Vida en Marte 火星の生活 


Drop: “el papel higiénico más terrorífico de Japón”.
Noviembre 26, 2009, 7:46 PM
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Hace poco mi director de tesis me ha regalado la popular obra del escritor de novela fantástica Kôji Suzuki titulada Drop, publicada en formato papel higiénico. El escritor (autor del éxito Ring) pensó en la costumbre de muchos japoneses de llevarse lectura al baño, y negoció con sus editores el curioso formato que podéis ver en las fotos. Gracias a la ayuda de la empresa Hayashi Paper, el escritor ha podido ver realizado su proyecto, y lo que es más, con un éxito apabullante, habiéndose convertido en todo un Best Seller en menos de un año. De hecho, la obra de Suzuki es vendida en algunas webs y librerías como “el papel higiénico más terrofíco de Japón”.

Ya tenemos Drop 1 y Drop 2 en un pack de dos rollos de papel higiénico. Si el éxito se traduce en una estrategia editorial real, los más “regulares” no se van a librar de sus 10 minutos (por un poner) de lectura diaria. Todo un visionario, Kôji Suzuki.






Televisión educativa en Japón: Shakin! (II) Kanjite Goran
Noviembre 10, 2009, 11:08 PM
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Hace un tiempo os hablé de un programa educativo que adoro que se llama Shakin!.  En aquella entrada os enlazaba un video de una canción titulada Kanjite goran, con la que se podían aprender los primeros 80 Kanji de la escuela primaria en Japón. Pues bién, hace poco me he topado con el segundo video, mucho más trabajado, donde se pueden aprender un centenar de Kanji más con su vocabulario. Sigo afirmando que adoro este programa, y que cuando pueda conseguiré los DVD del mismo. Está realizado por un grupo artístico (Manzai entre otras cosas) llamado Rahmens, y si hacéis una búsqueda sobre el mismo en Youtube podréis encontrar videos muy interesantes que os servirán como complemento para estudiar japonés.

Sin más, os dejo con el video. Os recomiendo su visionado diario, y la lectura de la letra para su buena memorización.

Y a modo de recordatorio, el primer Kanjite Goran:



Pequeñas cosas que destesto de Japón
Octubre 29, 2009, 8:27 AM
Archivado en: Actualidad, Cultura, La propia japoneidad, curiosidades, otros pensamientos

No todo iba a ser alegría y sonrisas. El anterior post, bastante frívolo, ha sido tomado muy en serio por mucha gente. Ni que decir tiene que objetivo no es en absoluto, si tenemos en cuenta que la objetividad de algo que no sea un experimento científico reproducible cae por los suelos por la fuerza de la experiencia personal. Ahí van, por tanto, las tan esperadas pequeñas cosas que hacen de Japón un país inferior que destesto de Japón.

Papeleras

Al que no le importe tener los bolsillos llenos de basura, puede no molestarle esto. En Japón la falta de papeleras (a no ser que sea en la puerta de un konbini) es irritante en muchos casos. Este debe ser un sentir general de los alérgicos. Si a esto le sumamos que sonarse en público, aunque no del todo mal visto, no es algo que se haga como en España, la situación se vuelve aún más irritante. Las papeleras, bien usadas, son una de esas grandes cosas que aún España conserva y conservará.

Inflexibilidad

Esto es algo muy japonés, si nos referimos a todo lo que tiene que ver con papeleos o procesos. La inflexibilidad japonesa (en el país de los sets) es también otra de esas cosas que llegan a rozar el absurdo. Cuando uno va a ingresar en alguna institución o a solicitar algo, puede tener la sensación de que le están sometiendo al tercer grado. Y lo peor es que en algunos casos, y sobre todo si eres extranjero, así será. En España, aunque no podemos decir maravillas de la burocracia, hay una flexibilidad y una comprensión que, aunque no se note, es mucho mayor. Por otra parte, ahora con el desarrollo de las tecnologías de la información, en España se están viviendo momentos de gran esperanza en cuanto a papeleo se refiere.

