Vida en Marte 火星の生活 


Cara y Cruz entre Ueno y Uguisudani
Agosto 30, 2007, 9:41 am
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Cementerio de Ueno

Uguisudani, el “Valle del Ruiseñor”, y concretamente el lugar de Uguisudani en el que vivo ahora, no es precisamente un espacio ideal para criar a unos hijos. El barrio puede divisarse desde el cementerio de Ueno, donde se pueden encontrar los sepulcros de dos ilustres miembros del clan Tokugawa. Bajando junto a este cementerio, encontramos un puente junto a la estación de JR de Uguisudani, en la línea Yamanote (Alabada sea la Yamanote).

Desde el Puente

Bajando las escaleras ya nos encontramos con uno de los lugares más sucios y desastrosos de Tokyo. A la derecha, salas de Pachinko y locales de dudoso gusto. A la izquierda, multitud, y cuando digo multitud es más de una veintena, de “hoteles” de esos que dicen “Rest - tantos yenes”, “Stay - tantos yenes”, Love Hotels donde escaparse con la amante o el amante, o la prostituta en cuestión, según el caso.

Por la noche es común ver sobre todo a hombres de unos cuarenta años ir hacia la estación no precisamente contentos, o a parejas de la misma edad viniendo en actitud poco natural. De hecho, he podido comprobar que esta zona de los Love Hotels es la única en la que las parejas japonesas se dan la mano tranquilamente. En la oscuridad y sobre las vías del tren, resaltan los neones blancos del “HANA TaikenGakuen”, una escuela de oficios. No son los únicos neones que se perfilan en el paisaje nocturno. Los hoteles encienden sus luces y comienza toda la actividad que no ha habido en la parte izquierda durante la mañana. Es la zona de Uguisudani que vive de noche, pero que vive ocultamente.

Tienda de Pescado y Sake

El lado positivo está en la cercanía del Parque Imperial de Ueno, un poco más allá del cementerio. En él se pueden encontrar muchos lugares interesantes, como el Museo Nacional de Ciencia, el Museo Nacional de Tokyo, el Mu-se-o N-a-ci-o-nal de Arte Occidental (cuyo edificio lo concibió el gran Le Corbusier), o el estanque de Shinobazu. Es un buen lugar donde pasar el día. Por cierto que, para los interesados, con carnet universitario (de universidades españolas también) te hacen descuento en el Museo Nacional de Tokyo, un lugar que no debéis dejar de visitar si pasáis una temporada en estas tierras. Un poco más allá, cruzando el estanque de Shinobazu, está el campus de Hongô, de la prestigiosa Universidad de Tokyo, donde se pueden visitar también algunas construcciones interesantes, como por ejemplo el Auditorio Yasuda, o la Akamon, una de las entradas cercana al pasaje principal. En la actualidad se está desarrollando el Thinking Forest, un lugar dedicado al conocimiento interdisciplinar. Este sí es un lugar interesante que visitar, así que vivir en Uguisudani no está tan mal después de todo. De hecho, pese a todo lo horrible que pueda parecer, es un lugar seguro. En tres meses de estancia en este barrio, nada, absolutamente nada, me ha ocurrido. Y las bicicletas tampoco necesitan candado, porque nadie las roba (cosa que me hace recordar amargamente Sevilla, y mis bicis robadas). Cualquier ciclista encontraría la felicidad en Japón.

Plano del Campus de la Universidad de Tokyo

Thinking forest

Supongo que es aquí donde tenemos las dos caras de la moneda.



Movidos por la sombra
Agosto 24, 2007, 5:34 pm
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Marioneta de Bunraku 2 Marioneta de Bunraku 1

Las figuras del teatro Bunraku aparecen en escena. Varios interpretes cuentan la historia mientras hombres-sombra manejan tal como dicta la norma a los protagonistas. Estos hombres-sombra simbolizan la nada, no existen. El publico asume su inexistencia, como asume el trájico destino de las figuras de teatro Bunraku. De este arte viene el Kabuki, por ello los actores de este otro arte se mueven y gesticulan de manera tan histrionica.

Siempre he adorado estas imágenes. Aunque inhumanas son bellas. No tienen que imitar a la perfección la condición humana. Son existencias fantasmales, que con suaves marcas irradian japoneidad. No pueden ser mas que japoneses. Y al fin y al cabo siempre he pensado que, de una u otra forma, todos somos como marionetas de teatro Bunraku: manejados por hombres-sombra, que significan antiguas convenciones sociales, el peso de la tradición religiosa, el inevitable camino que nos marca la economía. La libertad es una idea aun por completar.

Me paro siempre a observar estas marionetas, y entiendo a aquellos que salen a adorar una imagen. Yo también lo hago a mi manera.



Vivir durmiendo
Agosto 24, 2007, 4:32 pm
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Man’in densha

Los que toman el metro, el tren, los taxistas, las ancianas que van engalanadas a las representaciones de teatro bunraku, todos aprovechan cualquier momento del día para dormir. No es una cuestión de agotamiento, porque no todo el mundo está agotado. Es algo cultural, o si se me permite la osadía, diré que es algo biológico. Los japoneses aprovechan cualquier momento para rendirse al descanso. ¿O a los sueños?

Observando este fenómeno he llegado a pensar que esta es una cultura que se regodea en los sueños. No siempre duermen, sino que imaginan. Así el viaje en metro o en tren cada día es distinto. Es, tal vez, quién sabe, un mecanismo para escapar de la rutina del transporte. Además, todo ayuda al sueño: el movimiento del tren, la temperatura, el sonido, la luz.

