Vida en Marte 火星の生活 


¿Existe realmente el ‘Japón pacífico’?
Mayo 16, 2008, 9:59 am
Guardado en: Actualidad, Política, historia

Recientemente ha sacado el diario Asahi Shinbun, uno de los periódicos de referencia en Japón, una nueva encuesta con motivo del Día de la Constitución. Los resultados a los que siempre se hace alusión con estos estudios son los relacionados con el artículo 9 de la constitución, que reza:

Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación, y a la amenaza o el empleo de la fuerza como medio de solucionar las disputas internacionales.
Con el fin de realizar el propósito expresado en el párrafo anterior, no se mantendrán las fuerzas de tierra, mar y aire, al igual que cualquier otro potencial bélico. El derecho de beligerancia del estado no será reconocido.

En esta nueva ocasión, el 66% de los encuestados se ha mostrado en contra de cualquier modificación que afecte a ese mismo artículo. No es que la constitución sea intocable -de hecho, el 56% desea algunos cambios en la Carta Magna-, sino que el artículo 9 representa una garantía, una especie de escudo o símbolo del ‘Japón pacífico’ que nace durante la ocupación norteamericana.
Es cierto, sin embargo, que Japón ha incumplido ese artículo bajo la presión del mismo padre y escriba de su constitución, los EE.UU. La primera excepción sucede justo después de abandonar MacArthur el país. En 1951 los americanos están en guerra contra el comunismo en Corea. Entonces es primer ministro japonés Shigeru Yoshida. La situación en Corea empujó al gobierno norteamericano a romper con la estrategia que MacArthur desarrollara para la neutralización militar de Japón. Pero para entonces los japoneses ya habían asumido el rol de nación pacífica. Las presiones para que Japón organizase un auténtico ejército, rompiendo con el artículo 9, no darían el fruto deseado, pero sí uno más deseable. Yoshida se negó rotundamente a proporcionar los 350.000 soldados japoneses que EE.UU solicitaba. Sin embargo, al menos 75.000 fueron a Corea vestidos con uniformes sobrantes del ejército norteamericano. En contrapartida, a cambio de respetar en parte la constitución japonesa, los EE.UU tendrían acceso ilimitado para instalar bases en territorio nipón, encargándose a su vez de la defensa del país. Esto último propició que el gobierno pudiese volcar sus esfuerzos en el crecimiento industrial hasta los años ‘70. Este es también el origen de las Fuerzas de Autodefensa japonesas.
Fue esta una de las primeras pruebas del nacimiento de un ‘Japón pacífico’, protegido por el escudo de la constitución. La segunda prueba de mayor valor para este análisis está en el suicidio de Yukio Mishima, o, mejor dicho, en la prácticamente nula acogida de su mensaje. Mishima pretendía devolver a Japón unos valores éticos y estéticos anteriores a la guerra, propios de una cultura amante de las ideas de Confucio. Su intención no era, como se suele decir, la imposición de un Japón marcial y expansionista. Todo lo contrario. Para criticar a aquellos le tildaban de fascista y amigo de los dictadores Mishima escribió la sátira Mi amigo hitler.
Mishima, no obstante, sí quería que las Fuerzas de Autodefensa se convirtiesen en un ejército. Ese fue uno de los motivos por los que eligió, finalmente, el ministerio de defensa como escenario para su muerte.

¿Pero este rechazo sigue vigente hoy día? Por parte de Mishima podríamos pensar que así es. Pero el gobierno envió hace pocos años a sus “Fuerzas de Autodefensa” a Irak, durante el mandato de Koizumi, cumpliendo con los deseos de los EE.UU. ¿Las escasas protestas significan que la gran mayoría de la población estuvo de acuerdo con esa decisión? Más bien no. Es una muestra del escaso interés que cualquier japonés muestra por la política. De hecho, los asuntos ocurridos en el exterior tienen menos peso que la política desarrollada en el interior a la hora del voto.
Los intentos de normalizar las relaciones con los países de Asia-Pacífico están devolviendo la confianza a los actores internacionales sobre un Japón Pacífico. A día de hoy, las antiguas protestas de China y las dos Coreas sobre un posible regreso del Japón beligerante sólo pueden ser interpretadas como arrebatos oportunistas sin ningún contacto con la realidad. La encuesta del Asahi Shinbun, aunque de relativo valor, arroja algo de luz sobre la conciencia colectiva respecto a la guerra. A Japón no le interesa más que Japón. El ejército puede esperar sentado.




