problemas psico-sociales. Este fenómeno es tratado abiertamente en la actualidad en series y cómics, o incluso en el fenómeno de las novelas para móviles, con el ejemplo imprescindible de la obra Deep Love.
Finalmente cabe mencionar brevemente a los adultos conocidos como Makeinu (perro perdedor), en el caso de las mujeres; y Parasite Single en el caso de los hombres. Obviamente con un marcado carácter peyorativo en las mujeres, este grupo está formado por adultos que tienen éxito en su vida laboral, pero que para ello han sacrificado parte de su vida social, terminando por superar solteros la barrera de los 26 años comprendidad en Japón como la edad ideal para contraer matrimonio. En el caso de los Parasite Single, también existe el problema de la emancipación, puesto que muchos de los integrantes de este grupo se niegan o no pueden abandonar la casa de sus padres.
En cualquier caso, el hecho de encontrar grupos aparentemente bien definidos y clasificados de nuevos adultos con distintos modos de entender su modo de vida es en parte ficticio. Esta clasificación deriva, en gran medida, de la necesidad cultural de Japón por ordenar para comprender. Es evidente que la realidad japonesa, como hemos visto desde el primer artículo, es cambiante y difusa, y no sólo eso, sino que se transforma a gran velocidad desde que terminase la Segunda Guerra Mundial.
El nuevo siglo político, económico y social para Japón, inaugurado con el ascenso al poder del PDJ, traerá sin duda un cambio en el sistema de valores que afectan a Japón, y el surgimiento de nuevos sistemas productivos, un nuevo panorama del mundo laboral, y una sociedad visiblemente renovada (no sabemos si para bien, o para mal). Al fin y al cabo, Japón, lejos de ser un fenómeno aislado y único, pertenece a la red global de naciones, y es emisor y receptor de nuevas tendencias que están transformando el mundo, en la actualidad, a pasos agigantados.
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Volviendo de nuevo a la calma (después de dos polémicos y absurdos post que nunca debieron existir), ahora prefiero regresar a los temas de los que nunca debí salir, los arquitectónicos, sociales e históricos.
Una cuestión que atañe especialmente al desarrollo de las urbes y a su modernización tiene que ver con la conservación del patrimonio. Si visitamos una gran metrópolis como Tôkyô, Nagoya u Ôsaka, podemos pensar que el patrimonio se resume en varios templos y edificios anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo que se llama el Kindai Nihon, o Japón moderno, tiene como escenarios bellos edificios de estilo europeo u oriental, que introducen por primera vez elementos cerámicos y son una evidencia histórica de la influencia que los pueblos europeos tuvieron sobre esta cultura.
Hoy día, los principales edificios emblemáticos que han desaparecido de la ciudad pertenecían a la era Meiji, Taishô y Shôwa. Muchos de los antiguos templos y casas importantes de estilo netamente japonés se conservan. ¿Qué es lo que ha ocurrido con los de estilo europeo? Cualquier investigador podría afirmar que los japoneses han destruido este patrimonio si no conoce Meiji Mura.
La razón de ser de este museo dedicado a la arquitectura del Kindai Nihon viene, precisamente, de la necesidad de llevar a cabo una acción para la preservación del patrimonio. Esta acción, que paso a describir, puede ser muy discutible según los estándares occidentales, de conservar la ciudad e incluso reutilizar antiguos espacios. El paulatino aumento de la población en las principales ciudades japonesas después de la guerra fuerza, en muchas ocasiones, a recuperar solares que están ocupados por antiguas estructuras dañadas y ya peligrosas, pues cuando fueron concebidas, en algunos casos, se encontraron con las dificultades propias de la orografía, climatología y, cómo no, convulsión política de Japón.
Fue a raíz de la demolición del Rokumeikan de Josiah Conder que los arquitectos Yoshiro Taniguchi y Moto Tsuchikawa reconocieron la necesidad de conservar los símbolos de la arquitectura de la era Meiji, que paulatinamente estaban siendo sacrificados por su deterioro y en favor del desarrollo. El 16 de julio de 1962 ambos arquitectos crearon una fundación con el objeto de trasladar y conservar estos edificios. Tres años más tarde, en 1965, se inauguraba Meiji Mura a orillas del lago Iruka, conteniendo entonces 15 edificios. Hoy el museo contiene 67 edificios, entre los que se encuentran el vestíbulo y la recepción del Hotel Imperial de Frank Lloyd Wright y Antonyn Raymond, una reconstrucción de la catedral de San Francisco Javier que se construyó en Kyoto en 1890, o la casa de Ogai Mori y Soseki Natsume.
A estas construcciones, algunas de ellas meramente reproducidas y no trasladadas, se les suma la recuperación de objetos, documentos y transportes de época, que cualquier visitante puede disfrutar. Una de las buenas cosas que tiene este museo, en el caso particular del Hotel Imperial, es que el vestíbulo sigue teniendo uno de sus antiguos usos como cafetería y restaurante, y que incluso se ha reproducido el mobiliario que diseñó Wright para el hotel.
El museo es muy extenso (un pueblo entero), y recomiendo que sea visitado durante un par de días. Nagoya también es una gran ciudad que tiene mucho para ver. Una gran desventaja es que, precisamente por el enclave natural donde se sitúa, está un poco lejos y se tarda alrededor de una hora entre tren y autobús en llegar. Lo bueno es que una vez dentro, uno tiene libertad absoluta. Más fotos en el álbum de flickr sobre Meiji Mura.
