Vida en Marte 火星の生活 


“You can satisfy not only your thirst but your heart with this”
Mayo 7, 2008, 9:05 am
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El comienzo del viaje podría decir que fue el Onsen de Yugawara, en Tokyo. Dejo la explicación completa de la experiencia a Fidel, que lo hace de manera magistral. Acabábamos de llegar pocos días antes a Japón, y aún nos curábamos del Jet Lag. ¡Qué mejor remedio! Las aguas del Onsen, el futon, el olor del tatami y el sonido de las cigarras. Realmente había deseado todo aquello desde hacía mucho tiempo.

Mientras esperábamos a Fidel y Yuriko en la estación, tome un primer bentô y observé el paisaje entusiasmado con la idea de que, definitivamente, me encontraba frente a frente con Japón por primera vez en mi vida. Poco después de llegar mis amigos, aparecía también el autobús del Onsen. Por el camino dediqué todos mis esfuerzos a observar concienzudamente el paisaje de Yugawara.

Digan lo que digan, y por muy ateo que sea uno, la tradición de un país cala hondo en el cerebro. La mía, la española, la que ha bebido de la ideología judeocristiana, se reveló en el mismo instante en el que fui a entrar en el Onsen por primera vez. Ahí estaba yo, las aguas termales y el pudor en medio. Por suerte, pude aprovechar un momento en el que aquello se quedó vacío, para disfrutar de las aguas en maravillosa soledad y silencio. Fuera el stress, abajo el inestable futuro, aquí y ahora - bueno, allí y en ese momento -.

Después la jornada no pudo venir mejor: una cena japonesa entre japoneses. Un salón repleto de familias, todos de rodillas frente a la mesa, palillos en mano y bandeja llena. Y Fidel y yo, dos alienígenas imitando las maneras niponas. Buen ensayo y mejor provecho. Después de probar el sabroso pescado, en un alarde de entusiasmo, le dejé un mensaje en el plato al cocinero: “Umai” (¡Muy bueno!).

Y para culminar, en una bebida que había pedido Fidel, un slogan que describía lo que Japón suponía para mí en esos momentos, lo que ha significado este viaje: “You can satisfy not only your thirst but your heart with this”.



