Vida en Marte 火星の生活 


Drop: “el papel higiénico más terrorífico de Japón”.
Noviembre 26, 2009, 7:46 PM
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Hace poco mi director de tesis me ha regalado la popular obra del escritor de novela fantástica Kôji Suzuki titulada Drop, publicada en formato papel higiénico. El escritor (autor del éxito Ring) pensó en la costumbre de muchos japoneses de llevarse lectura al baño, y negoció con sus editores el curioso formato que podéis ver en las fotos. Gracias a la ayuda de la empresa Hayashi Paper, el escritor ha podido ver realizado su proyecto, y lo que es más, con un éxito apabullante, habiéndose convertido en todo un Best Seller en menos de un año. De hecho, la obra de Suzuki es vendida en algunas webs y librerías como “el papel higiénico más terrofíco de Japón”.

Ya tenemos Drop 1 y Drop 2 en un pack de dos rollos de papel higiénico. Si el éxito se traduce en una estrategia editorial real, los más “regulares” no se van a librar de sus 10 minutos (por un poner) de lectura diaria. Todo un visionario, Kôji Suzuki.






Hatoyama: pasado, presente. Oriente, occidente.
Noviembre 25, 2009, 4:49 PM
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El 1 de octubre de este año, en el artículo inaugural del Hatoyama Cabinet E-mail Magazine, el actual líder nipón remarcaba el concepto de  Yuai 友愛, cuya traducción es fraternidad, como palabra clave y declaración de intenciones en cuanto a la futura política exterior del nuevo gobierno del Minshutô (PDJ). Este concepto, según afirma el mismo Yukio Hatoyama en un artículo titulado El espíritu de la fraternidad en The Japan Journal, era uno de los motores de la política de su padre, Ichirô Hatoyama, que gobernó Japón sucediendo a Shigeru Yoshida entre 1954 y 1956.

Curiosamente, estando en el gobierno el padre del actual primer ministro, el 18 de diciembre de 1956 Japón pasó a formar parte de las Naciones Unidas. En su artículo, el líder nipón recuerda parte del primer discurso en la ONU del entonces ministro de asuntos exteriores, Mamoru Shigemitsu, que señaló lo siguiente:

“La esencia de la política, economía y vida cultural de Japón es el producto de la fusión de las civilizaciones occidental y oriental durante el último siglo.”

De este modo, Hatoyama señala que Japón puede ser considerado, históricamente, como un puente o un enlace entre la civilización occidental y la oriental.

Ichirô Hatoyama y Yukio Hatoyama

En realidad, detrás de esta maniquea visión de lo oriental y lo occidental, se esconde una visión de la política regional que propone superar una serie de retos históricos que siguen latentes. Hay quien afirma que en la región de Asia-Pacífico sigue viva una suerte de guerra fría que ocupa, de manera abierta en algunos casos como Corea del Norte, o de manera “sumergida” en las relaciones con la China popular, buena parte del libro blanco de defensa de estos países desde que terminase la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea.

La gira del presidente norteamericano Barack Obama no ha hecho sino abrir el debate, una vez más, sobre la delicada posición de Japón como actor en la región, tanto a nivel geoestratégico como político. Tal como afirmara el ministro Shigemitsu en su discurso frente a las Naciones Unidas, Japón ha sido el peso equilibrador en una zona de política desequilibrada, si bien también una de las naciones más criticadas por su historial de agresiones a las naciones vecinas hasta la ocupación norteamericana. No en vano, anunciar una nueva política de relaciones exteriores bajo el concepto de fraternidad recuerda a muchos países aún recelosos la Daitôa Kyôeiken 大東亜共栄圏, o Gran esfera de coprosperidad del este de Asia, que sirvió finalmente como carta de entrada a la invasión japonesa de numerosos países asiáticos.

Culturalmente, Japón ha seguido las vías de occidente, asimilando y transformando lo que no le ha sido impuesto, desde que se iniciara la restauración Meiji, en el siglo XIX. La saga de los Hatoyama, siempre relacionada con la política del país desde esta misma época, ha estado sin duda influenciada por el pensamiento occidental y la política desde aquellos primeros estadios de la renovación política del país. El propio abuelo del actual primer ministro, Kazuo Hatoyama, se graduó en la universidad norteamericana de Yale; Ichirô Hatoyama, antes mencionado, era cristiano protestante. Es obvio que en el carácter de Yukio Hatoyama, o al menos en su educación familiar, hay un importante componente de relación con occidente, tanto a nivel de valores como a nivel nostálgico.

El palpitante crecimiento económico de la China de Hu Jintao hace sospechar que la balanza de poder en la región puede inclinarse a favor de la República Popular. El hecho de abogar por el Yuai, por la fraternidad, en calidad de enlace o nodo de “acceso” a la región para las potencias occidentales, puede tener varias lecturas. Una de ellas es el reforzamiento de las relaciones con Estados Unidos, que Japón parece desear con renovadas fuerzas tras la entrada de Obama en la Casa Blanca. Otra lectura es la pretensión de Japón de establecerse como figura conciliadora entre EE.UU. y China, cuyos regímenes aún mantienen manifiestas diferencias.