Alcantarillado

Antes de la gran revolución urbana, en Japón el alcantarillado circulaba junto a las casas en pequeñas y sucias caceras. Para sorpresa de muchos, en muchas zonas esto sigue siendo así, lo cual llega a ser algo molesto (por el olor) en verano. Si nos quejábamos en España de la basura, en Japón este antiguo alcantarillado se lleva la palma. Aunque no del todo insalubre, pues muchas de estas caceras ahora están en desuso, sí es cierto que al circular en bicicleta, o incluso andando, pueden llegar a ser bastante molestas si no están convenientemente selladas.

Mal entendida femineidad

Muchas chicas japonesas actúan como si fuesen tontas. Es por aquello del ‘Kawaii’ que tanto gusta a los japoneses, y que personalmente tanto asco me da. Por supuesto, desgraciadamente como en casi todos los países, hay un machismo recalcitrante que tiene mucha culpa de esto. Aunque la mujer está integrada en la política (aunque apenas en los equipos de gobierno), la realidad femenina japonesa dista mucho de conseguir el nivel de igualdad del que hoy se puede disfrutar en España. En cualquier caso, siempre nos queda, a todos, mucho camino por recorrer.

Alcohol

En Japón se bebe, y mucho. Aquello de irse con los compañeros de trabajo a beber después de una larga jornada de trabajo sigue existiendo en la convención social. Beber (cerveza, whiskey, etc.) es en algunos casos un requisito (entiéndase la hipérbole). Algo que en España no sufrimos, puesto que vida laboral y vida social es algo que hemos sabido separar y una de las grandes ventajas de las que disfrutamos, y que por supuesto, yo no cambiaría.

Manganime

Aunque afortunadamente la televisión pública japonesa no está copada por estos productos culturales, sí es cierto que la producción de los mismos es excesiva, y en el caso de las Lolicon, profundamente repugnante. No obstante, hay que decir que el manga y el anime son considerados en Japón, salvo por el grueso otaku, como subcultura, y así lo puede uno comprobar al ver las secciones de algunas librerías. También lo confesó Tarô Aso en uno de sus mítines. En cualquier caso, la producción excesiva provoca, como siempre, que haya clichés terribles y para nada educativos en muchos de estos productos.

Improvisación

En Japón no ha lugar. La improvisación, ese proceso tan creativo y enriquecedor en muchos casos, es algo que se evita en Japón. No es que uno no pueda improvisar, pero desde luego que bien visto no está. Esto se traduce en largas horas de trabajo, preparación de presentaciones “gratis” en horario familiar, y otro sinfín de desventajas. Los japoneses suelen decir en algunos de sus libros sobre España, que los españoles no tenemos ni ‘honne’ ni ‘tatemae’. Pues bien, fíjense lo diferente que puede ser el concepto del mundo entre dos culturas, que yo considero que eso es algo más bueno que malo, pues, qué queréis que os diga, libera muchas tensiones.

Y con esto, espero poner algo de equilibro al mal entendido y magnificado post rabioso que titulé ayer Pequeñas cosas que hacen de Japón un país superior“. Sin ánimos de haber ofendido a nadie, lo mejor, como siempre, es comprobar por uno mismo cuáles son las ventajas y desventajas de algo (cualquier cosa), dependiendo del propio caracter o la manera de entender la vida. Espero que mis amigo japoneses no se enfaden conmigo por esto, pero, tal como están las cosas, así es como yo lo veo por el momento.



Pequeñas cosas que me encantan de Japón
Octubre 28, 2009, 9:43 PM
Archivado en: Cultura, La propia japoneidad, TV, curiosidades, otros pensamientos

Desde mi regreso a la patria, he podido notar muchas desventajas con respecto a Japón. No sólo en cuanto al transporte o a la educación o limpieza, sino que he observado cuáles son las pequeñas cosas que marcan la diferencia. Si ya en cuestiones de educación y civismo Japón se me antoja un país muy superior más agradable que la malograda España, estas pequeñas cosas convierten cualquier argumento en contra de Japón en una llana pataleta. No obstante, como admirador del cambio que soy, creo que algunas de estas pequeñas grandes cosas podrían ser un día adaptadas a nuestro país. Eso espero, por el bien de todos.

