Guardado en: La propia japoneidad, curiosidades, otros pensamientos | Etiquetas: Chiune Sugihara, japonismo, Jimintô, PLD, Shinzo Abe, sociedad japonesa, Yasuo Fukuda
En la vida diaria Japón es como la física clásica. Todo sucede por una razón lógica, o responde en última instancia a una serie de cuestiones eminentemente pragmáticas. España, en cambio, es más como la física cuántica. Las cosas funcionan a primera vista de manera totalmente inexplicable o impredecible, y cuídate de querer comprender por qué es así.
Digo esto a colación de algo que me ha sucedido últimamente cuando llevaba a una amiga mía japonesa al mercado de Triana. El hecho, que explicaré a continuación, me volvió a recordar aquellos días no tan lejanos en los que, estando en Japón, podía ir a comprar sin necesidad de cuidarme de ser estafado.
Estando en el mercado, iba enseñando a mi amiga los nombres en español de algunas de las frutas, verduras, y productos de origen animal. Paramos justo en un puesto que hacía esquina porque ante nosotros aparecieron unas cajas de apetitosos caquis granaínos. Como gesto de buena voluntad, me ofrecí a comprar unos cuantos para terminar bien el almuerzo. Y ahí es cuando saltó el genuino genio español del tendero y su ayudante, que ante una mujer de origen extranjero y un tipo con poca pinta de andaluz estándar, trataron y consiguieron colocarnos una bandeja de caquis preparada para la ocasión.
¿Por qué acepté esos caquis? Por varios motivos. El primero de ellos, que yo no tenía ganas de discutir. El segundo, que poco me importa a mí una magulladura en una fruta. Y el tercero, que a veces confío demasiado en la gente. El caso es que aquellos caquis resultaron ser un verdadero apocalipsis. Mi amiga y yo volvimos atrás para pedirle al tendero que nos cambiara la fruta, pero él y su ayudante ya nos estaban esperando. Nos dijeron eso de “es que eso es así” y que nos lo habían dado bien para consumir en su día sin esperas. A mí me pareció más bien que nos habían colocado lo menos vendible, a pesar de poderse comer. Fin de la discusión y a casa a reflexionar un par de cosas: por qué Japón es tan distinto, y de qué manera me vengaré del tendero y su ayudante.
En cuanto a la primera reflexión, tengo que decir algunas cosas. Uno de los motivos por los que me iría a vivir a Japón sin ninguna duda es por la seguridad que se siente en cualquier asunto de la vida cotidiana. Ya he comentado muy a menudo que los japoneses son muy pragmáticos, y que esa misma cualidad, además de hacerlos a veces predecibles, beneficia en muchos casos a la comunidad. Ese beneficio repercute en muchos aspectos de la vida diaria, como es el mismo caso de ir a hacer la compra. Es algo maravilloso ir a un puesto de fruta y no tener la necesidad de revisar el contenido de la bolsa. O ir a un supermercado y no tener que revolver las bolsas de patatas para encontrar una en la que no haya al menos dos piezas bastante perjudicadas.
Japón era caro. Con el euro, y el alza de precios en nuestro país, comprar en un supermercado japonés y en uno español sale casi por lo mismo. Puede que en Japón salga aún un poco más caro, pero al menos lo que compras siempre tiene una calidad excelente, y nunca tendrás que vigilar que no te estafen. Esto es una cuestión cultural heredada del pensamiento confuciano y del taoísmo. Lo que a nosotros nos parece educación no es más que rutina y lógica para ellos. Algo que al parecer los españoles nunca comprenderán, porque lo que nosotros hemos heredado es el egoísmo y la insensatez propia de la llamada “picaresca” que nos hace tanta gracia en el Lazarillo de Tormes.
Una frase que intento tener siempre presente para actuar en consecuencia la dijo un japonés, y sin duda refleja ese pensamiento del que el espíritu de este pueblo hace gala, en términos generales y hacia la comunidad, en este Japón pacífico que nace tras la Segunda Guerra Mundial: “En la vida hay que hacer cosas buenas porque sí”, dijo Chiune Sugihara.