Bárbaros permanentes
Abril 7, 2008, 11:35 pm
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Aunque bien es sabido que en Japón el extranjero rara vez es mal recibido, y que la cultura de otros países es aceptada y cultivada por muchos japoneses con admiración, existen algunos datos que demuestran cierta xenofobia o rechazo a todo lo foráneo por parte de un importante sector de la sociedad, condicionada sin duda por ideas de la ultraderecha, resentimiento por lo sucedido en la Guerra del Pacífico, y miedo creado por una política dura contra la inmigración, amén del amarillismo con el que se toman las noticias escabrosas protagonizadas por extranjeros.
Lo primero que quiero mostraros es un enlace en el que aparecen algunos lugares que prohíben la entrada a clientes “no japoneses”. En The Rogue’s Gallery encontramos carteles especialmente dirigidos a rusos y a los llamados “dekasegi“, que son mayormente brasileños que han encontrado en Japón una segunda patria. El origen de esta inmigración es muy diversa. Para el caso de los latinoamericanos en general hay que remontarse a la primera mitad del siglo XX, cuando muchas familias de japoneses, agobiados por las crisis económicas de los años ‘20, decidieron marcharse a Perú y Brasil en busca de negocios fructíferos cultivando el caucho y otras materias primas. Alentados por el propio gobierno, que no sabía cómo hacer frente a esas crisis, esas familias sembraron su futuro esperando tiempos mejores para volver a su tierra natal. Pero llegado el momento se convirtieron en apátridas, incapaces de reintegrarse en la sociedad nipona, y ajenos a las culturas en las que sus negocios habían crecido.
A pesar de esto, la ley japonesa permite refugio y da facilidades para obtener el visado a todos aquellos peruanos descendientes de japoneses que mantengan un vínculo familiar en Japón. Esta hermandad, no obstante, es virtual y para nada satisfactoria.
Muchos de estos extranjeros se han visto envueltos en crímenes de sangre, y su imagen ha sido demonizada injustamente por los medios. La población mayor, especialmente la que tiene más cercana las brutales consecuencias de la guerra, sigue desconfiando de los extranjeros y sus costumbres. Cabe recordar que aún en la memoria de muchos está la idea de que el camino de la guerra fue tomado precisamente por la arrogancia de las naciones occidentales. Una actitud que Japón asimiló para continuar jugando en el tablero mundial, equiparándose a las potencias occidentales en poderío militar y gestión de colonias. El Japón actual es el Japón de la paz, por mucho ruido mediático que puedan tener grupos de ultraderecha que, a pesar de todo, representan una tímida proporción del espectro político y social.
De mi experiencia personal he sacado conclusiones contradictorias. Una de esas experiencias es la que vivimos Fidel y yo cuando íbamos a conectarnos a Internet por una conexión WiFi de Livedoor al aire libre . Ante nuestro asombro, unos vecinos de Negishi denunciaron a la policía que “unos extranjeros” (nosotros) estaban realizando actos sospechosos frente a su bloque. La policía interrogó a Fidel con cortesía, y le sugirió que, aunque no cometía ninguna ilegalidad, en adelante se conectase en un lugar donde no “perturbase” a los vecinos. Así lo hicimos, y nos marchamos a un pequeño parque a cinco minutos de allí, en un lugar repleto de Love Hotel y prostíbulos regentados por chinos sin permiso de residencia. Pensamos entonces que allí la Yakuza no preocupa tanto, por el mero hecho de ser japonesa. Eso sí, dos extranjeros bien arreglados con un portátil en la calle son sospechosos por definición.
La otra cara de la moneda la pone toda aquella galería de situaciones en las que nos encontramos con personas que se interesaban por nuestro país, que nos ayudaban hasta niveles difíciles de entender en occidente, y que se esforzaban lo máximo posible para que nos sintiéramos como en casa. Un ejemplo particular lo pongo en un librero de Yokohama, que tiene su local frente a la estación de Tamagawa Gakuen Mae. Una pequeña tienda donde encontré un magnífico libro sobre el pabellón que Tadao Ando diseñó para la Expo’92 de Sevilla. Aquel hombre, encerrado en sus libros, se mostró especialmente entusiasmado al verme entrar y al confirmar que, efectivamente, era español y vivía en Sevilla. Compré el libro, y estuvimos un buen rato charlando sobre España y la Exposición de Sevilla, a la que él había tenido la oportunidad de ir. Sin duda aquel hombre era todo menos xenófobo, y no mostraba más que entusiasmo por el mundo.
El problema de The Rogue’s Gallery y el debate que se crea en torno a la inmigración es el simplismo. La única visión de un todo desde un punto de vista condicionado por experiencias particulares, y no por un conocimiento general de la cuestión. Japón es xenófobo, pero también es un actor importante en la globalización. Podemos llamar a los japoneses racistas, o pensar que hay un importante salto generacional en progreso, y una lucha por mantener una identidad cultural que no estamos abiertos a entender en su presente forma de manifestarse.



Chiba - Nihondera
Marzo 12, 2008, 7:11 pm
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Aquí os dejo con la segunda (¿y última?) entrega de Chiba, en el Nihondera. Durante nuestro ascenso grabé algunos vídeos con mi cámara digital. Era un día de niebla y lluvia. Eso hizo todo más interesante. Estuvimos allí Keita, Mitsu, Tomo, Fidel y yo. Por mi cara de felicidad, podéis ver que aquello es bastante impresionante. Claro que, tal vez, con la luz y el buen tiempo todo cambia.