Máquinas expendedoras

En general, el mundo de las máquinas expendedoras japonesas pertenece al futuro si lo comparamos con el ridículo y canalla sector del vending español. En primer lugar las máquinas expendedoras japonesas, al contrario de la gran mayoría de las españolas, aceptan billetes. Esto que parece una estupidez, para mi supone una gran ventaja, ya que así actúan al mismo tiempo de improvisadas máquinas para conseguir ese cambio que tantas veces nos hace falta para utilizar la fotocopiadora u otras máquinas que sólo van a monedas y que por pudor no mencionaré aquí.

Además, el precio de las bebidas en estas máquinas suele ser el mismo vayamos a donde vayamos, con una ligera oscilación, como mucho, de diez yenes, una miseria. Por otra parte, la oferta de bebidas y de tipos de máquinas expendedoras es muchísimo más amplia. Aquí en España es vergonzoso y aburrido tener que enfrentarse a las cinco o seis bebidas de siempre.

Bicicletas

Ya es conocido aquello de que en Japón uno puede circular tranquilamente en bicicleta sin necesidad de carril bici, sin que los viejos y viejas se quejen y luchen por acaparar cada centímetro de acera, y pudiendo dejarla en casi cualquier sitio sin candado sin riesgo a que la roben. Japón es el paraíso del ciclista. En España, en cambio, iniciativas como Sevici en Sevilla acaban yéndose al traste por el carácter mangante y berraco del español, y por la ineficacia de las autoridades competentes. Además, cuídese uno de no dejar la bici en la calle sin vigilancia, ya que por muchos candados que ponga, desaparecerá en un abrir y cerrar de ojos, o será destrozada.

Atención al cliente

En Japón el cliente es dios. Salvo extrañas excepciones, el trato a uno como cliente siempre es excepcional y respetuoso, diligente y eficaz. Si en algún momento uno recibe un mal trato, una queja a la empresa será suficiente para recibir toda una serie de disculpas y tributos. Así es. En España más de una vez, más de dos, y más de tres la persona al otro lado del mostrador parece que te está perdonando la vida en lugar de atenderte. Muchas personas que atienden de cara al público dedican sin pudor tiempo a conversaciones personales mientras esperas, y las reclamaciones de poco o nada sirven, salvo honrosas excepciones. La atención al cliente en Japón es otra de esas cosas que son enormemente superiores a lo que tenemos en España.

Puntualidad y palabra

Si en Japón te dicen que el libro que encargaste estará el lunes, estará con un 99% de seguridad el lunes. En el poco tiempo que llevo en España desde mi vuelta, he sufrido el vapuleo de empresas (que no nombraré) que no han cumplido su palabra, retrasándose y dándome largas hasta durante 15 y 20 días. Aquí, mal que nos pese, es la tónica general. En Japón por norma general la palabra se cumple. Es algo que admiro y que todo españolito de a pie, y especialmente aquellos responsables de empresas, deberían apuntarse.

Desfibriladores

En Japón, en todas las estaciones y edificios públicos hay desfibriladores. Es así, y es posible y muy útil, por muy extraño que parezca. Son mecanismos sencillos de usar, y cualquier persona que haya hecho un curso de primeros auxilios (encargados de las estaciones, policía, voluntarios, conserjes, etc.) saben utilizarlos. Esta iniciativa ha salvado ya miles de vidas en Japón. ¿Alguien piensa que esto sea posible en España? Ví hace años desfibriladores en un centro comercial de Madrid. No sé que habrá sido de ellos. En España los más estúpidos hasta roban el martillo para romper el cristal de la salida de emergencias de los autobuses, o joden las mangueras y roban los extintores.

