Archivado en: Actualidad, arquitectura, arte, Cultura, Lugares, Nippon.com, Política, Tokyo | Etiquetas: Convenio de La Haya, gastronomía, Matsuri, Shibuya, Tokyo Camii, wagashi
Cada semana os traigo un resumen de lo que se ha publicado en los últimos días en Nippon.com. Los que no conozcáis aún la página, os recomiendo que la visitéis, y que busquéis los temas que más os interesen.
Por cierto, os habréis fijado que la web no tiene publicidad (como este blog). Nippon.com es una publicación que elabora Nippon Communications Foundation, una organización no gubernamental cuyo objetivo es dar a conocer en todo el mundo la realidad japonesa más allá de los tópicos y de la “sota, caballo y rey” que se suele presentar en los manuales. Por eso me gustaría que comentaseis con libertad vuestra opinión sobre la página, y qué artículos os gustaría leer en la misma. Es mi labor traeros esa información en español y atender vuestras sugerencias.
Esta semana, en Nippon.com:
Analizamos el problema de la sustracción de menores por parte de sus madres japonesas
Japón ha aprobado recientemente en el parlamento adherirse al Convenio de La Haya sobre la sustracción de menores. Esta decisión llega tras años de presiones de la comunidad internacional, especialmente de EEUU, donde son numerosos los casos de mujeres japonesas que han decidido llevarse al menor a Japón sin informar al marido tras la ruptura del matrimonio. Por supuesto, el asunto del rapto de menores no es sencillo, y debe analizarse desde múltiples perspectivas. La experta Kamoto Itsuko nos ofrece la visión japonesa del problema, y analiza los retos a los que Japón deberá enfrentarse en el futuro próximo. Por el momento, el parlamento ya está trabajando en la elaboración de una proposición de ley.
Os mostramos el lugar de culto de la comunidad islámica en Japón, la bella mezquita Tokyo Camii
Aunque son pocas las personas que saben de su existencia, en Shibuya, en pleno corazón de la capital nipona, se erige una impresionante construcción de estilo otomano. Se trata de la Tokyo Camii, una mezquita que es más que un lugar de oración y culto. Es un monumento arquitectónico y un centro cultural donde conocer más sobre la cultura de los países islámicos y sobre la historia del islam en Japón. Al artículo acompaña una galería de fotos donde se ven algunos de los rincones de esta construcción.
La poetisa de haiku Mayuzumi Madoka nos habla en su columna sobre la cultura que rodea a los wagashi, los dulces japoneses
Mayuzumi Madoka considera que los dulces japoneses deben entrar en una categoría especial, y ciertamente la cultura que rodea a estos dulces, y su elaborada composición que representa el cambio de las estaciones en Japón los convierten en elementos que trascienden la gastronomía. Los wagashi no son sólo un entretenimiento para el paladar, sino un placer para la vista y un reflejo de la más sofisticada cultura tradicional de Japón.
Un mapa de los matsuri de Japón
Si estás preparando un viaje o vives en Japón y quieres saber cuáles son los festivales más populares, cuándo se celebran y de dónde proceden, este mapa te puede ayudar. Pulsando en cada imagen se abre una pequeña ventana en la que se amplía la información de cada matsuri. Por supuesto, recomiendo también leer otros artículos relacionados. Y es que se acerca el verano, y comienzan muchos de esos festivales. Ya sabéis: puestos de comida, mikoshi, yukata, ramune y muchísima gente.
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Feliz fin de semana a todos.
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Termina mi primer mes en Nippon.com, un objetivo vital cumplido, o más bien diría que se cumplirá cuando al menos pase un año por aquí.
Muchos llegáis a este blog interesados en el estudio de la cultura japonesa. Por ello, os animaría a visitar regularmente nuestra web en español, aunque como sé que la mayoría no disponéis del tiempo suficiente, he decidido escribir un resumen semanal con los artículos que hemos publicado en español durante la última semana.
