Archivado en: La propia japoneidad, curiosidades | Etiquetas: Coyote, Kamakura, Switch publications
No tenía pensado sacar esto, pero últimamente estoy viviendo un momento de entusiasmo con mi regreso a Japón, y he decidido finalmente mostrar en mi blog la aparición que hicimos Fidel y yo en la revista japonesa Coyote. No es que este onubense y el sevillano Fidel seamos famosos por allí, nada de eso. Es que una amiga nuestra trabaja para la editorial Switch (responsable de esta y otras publicaciones), y un día pensó que sería divertido que un par de occidentales posaran con ropa de montaña para una de las secciones.
Así que ahí estamos inmortalizados, en Kamakura, yo removiendo té y Fidel con un wagashi en la mano. Un trabajo agradable que fue recompensado además con un memorable almuerzo con sushi en Roppongi días más tarde.
Ah, salimos en el número de diciembre de 2007. Y a partir de octubre no me importaría salir en otros números…
Estando en Tokyo, a pocas semanas del regreso a España, unos amigos nos invitaron a pasar por un matsuri que se celebraba en Asagaya. Se trataba de un pequeño festival, dentro del recinto de un templo, que tenía más de feria gastronómica y espectáculo de variedades que de celebración religiosa. Todo, sin embargo, estaba envuelto por la insignificante presencia de una rama de sakaki. Llegamos hasta un escenario atraídos por el repetitivo canto de sirena de los instrumentos japoneses. Aunque los tambores eran martilleados con fuerza y al compás, el sonido del shakuhachi se distinguía sin lugar a dudas. Esa amalgama de sonidos son un reclamo para cualquier festival japonés.
Después de un concierto que poco duró desde que nosotros llegamos, nos fuimos a pasear por el barrio para ver a los portadores de los omikoshi. Muchos tienden a comparar este paseo de los dioses con la Semana Santa de España. Pero no hay relación. Mientras una es silencio ante todo, la otra es una celebración animada, ruidosa.
Al anochecer comienzan otro tipo de espectáculos, organizados por los vecinos del barrio, que contribuyen también con dinero para el templo. Se pueden ver cosas tan variadas como danza balinesa sobre un fondo japonés.
Detrás del torii, los puestos de comida y juegos, porque de eso se trata precisamente un festival. Hay rifas de todos los colores, desde las escopetas de corcho, hasta el típico juego de “tsuri”, la pesca de peces con una especie de panel de papel. En el apartado gastronómico: patatas, choco-bananas, takoyaki, yakitori, okonomiyaki, y otras muchas cosas.
Al final de la jornada, antes de que salgan los últimos trenes, suena el AULD LANG SINE que anuncia que todo se acabó por hoy. Sólo quedan los encargados de recoger todo lo que se ha ensuciado, y una rama de sakaki atada al torii.
Archivado en: Lugares, Tokyo, arquitectura, curiosidades | Etiquetas: Budismo, Love Hotel, Pachinko, Religión, Uguisudani
He hablado con anterioridad del barrio en el que, por un periodo de dos meses y medio, viví en Tokyo. Uguisudani, un lugar donde abundan los Love Hotel y los clubs de dudoso honor. Hoy he vuelto a recordarlo al leer el libro de Federico Lanzaco Religión y espiritualidad en la sociedad japonesa contemporánea, el cual recomiendo. En este estudio se hace referencia a las estatuillas depositadas en recuerdo de los niños muertos, las Mizuko Jizô 水子地蔵. Muchas de las mujeres que abortan en Japón depositan estatuillas en los templos budistas, para recordar a los hijos que nunca nacieron. Mizuko se escribe precisamente con los caracteres de “agua” y “niño”, lo cual viene a ser un poético eufenismo del resultado de un aborto. Federido Lanzaco cifra el número de abortos que se realizan al año en Japón en unos 300.000, lo cual es muy significativo.
A la luz de esta información que desconocía, reconozco que he estado en un terrible error durante mucho tiempo. He de agradecer a Don Federico Lanzaco el haberme ayudado a salir de este error por medio de su libro. Precisamente en Uguisudani, tomando la avenida de los Love Hotel hacia el sureste, por donde ya no hay locales de dudoso gusto, se levanta un templo al dios protector de los niños. Hasta el día de hoy, pensaba yo que era inapropiado tener precisamente a ese dios en un lugar tan inadecuado para los niños. Pero ahora todo encaja. En el recinto de ese templo están las Mizuko Jizô, representación espiritual de lo que fue concebido involuntariamente en los Love Hotel, por amantes y prostitutas. Nada tan adecuado como acercar al dios protector de los niños al lugar donde viven y se emplean las mujeres que más posibilidad tienen de abortar durante su vida. El lugar de los dioses en la ciudad es algo que atañe a los urbanistas.