Prácticas

Algo que en Japón no hay por una razón muy sencilla: porque los empresarios japoneses han aceptado de buen grado que la esclavitud se aboliese. En España todavía estamos hablando de prácticas no remuneradas o mal remuneradas como un favor que se hace a los universitarios y estudiantes de postgrado. Una estafa apoyada por todos los gobiernos en España, y fomentada por unas universidades que no saben qué hacer con tanto licenciado al que se le envía a la calle sin futuro y desamparado. Por cierto que en Japón un sueldo “normalito” ronda los 2.000 euros, y tal como están las cosas ahora mismo, la vida no es mucho más cara que en España. Aquí hay que estudiar una carrera, hablar dos idiomas, tener un máster, haber hecho “prácticas” gratis y ejecutar una voltereta y el pino en el bigote de una gamba para poder acceder a un sueldo de 1.000 euros con un contrato precario.

Reciclaje

La estricta política de basuras de Japón, aunque algo incómoda, supone una grandísima ventaja para la ciudad y para el ciudadano. En España no es raro pasear por la calle y ver un sofá al lado de un contenedor, además de cientos de bolsas de apestosa e insalubre basura calentándose bajo el cielo veraniego. Esta es una escena que se puede admirar y oler en el mismo centro de ciudades como Huelva. En Japón hay, como en todos los países, mucha basura. La diferencia está en que su política de residuos evita situaciones tan insalubres como la descrita anteriormente, y menos aún huelgas de basureros a costa de la salud pública.

Televisión educativa

¿Imagináis un canal público donde aprender inglés, alemán, ruso, checo, árabe, francés, italiano, portugués, chino y coreano? Existe, es la NHK, la televisión pública japonesa. Algo así es imposible en España. De hecho, lo único que ha hecho la televisión española por los idiomas ha sido ‘That’s english’ y había que levantarse a las siete de la mañana para ver un programa rancio y sin gracia. La televisión educativa y pública en Japón es otra de las cosas muy superiores en comparación con lo que tenemos en España, donde lo más educativo que ha dado la televisión ha sido Jordi Hurtado.

Estas son algunas de las cosas por las que un servidor considera a Japón como un país superior a España. Obviamente cualquier persona puede presentar sus argumentos en contra, pero con una excepción: tienen que ser argumentos que combatan lo presentado aquí. No valdría, por ejemplo, decir: “En Japón está la Yakuza” o “En Japón no hay cerveza a un euro”. Así que nada, esta es mi visión de la vida y de las cosas por el momento.

ACTUALIZACIÓN: Visto cómo se ha puesto el panorama por Internet, creo que hay puntos que aclarar.  En primer lugar la palabra “superior” se ha utilizado muy a la ligera, con ánimo, como siempre, de herir el orgullo patrio de muchos que, como siempre, más que aceptar los problemas reales que tenemos y a los que no les ponemos solución, se ceban en problemas tópicos (y en algún caso ciertamente exagerados) que otras culturas, no sólo la japonesa, tienen. Ni hablar de la tonadilla eterna del “como en España no se vive en ningún lado”, y de lo bien que se trabaja aquí, donde, curiosamente, aún no he conocido a nadie que esté contento con su trabajo. Desde luego en materia de sueldos sí que nos podemos quejar.

Karôshi, xenofobia, suicidios. Como ya adiviné en un comentario ese trio de la muerte ha venido a formar el argumento principal en contra. Os doy toda la razón con un sólo matiz. En el post hablo de cosas que no tenemos en España y que podríamos adoptar, igual que ellos han tratado de adotar durante su historia reciente lo bueno que le ha podido dar occidente, que es mucho. Sobre el machismo ya ni me meto, porque con mujeres muertas en España a manos de sus maridos cada día en las noticias, es mejor no hacer comparaciones de un país con otro.

And last but not least. Sí, por supuesto, vivir y trabajar allí, y estar como becario investigador es muy distinto. Aún así, de modo personal, encuentro muchas más satisfacciones trabajando allí al nivel de mi cualificación y bien pagado, que trabajando aquí en un puesto donde no puedo aprender nada y en el que me podré dar con canto en los dientes si me pagan a tiempo y dignamente. Pero bueno, no me entendáis mal, también valoro los horarios españoles frente a los infernales horarios japoneses. ¡Pero es que el post no va sobre eso! ¡Sino sobre pequeñas, casi insignificantes, cosas!

