Vida en Marte 火星の生活 


En Japón hay fruta y “fruta”
Mayo 15, 2008, 12:36 pm
Guardado en: Lugares, Tokyo, curiosidades

Hace unos días leía en UnGatoNipón un gran post titulado La perfección de la fruta japonesa. Anteriormente había rechazado la posibilidad de escribir un post sobre fruta por cansino. Esta vez me uno al autor del anterior blog para arrojar luz sobre otra de las historias sesgadas que llegan a España en relación a Japón. De hecho, hace un par de años tenía yo una curiosa pelea con un amigo que me insistía en que un trabajador japonés necesita medio sueldo para comprarse una manzana. A eso lo llamo yo exagerar, ciertamente por culpa de la información que traen todos esos “japonólogos” que se marchan un par de semanas a Tokyo sin tener ni idea del idioma y hacen la compra en el comercio más caro del centro de Shibuya.
Pero voy a ser fiel a esa realidad también. Empecemos por la fruta que se vende para regalar, que es la cara. La razón de ser de esto es el on, algo de lo que los propios japoneses han perdido conciencia pero que es una característica de la sociedad del país. Ruth Benedict lo explica ampliamente. Yo lo hago en unas líneas: las relaciones de igual a igual en Japón son un toma y daca en el que se busca el equilibrio. Si yo hago un gran regalo carísimo a un amigo, le entrego una carga que tiene que devolver en su justa medida, por equilibrio social. Si yo le regalo un disco, por ejemplo, él se verá “obligado” por su propia conciencia a regalarme algo de igual o ligeramente superior valor. Por ello, cuando alguien te invita a su casa, lo normal es devolver ese favor con un regalo “en su justa medida”, algo además que pueda disfrutar toda la familia. De ahí que se preparen algunos packs especiales con fruta de alta calidad.

Esta fruta, a más de 8.000 y 12.000 yenes, sería nuestro ejemplo de fruta a precio desorbitado, para ocasiones especiales. La otra cara de la moneda la descubrí en el barrio de Uguisudani, en el que, como sabéis los que soléis leerme, viví durante un tiempo. Una noche, a eso de las once y media de la noche, volvía a casa cuando, al bajar las escaleras que llevan a la estación, vi llegar una pequeña furgoneta que rápidamente habría una carpa con melocotones a 300 yenes 6 unidades. Más baratos que en cualquier mercado de España. Me disponía a comprar unos cuantos cuando de repente salió de entre las sombras un ejército de marujas, monedero en mano, dispuestas a pelear por los mejores melocotones. Me quedé un tanto impresionado, y saqué unas fotos. Desafortunadamente el tipo del camión no me dejó sacarle fotos al género, que aunque no era gran cosa para los estándares japoneses, tampoco estaba tan mal.

Por último, sólo me queda ofreceros el precio normal al que se puede comprar fruta de buena calidad. La selección de los productos en cualquier supermercado japonés suele ser extraordinaria. Realmente, esa es una de las razones por las que añoro Japón cada vez que voy a hacer la compra. Aquí no se salva ni el hiper… ese al que va la aristocracia.



Aparecí en una revista japonesa
Abril 27, 2008, 5:43 pm
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No tenía pensado sacar esto, pero últimamente estoy viviendo un momento de entusiasmo con mi regreso a Japón, y he decidido finalmente mostrar en mi blog la aparición que hicimos Fidel y yo en la revista japonesa Coyote. No es que este onubense y el sevillano Fidel seamos famosos por allí, nada de eso. Es que una amiga nuestra trabaja para la editorial Switch (responsable de esta y otras publicaciones), y un día pensó que sería divertido que un par de occidentales posaran con ropa de montaña para una de las secciones.

Salimos en la revista Coyote!

Así que ahí estamos inmortalizados, en Kamakura, yo removiendo té y Fidel con un wagashi en la mano. Un trabajo agradable que fue recompensado además con un memorable almuerzo con sushi en Roppongi días más tarde.