Esta semana, en Nippon.com:
Analizamos el mensaje de los “hogares para todos” de Itō Toyoo
Tras el Gran Terremoto del Este de Japón han surgido numerosas iniciativas en distintos campos profesionales. Como no podía ser de otra forma, los arquitectos están jugando un papel fundamental en la revitalización de las zonas afectadas, no sólo con la construcción de refugios y viviendas temporales, sino también con la reflexión sobre el mismo hecho de habitar y sobre la importancia de la arquitectura en las relaciones humanas. El proyecto de las minna no ie, liderado por Itō Toyoo y cuyos primeros resultados se pueden observar en el poblado de Rikuzentakata (Iwate), ha sido galardonado con el León de Oro en la XIII Bienal de Arquitectura de Venecia por presentar de manera magistral esa reflexión, así como la posibilidad de crear proyectos colectivos con la participación de los futuros usuarios de esas construcciones.
El gas metano extraído de hidratos del fondo marino, una posible fuente de energía adicional para el futuro
Japón lidia actualmente con un problema energético que debe resolver en las próximas décadas si desea mantener su ritmo de desarrollo. Entre las distintas fuentes de energía alternativas que se están investigando, los hidratos de metano pueden ser una respuesta a ese reto energético. El pasado mes de marzo Japón se convirtió en el primer país en conseguir extraer metano de hidratos del fondo marino, pero aún existen dificultades técnicas que impiden que este recurso energético pueda ser utilizado como una fuente adicional para el país. Está previsto, no obstante, que se desarrolle la tecnología necesaria durante la próxima década.
El fenómeno Kyari Pamyu Pamyu traspasa fronteras. La extensión de lo kawaii en el mundo
Desde que comenzó su andadura en el mundo del pop japonés, Kyari Pamyu Pamyu ha enamorado a los fans del país con un estilo que va más allá de los convencionalismos de lo kawaii. En febrero de este año la artista llevó su gira 100%KPP WORLD TOUR 2013 a Francia, donde llegó a actuar en el legendario teatro La Cigale. El número de fans de Kyari Pamyu Pamyu va en aumento también fuera de Japón. La cultura y estética del kawaii se extiende por el mundo con KPP como embajadora.
¿Qué pasos debemos seguir al llegar a Japón?
En la sección Datos de Japón, en la que ofrecemos información básica y útil sobre el país, ofrecemos una pequeña guía sobre las mejores formas de moverse por el país al llegar como turistas. Explicamos cómo alcanzar el centro de las ciudades principales desde el aeropuerto, de qué forma se puede viajar barato, y qué trámites hay que realizar. Incluímos algunas recomendaciones para experimentar la cultura tradicional japonesa.
Además, esta información hace un “combo” interesante con uno de nuestros artículos más visitados: Lugares con encanto de Japón
Archivado en: Actualidad, Cultura, curiosidades, Lugares | Etiquetas: Sakura, Ōmiya Hachimangū
Esta mañana de 20 de Marzo de 2013 los sakura habían florecido. También llegan las lluvias. Y simbólicamente, al tiempo que el Japón gris y antipático del invierno se va quedando atrás, también llegan las nuevas oportunidades con el florecimiento del nuevo año fiscal que está al caer.
Se acerca la ofensiva de primavera, en la que en escasas dos semana sindicatos y patronal negocian las nuevas condiciones laborales, empresa a empresa, que tendrán los esforzados trabajadores nipones. Se inaugura el nuevo año escolar. Nace una nueva legión de salaryman y OL, muchos de ellos jóvenes comienzan su primer trabajo.
Y para que veáis que no todo está perdido, en los próximos 7 días tengo dos entrevistas de trabajo a las que voy motivado y con esperanza. Tal vez sea mi última oportunidad, y ya es mucho.
Cumpliendo con el espíritu del equinoccio, os dejo unas fotos del sakura que he capturado hoy en un paseo matinal, en los alrededores del Ōmiya Hachimangū 大宮八幡宮 antes de ir a trabajar. Sí, amigos, porque un servidor también trabaja en días festivos, como el de hoy en Japón.
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Seguramente se me esté escapando algo muy importante al ver este invento, pero de verdad que no comprendo cómo el ser humano ha llegado a este extremo: la máquina portátil de Panasonic para limpiarse el ojete wherever you want.
Es producto del mes en el Bic Camera de Shinjuku, y la sorpresa al verlo ha sido mayúscula. Así nos venden la máquina:
“¿Has probado alguna vez la última tecnología japonesa en asientos de inodoro que limpia y refresca tu trasero con un chorro de bidé? “Handy Toilette” es un dispositivo portátil con batería que te permite limpiarte el ojete en el momento que quieras”.