Dejó ahí el tema para retomarlo en una entrada que será “Pequeñas cosas que hacen de Japón un país inferior”Pequeñas cosas que detesto de Japón. Gracias por aumentar el número de visitas por una noche, y a disfrutar de la vida, con o sin compañía.



Graduarse la vista en Japón
Octubre 21, 2009, 10:32 AM
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Ahí va un tema menor. Desde diciembre del año pasado llevo gafas para ver de lejos (no demasiado lejos). Cuando llegué al instituto de la Fundación Japón en Ôsaka, comencé a notar que no veía bien la pizarra, que las letras de las canciones en la sala de Karaoke se me antojaban un poco borrosas, y que hasta para ver la televisión tenía dificultades. Ya llevaba yo imaginando un tiempo que tarde o temprano iba a tener que graduarme la vista y sucumbir a unas gafas. El caso es que el momento oportuno llegó en Japón.

Aproveché las vacaciones de navidad para ir a una óptica de Tokyo, concretamente a ‘Megane Super’. Allí me atendieron amablemente, y, después de elegir unas extraordinarias gafas dentro de un precio razonable, comenzó el examen de mi vista. Como en Japón el cliente es dios, por supuesto me trataron de maravilla. La chica que allí atendía se sorprendió de que pudiera hablar japonés, pero antes de comenzar el examen la noté algo nerviosa.

Y es que, amigos, para graduarte la vista en Japón, aunque me imagino que depende del sitio, es conveniente al menos conocer los silabarios hiragana y katakana. Creo que no habría problema puesto que debe haber alguna alternativa a los silabarios. No obstante, en mi caso, la chica respiró aliviada cuando le dije que ya estaba más que familiarizado con los silabarios (y con los Kanji), y que no tenía que preocuparse. Pero ojo, nada de sabérselo a medias. Si uno va de chulo y confunde la lectura de los hiragana o katakana, puede acabar en la calle con unas gafas a lo Barragán, y sin ver ni torta.

Cuando terminó el examen visual, la chica me puso unas aparatosas gafas y me sacó a la calle (momento vergonzoso) para que le dijera qué tal veía los carteles de lejos. Allí se aseguran bastante de que quedas contento con su producto, así que ni corto ni perezoso salí hasta la mitad de la calle con el cacharro en la cara, y miré hasta el último cartel que podía (era de la cadena Sukiya, si no recuerdo mal).

En unos días, mis gafas estaban listas con su garantía. 10.000 yenes me costó todo, así que mejor imposible.

En Japón la introducción de las primeras gafas marcaron la historia. Como sabéis, “gafas” en japonés se dice “megane” (sí, como el renault). Hay una piedra conmemorativa de las primeras gafas que entraron en Japón en el puente que nos lleva al pequeño templo del Shinobazu Ike, junto al Parque Imperial de Ueno. Debió ser una gran revolución para Japón la primera vez que se introdujeron las gafas en el país.

Un Megane-e

Un Megane-e

También vemos cómo en la historia del arte se llamaron Megane-e a aquellos primeros grabados que incluían puntos de fuga para crear una perspectiva.

Finalmente encontramos un antiguo panel para un examen de visión en la casa de un médico en el museo Meiji Mura. Realmente, salvo por los avances informáticos, en cuanto a contenidos no ha cambiado mucho la forma de examinar la vista a los pacientes.

En la casa de un médico, en Meiji Mura

En la casa de un médico, en Meiji Mura

Los servicios ópticos en Japón son realmente extraordinarios, a mi juicio. En España echo de menos unos puestos gratuítos donde cualquier transeúnte puede limpiar sus gafas si lo desea. Se trata de un par de cuencos metálicos a doble altura. En el más alto metes las gafas (sujetándolas siempre) y éstas se limpian con un líquido calentado. Después de un minuto, se meten las gafas en el segundo cuenco (abajo) donde se enfrían, y así terminas por tener unas gafas relucientes. Os dejo un vídeo que he encontrado en youtube de alguien sorprendido por uno de estos puestos. Echo de menos ese tipo de servicios.