Finalmente, tal vez la lectura más deseada del uso del concepto de Yuai en la futura estrategia exterior de Japón, es la voluntad del país de reconciliarse de manera definitiva con los países de la región solventando los conflictos latentes del pasado. Para ello el gabinete de Hatoyama debe enfrentarse al pasado de Japón de manera descarnada, para reconocer y aceptar todos aquellos puntos oscuros que aún provocan en los países de la región protestas anuales de las cuales, al menos mediáticamente, ya nadie puede hacer oídos sordos. Tal vez la esperanzadora renovación de Japón no sólo esté en una revisión económica, política y social del país, sino también en una concienzuda renovación moral en cuanto a todo lo que queda por pacificar desde que el país pusiera fin a su aventura expansionista.



Televisión educativa en Japón: Shakin! (II) Kanjite Goran
Noviembre 10, 2009, 11:08 PM
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Hace un tiempo os hablé de un programa educativo que adoro que se llama Shakin!.  En aquella entrada os enlazaba un video de una canción titulada Kanjite goran, con la que se podían aprender los primeros 80 Kanji de la escuela primaria en Japón. Pues bién, hace poco me he topado con el segundo video, mucho más trabajado, donde se pueden aprender un centenar de Kanji más con su vocabulario. Sigo afirmando que adoro este programa, y que cuando pueda conseguiré los DVD del mismo. Está realizado por un grupo artístico (Manzai entre otras cosas) llamado Rahmens, y si hacéis una búsqueda sobre el mismo en Youtube podréis encontrar videos muy interesantes que os servirán como complemento para estudiar japonés.

Sin más, os dejo con el video. Os recomiendo su visionado diario, y la lectura de la letra para su buena memorización.

Y a modo de recordatorio, el primer Kanjite Goran:



El desarrollo japonés ante el mundo. (III) El coste humano del desarrollo
Noviembre 2, 2009, 12:43 PM
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En los anteriores capítulos habíamos visto de manera muy resumida cómo Japón entró primero en una fase de desarrollo que se conoció como “el milagro japonés”, y en la que el trabajo, la ciudad y por consiguiente la sociedad sufrió un proceso de cambio importante. Posteriormente los fundamentos de ese mismo desarrollo serían el caldo de cultivo para la corrupción y para el surgimiento de la burbuja inmobiliaria y financiera que trajo la crisis de la década perdida, cuyo coste humano vamos a analizar en este último artículo.

El primer factor que afecta al nuevo periodo económico-social de Japón en los ‘90 y hasta nuestros días es el envejecimiento de su población. Se denominan sociedades envejecidas aquellas cuyo porcentaje de población mayor de 65 años supera el 14% del total. La peculiaridad japonesa es que el país pasó de ser una sociedad en crecimiento a una sociedad envejecida en unos 24 años, una transición que normalmente suele suceder en un periodo de 40 años. A este hecho se le suma que la esperanza de vida en Japón pasó de ser 50 años para los hombres y 54 para las mujeres en 1947, a 69 para los hombres y 74 para las mujeres en 1970. Ya en 2001, la esperanza de vida se estimó en 78 años para los hombres, y 84 para las mujeres. Un incremento de más de 30 años, propiciado, obviamente por el rápido desarrollo económico de la nación. En 1998, Japón ya se había convertido en la población más envejecida del mundo.

¿Pero qué es lo que hace que la sociedad de Japón envejezca en un periodo de tan sólo 24 años? La respuesta a esto la encontramos en que el Baby Boom más importante que ocurre en el país tiene también una duración especial. El Baby Boom japonés más importante sucede desde el final de la guerra, pero termina en apenas cuatro años, al contrario que en otras naciones en las que este fenómeno continúa durante al menos 10 años. Una de las razones de esa “frenada en seco” fue la Yûseihogohô 優生保護法, o acta de protección eugénica, aprobada en 1948 y revisada en 1949, que básicamente aprobaba los abortos a petición, y cuya aplicación se tradujo en un descenso del 40% en el índice de nacimientos.

Este creciente índice de envejecimiento de la población (se espera que la población mayor de 65 años alcance el 28% en 2020), fue uno de los factores que trajeron consigo durante la década perdida de los ‘90 una dura recesión de la que aún Japón cree a duras penas salir. Esta misma crisis es considerada, en algunos casos, como una traición al pacto social de postguerra, cuyo resultado no es, ni de lejos, el esperado. Una de las primeras consecuencias que debemos ver en este punto es el comienzo del fin de la hegemonía del Partido Liberal Democrático (PLD, Jimintô), en el gobierno desde su fundación en 1955. Aunque gobernará hasta 2009, el partido comienza a sufrir serias escisiones. La primera gran crisis gubernamental sucede  los años 1993 y 1994, en los que es expulsado del gobierno durante 11 meses. Cuatro años después las tensiones cristalizarán en el nacimiento del principal competidor del PLD con la unión de cuatro partidos distintos en el Partido Democrático de Japón (PDJ, Minshutô), que finalmente, favorecido por los escándalos del PLD durante los últimos años y la crisis económica global, se alza en el poder con Yukio Hatoyama a la cabeza en 2009.

En cualquier caso, los últimos 20 años en Japón son el reflejo de una catarsis cultural. Las nuevas generaciones y los que comienzan su vida laboral en los ‘90 empiezan, tímidamente al principio, y marcadamente en la actualidad, a cambiar el modelo de vida estándar. En la segunda mitad de los ‘90 los japoneses ya reconocen abiertamente haber perdido la confianza en su modelo económico. Encontramos a partir de entonces un auge en el modelo de vida individualista, y una separación de la idea de grupo, o incluso de la empresa como familia.