Si Sugihara hubiese sido educado en España, habría aprendido que hay que aceptar que las cosas funcionen mal porque “es lo que hay”. Esta frase multiusos define la razón irracional y nunca negociable del carácter latino. Es impredecible, es ilógica, pero sabremos que siempre irá mal. Es nuestra herencia cultural.
La nota irónica a todo esto es que en este Japón que yo defiendo tampoco es todo alegría y bondad. El hecho de que no te estafen en un supermercado no es por simple honestidad, sino porque no estafar beneficia a la comunidad en su conjunto. Algo que a lo que los españoles deberíamos apuntarnos.
En cuestiones políticas y económicas Japón es un barco cuyos comandantes intentan achicar aguas para evitar el hundimiento y la catástrofe. Ese es el motivo por el que el Kanji elegido como más característico de 2007 es el de falsedad 偽.
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Vamos haber Daniel. Hay gente para todo. Es ´logico que te cabrees cuando el producto alimenticio no es apto para consumir. Aquí en España hay gente que respeta y educada que hace bien su oficio y otras como ese tendero que no tiene ni idea de atender en condiciones al consumidor. Por desgracia en España hay gente demasiada “inepta” y así nos va. Yo Japón no lo he visitado pero estaría encantado de observar las diferencias culturales que existen. Una pena lo que te paso ese día. Un saludo.
Comentario por Manolazo Diciembre 27, 2007 @ 9:48 pmUna cuestión cultural (o el Japón clásico y cuántico)
Entre Japón y España hay un abismo cultural. En la vida diaria Japón es como la física clásica. Todo sucede por una razón lógica, o responde en última instancia a una serie de cuestiones eminentemente pragmáticas. España, en cambio, es más c…
Trackbacks por meneame.net Diciembre 30, 2007 @ 11:48 amSí, y yo que llevo aquí más de una década ya soy una protestona en Japón… snif
Comentario por LaProfe Diciembre 31, 2007 @ 12:31 amEs normal q la gente trate de sacar ventaja, no se lo colocarían a un cliente habitual, mira Mclaren, en casi todas partes hay picaresca, por eso el señor copistero q denuncio lo de Ferrari tiene más merito. Japón, en lo de la honradez tb es una isla, o quizá no tanto, recuerda q SONY desarrolló y abandonó (por cutre) el VHS, hasta q un traidor se lo llevó a jvc (Japan Victor Company, esos cabrones)
Y sabes q soy fan de la venganza, pero llámalo justicia q queda más elegante. Porqué no pones unas fotos de esos… personajes, para q tus lectores (q los tienes) los conozcan, así por lo menos sientes q estás haciendo algo para penalizar su comportamiento, es solo una idea, como diría Ernesto Sevilla: a mí ¡me funciona!
Comentario por migueloso Diciembre 31, 2007 @ 8:32 pmDani -
¡Qué sufrimiento al leer tu artíulo! Cuantas anécdotas por el estilo podría contar. A diferencia con LaProfe, no me he convertido en “protestón” cuando me voy de visita a mi patria. Más bien me maravilla volver a ver como de bien se pueden estar haciendo las cosas y me vuelve a la presencia y dolorosa consiencia esas fastuosas circunstancias que viví y vivo una y otra vez por aquí. Me vuelven a surgir esos sentimientos de frustración nutridos por la impotencia y la rabia que me produce observar que con mi actitud de recto y honrado me terminan de tomar por sopa. Aún así me niego a dejarme llevar y convertirme en uno de ellos, terminando de “hablar” el mismo lenguaje.
En cuanto a tu plan de venganza al tendero… quizá por no compremeternos en un lugar tan público como tu blog…. recurriré al email
Frank
Comentario por Frank Enero 27, 2008 @ 11:09 am[...] cuanto sucede a mi alrededor sin explicación lógica posible. Ya hablé de ello en otra ocasión, mentando a la física. Ahora lo hago desde una experiencia más sangrante, y - kami sama no okage de - con la esperanza [...]
Pingback por La España del escupitajo « Vida en Marte 火星の生活 Mayo 6, 2008 @ 12:05 pm