Recuerdos como estampas
Octubre 5, 2009, 4:01 PM
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Uno de mis más alegres descubrimientos desde que en 2007 fuera por primera vez a Japón, fue la posibilidad de conseguir una marca de cada lugar que he pisado. Muchos de los que tenéis algún contacto con la cultura japonesa, sabéis lo amante que, culturalmente, es este pueblo de los sellos de tinta. Por ejemplo, cada persona tiene normalmente su propio hanko 判子 con el que sella o valida envíos u otras cosas. Este sello, por lo general, no sustituye en absoluto a la firma personal.

El sello tiene, en la cultura japonesa, una fuerza importante. Por ello, me entusiasmó ver que en la mayoría de las estaciones de tren de la JR de Tokyo, en museos y en lugares remarcables, existen sellos conmemorativos, que están al alcance de todos para marcar en un cuaderno un recuerdo del lugar. Yo, para participar de esta interesante iniciativa, me compré una pequeña libreta que voy rellenando cada vez que voy a Japón, y que así me sirve como prueba definitiva de la mayoría de los lugares en los que he estado. Sé que es algo que pocos adultos hagan en Japón, pero como turista o simple extranjero, os puedo asegurar que es gratificante.

Uguisudani

Uguisudani

Comencé esta colección (o caza de sellos) en Uguisudani, en la estación del barrio en el que viví cuando estuve en Japón por primera vez. En 2008 continué aumentando mi colección en las regiones de Kansai y en Nagoya, donde pude estampar enormes y arquitectónicos sellos dentro de Meiji Mura. Pronto espero poder completar mi libreta con los sellos del norte de Japón. Pero para eso necesito un poco de dinero, suerte o una beca.

Kanda

Kanda

A todos los que vayáis a Japón por primera vez, os recomiendo participar en la “caza de sellos”. Pero ojo, que la mayoría están dentro de las estaciones, antes de salir del picabilletes, por lo que tendréis que tener vista y memoria. Otros los podréis encontrar en las Midori no madoguchi. Y los de templos y museos creo que los encontraréis sin problema. De todas formas, si alguna vez se os pasa el sello de alguna estación, explicándoselo con modales al agente que está junto al picabilletes, por norma general no pondrá ninguna pega para dejaros pasar un momento y rematar la faena.

Mi libreta

Mi libreta

Posiblemente dentro de unos años mire mi libreta y recuerde con felicidad todos los momentos vividos en Japón, incluso si entonces estoy en Japón viviendo. Este tipo de cosas se convierten automaticamente en instrumentos de la nostalgia.

Desde Meiji Mura

Desde Meiji Mura



El museo del ferrocarril en Ômiya, Tokyo
Septiembre 20, 2009, 10:38 PM
Archivado en: Cultura, De Viaje, Fotografía, Personajes, Tecnología, curiosidades, historia

En Ômiya, Tôkyô, se encuentra el museo del ferrocarril, Tetsudô Hakubutsukan 鉄道博物館, que para los amantes de los trenes es un auténtico santuario (faltaría más). Hay muchos otakus de los trenes en Japón, y la razón es obvia: es el medio de transporte por excelencia del país. Los trenes atraviesan todo el archipiélago, vertebran las ciudades y conectan todos y cada uno de los puntos de Japón. Además, no es sólo por su utilidad por lo que son admirados. El tren, a día de hoy y en un país como Japón, sigue siendo uno de los símbolos más notables de lo que se ha llamado progreso.