Antes de la gran recesión, la empresa japonesa forma parte casi inseparable de la familia, ya que se reconoce en muchos casos como soporte y sustento. En los ‘90 la traición a la empresa comienza a hacerse patente, y los jóvenes, ante la lentitud del proceso que les permite escalar puestos en una misma empresa, comienzan a imitar el modelo norteamericano al cambiar de trabajo con el objetivo de “vender” sus aptitudes y así escalar puestos con mayor rapidez. Es el principio del fin de los sistemas de lealtad a la empresa.

Otro fenómeno de mayor actualidad, y de gran interés, es el de los Furitâ y Niito. El nombre del primer grupo proviene de la palabra free-arbeiter, y se trata de un estilo de vida alejado de la lealtad a la empresa, o de la dependencia de la misma. Es algo parecido a un trabajador autónomo, normalmente cualificado, que realiza labores por su cuenta sin contar con horarios o calendarios fijos, ni depender de la jerarquía de una gran empresa. Este primer grupo pertenece a esa generación de entre 25 y 35 años que se aleja del modelo del pacto social, y se vuelca en un estilo de vida más individualista, en el que el disfrute del tiempo libre tiene mayor valor que la seguridad económica. Se ha calculado que el número de furitâ alcanza en la actualidad los cuatro millones dentro de Japón.

Los niito, del inglés Neet (abreviatura de “Not in Employment, Education or Training”), son un grupo más joven, y bien distinto al anterior. Para este grupo de jóvenes el esfuerzo laboral tiene un marcado sentido negativo, y se muestran contrarios a cualquier tipo de sacrificio.

Un fenómeno ligado a la obtención rápida de dinero, y que afecta tanto a hombres como a mujeres jóvenes o incluso menores de edad, es el Enjo Kôsai 援助交際, en el que la compañía o prostitución voluntaria y sin intermediarios de jóvenes con adultos a cambio de dinero se convierte en un modo de subsistencia del que posteriormente resulta difícil salir, y que trae consigo acusados problemas psico-sociales. Este fenómeno es tratado abiertamente en la actualidad en series y cómics, o incluso en el fenómeno de las novelas para móviles, con el ejemplo imprescindible de la obra Deep Love.

Finalmente cabe mencionar brevemente a los adultos conocidos como Makeinu (perro perdedor), en el caso de las mujeres; y Parasite Single en el caso de los hombres. Obviamente con un marcado carácter peyorativo en las mujeres, este grupo está formado por adultos que tienen éxito en su vida laboral, pero que para ello han sacrificado parte de su vida social, terminando por superar solteros la barrera de los 26 años comprendidad en Japón como la edad ideal para contraer matrimonio. En el caso de los Parasite Single, también existe el problema de la emancipación, puesto que muchos de los integrantes de este grupo se niegan o no pueden abandonar la casa de sus padres.

En cualquier caso, el hecho de encontrar grupos aparentemente bien definidos y clasificados de nuevos adultos con distintos modos de entender su modo de vida es en parte ficticio. Esta clasificación deriva, en gran medida, de la necesidad cultural de Japón por ordenar para comprender. Es evidente que la realidad japonesa, como hemos visto desde el primer artículo, es cambiante y difusa, y no sólo eso, sino que se transforma a gran velocidad desde que terminase la Segunda Guerra Mundial.

El nuevo siglo político, económico y social para Japón, inaugurado con el ascenso al poder del PDJ, traerá sin duda un cambio en el sistema de valores que afectan a Japón, y el surgimiento de nuevos sistemas productivos, un nuevo panorama del mundo laboral, y una sociedad visiblemente renovada (no sabemos si para bien, o para mal). Al fin y al cabo, Japón, lejos de ser un fenómeno aislado y único, pertenece a la red global de naciones, y es emisor y receptor de nuevas tendencias que están transformando el mundo, en la actualidad, a pasos agigantados.



El museo Meiji Mura, o el descanso de una época
Octubre 29, 2009, 6:23 PM
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Volviendo de nuevo a la calma (después de dos polémicos y absurdos post que nunca debieron existir), ahora prefiero regresar a los temas de los que nunca debí salir, los arquitectónicos, sociales e históricos.

Una cuestión que atañe especialmente al desarrollo de las urbes y a su modernización tiene que ver con la conservación del patrimonio. Si visitamos una gran metrópolis como Tôkyô, Nagoya u Ôsaka, podemos pensar que el patrimonio se resume en varios templos y edificios anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo que se llama el Kindai Nihon, o Japón moderno, tiene como escenarios bellos edificios de estilo europeo u oriental, que introducen por primera vez elementos cerámicos y son una evidencia histórica de la influencia que los pueblos europeos tuvieron sobre esta cultura.

Hoy día, los principales edificios emblemáticos que han desaparecido de la ciudad pertenecían a la era Meiji, Taishô y Shôwa. Muchos de los antiguos templos y casas importantes de estilo netamente japonés se conservan. ¿Qué es lo que ha ocurrido con los de estilo europeo? Cualquier investigador podría afirmar que los japoneses han destruido este patrimonio si no conoce Meiji Mura.