Ah, salimos en el número de diciembre de 2007. Y a partir de octubre no me importaría salir en otros números…



Uguisudani: dioses, amantes y abortos
Abril 16, 2008, 7:55 pm
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uguisudani

He hablado con anterioridad del barrio en el que, por un periodo de dos meses y medio, viví en Tokyo. Uguisudani, un lugar donde abundan los Love Hotel y los clubs de dudoso honor. Hoy he vuelto a recordarlo al leer el libro de Federico Lanzaco Religión y espiritualidad en la sociedad japonesa contemporánea, el cual recomiendo. En este estudio se hace referencia a las estatuillas depositadas en recuerdo de los niños muertos, las Mizuko Jizô 水子地蔵. Muchas de las mujeres que abortan en Japón depositan estatuillas en los templos budistas, para recordar a los hijos que nunca nacieron. Mizuko se escribe precisamente con los caracteres de “agua” y “niño”, lo cual viene a ser un poético eufenismo del resultado de un aborto. Federido Lanzaco cifra el número de abortos que se realizan al año en Japón en unos 300.000, lo cual es muy significativo.

A la luz de esta información que desconocía, reconozco que he estado en un terrible error durante mucho tiempo. He de agradecer a Don Federico Lanzaco el haberme ayudado a salir de este error por medio de su libro. Precisamente en Uguisudani, tomando la avenida de los Love Hotel hacia el sureste, por donde ya no hay locales de dudoso gusto, se levanta un templo al dios protector de los niños. Hasta el día de hoy, pensaba yo que era inapropiado tener precisamente a ese dios en un lugar tan inadecuado para los niños. Pero ahora todo encaja. En el recinto de ese templo están las Mizuko Jizô, representación espiritual de lo que fue concebido involuntariamente en los Love Hotel, por amantes y prostitutas. Nada tan adecuado como acercar al dios protector de los niños al lugar donde viven y se emplean las mujeres que más posibilidad tienen de abortar durante su vida. El lugar de los dioses en la ciudad es algo que atañe a los urbanistas.

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Uguisudani es un lugar en el que todo está dispuesto para la vida furtiva. Los locales que allí hay de eso nos hablan. No hay necesidad de explicar nada, cuando unos carteles luminosos nos invitan a “jugar”, con inocentes dibujos animados, dentro de los Love Hotel y los bares del lugar. Rodeada por las salas de juego, una pequeña floristería, algo escondida. Un local así en un lugar como ese puede parecer inusual, pero ¿acaso no necesita flores el hombre que vuelve junto a su mujer por la noche, bien tarde, cuando su conciencia está agitada o sus bolsillos vacíos por lo perdido en los Slots y Pachinko?

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En las cabinas telefónicas, dentro de la zona de Love Hotels, uno no se sorprende al encontrar anuncios de mujeres de compañía. Pero fuera de ahí todo está controlado. Nada queda al azar. En las otras cabinas encontramos un anuncio que advierte de la prohibición de colocar “panfletos rosas” (pinku bira ピンクビラ). El mundo de la prostitución también se relega a una burbuja de seguridad. Esta es una de las formas que tiene la ley de poner murallas hacia adentro.

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No quiero resultar gracioso cuando digo que Uguisudani es un lugar donde todo encaja. Los Love Hotel, el Pachinko, el cabaret, los pinku bira, la floristería, el dios protector de los niños y las Mizuko Jizô. Dioses, amantes y abortos.



Hotaruika - ホタルイカ
Abril 5, 2008, 2:36 pm
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Informa el Asahi Shinbun de un fenómeno maravilloso de la naturaleza. Cuando llega la primavera, un animal extraordinario se acerca desde las profundidades marinas a la costa para desovar. Es el Hotaruika o Calamar luciérnaga. Este animal queda atrapado en la arena con los cambios en la marea. Entonces, en plena luna nueva, con el cielo en plena penumbra, se ilumina durante un breve periodo de tiempo, mostrando una luz de un azul intenso que cubre toda la costa.
Esto ha ocurrido en Toyama. Lástima que la foto que ofrece el diario Asahi sea de tan baja calidad.

Hotaruika en Toyama

Este es uno de esos animales curiosos del Océano Pacífico. También se come fermentado en sus propias vísceras.