Aunque no pretendo extenderme mucho, sí quiero ofreceros algunas fotos del álbum sobre este museo. Dentro del recinto uno puede disfrutar de los trenes más antiguos hasta explicaciones sobre los últimos modelos que saldrán para la alta velocidad japonesa. Es un lugar para la nostalgia. Se permite a los visitantes subir a vagones de los años 20, 30, 40, 50… Todos con su peculiar encanto y bien conservados. Además, para los fanáticos del tren, hasta la entrada al museo es especial. Uno no se baja en Ômiya y llega directamente. Desde la estación, debemos tomar un tren especial que nos dejará en la puerta del museo. El pavimento de la entrada también está decorado con los distintos paneles de información que hubo en diferentes épocas.

http://www.flickr.com/photos/vidaenmarte/3937175522/sizes/l/in/set-72157622416024184/

Dentro del museo comenzaremos viendo algunos de los ferrocarriles que por primera vez circularon por Japón. Cuenta Pat Barr en The Deer Cry Pavilion que la primera vez que en Japón se hizo el trazado de la línea de tren, probablemente con tal de preservar de alguna manera antiguos caminos y sendas, aquel estaba lleno de subidas, bajadas y curvas, de tal manera que incluso en algunos tramos la vía se había hundido. Este despropósito tuvo que ir a repararlo E.G. Holtham, un exquisito englishman con gran habilidad para construir líneas de ferrocarril. Él mismo escribiría en su libro Things Japanese cómo el archipiélago nipón no era precisamente el lugar idóneo para que se desarrollase el tren, por ser montañoso y estar llena su geografía de pronunciados accidentes.

Uno de los primeros billetes de tren entre Yokohama y Kawasaki. Traducido a Inglés, Francés y Alemán en el reverso.

Uno de los primeros billetes de tren entre Yokohama y Kawasaki. Traducido a Inglés, Francés y Alemán en el reverso.

Sin embargo el proyecto para crear una moderna red de ferrocarril en Japón se convertiría en una de las prioridades del país, impulsada con especial fervor por Masaru Inoue, figura pública de la era Meiji que hoy es recordado como “el padre del ferrocarril en Japón”. Desde los primeros trenes manufacturados en la industrial Inglaterra, Japón pasaría, a lo largo del siglo XX, a construir sus propias máquinas, al tiempo que surgían numerosas compañías privadas de ferrocarril.

Hibari, Hayabusa, Akebono, Kodama… Todos estos trenes, repartidos en distintos puntos de la geografía de Japón, serían tanto máquinas como personajes entrañables que hoy muchos ancianos recuerdan con nostalgia. Estos trenes, con sus colores característicos, sus sonidos y su cadencia, son hoy una parte importante del patrimonio cultural del país.


Arthur Koestler contaba en El loto y el robot que aún en los años 50, algunos ancianos japoneses seguían viendo al tren como un invento nuevo. No es de extrañar que, como en muchas otras cosas, los japoneses considerasen aquellas máquinas como algo extranjero, que no había surgido en su propia cultura. Aunque, como casi todo en este país, sin duda pronto supieron imprimir su carácter en este invento, y convirtieron el ferrocarril en un elemento propio de la cultura japonesa, un producto transformado y adaptado a los esquemas de su imaginación.



Aho Aho Man (Downtown)
Septiembre 6, 2009, 12:48 PM
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Suelo hablar poco de los Owarai (programas de humor) japoneses. Hoy quiero hablaros de Downtown, un manzai liderado por Matsumoto Hitoshi y Hamada Masatoshi, dos humoristas de gran prestigio en Japón. Concretamente, quiero ofreceros algo de información sobre uno de sus personajes más llamativos, Aho Aho Man アホアホマン.

Aho Aho Man es el “hombre tonto tonto” o “tonto tonto man”. Los sketches de este personaje suelen seguir una línea muy simple (como cualquier sketch en un espacio de humor): dos extraterrestres planean sus maldades contra la tierra, pero un chico (interpretado por Hamada) les sigue la pista. Cada vez que éste está en apuros, llama a Aho Aho Man, y entonces comienzan los despropósitos.

Como podéis imaginar por el nombre, Aho Aho Man no sabe más que ser idiota, y la gracia está en las idioteces que hace. Mención especial merece su traje, que describiremos enlazando la siguiente caricatura que aparece en la galería Nigao de Sugaikotsu Danchô (http://gutsweb.kt.fc2.com/chi01nigao.html).