Escuela secundaria de Mie y escuela primaria Kuramochi, 1888

La razón de ser de este museo dedicado a la arquitectura del Kindai Nihon viene, precisamente, de la necesidad de llevar a cabo una acción para la preservación del patrimonio. Esta acción, que paso a describir, puede ser muy discutible según los estándares occidentales, de conservar la ciudad e incluso reutilizar antiguos espacios. El paulatino aumento de la población en las principales ciudades japonesas después de la guerra fuerza, en muchas ocasiones, a recuperar solares que están ocupados por antiguas estructuras dañadas y ya peligrosas, pues cuando fueron concebidas, en algunos casos, se encontraron con las dificultades propias de la orografía, climatología y, cómo no, convulsión política de Japón.

Vista general de una de las calles de Meiji Mura

Fue a raíz de la demolición del Rokumeikan de Josiah Conder que los arquitectos Yoshiro Taniguchi y Moto Tsuchikawa reconocieron la necesidad de conservar los símbolos de la arquitectura de la era Meiji, que paulatinamente estaban siendo sacrificados por su deterioro y en favor del desarrollo. El 16 de julio de 1962 ambos arquitectos crearon una fundación con el objeto de trasladar y conservar estos edificios. Tres años más tarde, en 1965, se inauguraba Meiji Mura a orillas del lago Iruka, conteniendo entonces 15 edificios. Hoy el museo contiene 67 edificios, entre los que se encuentran el vestíbulo y la recepción del Hotel Imperial de Frank Lloyd Wright y Antonyn Raymond, una reconstrucción de la catedral de San Francisco Javier que se construyó en Kyoto en 1890, o la casa de Ogai Mori y Soseki Natsume.

Interior del Hotel Imperial, 1923

A estas construcciones, algunas de ellas meramente reproducidas y no trasladadas, se les suma la recuperación de objetos, documentos y transportes de época, que cualquier visitante puede disfrutar. Una de las buenas cosas que tiene este museo, en el caso particular del Hotel Imperial, es que el vestíbulo sigue teniendo uno de sus antiguos usos como cafetería y restaurante, y que incluso se ha reproducido el mobiliario que diseñó Wright para el hotel.

El museo es muy extenso (un pueblo entero), y recomiendo que sea visitado durante un par de días. Nagoya también es una gran ciudad que tiene mucho para ver. Una gran desventaja es que, precisamente por el enclave natural donde se sitúa, está un poco lejos y se tarda alrededor de una hora entre tren y autobús en llegar. Lo bueno es que una vez dentro, uno tiene libertad absoluta. Más fotos en el álbum de flickr sobre Meiji Mura.

Central telefónica de Sapporo, 1898



Pequeñas cosas que destesto de Japón
Octubre 29, 2009, 8:27 AM
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No todo iba a ser alegría y sonrisas. El anterior post, bastante frívolo, ha sido tomado muy en serio por mucha gente. Ni que decir tiene que objetivo no es en absoluto, si tenemos en cuenta que la objetividad de algo que no sea un experimento científico reproducible cae por los suelos por la fuerza de la experiencia personal. Ahí van, por tanto, las tan esperadas pequeñas cosas que hacen de Japón un país inferior que destesto de Japón.

Papeleras

Al que no le importe tener los bolsillos llenos de basura, puede no molestarle esto. En Japón la falta de papeleras (a no ser que sea en la puerta de un konbini) es irritante en muchos casos. Este debe ser un sentir general de los alérgicos. Si a esto le sumamos que sonarse en público, aunque no del todo mal visto, no es algo que se haga como en España, la situación se vuelve aún más irritante. Las papeleras, bien usadas, son una de esas grandes cosas que aún España conserva y conservará.

Inflexibilidad

Esto es algo muy japonés, si nos referimos a todo lo que tiene que ver con papeleos o procesos. La inflexibilidad japonesa (en el país de los sets) es también otra de esas cosas que llegan a rozar el absurdo. Cuando uno va a ingresar en alguna institución o a solicitar algo, puede tener la sensación de que le están sometiendo al tercer grado. Y lo peor es que en algunos casos, y sobre todo si eres extranjero, así será. En España, aunque no podemos decir maravillas de la burocracia, hay una flexibilidad y una comprensión que, aunque no se note, es mucho mayor. Por otra parte, ahora con el desarrollo de las tecnologías de la información, en España se están viviendo momentos de gran esperanza en cuanto a papeleo se refiere.

Alcantarillado

Antes de la gran revolución urbana, en Japón el alcantarillado circulaba junto a las casas en pequeñas y sucias caceras. Para sorpresa de muchos, en muchas zonas esto sigue siendo así, lo cual llega a ser algo molesto (por el olor) en verano. Si nos quejábamos en España de la basura, en Japón este antiguo alcantarillado se lleva la palma. Aunque no del todo insalubre, pues muchas de estas caceras ahora están en desuso, sí es cierto que al circular en bicicleta, o incluso andando, pueden llegar a ser bastante molestas si no están convenientemente selladas.

Mal entendida femineidad

Muchas chicas japonesas actúan como si fuesen tontas. Es por aquello del ‘Kawaii’ que tanto gusta a los japoneses, y que personalmente tanto asco me da. Por supuesto, desgraciadamente como en casi todos los países, hay un machismo recalcitrante que tiene mucha culpa de esto. Aunque la mujer está integrada en la política (aunque apenas en los equipos de gobierno), la realidad femenina japonesa dista mucho de conseguir el nivel de igualdad del que hoy se puede disfrutar en España. En cualquier caso, siempre nos queda, a todos, mucho camino por recorrer.