Y cuesta nada más y nada menos que 90 euros, el condenado. ¿Os imagináis llevar eso a todas partes?
- Cariño, ¿llevas las llaves?
- Sí.
- ¿La cartera?
- En mi bolsillo.
- ¿No te dejas el móvil?
- En el maletín… Ah, espera, se me olvida la máquina para limpiarme el ojete en el trabajo.
Tengo muchas, muchísimas preguntas sobre este producto. Pero la primera que quiero hacer a Panasonic-san es “¿Por qué?“.
Señores, este es el primer paso hacia las famosas tres conchas.
Archivado en: curiosidades, Lugares, Tokyo, WTF | Etiquetas: Carteles, Tokio, Trenes
En la estación de Ochanomizu me he encontrado hoy con este simpático cartel. Avisa de que el “tsuba kake”, el tradicional escupitajo, es un delito. Lo más curioso de la gamberrada es que la hacen, según veo, cuando el tren está partiendo de la estación y el pobre conductor nada puede hacer. Es una gamberrada delito un tanto retorcido, y digo yo que el cartel podría incitar a algunos copycats por su originalidad.
¡Ah! el maravilloso mundo de la cartelería de las estaciones de Japón.
Archivado en: Cultura, curiosidades, Fotografía, Lugares, Megalópolis, Tokyo | Etiquetas: Año Nuevo, Ameyoko, Asakusa, Japón, Meiji Jingu, Okubo, Shibuya, Shinjuku, Tokio, Tokyo, Ueno, Yoyogi
Reconozco que llevo mucho tiempo sin escribir. Contrariamente a lo que pensaba cuando emprendí este proyecto, las cosas no han ido demasiado bien, y mi situación en Japón y en la vida ahora mismo es como un mesón, indiscutiblemente inestable.
Así y todo, sigo trabajando, estudiando y disfrutando de pequeñas cosas. La navidad me pilló trabajando, dedicado a una búsqueda muy infructuosa para un programa de televisión que por suerte no tendré que ver. El fracaso de esta tarea me ha animado a redoblar mis esfuerzos para encontrar un nuevo empleo, y lo que es más, para intentar por todos los medios trasladarme a Osaka, Kioto o Kobe. Una de estas tres ciudades, de la región de Japón que más me gusta a falta de conocer el norte y el sur más al sur.
Año Nuevo fue otra historia. Armado de ganas y de mi compañera de viaje, la pobre Nikon D3100 sobreexplotada, me dediqué a visitar algunos lugares de Tokio para captar el ambiente del último día del año. Es mi segundo Año Nuevo en Japón, ya que el primero lo viví en 2008, en Asakusa, con buena compañía, tomando café en un Starbucks al que también volví este año, y viendo a la gente esperar en el Kentucky Fried Chicken.
El primer paseo del último día del año lo dí, cómo no, en mi barrio, Okubo y Shinjuku. Traspasando los pasajes de tiendas coreanas y clubs de dudoso gusto en la bastante concurrida Kabukicho, llegué al Hanazono Jinja. Eran alrededor de las 16:00, y apenas unas pocas personas de paso, cargadas de bolsas, paraban a rezar su plegaria en el templo. Lo que sí fue interesante ver fueron los preparativos. Cuidadosamente, un operario colocaba los faroles y enrollaba unos papeles alrededor de los remates de cada balaustre, en la escalera que conduce al altar. ¿Más plegarias? ¿Oraciones? Lo desconozco.
El siguiente destino fue Ueno, y concretamente el mercado de Ameyoko, recomendado por mi amiga Yuriko. Ameyoko es un lugar bastante visitado, pero en Año Nuevo es otra historia. Casi era imposible caminar, y literalmente me tuve que dejar arrastrar por la corriente humana, aprovechando algún hueco para sacar un par de fotos y menos de un minuto de vídeo. Desde sus puestos, los comerciantes ponen especial ímpetu en vender sus mercancías, especialmente el pescado, para los que buscan allí el menú de la noche y el día siguiente.
El último lugar de la noche iba a ser Asakusa. Cuando llegué al Sensô-ji, el frío me animaba a volver al peligroso confort de mi cuarto, a pasar la noche viendo la televisión, en Internet y leyendo. Cerca de la Kaminari-mon decidí tomarme un respiro y probar por 100 yenes un vaso de sake dulce caliente (mi sello de aprobación al mismo). Alrededor del templo, los puestos de comida ya estaban preparándose para el negocio del día, y una gran pila de barriles de sake sugería que esa noche la embriaguez sabría distinta a la nomikai (reunión para beber) con los compañeros de trabajo.