Bárbaros permanentes
Abril 7, 2008, 11:35 pm
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Aunque bien es sabido que en Japón el extranjero rara vez es mal recibido, y que la cultura de otros países es aceptada y cultivada por muchos japoneses con admiración, existen algunos datos que demuestran cierta xenofobia o rechazo a todo lo foráneo por parte de un importante sector de la sociedad, condicionada sin duda por ideas de la ultraderecha, resentimiento por lo sucedido en la Guerra del Pacífico, y miedo creado por una política dura contra la inmigración, amén del amarillismo con el que se toman las noticias escabrosas protagonizadas por extranjeros.
Lo primero que quiero mostraros es un enlace en el que aparecen algunos lugares que prohíben la entrada a clientes “no japoneses”. En The Rogue’s Gallery encontramos carteles especialmente dirigidos a rusos y a los llamados “dekasegi“, que son mayormente brasileños que han encontrado en Japón una segunda patria. El origen de esta inmigración es muy diversa. Para el caso de los latinoamericanos en general hay que remontarse a la primera mitad del siglo XX, cuando muchas familias de japoneses, agobiados por las crisis económicas de los años ‘20, decidieron marcharse a Perú y Brasil en busca de negocios fructíferos cultivando el caucho y otras materias primas. Alentados por el propio gobierno, que no sabía cómo hacer frente a esas crisis, esas familias sembraron su futuro esperando tiempos mejores para volver a su tierra natal. Pero llegado el momento se convirtieron en apátridas, incapaces de reintegrarse en la sociedad nipona, y ajenos a las culturas en las que sus negocios habían crecido.
A pesar de esto, la ley japonesa permite refugio y da facilidades para obtener el visado a todos aquellos peruanos descendientes de japoneses que mantengan un vínculo familiar en Japón. Esta hermandad, no obstante, es virtual y para nada satisfactoria.
Muchos de estos extranjeros se han visto envueltos en crímenes de sangre, y su imagen ha sido demonizada injustamente por los medios. La población mayor, especialmente la que tiene más cercana las brutales consecuencias de la guerra, sigue desconfiando de los extranjeros y sus costumbres. Cabe recordar que aún en la memoria de muchos está la idea de que el camino de la guerra fue tomado precisamente por la arrogancia de las naciones occidentales. Una actitud que Japón asimiló para continuar jugando en el tablero mundial, equiparándose a las potencias occidentales en poderío militar y gestión de colonias. El Japón actual es el Japón de la paz, por mucho ruido mediático que puedan tener grupos de ultraderecha que, a pesar de todo, representan una tímida proporción del espectro político y social.
De mi experiencia personal he sacado conclusiones contradictorias. Una de esas experiencias es la que vivimos Fidel y yo cuando íbamos a conectarnos a Internet por una conexión WiFi de Livedoor al aire libre . Ante nuestro asombro, unos vecinos de Negishi denunciaron a la policía que “unos extranjeros” (nosotros) estaban realizando actos sospechosos frente a su bloque. La policía interrogó a Fidel con cortesía, y le sugirió que, aunque no cometía ninguna ilegalidad, en adelante se conectase en un lugar donde no “perturbase” a los vecinos. Así lo hicimos, y nos marchamos a un pequeño parque a cinco minutos de allí, en un lugar repleto de Love Hotel y prostíbulos regentados por chinos sin permiso de residencia. Pensamos entonces que allí la Yakuza no preocupa tanto, por el mero hecho de ser japonesa. Eso sí, dos extranjeros bien arreglados con un portátil en la calle son sospechosos por definición.
La otra cara de la moneda la pone toda aquella galería de situaciones en las que nos encontramos con personas que se interesaban por nuestro país, que nos ayudaban hasta niveles difíciles de entender en occidente, y que se esforzaban lo máximo posible para que nos sintiéramos como en casa. Un ejemplo particular lo pongo en un librero de Yokohama, que tiene su local frente a la estación de Tamagawa Gakuen Mae. Una pequeña tienda donde encontré un magnífico libro sobre el pabellón que Tadao Ando diseñó para la Expo’92 de Sevilla. Aquel hombre, encerrado en sus libros, se mostró especialmente entusiasmado al verme entrar y al confirmar que, efectivamente, era español y vivía en Sevilla. Compré el libro, y estuvimos un buen rato charlando sobre España y la Exposición de Sevilla, a la que él había tenido la oportunidad de ir. Sin duda aquel hombre era todo menos xenófobo, y no mostraba más que entusiasmo por el mundo.
El problema de The Rogue’s Gallery y el debate que se crea en torno a la inmigración es el simplismo. La única visión de un todo desde un punto de vista condicionado por experiencias particulares, y no por un conocimiento general de la cuestión. Japón es xenófobo, pero también es un actor importante en la globalización. Podemos llamar a los japoneses racistas, o pensar que hay un importante salto generacional en progreso, y una lucha por mantener una identidad cultural que no estamos abiertos a entender en su presente forma de manifestarse.