Alcohol

En Japón se bebe, y mucho. Aquello de irse con los compañeros de trabajo a beber después de una larga jornada de trabajo sigue existiendo en la convención social. Beber (cerveza, whiskey, etc.) es en algunos casos un requisito (entiéndase la hipérbole). Algo que en España no sufrimos, puesto que vida laboral y vida social es algo que hemos sabido separar y una de las grandes ventajas de las que disfrutamos, y que por supuesto, yo no cambiaría.

Manganime

Aunque afortunadamente la televisión pública japonesa no está copada por estos productos culturales, sí es cierto que la producción de los mismos es excesiva, y en el caso de las Lolicon, profundamente repugnante. No obstante, hay que decir que el manga y el anime son considerados en Japón, salvo por el grueso otaku, como subcultura, y así lo puede uno comprobar al ver las secciones de algunas librerías. También lo confesó Tarô Aso en uno de sus mítines. En cualquier caso, la producción excesiva provoca, como siempre, que haya clichés terribles y para nada educativos en muchos de estos productos.

Improvisación

En Japón no ha lugar. La improvisación, ese proceso tan creativo y enriquecedor en muchos casos, es algo que se evita en Japón. No es que uno no pueda improvisar, pero desde luego que bien visto no está. Esto se traduce en largas horas de trabajo, preparación de presentaciones “gratis” en horario familiar, y otro sinfín de desventajas. Los japoneses suelen decir en algunos de sus libros sobre España, que los españoles no tenemos ni ‘honne’ ni ‘tatemae’. Pues bien, fíjense lo diferente que puede ser el concepto del mundo entre dos culturas, que yo considero que eso es algo más bueno que malo, pues, qué queréis que os diga, libera muchas tensiones.

Y con esto, espero poner algo de equilibro al mal entendido y magnificado post rabioso que titulé ayer Pequeñas cosas que hacen de Japón un país superior“. Sin ánimos de haber ofendido a nadie, lo mejor, como siempre, es comprobar por uno mismo cuáles son las ventajas y desventajas de algo (cualquier cosa), dependiendo del propio caracter o la manera de entender la vida. Espero que mis amigo japoneses no se enfaden conmigo por esto, pero, tal como están las cosas, así es como yo lo veo por el momento.



Pequeñas cosas que me encantan de Japón
Octubre 28, 2009, 9:43 PM
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Desde mi regreso a la patria, he podido notar muchas desventajas con respecto a Japón. No sólo en cuanto al transporte o a la educación o limpieza, sino que he observado cuáles son las pequeñas cosas que marcan la diferencia. Si ya en cuestiones de educación y civismo Japón se me antoja un país muy superior más agradable que la malograda España, estas pequeñas cosas convierten cualquier argumento en contra de Japón en una llana pataleta. No obstante, como admirador del cambio que soy, creo que algunas de estas pequeñas grandes cosas podrían ser un día adaptadas a nuestro país. Eso espero, por el bien de todos.

Máquinas expendedoras

En general, el mundo de las máquinas expendedoras japonesas pertenece al futuro si lo comparamos con el ridículo y canalla sector del vending español. En primer lugar las máquinas expendedoras japonesas, al contrario de la gran mayoría de las españolas, aceptan billetes. Esto que parece una estupidez, para mi supone una gran ventaja, ya que así actúan al mismo tiempo de improvisadas máquinas para conseguir ese cambio que tantas veces nos hace falta para utilizar la fotocopiadora u otras máquinas que sólo van a monedas y que por pudor no mencionaré aquí.

Además, el precio de las bebidas en estas máquinas suele ser el mismo vayamos a donde vayamos, con una ligera oscilación, como mucho, de diez yenes, una miseria. Por otra parte, la oferta de bebidas y de tipos de máquinas expendedoras es muchísimo más amplia. Aquí en España es vergonzoso y aburrido tener que enfrentarse a las cinco o seis bebidas de siempre.

Bicicletas

Ya es conocido aquello de que en Japón uno puede circular tranquilamente en bicicleta sin necesidad de carril bici, sin que los viejos y viejas se quejen y luchen por acaparar cada centímetro de acera, y pudiendo dejarla en casi cualquier sitio sin candado sin riesgo a que la roben. Japón es el paraíso del ciclista. En España, en cambio, iniciativas como Sevici en Sevilla acaban yéndose al traste por el carácter mangante y berraco del español, y por la ineficacia de las autoridades competentes. Además, cuídese uno de no dejar la bici en la calle sin vigilancia, ya que por muchos candados que ponga, desaparecerá en un abrir y cerrar de ojos, o será destrozada.

Atención al cliente

En Japón el cliente es dios. Salvo extrañas excepciones, el trato a uno como cliente siempre es excepcional y respetuoso, diligente y eficaz. Si en algún momento uno recibe un mal trato, una queja a la empresa será suficiente para recibir toda una serie de disculpas y tributos. Así es. En España más de una vez, más de dos, y más de tres la persona al otro lado del mostrador parece que te está perdonando la vida en lugar de atenderte. Muchas personas que atienden de cara al público dedican sin pudor tiempo a conversaciones personales mientras esperas, y las reclamaciones de poco o nada sirven, salvo honrosas excepciones. La atención al cliente en Japón es otra de esas cosas que son enormemente superiores a lo que tenemos en España.