En la Kaminari-mon y en los alrededores del distrito del Kabuki, muchas parejas pasaban las horas. Mi cámara y yo estábamos al límite, así que después del peor okonomiyaki que he comido en mi vida, en el cual pienso que confundieron los fideos con gomillas, quise revivir el año nuevo de 2008 en el mismo Starbucks y el mismo asiento en el que estuve ese día, prácticamente a la misma hora.
Mientras pasaba el tiempo frente a un Caramel Macchiato y una galleta de chocolate blanco y nueces de macadamia, decidí revisar en mi móvil, cosa que no hago frecuentemente, mi Twitter. En un mensaje, el recién llegado a Tokio @danikaze me sugería ir al Meiji Jingu de madrugada. Pese a hacerle esperar más de lo debido, porque la batería de mi cámara estaba hambrienta de carga, a las 22:30 nos reunimos en Shibuya, donde descubrimos un sucedáneo de Times Square de lo más absurdo. Podría decir que en Shibuya había extranjeros como yo y japoneses al 50/50. ¿Qué esperaban? Lo lógico sería suponer que en una de las muchas pantallas de los edificios aparecería algo parecido a una cuenta atrás para el año nuevo. Nada de ello sucedió. Una chica a la que pregunté me informó de que la gente hacía su propia cuenta atrás, y luego “empezaban a correr”. ¿A correr? ¿Una maratón? He oído que hay varias maratones de año nuevo en Nueva York, pero no sabía nada de Tokio.
Esperamos por lo tanto al año nuevo allí, pero nada extraño sucedió. Llegaron las 00:00, y la gente se volvió un poco más loca de lo que estaba, agolpándose en el centro de la carretera donde la policía trataba en vano de poner un poco de orden. Lo siguiente fue ir a lo seguro, seguir el plan y visitar el Meiji Jingu.
En el Meiji Jingu los Scouts japoneses guardaban el fuego que conducía a la gran masa que pacientemente esperaba llegar al pabellón del templo. Los Scouts ayudan en las labores de control de masas en los festivales con más público, como es el caso también de los típicos espectáculos de fuegos artificiales de verano en Asakusa.
La masa de japoneses que esperaba en el Meiji Jingu era sin duda abrumadora, y daba algo de miedo adentrarse en ella sin saber el tiempo de espera ni lo que uno se iba a encontrar en el destino. Utilizando la reducción al absurdo, digamos que son casi 3 horas de espera para lanzar una moneda a una gran manta blanca durante unos dos minutos en los que la policía te insistirá para que abandones el puesto y dejes a otras personas pasar. Pero es algo más. La avenida que lleva al templo, además de los faroles con las empresas y personas que han hecho alguna aportación económica, está gobernada por una gran pantalla en la que además de la información de la noche, los anuncios de pizza, empresas constructoras y juegos de cartas se repiten una y otra vez. Al girar la esquina, la puerta sur del templo aparece decorada con los motivos típicos del Año Nuevo japonés: la diana y la flecha, y la tablilla con el animal del nuevo año, la serpiente blanca de 2013.
Pasada la puerta del sur, la multitud corre a lanzar la moneda y alzar el rezo shintoísta, para que el nuevo año traiga algo mejor que el anterior. Después de eso, sólo queda volver a casa, a descansar y recuperarse del intenso frío que me dejaba los pies y las piernas insensibles durante cada rato de espera en la interminable cola de entrada.
Algo que me perdí, que no hice y probablemente por ello sea castigado, es tomar el típico Toshikoshi soba 年越しそば, que los japoneses comen a las 00:00, y es el equivalente a nuestras 12 uvas de la suerte. Tal vez lo haga, con mucha suerte, en un hipotético Año Nuevo que me conduzca a 2014 en Japón, si me dejan continuar aquí.
Lo último que me queda por decir es que durante todo aquel día grabé más vídeo de lo habitual, porque tenía planeada una felicitación de Año Nuevo un poco más especial. En el vídeo, a partir del minuto 2:37, podréis ver todos estos lugares y algunos detalles más. Feliz 2013 a todos.