Yo en Chiba

Keita en Chiba

Mitsu en Chiba

 



Frente al Buda de la montaña
Febrero 14, 2008, 7:45 pm
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En Japón hay muchos budas gigantes, daibutsu 大仏, como el de Kamakura o el de Nara, en el Tôdaiji. De viaje por Chiba nos encontramos con uno más en el Nihondera, durante un día de incesante lluvia y espesa niebla. Esto hizo, si cabe, la experiencia en la montaña mucho más emocionante. Indianajonesca diría yo. Nos llevaron a este lugar maravilloso Keita, Tomo y Mitsu, tres grandes amigos que tenemos allí en Japón. Prácticamente conducimos recorriendo toda la costa de Chiba, parando a comer algo de pescado, e incluso visitando alguna fábrica de madera. Algunas instantáneas de ese día en el Nihondera:

En la imagen de arriba podéis calcular el tamaño del buda comparándolo con la estatura de Fidel (al fondo), que ronda el metro ochenta y cinco. El buda mide en total 31 metros de alto (y eso estando sentado…).
La gente que visita el Nihondera compra estatuillas pequeñas en las que escriben mensajes o su nombre, para después lanzarlas a un montón protegido por Kwannon. Poco después de ver al gran buda, se sube la montaña por unas escaleras de piedra. En el camino, encontramos un pasadizo perfectamente tallado en la roca. Era una antigua cantera de dónde se extraían las piedras que pavimentarían el templo. Pasando entre la roca tallada se llega a una explanada, desde la que se ve el “Pico del Infierno”, el punto más alto al que se puede subir. En esa misma explanada hay un gran hueco rectangular en la pared en el que se ha tallado una enorme figura de Kwannon.
En el “Pico del Infierno” el viento y la niebla eran muy salvajes. Hay otro punto de vista, el de aquel que sube allí en un día soleado. A nosotros no nos tocó en esta ocasión, pero estoy seguro de que desde allí se puede ver el océano, porque se encuentra realmente cerca.
El pico del infierno

La montaña está repleta de imágenes de bosatsu y otros monjes. La cantidad y diverso aspecto de estas estatuas provoca la sensación de estar siendo observado. Hay figuras con el rostro desfigurado, de mirada severa, y también de aspecto pacífico y meditativo.

Nihondera - Chiba



La Metrópolis nocturna
Febrero 11, 2008, 2:23 pm
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Vengo hoy de recoger mi diploma en lengua japonesa por el Instituto de Idiomas de la Universidad de Sevilla. No es que sirva de mucho, pero es algo que reconforta. No obstante, en cuestiones laborales, sirve tanto como presentarte a un puesto de repostero disfrazado de payaso. Al menos he podido encontrarme con una antigua profesora, y cruzar algunas palabras mal dichas de un pobre japonés que se pierde en la memoria de vez en cuando. Pero he de volver a Japón cuanto antes. Tal vez este país sea mi única salida. Aunque me encantaría volver para dedicarme a la docencia de Asia Oriental en España. Preferiblemente en la soleada Sevilla.
Quiero ofreceros un vídeo que tomé con mi pobre Pentax A30 desde la Torre de Tokyo. Estas son algunas imágenes de una gran metrópolis cuya primera impresión es de caos, pero que una vez se asimila resulta increíblemente útil. Tokyo es el fruto de una cultura profundamente pragmática. No se puede luchar contra la entropía, pero sí se puede impulsar al máximo la Sociedad de la Información, preparando herramientas que ayuden a la reducción de incertidumbre. Eso es Tokyo, con sus carteles luminosos, con sus autopistas perfectas, con sus mensajes hablados, con sus mapas virtuales, con sus medios de transporte que llegan a cualquier lugar, y con sus torres que son elementos orientadores.



A Daiba en el Yurikamome
Noviembre 29, 2007, 6:49 pm
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Este es el recorrido que sigue el Yurikamome desde Shinbashi hasta Daiba, lugar en el que se encuentra el edificio de Fuji TV y el Miraikan, museo de ciencias que mira al futuro. Espero que disfrutéis del video, y que os haga ver la gran ciudad que es Tokyo. Podréis observar las distintas arquitecturas que contiene esta gran metrópolis. Cruzaremos el Rainbow Bridge y veremos qué se cuece en el puerto. Llega el tren: 危ないですから、黄色い線までお下がりください。 (Abunaidesu kara, kiiroisen made osagari kudasai).