Puntualidad y palabra

Si en Japón te dicen que el libro que encargaste estará el lunes, estará con un 99% de seguridad el lunes. En el poco tiempo que llevo en España desde mi vuelta, he sufrido el vapuleo de empresas (que no nombraré) que no han cumplido su palabra, retrasándose y dándome largas hasta durante 15 y 20 días. Aquí, mal que nos pese, es la tónica general. En Japón por norma general la palabra se cumple. Es algo que admiro y que todo españolito de a pie, y especialmente aquellos responsables de empresas, deberían apuntarse.

Desfibriladores

En Japón, en todas las estaciones y edificios públicos hay desfibriladores. Es así, y es posible y muy útil, por muy extraño que parezca. Son mecanismos sencillos de usar, y cualquier persona que haya hecho un curso de primeros auxilios (encargados de las estaciones, policía, voluntarios, conserjes, etc.) saben utilizarlos. Esta iniciativa ha salvado ya miles de vidas en Japón. ¿Alguien piensa que esto sea posible en España? Ví hace años desfibriladores en un centro comercial de Madrid. No sé que habrá sido de ellos. En España los más estúpidos hasta roban el martillo para romper el cristal de la salida de emergencias de los autobuses, o joden las mangueras y roban los extintores.

Prácticas

Algo que en Japón no hay por una razón muy sencilla: porque los empresarios japoneses han aceptado de buen grado que la esclavitud se aboliese. En España todavía estamos hablando de prácticas no remuneradas o mal remuneradas como un favor que se hace a los universitarios y estudiantes de postgrado. Una estafa apoyada por todos los gobiernos en España, y fomentada por unas universidades que no saben qué hacer con tanto licenciado al que se le envía a la calle sin futuro y desamparado. Por cierto que en Japón un sueldo “normalito” ronda los 2.000 euros, y tal como están las cosas ahora mismo, la vida no es mucho más cara que en España. Aquí hay que estudiar una carrera, hablar dos idiomas, tener un máster, haber hecho “prácticas” gratis y ejecutar una voltereta y el pino en el bigote de una gamba para poder acceder a un sueldo de 1.000 euros con un contrato precario.

Reciclaje

La estricta política de basuras de Japón, aunque algo incómoda, supone una grandísima ventaja para la ciudad y para el ciudadano. En España no es raro pasear por la calle y ver un sofá al lado de un contenedor, además de cientos de bolsas de apestosa e insalubre basura calentándose bajo el cielo veraniego. Esta es una escena que se puede admirar y oler en el mismo centro de ciudades como Huelva. En Japón hay, como en todos los países, mucha basura. La diferencia está en que su política de residuos evita situaciones tan insalubres como la descrita anteriormente, y menos aún huelgas de basureros a costa de la salud pública.

Televisión educativa

¿Imagináis un canal público donde aprender inglés, alemán, ruso, checo, árabe, francés, italiano, portugués, chino y coreano? Existe, es la NHK, la televisión pública japonesa. Algo así es imposible en España. De hecho, lo único que ha hecho la televisión española por los idiomas ha sido ‘That’s english’ y había que levantarse a las siete de la mañana para ver un programa rancio y sin gracia. La televisión educativa y pública en Japón es otra de las cosas muy superiores en comparación con lo que tenemos en España, donde lo más educativo que ha dado la televisión ha sido Jordi Hurtado.

Estas son algunas de las cosas por las que un servidor considera a Japón como un país superior a España. Obviamente cualquier persona puede presentar sus argumentos en contra, pero con una excepción: tienen que ser argumentos que combatan lo presentado aquí. No valdría, por ejemplo, decir: “En Japón está la Yakuza” o “En Japón no hay cerveza a un euro”. Así que nada, esta es mi visión de la vida y de las cosas por el momento.

ACTUALIZACIÓN: Visto cómo se ha puesto el panorama por Internet, creo que hay puntos que aclarar.  En primer lugar la palabra “superior” se ha utilizado muy a la ligera, con ánimo, como siempre, de herir el orgullo patrio de muchos que, como siempre, más que aceptar los problemas reales que tenemos y a los que no les ponemos solución, se ceban en problemas tópicos (y en algún caso ciertamente exagerados) que otras culturas, no sólo la japonesa, tienen. Ni hablar de la tonadilla eterna del “como en España no se vive en ningún lado”, y de lo bien que se trabaja aquí, donde, curiosamente, aún no he conocido a nadie que esté contento con su trabajo. Desde luego en materia de sueldos sí que nos podemos quejar.

Karôshi, xenofobia, suicidios. Como ya adiviné en un comentario ese trio de la muerte ha venido a formar el argumento principal en contra. Os doy toda la razón con un sólo matiz. En el post hablo de cosas que no tenemos en España y que podríamos adoptar, igual que ellos han tratado de adotar durante su historia reciente lo bueno que le ha podido dar occidente, que es mucho. Sobre el machismo ya ni me meto, porque con mujeres muertas en España a manos de sus maridos cada día en las noticias, es mejor no hacer comparaciones de un país con otro.

And last but not least. Sí, por supuesto, vivir y trabajar allí, y estar como becario investigador es muy distinto. Aún así, de modo personal, encuentro muchas más satisfacciones trabajando allí al nivel de mi cualificación y bien pagado, que trabajando aquí en un puesto donde no puedo aprender nada y en el que me podré dar con canto en los dientes si me pagan a tiempo y dignamente. Pero bueno, no me entendáis mal, también valoro los horarios españoles frente a los infernales horarios japoneses. ¡Pero es que el post no va sobre eso! ¡Sino sobre pequeñas, casi insignificantes, cosas!