Ha muerto Kon Ichikawa
Febrero 14, 2008, 10:32 am
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Un pequeño museo de la prensa japonesa
Noviembre 17, 2007, 7:28 pm
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Estando en Ôsaka, mi amiga Rei, que trabaja en el Mainichi Shinbun (uno de los periódicos de referencia), me invitó a visitar un pequeño museo que guarda este periódico en sus instalaciones.

Mainichi Shinbun

Mainichi Shinbun Edificio

Subiendo unas escaleras, en una esquina de la primera planta, tienen varios elementos que se utilizaban en la antigua redacción y en las rotativas. Especialmente por las rotativas, crear un periódico diario antes de la revolución informática debió ser un verdadero reto. Las razones: en Japón, además de los 46 caracteres del hiragana, y otros 46 del katakana, hay unos 2010 kanji básicos que son de uso diario. Sin embargo, en la prensa japonesa se utilizan a menudo algunos cuantos más, unos 2700. ¡Imaginaos el problema que debía ser buscar los tipos móviles!

Tipos Móviles

Foto Antigua Mainichi Shinbun

En aquella época, durante la preguerra, eran chavales en edad temprana los que se dedicaban a buscar y colocar estos tipos móviles, como podemos ver en una de las fotos del museo. También había una máquina de escribir enorme, que servía para mecanografiar los artículos que iban llegando. Esta era la manera de introducir las noticias, antes de que los japoneses inventaran el procesador de texto en informática. Debía de ser ciertamente engorroso. Una revista de 1957 editada por el Japan Travel Bureau menciona el trabajo de las mecanógrafas de la época: “Un periodo de aprendizaje de dos horas al día durante tres meses producirá una mecanógrafa normal, que será capaz de mecanografiar unos 30 caracteres por minuto. Una buena mecanógrafa introducirá entre sesenta y setenta palabras por minuto.”

Máquina Mainichi Shinbun

Teclas

Revista

El museo, aunque es muy pequeño, tiene algunas cosas interesantes. Por supuesto es completamente gratuito.

Plancha

Mainichi Museum

Con respecto a la profesión de periodista, hay que apuntar que allí el trabajo de estos informadores está muy bien reconocido. En Japón no existen los periodos de prácticas gratuitos o por una miseria. Rei me aseguró que el sueldo de un periodista en Japón es bastante bueno. Si bien es cierto que las empresas de comunicación ganan mucho más dinero. Pero no dejo de pensar que en España tiene que cambiar mucho el panorama.