El gran Buda de Kamakura 大仏
Octubre 26, 2007, 2:26 pm
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Sin duda una de las imágenes que mejor ha soportado el paso del tiempo ha sido el Daibutsu (gran buda) de Kamakura. La historia, no obstante, no cuenta un par de hechos que sí recogen Pierre Loti (Julien Viaud) en Japoneries d’automne, publicado en 1889; y Lafcadio Hearn (también Yakumo Koizumi) en Kokoro. El daibutsu fue realizado en 1252 por los escultores Tanji Hisamoto y Ôno Gorôemon, a petición de un monje llamado Jôkô y una señorita de nombre Idanono Tsubone. (Esta última explicación está parafraseada del cartel explicativo que hay cerca del Daibutsu en múltiples sitios de internet).

Daibutsu de Kamakura

En 1498 un tsunami barre por completo el templo que albergaba al gran buda, dejando, sin embargo, intacta a la estatua. También sobrevive el daibutsu al gran terremoto de Kantô de 1923, siendo dañada lamentablemente la base que lo sustentaba hasta entonces, que será reparada en 1925. La última modificación que sufre la imagen será en 1960-61, año en el que se refuerza el cuello, preparando así al centenario buda para las sacudidas de los frecuentes terremotos.

Interior del Daibutsu

Todo esto que llevo contado hasta ahora es la versión oficial. Ahora viene lo bueno, lo que estoy investigando en mis ratos libres. A finales del siglo XIX Julien Viaud y Lafcadio Hearn, como muchos otros europeos, son destinados a Japón. Por supuesto, tienen como visita obligada el daibutsu. De él recogen algunas anécdotas muy curiosas, y entre todos los datos, ofrecen sendas explicaciones de la situación en la que entonces se encuentra la imagen. Al parecer, según cuentan, el proceso de modernización a marchas forzadas de Japón puso en serio peligro al gran buda. El bronce de la estatua entonces debía ser muy valioso, puesto que la imagen estuvo a punto de ser vendida por piezas, y sólo el pueblo de Kamakura salvó a su gran buda de la destrucción, en un ejemplo claro de iniciativa de “abajo a arriba” para la conservación del patrimonio artístico e histórico de una nación. Tomando un estracto de Kokoro, veamos cómo lo cuenta Hearn:

<<”Los ídolos de bronce empiezan a escasear. Antes los comprábamos y vendíamos como chatarra. ¡Lástima no haber apartado unos cuantos!¡Tendría Vd. que haber visto los bronces que nos llegaban de los templos en aquel entonces: campanas, jarrones, ídolos! Hubo un momento en que incluso estuvimos a punto de comprar el Daibutsu de Kamakura.

“¿Cómo chatarra?”, pregunté.
“Sí. Calculamos su peso y establecimos un consorcio. La primera vez ofrecimos treinta mil. La ganancia hubiera sido pingüe pues hay mucho oro y plata contenidos en esa estatua. Los sacerdotes querían vender pero la gente se opuso.”>>*
*Hearn, Lafcadio: Kokoro. Ecos y nociones de la vida interior japonesa. Pág. 121. Miraguano Ediciones. Madrid, 1986. Traducción de Jose Kozer.

Cabeza del Daibutsu

Pero hay otro dato curioso que no se cita en otros libros. El interior del daibutsu es accesible, y cuando se visita es normal entrar en él, aunque no alberga absolutamente nada. En aquella época, según cuenta en sus relatos Pierre Loti, parece ser que durante algún tiempo otras imágenes de dioses fueron conservadas en las entrañas del gran buda. La pregunta que me he planteado y que trato de resolver ahora. ¿Pudo ser esta otra estrategia para evitar el expolio o la destrucción del arte religioso de Kamakura? Más datos cuando resuelva el misterio, o cuando conozca si esto es realmente un misterio o alguien ha dado ya con la tecla.