Y si surrealista es ver a un montón de calamares fosforescentes atrapados en la playa, más surrealista es ver que un tipo con bigote vestido de calamar acompañado de un coro de travestidos le dedica una canción flamenca en japonés.



Doravideo - Con Yoshimitsu Ichiraku
Marzo 29, 2008, 10:30 am
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El pasado miércoles tuve la oportunidad de conocer a Yoshimitsu Ichiraku, cuyo nombre artístico es Doravideo. Pude colaborar con la traducción de las preguntas que los periodistas querían hacerle a este artista, quien, para sorpresa de los medios, no hablaba inglés. Son las cosas que ocurren cuando se crean falsos mitos. ¿Lección aprendida? Aún habrá quien vaya diciendo que en Japón habla inglés todo el mundo… cosas sin importancia.

Ichiraku-san, como Doravideo, es un batería que fusiona la imagen con la música de una manera especial. Con una serie de sensores en la batería, que a su vez van conectados a un Mac, hace aparecer imágenes aleatorias dependiendo de la intensidad con la que toque. El resultado es una música potente cargada de significado, reforzada por imágenes que en ocasiones resultan cómicas, y en otras una evidente crítica política y social.

La reacción del público del Teatro Central de Sevilla ha sido extraordinaria. Durante el año 2006 había estado en el Sónar, y días antes de venir a Sevilla daba un concierto en Granada. Esperemos que este sea el comienzo de una serie de visitas frecuentes a nuestro país. Para no ponerme pesado, os dejo con los vídeos.





Una cuestión cultural (o el Japón clásico y cuántico)

En la vida diaria Japón es como la física clásica. Todo sucede por una razón lógica, o responde en última instancia a una serie de cuestiones eminentemente pragmáticas. España, en cambio, es más como la física cuántica. Las cosas funcionan a primera vista de manera totalmente inexplicable o impredecible, y cuídate de querer comprender por qué es así.

Digo esto a colación de algo que me ha sucedido últimamente cuando llevaba a una amiga mía japonesa al mercado de Triana. El hecho, que explicaré a continuación, me volvió a recordar aquellos días no tan lejanos en los que, estando en Japón, podía ir a comprar sin necesidad de cuidarme de ser estafado.

Estando en el mercado, iba enseñando a mi amiga los nombres en español de algunas de las frutas, verduras, y productos de origen animal. Paramos justo en un puesto que hacía esquina porque ante nosotros aparecieron unas cajas de apetitosos caquis granaínos. Como gesto de buena voluntad, me ofrecí a comprar unos cuantos para terminar bien el almuerzo. Y ahí es cuando saltó el genuino genio español del tendero y su ayudante, que ante una mujer de origen extranjero y un tipo con poca pinta de andaluz estándar, trataron y consiguieron colocarnos una bandeja de caquis preparada para la ocasión.

¿Por qué acepté esos caquis? Por varios motivos. El primero de ellos, que yo no tenía ganas de discutir. El segundo, que poco me importa a mí una magulladura en una fruta. Y el tercero, que a veces confío demasiado en la gente. El caso es que aquellos caquis resultaron ser un verdadero apocalipsis. Mi amiga y yo volvimos atrás para pedirle al tendero que nos cambiara la fruta, pero él y su ayudante ya nos estaban esperando. Nos dijeron eso de “es que eso es así” y que nos lo habían dado bien para consumir en su día sin esperas. A mí me pareció más bien que nos habían colocado lo menos vendible, a pesar de poderse comer. Fin de la discusión y a casa a reflexionar un par de cosas: por qué Japón es tan distinto, y de qué manera me vengaré del tendero y su ayudante.

En cuanto a la primera reflexión, tengo que decir algunas cosas. Uno de los motivos por los que me iría a vivir a Japón sin ninguna duda es por la seguridad que se siente en cualquier asunto de la vida cotidiana. Ya he comentado muy a menudo que los japoneses son muy pragmáticos, y que esa misma cualidad, además de hacerlos a veces predecibles, beneficia en muchos casos a la comunidad. Ese beneficio repercute en muchos aspectos de la vida diaria, como es el mismo caso de ir a hacer la compra. Es algo maravilloso ir a un puesto de fruta y no tener la necesidad de revisar el contenido de la bolsa. O ir a un supermercado y no tener que revolver las bolsas de patatas para encontrar una en la que no haya al menos dos piezas bastante perjudicadas.