Uguisudani es un lugar en el que todo está dispuesto para la vida furtiva. Los locales que allí hay de eso nos hablan. No hay necesidad de explicar nada, cuando unos carteles luminosos nos invitan a “jugar”, con inocentes dibujos animados, dentro de los Love Hotel y los bares del lugar. Rodeada por las salas de juego, una pequeña floristería, algo escondida. Un local así en un lugar como ese puede parecer inusual, pero ¿acaso no necesita flores el hombre que vuelve junto a su mujer por la noche, bien tarde, cuando su conciencia está agitada o sus bolsillos vacíos por lo perdido en los Slots y Pachinko?
En las cabinas telefónicas, dentro de la zona de Love Hotels, uno no se sorprende al encontrar anuncios de mujeres de compañía. Pero fuera de ahí todo está controlado. Nada queda al azar. En las otras cabinas encontramos un anuncio que advierte de la prohibición de colocar “panfletos rosas” (pinku bira ピンクビラ). El mundo de la prostitución también se relega a una burbuja de seguridad. Esta es una de las formas que tiene la ley de poner murallas hacia adentro.
No quiero resultar gracioso cuando digo que Uguisudani es un lugar donde todo encaja. Los Love Hotel, el Pachinko, el cabaret, los pinku bira, la floristería, el dios protector de los niños y las Mizuko Jizô. Dioses, amantes y abortos.
Esta vez este Yabai tiene un sentido totalmente positivo. Sí señores, aquello por lo que tanto protesté, que tanto deseé y por lo que estuve a punto de morir, ha dado positivo, y no es nada biológico. Esta mañana, recién despierto, recibía en mis descafeinadas manos un sobre de la embajada que contenía otro sobre de la Japan Foundation que albergaba una carta que me invita a ser uno de los integrantes del próximo curso en el Instituto de Kansai de la Japan Foundation, lo que se traduce que he superado el primer paso de la beca, y ahora sólo queda enviar unos documentos con la confirmación, comprar un billete, y a estudiar japonés en Osaka por ocho maravillosos meses.
Gracias a todos los que siempre me habéis apoyado. Ya celebraremos una fiesta de despedida. Como en el comienzo de Cloverfield, pero sin monstruo.
Archivado en: De Viaje, historia, otros pensamientos | Etiquetas: Racismo, Tamagawa Gakuen Mae, Yokohama
Aunque bien es sabido que en Japón el extranjero rara vez es mal recibido, y que la cultura de otros países es aceptada y cultivada por muchos japoneses con admiración, existen algunos datos que demuestran cierta xenofobia o rechazo a todo lo foráneo por parte de un importante sector de la sociedad, condicionada sin duda por ideas de la ultraderecha, resentimiento por lo sucedido en la Guerra del Pacífico, y miedo creado por una política dura contra la inmigración, amén del amarillismo con el que se toman las noticias escabrosas protagonizadas por extranjeros.
Lo primero que quiero mostraros es un enlace en el que aparecen algunos lugares que prohíben la entrada a clientes “no japoneses”. En The Rogue’s Gallery encontramos carteles especialmente dirigidos a rusos y a los llamados “dekasegi“, que son mayormente brasileños que han encontrado en Japón una segunda patria. El origen de esta inmigración es muy diversa. Para el caso de los latinoamericanos en general hay que remontarse a la primera mitad del siglo XX, cuando muchas familias de japoneses, agobiados por las crisis económicas de los años ‘20, decidieron marcharse a Perú y Brasil en busca de negocios fructíferos cultivando el caucho y otras materias primas. Alentados por el propio gobierno, que no sabía cómo hacer frente a esas crisis, esas familias sembraron su futuro esperando tiempos mejores para volver a su tierra natal. Pero llegado el momento se convirtieron en apátridas, incapaces de reintegrarse en la sociedad nipona, y ajenos a las culturas en las que sus negocios habían crecido.