En ambas fotografías podéis comparar el estado del Daibutsu a finales del siglo XIX y en la actualidad. La fotografía en blanco y negro pertenece al libro La sociedad japonesa, de André Bellesort. También hay una imágen iluminada muy interesante de la misma época realizada por Adolfo Farsari (click en el enlace para verla).

Daibutsu a finales del siglo XIX
Daibutsu en la actualidad



Subir al Fuji
Octubre 25, 2007, 9:35 pm
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Una de las mejores experiencias que he tenido en Japón fue subir al Fuji, la montaña más importante de todo Japón. En definitiva, pisar la roca volcánica, posiblemente, el lugar desde donde surgió gran parte del archipiélago. Fidel y yo fuimos con unos amigos, Yuya y Akiko. Salimos temprano, para conducir hasta un punto en el que es posible comenzar la marcha, a 2400 metros de altura. Y, efectivamente, como podéis ver en la foto, yo no eché ropa de invierno en la maleta, así que hice el camino con una camiseta de algodón. Y hacía frío, mucho frío.

Fuji 2400 m

Recordaré este día por muchas cosas. Entre otras, porque fue el día en el que se me jodió la cámara. Por eso en el vídeo podréis ver una persistente mancha oscura casi en el centro. Pero ya se va resolviendo, no es el tema importante. Subiendo el Fuji-san he podido ver paisajes que nunca antes había visto (al menos en persona). Es un camino sencillo, al menos, hasta el punto que pudimos subir. De hechos, nos tomó la delantera un par de viejecillas, esos sí, enfundadas en sus chaquetones de ‘Gore-Tex’, con la merienda debajo del brazo.

Fuji Camino

Una curiosidad. De TODAS las máquinas expendedoras de bebidas que he visto en Japón (y he visto muchas), la única vez que había una ligera variación al alza de los precios ha sido en el Fuji-san, es decir, ¡en la puta montaña! ¿Cómo pagar más ahora en España cuando vea que hay una diferencia de hasta 70 céntimos en el precio de una lata de coca-cola dependiendo de dónde me encuentre? Al haber comprobado esta y otras cosas, no he podido evitar acordarme de mi país, ese en el que, según dicen, se vive tan bien.

Máquinas expendedoras

De vez en cuando nos cubría una espesa niebla, pero podíamos ver lo que teníamos bajo los pies, así que tampoco corrieron peligro nuestras vidas. No obstante, los fuertes vientos te daban a veces la sensación de que podrían tirarte montaña abajo en cualquier momento. Eso hizo el camino bastante más emocionante. Las laderas muertas, llenas de basalto y escoria roja, me recordaban a los paisajes de Yamatai, en la versión cinematográfica de ‘Hi no tori’, un cómic clásico de Tezuka.

Llegamos a una de las cimas, que es una especie de gran cantera, donde hay algunos cúmulos de roca. Allí el tiempo se despejó un instante, y pudimos ver la cima. Por supuesto, hice lo típico de llevarme una piedra (que extraño recuerdo). Un trozo de basalto pulido que encontré en el camino, casi en el punto en el que decidimos volver atrás.

También nos cruzamos con gente de las fuerzas de autodefensa, que estaban allí marchando. Gente simpática, contrariamente a lo que pueda parecer. La tienda que hay justo al comienzo del camino es simpática. La llevan un par de ancianos, y se pueden encontrar típicos recuerdos rancios de la montaña, o bastones para “hacer el camino”. También reconforta bastante tomarse un buen tazón de udon o soba, aunque mi recomendación son unos cuantos bocadillos, o aguantar el tirón e ir a almorzar a un sitio un poco mejor.

Os dejo con el video, para próximos post, todavía hay más montaña.