Sugaikotsu Danchô

Autor: Sugaikotsu Danchô

Aho Aho man lleva una armadura musculosa con un trozo de pastel como emblema. Slips no demasiado presentables, calcetines altos de escolar, y una especie de mocasines. El estilo de su pelo, modo casco, resalta su estupidez. Una gran interpretación de Matsumoto Hitoshi.

De esta guisa, provoca las situaciones más estúpidas posibles. Podemos ver algunos vídeos que hay en Youtube, aunque advierto que algunas imágenes pueden herir sensibilidades.

Lo más característico, sin duda, después de su aspecto, es el baile de entrada. Encontramos una recopilación de estos bailes en Youtube.

Y ya, para terminar, observamos con vergüenza ajena la aparición del hermano de Aho Aho Man: Aho Aho Brother. Sí, y digo con vergüenza ajena porque el caballero de la armadura rosa con un helado como escudo no es otro que ¡el gran compositor Ryuichi Sakamoto!

De ahí que interprete el tema de Merry Xmas Mr. Lawrence.

Esperando que os hayan entretenido los videos, me despido hasta que tenga cosas mejores que escribir.



Cantando las estaciones de la Yamanote 山手線の歌
Agosto 26, 2009, 10:39 PM
Archivado en: Cultura, Lugares, TV, Tecnología, Tokyo, curiosidades

La línea de tren tokiota Yamanote, circular, con sus 29 estaciones, es el auténtico corazón (o arteria mayor) de la metrópolis. Esta línea es tan famosa, y forma una parte tan importante de la historia y la vida de Tokyo, que hasta se le ha compuesto una famosa canción que ayuda a recordar sus estaciones. Si alguna vez vas a Tokyo, y quieres conocer mejor esta línea, apréndete la canción y disfruta de los 4 minutos que hay entre estación y estación. Aquí, un video para que la escuches.

Tôkyô, Kanda, Akihabara,
Okachimachi, Ueno, Uguisudani,
Nippori, Nishinippori, Tabata,
Komagome, Sugamo, Ôtsuka,
Ikebukuro, Mejiro, Takadanobaba,
Shin-Ôkubo, Shinjuku, Yoyogi,
Harajuku, Shibuya, Ebisu,
Meguro, Gotanda, Ôsaki,
Shinagawa, Tamachi, Hamamatsuchô,
Shinbashi, Yûrakuchô, Tôkyô…
(xN)



Shakin! Canciones educativas de calidad.
Agosto 23, 2009, 3:55 PM
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Mientras termino el próximo post sobre el desarrollo japonés (¡mañana estará listo!) os dejo un aperitivo de uno de los programas infantiles de Japón que más me han llamado la atención por su calidad artística. Se trata, como ya expliqué en un post anterior, de Shakin!

La siguiente canción, bastante pegadiza, habla a los niños sobre algunos de los secretos de la naturaleza, a través de un paisaje que se va transformando, dibujado con un aire bastante naïf que ayuda a despertar su imaginación. Me resulta especialmente agradable tanto por su duración como por la voz de la cantante. Se titula “¿Lo sabías?” 知るや君? (shiruya kimi?).

La segunda canción que quiero mostraros me ha sorprendido por su contenido. Se trata de la “canción del tiempo” o “canción reloj” うた時計 (Utadokei). Lo que muestra esta curiosa canción es la historia de la tierra desde el mismo momento del big bang, hasta un sorprendente y divertido final. Es uno de esos contenidos educativos que levantarían ampollas entre ciertos sectores conservadores recalcitrantes en los EE.UU. o incluso en España. Allí, en cambio, se muestra con la mayor naturalidad.

Esa es mi aportación de hoy. Espero que podáis disfrutarla. Opino que estas canciones tienen mucha más calidad que, por ejemplo, aquella del “superchufitroco” (que buenos, que buenos, los hace Damián) que perturbó nuestros subconscientes de pequeños.