Japón era caro. Con el euro, y el alza de precios en nuestro país, comprar en un supermercado japonés y en uno español sale casi por lo mismo. Puede que en Japón salga aún un poco más caro, pero al menos lo que compras siempre tiene una calidad excelente, y nunca tendrás que vigilar que no te estafen. Esto es una cuestión cultural heredada del pensamiento confuciano y del taoísmo. Lo que a nosotros nos parece educación no es más que rutina y lógica para ellos. Algo que al parecer los españoles nunca comprenderán, porque lo que nosotros hemos heredado es el egoísmo y la insensatez propia de la llamada “picaresca” que nos hace tanta gracia en el Lazarillo de Tormes.

Una frase que intento tener siempre presente para actuar en consecuencia la dijo un japonés, y sin duda refleja ese pensamiento del que el espíritu de este pueblo hace gala, en términos generales y hacia la comunidad, en este Japón pacífico que nace tras la Segunda Guerra Mundial: “En la vida hay que hacer cosas buenas porque sí”, dijo Chiune Sugihara.

Si Sugihara hubiese sido educado en España, habría aprendido que hay que aceptar que las cosas funcionen mal porque “es lo que hay”. Esta frase multiusos define la razón irracional y nunca negociable del carácter latino. Es impredecible, es ilógica, pero sabremos que siempre irá mal. Es nuestra herencia cultural.

La nota irónica a todo esto es que en este Japón que yo defiendo tampoco es todo alegría y bondad. El hecho de que no te estafen en un supermercado no es por simple honestidad, sino porque no estafar beneficia a la comunidad en su conjunto. Algo que a lo que los españoles deberíamos apuntarnos.

En cuestiones políticas y económicas Japón es un barco cuyos comandantes intentan achicar aguas para evitar el hundimiento y la catástrofe. Ese es el motivo por el que el Kanji elegido como más característico de 2007 es el de falsedad 偽.

Desde la crisis que estalló en 1991, Japón ha estado combatiendo para volver a las “vacas gordas” de los años setenta y ochenta. Tras el escándalo con los fondos de pensiones el partido que ha gobernado durante los últimos sesenta años (exceptuando entre 1993 y 1996), el PLD o Jimintô, está temiendo perder las próximas elecciones. El envejecimiento de la población en Japón ha alcanzado cotas bastante altas, y es este sector de mayores de 65 años el que está dispuesto a poner el grito en el cielo. Por ello, creo, han dejado ver a través del Kanji de falsedad un descontento generalizado. El gobierno no ha actuado según los principios que rigen el funcionamiento de esta sociedad. Y a pesar de todo Shinzo Abe dimitió, y surgió este personaje tan curioso y poco esperado que es Yasuo Fukuda. Por ello las próximas elecciones en Japón se presentan tan interesantes. ¿Quién sabe? A lo mejor el Kanji elegido el próximo año es el de cambio 変 (hen). Que por otra parte también es extraño, raro, singular, extraordinario y dudoso. Como la propia sociedad japonesa en cuestiones más intrincadas como la política, o en cosas de puertas para adentro. Ahí sí que podríamos mentar a la física cuántica.


¡Paraguas para todos!
Diciembre 11, 2007, 11:29 pm
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Estando en Japón, una noche soñé que Christopher Walken llegaba a mi apartamento y pisaba mi ordenador portátil. Desperté por la mañana con mal aspecto, me arreglé y tiré para la estación: de Uguisudani en la Yamanote a Shinjuku, y de Shinjuku en la Odakyu a Tamagawa Gakuen Mae, en Yokohama. Unos cuarenta minutos de viaje. Ese día almorzaba con mis suegros en potencia para despedirme de ellos y agradecerles su hospitalidad durante las dos primeras semanas.
Como había pasado una noche un tanto extraña, decidí salir con antelación y dedicarme a observar. De esta manera me olvidé de la imagen de Christopher Walken pisoteando mi pobre ordenador, y me percaté de algo curioso.
En Japón llueve mucho. Eso es debido a que es un clima monzónico, casi tropical. Un país eminentemente húmedo. Creo que es el país en el que más paraguas hay por persona. No es extraño que en una casa donde viven tres personas haya al menos quince paraguas, a cual más pintoresco. Esto ocurre porque la lluvia a veces llega de imprevisto, y los pobres japoneses no tienen más remedio que sacar la cartera y comprarse uno nuevo.