Mitake-san 御岳山
Agosto 1, 2007, 1:54 pm
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El pasado fin de semana estuve con unos amigos recorriendo una milésima parte de la accidentada orografía japonesa. El lugar: Mitake-san, la montaña Mitake en Tokyo. Un sitio donde aún se puede encontrar algo de arquitectura tradicional prácticamente intacta, con casas que han soportado ahí al menos un centenario. Lo más curioso de estas casas son sus tejados invadidos por el musgo. Aún no estoy del todo seguro, pero creo que se realizaban con varias capas de juncos, que al final son rematadas por corteza de árbol.

Tejado en Mitake-san

Antes de subir a la montaña, fuimos a una fábrica de sake. Hablaré más adelante, y con más tiempo, de la preparación de este licor, que es de las cosas que ha superado el paso de los años y la desaparición de la tradición (no obstante, el consumo de cerveza aquí es tremendo). Esta fábrica está prácticamente enterrada en la tierra para mantener la humedad adecuada y la temperatura. Nos dieron una ligera explicación al principio, y luego pasamos a “la cueva”, donde siguieron dándonos lecciones sobre los tipos de arroz, etc. Lo mejor vino al final, cuando por cuenta de la casa pudimos probar el sake: “uuuumeeee”.

En la fabrica de Sake

A lo alto de Mitake-san se sube en un antiguo tren que cubre una pendiente demasiado difícil de cubrir a pie. Por supuesto, en el puesto de partida y en el de llegada hay tiendas de “omiyage”, recuerdos, y sobre todo comida, del lugar. Ahí es donde la gente se deja el dinero mientras espera a subir o bajar la montaña. Arriba nos hospedamos en un Ryokan que estaba bastante bien, y que nos costó unos 10.000 yenes por persona. Fue una gran oportunidad que estuvieran reformando el tejado de estilo tradicional. Así pudimos ver que debajo de lo que será una capa de arquitectura autóctona se esconden láminas de plástico impermeables.

Cubiertas plásticas

Por otra parte, en este Ryokan estaban grabando el programa Todai Project. Se trata de cuatro estudiantes en retiro que se preparan para los exageradamente difíciles exámenes de ingreso en la prestigiosa Universidad de Tokyo (Tokyo Daigaku 東京大学, Todai de manera acortada). El programa no deja de ser una frivolidad, pero era interesante ver a estos tipos clavando codos en completo silencio.

Todai Purojekkuto

Pasear por los alrededores de Mitake-san es extraordinario, pero peligroso cuando te caen las lluvias estivales, como nos ocurrió a nosotros. Más fácil se hace el camino al templo que ocupa un lateral de la montaña. Allí oímos a un monje recitando unos sutras, lanzamos una moneda de 5 yen al cajón, e hicimos nuestras peticiones al Kami-sama.

Para meditar

Una gran roca contiene un pequeño santuario en la cima

Por la noche aprovechamos la oportunidad para divertirnos un rato con unos fuegos artificiales (hana-bi 花火). Estos no son de los que se lanzan al cielo.

hana bi

Volvimos a casa hasta arriba de barro. Pero la experiencia ha merecido la pena. Ahora toca subir el Fujisan.

El grupo, antes de las lluvias



De Tamagawa Gakuen Mae a Machida, en la línea Odakyu
Agosto 1, 2007, 8:11 am
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No tengo mucho tiempo de actualizar, así que hoy me tomé la libertad de grabar un pequeño video del recorrido final del trayecto que tomé en la línea Odakyu. Por cierto que antes de subir a la Odakyu estuve en la Yama no te parado durante unos 40 minutos. Y al parecer alguien había saltado a las vías, de ahí el retraso. Los transportes aquí funcionan muy bien, pero a menudo uno ve algunas cosas desastrosas, que además resultan ser frecuentes. También he tenido la suerte de vivir la experiencia de montar uno de esos días en los que no hay espacio ni para respirar y todo apesta a alcohol. El tren nos enseña las múltiples caras de una megalópolis. Aburrirse uno, no se aburre.