El hombre que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima muere a los 92 años
Noviembre 1, 2007, 4:59 pm
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Paul Tibbets ha muerto hoy a los 92 años. Es el hombre que, siendo coronel del ejército de los EE.UU. se vió obligado a cumplir la orden de lanzar la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, en Japón, matando entre 70.000 y 100.000 personas, e hiriendo a muchas más. Dicen que nunca se ha arrepentido de su acto. La casualidad ha querido que fallezca precisamente el Día de Todos los Santos.
Tibbets ha pedido que no se le ponga lápida, pues podría convertirse en centro de peregrinación para todos aquellos que le odian por haber lanzado la bomba. En el día de su muerte, hay que pensar en el motivo por el cual abrió las puertas a la masacre, y también en las razones por las que nunca se arrepintió. A decir verdad, nunca negó que aquello hubiera sido algo terrible. Por otra parte, ha vivido en su país como un héroe de guerra hasta hoy. Rechazar su misión habría sido considerado traición durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez realizada, condenarla le habría despojado de su condición de héroe patriótico. Sin embargo, a mi parecer, habría sido el acto más noble de todos.
El rechazo a tener una lápida tiene varias lecturas. Me gusta pensar que Tibbets, aunque nunca se haya arrepentido públicamente de haber realizado esa misión, reconoce que no fue justa para nadie, y que aniquiló a muchas personas inocentes. Esta sería una gran oportunidad para oír al gobierno de los EE.UU. reconocer la desmesura de aquella misión y pedir excusas. Pero sabemos que eso no va a ocurrir.

Más información:
El País - Muere Paul Tibbets, el piloto que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima
El Mundo - Paul Tibbets, el piloto del avión que lanzó la primera bomba atómica sobre Japón
The New York Times - Paul W. Tibbets Jr., Pilot of Enola Gay, Dies at 92
International Herald Tribune - Paul Tibbets, pilot of plane that dropped atomic bomb on Hiroshima, dies at 92
Asahi Shinbun - エノラ・ゲイの機長、92歳で死去
Yomiuri Shinbun - 広島に原爆投下「エノラ・ゲイ」元機長が死去



El gran Buda de Kamakura 大仏
Octubre 26, 2007, 2:26 pm
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Sin duda una de las imágenes que mejor ha soportado el paso del tiempo ha sido el Daibutsu (gran buda) de Kamakura. La historia, no obstante, no cuenta un par de hechos que sí recogen Pierre Loti (Julien Viaud) en Japoneries d’automne, publicado en 1889; y Lafcadio Hearn (también Yakumo Koizumi) en Kokoro. El daibutsu fue realizado en 1252 por los escultores Tanji Hisamoto y Ôno Gorôemon, a petición de un monje llamado Jôkô y una señorita de nombre Idanono Tsubone. (Esta última explicación está parafraseada del cartel explicativo que hay cerca del Daibutsu en múltiples sitios de internet).

Daibutsu de Kamakura

En 1498 un tsunami barre por completo el templo que albergaba al gran buda, dejando, sin embargo, intacta a la estatua. También sobrevive el daibutsu al gran terremoto de Kantô de 1923, siendo dañada lamentablemente la base que lo sustentaba hasta entonces, que será reparada en 1925. La última modificación que sufre la imagen será en 1960-61, año en el que se refuerza el cuello, preparando así al centenario buda para las sacudidas de los frecuentes terremotos.