Paraguas para todos

En la estación de Tamagawa Gakuen Mae, y me consta que en algunas otras, hay un puesto en el que cualquiera puede tomar prestado un paraguas en un momento de necesidad. Por supuesto el cartel del puesto pide también que sean devueltos, cosa que por norma general ocurre (¡Son japoneses, ¡vive dios!).

¿Funcionaría esto en España? La opinión de un servidor es que no. Fundamentalmente por dos factores:
1- No llueve tanto.
2- Se roba mucho.
Esto dice mucho de una cultura y otra. Realmente, la lluvia y la idiosincrasia de los japoneses tiene mucha relación. Pero para hablar de esto hay otros foros y otros maestros.



Jinshinjiko人身事故
Noviembre 22, 2007, 9:32 am
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O de cómo habrá un leve retraso debido a que alguien se ha lanzado, se ha caído o ha sido arrojado, a las vías del tren con catastróficos resultados. Leo en Microsiervos y en la web de Joi Ito una entrada al respecto, y no puedo evitar poner en este momento la fotografía que tomé del cartel que indicaba eso mismo estando en la línea Yamanote. El panel anuncia que habrá retrasos en la línea Chuo (que cruza la Yamanote a la mitad). Cuando hay un suceso de estas características en el tren se le llama Jinshinjiko 人身事故 , expresión que viene a significar “accidente que ocasiona víctimas”.

jinshinjikô

Puedo contar una anécdota curiosa al respecto. Poco tiempo después de llegar a Japón, me dirigía a Yokohama a ver a mis suegros “en potencia”. Estaba montado en la línea Odakyu, cuando de repente paramos en una estación, y estuvimos como media hora sin movernos. En ese momento, al no conocer los mecanismos de “crisis”, no cambié de andén para tomar otro tren. Me quedé esperando en el vagón, escuchando cómo el conductor hablaba por megafonía pidiendo mil excusas por lo que yo entendí que era un “parón debido a un terremoto”. Mi comprensión del japonés tenía que mejorar bastante. Cuando por fin llegué a Tamagawa-Gakuen Mae comenté el hecho a los padres de mi novia. Fue entonces cuando empezaron a reírse como nunca lo había visto (al menos en ellos). Las palabras Jishin 地震(terremoto) y Jinshin 人身(una misma persona) son bastante parecidas. ¿Humor negro? Aquella mañana un tipo se había “planchado la camisa” en la línea Odakyu. Y yo pensando que había sido un terremoto del que no me había percatado.



Grandes ideas (1): El Chirigami Koukan
Julio 27, 2007, 1:27 am
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El otro día, camino de la estación para tomar la línea Odakyu, me topé con el Chirigami Koukan (ちり紙交換). Es el tipo que se encarga de recoger periódicos viejos, la mayoría procedentes de subscripciones, y cambiarlos por papel higiénico, financiado oficialmente (como el B.O.E.). Con este servicio de reciclaje las comunidades de vecinos, los colegios y otros grupos pueden obtener además un poco de dinero. El contrapunto es que la calidad del papel no es precisamente “doble capa”. Pero gracias al wc ultramoderno multichorro no es necesario hacer grandes esfuerzos (esto es para todos aquellos amantes del… ejem… gotelé, que abundan en los baños universitarios españoles).

Chirigamikoukan


Esto de la conversión del periódico en papel de baño puede tener muchas lecturas e infinidad de chistes. A saber: podemos afirmar que muchos japoneses se pasan por el “forro” la política nacional e internacional. Y asimismo que el periódico ya no es un sustituto del papel higiénico, sino que es el mismo papel higiénico. Si esto ocurriera en España seguramente gente como Jiménez Losantos sólo utilizaría papel procedente de la razón, la razón higiénica, aunque podría producir cáncer de colon.