Dejó ahí el tema para retomarlo en una entrada que será “Pequeñas cosas que hacen de Japón un país inferior”Pequeñas cosas que detesto de Japón. Gracias por aumentar el número de visitas por una noche, y a disfrutar de la vida, con o sin compañía.



Graduarse la vista en Japón
Octubre 21, 2009, 10:32 AM
Archivado en: Cultura, arte, curiosidades

Ahí va un tema menor. Desde diciembre del año pasado llevo gafas para ver de lejos (no demasiado lejos). Cuando llegué al instituto de la Fundación Japón en Ôsaka, comencé a notar que no veía bien la pizarra, que las letras de las canciones en la sala de Karaoke se me antojaban un poco borrosas, y que hasta para ver la televisión tenía dificultades. Ya llevaba yo imaginando un tiempo que tarde o temprano iba a tener que graduarme la vista y sucumbir a unas gafas. El caso es que el momento oportuno llegó en Japón.

Aproveché las vacaciones de navidad para ir a una óptica de Tokyo, concretamente a ‘Megane Super’. Allí me atendieron amablemente, y, después de elegir unas extraordinarias gafas dentro de un precio razonable, comenzó el examen de mi vista. Como en Japón el cliente es dios, por supuesto me trataron de maravilla. La chica que allí atendía se sorprendió de que pudiera hablar japonés, pero antes de comenzar el examen la noté algo nerviosa.

Y es que, amigos, para graduarte la vista en Japón, aunque me imagino que depende del sitio, es conveniente al menos conocer los silabarios hiragana y katakana. Creo que no habría problema puesto que debe haber alguna alternativa a los silabarios. No obstante, en mi caso, la chica respiró aliviada cuando le dije que ya estaba más que familiarizado con los silabarios (y con los Kanji), y que no tenía que preocuparse. Pero ojo, nada de sabérselo a medias. Si uno va de chulo y confunde la lectura de los hiragana o katakana, puede acabar en la calle con unas gafas a lo Barragán, y sin ver ni torta.

Cuando terminó el examen visual, la chica me puso unas aparatosas gafas y me sacó a la calle (momento vergonzoso) para que le dijera qué tal veía los carteles de lejos. Allí se aseguran bastante de que quedas contento con su producto, así que ni corto ni perezoso salí hasta la mitad de la calle con el cacharro en la cara, y miré hasta el último cartel que podía (era de la cadena Sukiya, si no recuerdo mal).

En unos días, mis gafas estaban listas con su garantía. 10.000 yenes me costó todo, así que mejor imposible.

En Japón la introducción de las primeras gafas marcaron la historia. Como sabéis, “gafas” en japonés se dice “megane” (sí, como el renault). Hay una piedra conmemorativa de las primeras gafas que entraron en Japón en el puente que nos lleva al pequeño templo del Shinobazu Ike, junto al Parque Imperial de Ueno. Debió ser una gran revolución para Japón la primera vez que se introdujeron las gafas en el país.

Un Megane-e

Un Megane-e

También vemos cómo en la historia del arte se llamaron Megane-e a aquellos primeros grabados que incluían puntos de fuga para crear una perspectiva.

Finalmente encontramos un antiguo panel para un examen de visión en la casa de un médico en el museo Meiji Mura. Realmente, salvo por los avances informáticos, en cuanto a contenidos no ha cambiado mucho la forma de examinar la vista a los pacientes.

En la casa de un médico, en Meiji Mura

En la casa de un médico, en Meiji Mura

Los servicios ópticos en Japón son realmente extraordinarios, a mi juicio. En España echo de menos unos puestos gratuítos donde cualquier transeúnte puede limpiar sus gafas si lo desea. Se trata de un par de cuencos metálicos a doble altura. En el más alto metes las gafas (sujetándolas siempre) y éstas se limpian con un líquido calentado. Después de un minuto, se meten las gafas en el segundo cuenco (abajo) donde se enfrían, y así terminas por tener unas gafas relucientes. Os dejo un vídeo que he encontrado en youtube de alguien sorprendido por uno de estos puestos. Echo de menos ese tipo de servicios.



Recuerdos como estampas
Octubre 5, 2009, 4:01 PM
Archivado en: Cultura, De Viaje, Lugares, arte, curiosidades

Uno de mis más alegres descubrimientos desde que en 2007 fuera por primera vez a Japón, fue la posibilidad de conseguir una marca de cada lugar que he pisado. Muchos de los que tenéis algún contacto con la cultura japonesa, sabéis lo amante que, culturalmente, es este pueblo de los sellos de tinta. Por ejemplo, cada persona tiene normalmente su propio hanko 判子 con el que sella o valida envíos u otras cosas. Este sello, por lo general, no sustituye en absoluto a la firma personal.

El sello tiene, en la cultura japonesa, una fuerza importante. Por ello, me entusiasmó ver que en la mayoría de las estaciones de tren de la JR de Tokyo, en museos y en lugares remarcables, existen sellos conmemorativos, que están al alcance de todos para marcar en un cuaderno un recuerdo del lugar. Yo, para participar de esta interesante iniciativa, me compré una pequeña libreta que voy rellenando cada vez que voy a Japón, y que así me sirve como prueba definitiva de la mayoría de los lugares en los que he estado. Sé que es algo que pocos adultos hagan en Japón, pero como turista o simple extranjero, os puedo asegurar que es gratificante.