Interior del Daibutsu

Todo esto que llevo contado hasta ahora es la versión oficial. Ahora viene lo bueno, lo que estoy investigando en mis ratos libres. A finales del siglo XIX Julien Viaud y Lafcadio Hearn, como muchos otros europeos, son destinados a Japón. Por supuesto, tienen como visita obligada el daibutsu. De él recogen algunas anécdotas muy curiosas, y entre todos los datos, ofrecen sendas explicaciones de la situación en la que entonces se encuentra la imagen. Al parecer, según cuentan, el proceso de modernización a marchas forzadas de Japón puso en serio peligro al gran buda. El bronce de la estatua entonces debía ser muy valioso, puesto que la imagen estuvo a punto de ser vendida por piezas, y sólo el pueblo de Kamakura salvó a su gran buda de la destrucción, en un ejemplo claro de iniciativa de “abajo a arriba” para la conservación del patrimonio artístico e histórico de una nación. Tomando un estracto de Kokoro, veamos cómo lo cuenta Hearn:

<<”Los ídolos de bronce empiezan a escasear. Antes los comprábamos y vendíamos como chatarra. ¡Lástima no haber apartado unos cuantos!¡Tendría Vd. que haber visto los bronces que nos llegaban de los templos en aquel entonces: campanas, jarrones, ídolos! Hubo un momento en que incluso estuvimos a punto de comprar el Daibutsu de Kamakura.

“¿Cómo chatarra?”, pregunté.
“Sí. Calculamos su peso y establecimos un consorcio. La primera vez ofrecimos treinta mil. La ganancia hubiera sido pingüe pues hay mucho oro y plata contenidos en esa estatua. Los sacerdotes querían vender pero la gente se opuso.”>>*
*Hearn, Lafcadio: Kokoro. Ecos y nociones de la vida interior japonesa. Pág. 121. Miraguano Ediciones. Madrid, 1986. Traducción de Jose Kozer.

Cabeza del Daibutsu

Pero hay otro dato curioso que no se cita en otros libros. El interior del daibutsu es accesible, y cuando se visita es normal entrar en él, aunque no alberga absolutamente nada. En aquella época, según cuenta en sus relatos Pierre Loti, parece ser que durante algún tiempo otras imágenes de dioses fueron conservadas en las entrañas del gran buda. La pregunta que me he planteado y que trato de resolver ahora. ¿Pudo ser esta otra estrategia para evitar el expolio o la destrucción del arte religioso de Kamakura? Más datos cuando resuelva el misterio, o cuando conozca si esto es realmente un misterio o alguien ha dado ya con la tecla.

En ambas fotografías podéis comparar el estado del Daibutsu a finales del siglo XIX y en la actualidad. La fotografía en blanco y negro pertenece al libro La sociedad japonesa, de André Bellesort. También hay una imágen iluminada muy interesante de la misma época realizada por Adolfo Farsari (click en el enlace para verla).

Daibutsu a finales del siglo XIX
Daibutsu en la actualidad



¿Es ético abrir otro blog sobre Japón?
Julio 16, 2007, 9:32 am
Guardado en: La propia japoneidad, historia

Desde que los religiosos españoles y portugueses, y los comerciantes ingleses y holandeses visitaron Japón a partir del siglo XV, mucho antes del sakoku, han existido numerosos registros personales sobre la vida y las costumbres de los nipones. Uno de los primeros y más característicos trabajos fue el de Luis Frois, que de una manera muy simplificada explicaba las costumbres del pueblo japonés en contraste con la norma occidental. Este afán por registrar visiones fascinadas de lo extraño tuvo su declive durante los años de gobierno del shogun Tokugawa, y sólo recuperó su esplendor con la restauración Meiji, especialmente a través de los trabajos de Lafcadio Hearn, Julien Viaud o André Bellesort. La necesidad de registrar las costumbres de un país tan distinto al fin abierto al mundo fue algo común a la tarea de los embajadores y cónsules de la época, como Townsend Harris o Francisco de Reynoso. Algunos vivieron increíbles historias, que luego fueron el caldo de cultivo de novelas de éxito.