Se ha hablado infinitas veces de la capacidad que tienen los japoneses para despertarse justo en su estación. La realidad es que, por ejemplo, en la famosa línea Yamanote, cada parada dista dos minutos de la siguiente. Por otra parte, las señales y advertencias tanto sonoras como visuales son constantes, por lo que se hace difícil perderse. Esta puede ser la razón de este aparente fenómeno. Y, por supuesto, también hay quien se pasa de estación.

Uno de los días que volví de Shinjuku tarde, me tocó subir al tren junto a una multitud casi ebria de Salary-man. Es el ManIn Densha, el lugar donde más contacto físico puede encontrar uno en Japón, a excepción de los barrios al puro estilo “Yoshiwara”. Cada vez que alguien sale, los vagones se movilizan. Todo el mundo ha aprendido ya la norma. Además, hay más lectores en el metro y el tren que en las bibliotecas. Sería un gran invento llenar de estanterías con libros los andenes, para que allí la gente pudiera tomar y dejar libros, como ideó Borges, y como llevan a cabo en Bookcrossing.

Aún me queda mucho por saber de todo lo que sucede en estos trenes, como por ejemplo, qué ocurre de madrugada. Evidentemente, para alguien que ya ha vidido aquí durante un tiempo, todos estos comentarios que he realizado le parecerán absurdos e ingénuos. Hay muchas cosas de Japón por descubrir, y otras que ya se sabían hay que confirmarlas como si jamás hubieran sido oídas.



Mitake-san 御岳山
Agosto 1, 2007, 1:54 pm
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El pasado fin de semana estuve con unos amigos recorriendo una milésima parte de la accidentada orografía japonesa. El lugar: Mitake-san, la montaña Mitake en Tokyo. Un sitio donde aún se puede encontrar algo de arquitectura tradicional prácticamente intacta, con casas que han soportado ahí al menos un centenario. Lo más curioso de estas casas son sus tejados invadidos por el musgo. Aún no estoy del todo seguro, pero creo que se realizaban con varias capas de juncos, que al final son rematadas por corteza de árbol.

Tejado en Mitake-san

Antes de subir a la montaña, fuimos a una fábrica de sake. Hablaré más adelante, y con más tiempo, de la preparación de este licor, que es de las cosas que ha superado el paso de los años y la desaparición de la tradición (no obstante, el consumo de cerveza aquí es tremendo). Esta fábrica está prácticamente enterrada en la tierra para mantener la humedad adecuada y la temperatura. Nos dieron una ligera explicación al principio, y luego pasamos a “la cueva”, donde siguieron dándonos lecciones sobre los tipos de arroz, etc. Lo mejor vino al final, cuando por cuenta de la casa pudimos probar el sake: “uuuumeeee”.

En la fabrica de Sake

A lo alto de Mitake-san se sube en un antiguo tren que cubre una pendiente demasiado difícil de cubrir a pie. Por supuesto, en el puesto de partida y en el de llegada hay tiendas de “omiyage”, recuerdos, y sobre todo comida, del lugar. Ahí es donde la gente se deja el dinero mientras espera a subir o bajar la montaña. Arriba nos hospedamos en un Ryokan que estaba bastante bien, y que nos costó unos 10.000 yenes por persona. Fue una gran oportunidad que estuvieran reformando el tejado de estilo tradicional. Así pudimos ver que debajo de lo que será una capa de arquitectura autóctona se esconden láminas de plástico impermeables.

Cubiertas plásticas

Por otra parte, en este Ryokan estaban grabando el programa Todai Project. Se trata de cuatro estudiantes en retiro que se preparan para los exageradamente difíciles exámenes de ingreso en la prestigiosa Universidad de Tokyo (Tokyo Daigaku 東京大学, Todai de manera acortada). El programa no deja de ser una frivolidad, pero era interesante ver a estos tipos clavando codos en completo silencio.

Todai Purojekkuto

Pasear por los alrededores de Mitake-san es extraordinario, pero peligroso cuando te caen las lluvias estivales, como nos ocurrió a nosotros. Más fácil se hace el camino al templo que ocupa un lateral de la montaña. Allí oímos a un monje recitando unos sutras, lanzamos una moneda de 5 yen al cajón, e hicimos nuestras peticiones al Kami-sama.

Para meditar

Una gran roca contiene un pequeño santuario en la cima

Por la noche aprovechamos la oportunidad para divertirnos un rato con unos fuegos artificiales (hana-bi 花火). Estos no son de los que se lanzan al cielo.

hana bi

Volvimos a casa hasta arriba de barro. Pero la experiencia ha merecido la pena. Ahora toca subir el Fujisan.

El grupo, antes de las lluvias



De Tamagawa Gakuen Mae a Machida, en la línea Odakyu
Agosto 1, 2007, 8:11 am
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No tengo mucho tiempo de actualizar, así que hoy me tomé la libertad de grabar un pequeño video del recorrido final del trayecto que tomé en la línea Odakyu. Por cierto que antes de subir a la Odakyu estuve en la Yama no te parado durante unos 40 minutos. Y al parecer alguien había saltado a las vías, de ahí el retraso. Los transportes aquí funcionan muy bien, pero a menudo uno ve algunas cosas desastrosas, que además resultan ser frecuentes. También he tenido la suerte de vivir la experiencia de montar uno de esos días en los que no hay espacio ni para respirar y todo apesta a alcohol. El tren nos enseña las múltiples caras de una megalópolis. Aburrirse uno, no se aburre.