A pesar de esto, la ley japonesa permite refugio y da facilidades para obtener el visado a todos aquellos peruanos descendientes de japoneses que mantengan un vínculo familiar en Japón. Esta hermandad, no obstante, es virtual y para nada satisfactoria.
Muchos de estos extranjeros se han visto envueltos en crímenes de sangre, y su imagen ha sido demonizada injustamente por los medios. La población mayor, especialmente la que tiene más cercana las brutales consecuencias de la guerra, sigue desconfiando de los extranjeros y sus costumbres. Cabe recordar que aún en la memoria de muchos está la idea de que el camino de la guerra fue tomado precisamente por la arrogancia de las naciones occidentales. Una actitud que Japón asimiló para continuar jugando en el tablero mundial, equiparándose a las potencias occidentales en poderío militar y gestión de colonias. El Japón actual es el Japón de la paz, por mucho ruido mediático que puedan tener grupos de ultraderecha que, a pesar de todo, representan una tímida proporción del espectro político y social.
De mi experiencia personal he sacado conclusiones contradictorias. Una de esas experiencias es la que vivimos Fidel y yo cuando íbamos a conectarnos a Internet por una conexión WiFi de Livedoor al aire libre . Ante nuestro asombro, unos vecinos de Negishi denunciaron a la policía que “unos extranjeros” (nosotros) estaban realizando actos sospechosos frente a su bloque. La policía interrogó a Fidel con cortesía, y le sugirió que, aunque no cometía ninguna ilegalidad, en adelante se conectase en un lugar donde no “perturbase” a los vecinos. Así lo hicimos, y nos marchamos a un pequeño parque a cinco minutos de allí, en un lugar repleto de Love Hotel y prostíbulos regentados por chinos sin permiso de residencia. Pensamos entonces que allí la Yakuza no preocupa tanto, por el mero hecho de ser japonesa. Eso sí, dos extranjeros bien arreglados con un portátil en la calle son sospechosos por definición.
La otra cara de la moneda la pone toda aquella galería de situaciones en las que nos encontramos con personas que se interesaban por nuestro país, que nos ayudaban hasta niveles difíciles de entender en occidente, y que se esforzaban lo máximo posible para que nos sintiéramos como en casa. Un ejemplo particular lo pongo en un librero de Yokohama, que tiene su local frente a la estación de Tamagawa Gakuen Mae. Una pequeña tienda donde encontré un magnífico libro sobre el pabellón que Tadao Ando diseñó para la Expo’92 de Sevilla. Aquel hombre, encerrado en sus libros, se mostró especialmente entusiasmado al verme entrar y al confirmar que, efectivamente, era español y vivía en Sevilla. Compré el libro, y estuvimos un buen rato charlando sobre España y la Exposición de Sevilla, a la que él había tenido la oportunidad de ir. Sin duda aquel hombre era todo menos xenófobo, y no mostraba más que entusiasmo por el mundo.
El problema de The Rogue’s Gallery y el debate que se crea en torno a la inmigración es el simplismo. La única visión de un todo desde un punto de vista condicionado por experiencias particulares, y no por un conocimiento general de la cuestión. Japón es xenófobo, pero también es un actor importante en la globalización. Podemos llamar a los japoneses racistas, o pensar que hay un importante salto generacional en progreso, y una lucha por mantener una identidad cultural que no estamos abiertos a entender en su presente forma de manifestarse.
Archivado en: curiosidades | Etiquetas: Asahi Shinbun, Calamar, hotaruika, humor, toyama
Informa el Asahi Shinbun de un fenómeno maravilloso de la naturaleza. Cuando llega la primavera, un animal extraordinario se acerca desde las profundidades marinas a la costa para desovar. Es el Hotaruika o Calamar luciérnaga. Este animal queda atrapado en la arena con los cambios en la marea. Entonces, en plena luna nueva, con el cielo en plena penumbra, se ilumina durante un breve periodo de tiempo, mostrando una luz de un azul intenso que cubre toda la costa.
Esto ha ocurrido en Toyama. Lástima que la foto que ofrece el diario Asahi sea de tan baja calidad.

Este es uno de esos animales curiosos del Océano Pacífico. También se come fermentado en sus propias vísceras.
Y si surrealista es ver a un montón de calamares fosforescentes atrapados en la playa, más surrealista es ver que un tipo con bigote vestido de calamar acompañado de un coro de travestidos le dedica una canción flamenca en japonés.