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No todo iba a ser alegría y sonrisas. El anterior post, bastante frívolo, ha sido tomado muy en serio por mucha gente. Ni que decir tiene que objetivo no es en absoluto, si tenemos en cuenta que la objetividad de algo que no sea un experimento científico reproducible cae por los suelos por la fuerza de la experiencia personal. Ahí van, por tanto, las tan esperadas pequeñas cosas que hacen de Japón un país inferior que destesto de Japón.
Papeleras
Al que no le importe tener los bolsillos llenos de basura, puede no molestarle esto. En Japón la falta de papeleras (a no ser que sea en la puerta de un konbini) es irritante en muchos casos. Este debe ser un sentir general de los alérgicos. Si a esto le sumamos que sonarse en público, aunque no del todo mal visto, no es algo que se haga como en España, la situación se vuelve aún más irritante. Las papeleras, bien usadas, son una de esas grandes cosas que aún España conserva y conservará.
Inflexibilidad
Esto es algo muy japonés, si nos referimos a todo lo que tiene que ver con papeleos o procesos. La inflexibilidad japonesa (en el país de los sets) es también otra de esas cosas que llegan a rozar el absurdo. Cuando uno va a ingresar en alguna institución o a solicitar algo, puede tener la sensación de que le están sometiendo al tercer grado. Y lo peor es que en algunos casos, y sobre todo si eres extranjero, así será. En España, aunque no podemos decir maravillas de la burocracia, hay una flexibilidad y una comprensión que, aunque no se note, es mucho mayor. Por otra parte, ahora con el desarrollo de las tecnologías de la información, en España se están viviendo momentos de gran esperanza en cuanto a papeleo se refiere.
Alcantarillado
Antes de la gran revolución urbana, en Japón el alcantarillado circulaba junto a las casas en pequeñas y sucias caceras. Para sorpresa de muchos, en muchas zonas esto sigue siendo así, lo cual llega a ser algo molesto (por el olor) en verano. Si nos quejábamos en España de la basura, en Japón este antiguo alcantarillado se lleva la palma. Aunque no del todo insalubre, pues muchas de estas caceras ahora están en desuso, sí es cierto que al circular en bicicleta, o incluso andando, pueden llegar a ser bastante molestas si no están convenientemente selladas.
Mal entendida femineidad
Muchas chicas japonesas actúan como si fuesen tontas. Es por aquello del ‘Kawaii’ que tanto gusta a los japoneses, y que personalmente tanto asco me da. Por supuesto, desgraciadamente como en casi todos los países, hay un machismo recalcitrante que tiene mucha culpa de esto. Aunque la mujer está integrada en la política (aunque apenas en los equipos de gobierno), la realidad femenina japonesa dista mucho de conseguir el nivel de igualdad del que hoy se puede disfrutar en España. En cualquier caso, siempre nos queda, a todos, mucho camino por recorrer.
Alcohol
En Japón se bebe, y mucho. Aquello de irse con los compañeros de trabajo a beber después de una larga jornada de trabajo sigue existiendo en la convención social. Beber (cerveza, whiskey, etc.) es en algunos casos un requisito (entiéndase la hipérbole). Algo que en España no sufrimos, puesto que vida laboral y vida social es algo que hemos sabido separar y una de las grandes ventajas de las que disfrutamos, y que por supuesto, yo no cambiaría.
Manganime
Aunque afortunadamente la televisión pública japonesa no está copada por estos productos culturales, sí es cierto que la producción de los mismos es excesiva, y en el caso de las Lolicon, profundamente repugnante. No obstante, hay que decir que el manga y el anime son considerados en Japón, salvo por el grueso otaku, como subcultura, y así lo puede uno comprobar al ver las secciones de algunas librerías. También lo confesó Tarô Aso en uno de sus mítines. En cualquier caso, la producción excesiva provoca, como siempre, que haya clichés terribles y para nada educativos en muchos de estos productos.
Improvisación
En Japón no ha lugar. La improvisación, ese proceso tan creativo y enriquecedor en muchos casos, es algo que se evita en Japón. No es que uno no pueda improvisar, pero desde luego que bien visto no está. Esto se traduce en largas horas de trabajo, preparación de presentaciones “gratis” en horario familiar, y otro sinfín de desventajas. Los japoneses suelen decir en algunos de sus libros sobre España, que los españoles no tenemos ni ‘honne’ ni ‘tatemae’. Pues bien, fíjense lo diferente que puede ser el concepto del mundo entre dos culturas, que yo considero que eso es algo más bueno que malo, pues, qué queréis que os diga, libera muchas tensiones.
Y con esto, espero poner algo de equilibro al mal entendido y magnificado post rabioso que titulé ayer “Pequeñas cosas que hacen de Japón un país superior“. Sin ánimos de haber ofendido a nadie, lo mejor, como siempre, es comprobar por uno mismo cuáles son las ventajas y desventajas de algo (cualquier cosa), dependiendo del propio caracter o la manera de entender la vida. Espero que mis amigo japoneses no se enfaden conmigo por esto, pero, tal como están las cosas, así es como yo lo veo por el momento.

