La II Guerra Mundial frenó de nuevo el volumen de diarios y escritos en torno a Japón, y sólo Ruth Benedict, a través de El Crisantemo y la Espada, lograría reanimar el interés científico por el archipiélago. A partir de ahí, muchos otros estudios surgieron arrojando experiencias más personales que científicas sobre el “milagro económico” y el mantenimiento de la base cultural japonesa. Hasta el mismísimo MacArthur mantuvo un diario de la ocupación. Otro ejemplo de ello lo encontramos en las líneas que dedica Arthur Koestler en El Loto y el Robot. Koestler separa el Japón tradicional (Lotolandia) del Japón del boom económico (Robotlandia), haciendo mención en este caso de otro tipo de tradiciones: las plastificadas.

Hasta John Lennon vivió una especial fascinación por Japón, o las japonesas, llegando a tener dos novias de esta nacionalidad, una de las cuales se convirtió en su esposa, y posteriormente viuda: Yoko Ono. Ni que decir tiene el boom asiático que se vivió en los años ‘80, donde lo japonés tuvo una aceptación enfrentada. Por un lado, el miedo ante la ya emergida y aparentemente imparable economía japonesa; por otro, el registro incansable de diferencias, apreciable en documentales de prestigiosos directores de cine como Chris Marker, en Sans Soleil, o Win Wenders, en Tokyo-ga. Amén de populares canciones como Domo Arigato Mr. Roboto, de Styx.

En los ‘90, con la explosión del ‘Baboru’ (Bubble) y la crisis económica (aunque ríome yo de esas crisis) el mundo respiró tranquilo. El “peligro amarillo” no era lo que parecía. Pero la fascinación, aunque oculta, permaneció. En los últimos años la admiración ha crecido, y los nuevos cronistas de la japoneidad se manifiestan, especialmente, a través de Internet, como www.kirainet.com, de Héctor García, que ha cosechado un éxito sin precedentes en la blogosfera española gracias a artículos (o post) frescos y llenos de conocimiento.

No obstante, las facilidades que nos otorga la red tiene dos caras. La buena, es la democratización de los medios de comunicación sociales. La mala, es la contaminación informativa por exceso. Esto ha afectado notablemente a los estudios sobre Japón. Hoy cualquier persona que hace un viaje a Japón, o consigue trasladarse allí, abre un blog comentando todo lo que vive, a menudo con excesivas apreciaciones personales que no parten de una base científica, sino plenamente emotiva. ¿Es esto malo?

Tengamos en cuenta que los blogs hoy día siguen siendo una herramienta para plasmar impresiones personales, y no sólo para presentar artículos científicos. Además, los blogs se han convertido en un recurso muy válido para mantener el contacto con un numeroso grupo de personas a las que se conoce directamente, en los casos en los que se quiere lanzar un mensaje colectivo. Sustituyen a los correos masivos, pero tienen la desventaja de estar abiertos a toda la comunidad de internautas. Por otra parte, el exceso de información contenida en los blogs ha afectado sensiblemente a los buscadores, siendo ahora más importante saber discriminar entre información contrastada y conocimientos personales vertidos en una página personal. En este caso, mi blog se sumaría al ingente número de bitácoras dedicadas a Japón, siendo uno más de la familia. Por este motivo, ¿es ético abrir otro blog sobre Japón?

En mi defensa, que es lo que presento aquí, puedo decir que dedicando mis esfuerzos al estudio de Japón, y asumiendo el papel de periodista sin medio, he querido escribir artículos para exprimir al máximo este viaje tan esperado. No obstante, haré lo posible por aportar nuevas informaciones a la extensa blogosfera. No hay que olvidar que esto es un blog personal, y no una revista científica, por lo que, en otro orden de cosas, las investigaciones más serias que vaya realizando serán parcialmente expuestas en este espacio. Además, siempre y cuando aprendamos a discriminar la información y a contrastarla entre diversas fuentes, el volumen de información sobre Japón que se pueda aportar desde la experiencia personal será interesante para comprender mejor de qué manera puede ser percibida una cultura desde occidente.

Por este motivo, veo ético abrir este nuevo blog sobre Japón, otro más. Pero esto es sólo una opinión personal. ¿Qué pensáis vosotros?