Uguisudani

Uguisudani

Comencé esta colección (o caza de sellos) en Uguisudani, en la estación del barrio en el que viví cuando estuve en Japón por primera vez. En 2008 continué aumentando mi colección en las regiones de Kansai y en Nagoya, donde pude estampar enormes y arquitectónicos sellos dentro de Meiji Mura. Pronto espero poder completar mi libreta con los sellos del norte de Japón. Pero para eso necesito un poco de dinero, suerte o una beca.

Kanda

Kanda

A todos los que vayáis a Japón por primera vez, os recomiendo participar en la “caza de sellos”. Pero ojo, que la mayoría están dentro de las estaciones, antes de salir del picabilletes, por lo que tendréis que tener vista y memoria. Otros los podréis encontrar en las Midori no madoguchi. Y los de templos y museos creo que los encontraréis sin problema. De todas formas, si alguna vez se os pasa el sello de alguna estación, explicándoselo con modales al agente que está junto al picabilletes, por norma general no pondrá ninguna pega para dejaros pasar un momento y rematar la faena.

Mi libreta

Mi libreta

Posiblemente dentro de unos años mire mi libreta y recuerde con felicidad todos los momentos vividos en Japón, incluso si entonces estoy en Japón viviendo. Este tipo de cosas se convierten automaticamente en instrumentos de la nostalgia.

Desde Meiji Mura

Desde Meiji Mura



El museo del ferrocarril en Ômiya, Tokyo
Septiembre 20, 2009, 10:38 PM
Archivado en: Cultura, De Viaje, Fotografía, Personajes, Tecnología, curiosidades, historia

En Ômiya, Tôkyô, se encuentra el museo del ferrocarril, Tetsudô Hakubutsukan 鉄道博物館, que para los amantes de los trenes es un auténtico santuario (faltaría más). Hay muchos otakus de los trenes en Japón, y la razón es obvia: es el medio de transporte por excelencia del país. Los trenes atraviesan todo el archipiélago, vertebran las ciudades y conectan todos y cada uno de los puntos de Japón. Además, no es sólo por su utilidad por lo que son admirados. El tren, a día de hoy y en un país como Japón, sigue siendo uno de los símbolos más notables de lo que se ha llamado progreso.

Aunque no pretendo extenderme mucho, sí quiero ofreceros algunas fotos del álbum sobre este museo. Dentro del recinto uno puede disfrutar de los trenes más antiguos hasta explicaciones sobre los últimos modelos que saldrán para la alta velocidad japonesa. Es un lugar para la nostalgia. Se permite a los visitantes subir a vagones de los años 20, 30, 40, 50… Todos con su peculiar encanto y bien conservados. Además, para los fanáticos del tren, hasta la entrada al museo es especial. Uno no se baja en Ômiya y llega directamente. Desde la estación, debemos tomar un tren especial que nos dejará en la puerta del museo. El pavimento de la entrada también está decorado con los distintos paneles de información que hubo en diferentes épocas.

http://www.flickr.com/photos/vidaenmarte/3937175522/sizes/l/in/set-72157622416024184/

Dentro del museo comenzaremos viendo algunos de los ferrocarriles que por primera vez circularon por Japón. Cuenta Pat Barr en The Deer Cry Pavilion que la primera vez que en Japón se hizo el trazado de la línea de tren, probablemente con tal de preservar de alguna manera antiguos caminos y sendas, aquel estaba lleno de subidas, bajadas y curvas, de tal manera que incluso en algunos tramos la vía se había hundido. Este despropósito tuvo que ir a repararlo E.G. Holtham, un exquisito englishman con gran habilidad para construir líneas de ferrocarril. Él mismo escribiría en su libro Things Japanese cómo el archipiélago nipón no era precisamente el lugar idóneo para que se desarrollase el tren, por ser montañoso y estar llena su geografía de pronunciados accidentes.

Uno de los primeros billetes de tren entre Yokohama y Kawasaki. Traducido a Inglés, Francés y Alemán en el reverso.

Uno de los primeros billetes de tren entre Yokohama y Kawasaki. Traducido a Inglés, Francés y Alemán en el reverso.

Sin embargo el proyecto para crear una moderna red de ferrocarril en Japón se convertiría en una de las prioridades del país, impulsada con especial fervor por Masaru Inoue, figura pública de la era Meiji que hoy es recordado como “el padre del ferrocarril en Japón”. Desde los primeros trenes manufacturados en la industrial Inglaterra, Japón pasaría, a lo largo del siglo XX, a construir sus propias máquinas, al tiempo que surgían numerosas compañías privadas de ferrocarril.

Hibari, Hayabusa, Akebono, Kodama… Todos estos trenes, repartidos en distintos puntos de la geografía de Japón, serían tanto máquinas como personajes entrañables que hoy muchos ancianos recuerdan con nostalgia. Estos trenes, con sus colores característicos, sus sonidos y su cadencia, son hoy una parte importante del patrimonio cultural del país.


Arthur Koestler contaba en El loto y el robot que aún en los años 50, algunos ancianos japoneses seguían viendo al tren como un invento nuevo. No es de extrañar que, como en muchas otras cosas, los japoneses considerasen aquellas máquinas como algo extranjero, que no había surgido en su propia cultura. Aunque, como casi todo en este país, sin duda pronto supieron imprimir su carácter en este invento, y convirtieron el ferrocarril en un elemento propio de la cultura japonesa, un producto transformado y adaptado a los esquemas de su imaginación.