Archivado en: curiosidades, Fotografía, Lugares, Tokyo | Etiquetas: Lluvia, Shinjuku, Tokio
Siempre que llueve en Tokio, tenga trabajo o no, intento llevarme la cámara. La fotografía es una de mis pasiones, a pesar de no tener aún el equipo necesario para hacer las cosas que yo querría. Pero la realidad está ahí, y hay que capturarla.
La lluvia en Tokio le da a la ciudad una atmósfera especial, y por muy molesta que sea al calarnos los huesos, mojar nuestros zapatos y obligarnos a cargar con el paraguas, en realidad es el complemento perfecto para una ciudad llena de carteles, LED’s y pantallas que emiten incesantemente toda una gama de colores. Hoy quiero compartir con vosotros algunas fotografías de la lluvia en Shinjuku.
Y es que la lluvia, cuando no es ácida, tiene más ventajas que inconvenientes. El aire de Shinjuku está cargado de olores, y por lo tanto de partículas, que no son precisamente medicina para nuestros pulmones. Pero la lluvia se encarga en parte de renovar esa atmósfera.
Junto a mi televisor tengo un marco digital, regalo de Softbank, que me cuenta en porcentajes la probabilidad de lluvia para el día. Si no es el marco, son las noticias en la NHK cada mañana las que me recomiendan llevar o no el paraguas.
Y carreras, muchas carreras. Alguna que otra vez, cuando he olvidado el paraguas por la mañana, o he pensado que no llovería al salir del trabajo, tengo que esperar pacientemente a que amaine la lluvia ligeramente para volver a casa. En la salida de la estación, a veces he podido hablar con alguien, tomar fotos, leer un rato. He aprendido a esperar, aunque aún tengo que mejorar mis aptitudes sociales.
Pero no pongamos la lluvia tampoco por las… ¿nubes? (expresión inadecuada) . No le demos tantas ventajas a la lluvia. Es molesta, sin duda. Al menos una vez a la semana hay que soportarla, cuando en mi tierra se me hacía hasta extraño llevar un paraguas. Algo que echo de menos: una sucesión de días de sol implacables.
Hoy llueve en Tokio, y por supuesto llevaré mi cámara. Es el “Día del Trabajador”, y por desgracia yo lo celebraré trabajando. Por suerte me pagarán el día. Tal vez tenga más fotos que compartir con vosotros esta noche.
Hasta que puedo compartir con vosotros entradas más interesantes.
Archivado en: Cultura, Fotografía, Lugares, Música, Personajes, Tokyo | Etiquetas: Rockabilly, Tokyo, Yoyogi
De entre los muchos japoneses ya entrados en años con los que me cruzo a diario, tal vez estos sean algunos de los que más admiro: los Rockabillies. Todos los domingos, con lluvia (como el de las fotos), sol o viento, allí están contoneándose como en una cafetería de una carretera perdida de Kansas en los años 50, al ritmo del sonido rockabillero. Puro derroche de energía y pura ruptura del día a día.
Hay más grupos, pero entre ellos, aquí tenéis a los Satanases del Infierno a Levels Harajuku (¿tal vez querían decir “rebels”?). Viva ellos. Muerte a las corbatas.
De vez en cuando otra “panda” de Rockabillies se pone cerca, y empieza a hacer la puñeta con su música.
Pura afición, y no ese malsano gasto diario de moral con el “sí, bwana”, el “ganbare” vacío y la bebida vitamínica del mediodía como sustitución de un buen almuerzo.
Archivado en: Cultura, curiosidades, Fotografía, Lugares, Tokyo | Etiquetas: Meiji Jingu, Ningyo Kanshasai, Tokio, Yoyogi
En la tranquilidad del Meiji Jingu oímos una solitaria rabieta. Una madre seca las lágrimas a un niño que está asistiendo a una inexplicable ceremonia de despedida. Adiós y gracias a aquel peluche, muñeco o muñeca que le ha acompañado durante unos cuantos años de su infancia. Pero también hay mayores, ancianos y ancianas, que dicen adiós a aquella muñeca que abrazaban camino de la escuela, en el Japón de la posguerra. O adultos que no pueden tirar a la basura, sin más, aquel simpático trozo de trapo, o ese peluche cuyo color ya está castigado por el tiempo y el sol, y que esperaba su llegada cada día en los absurdos años 80.
Es el día de agradecimiento a los muñecos, el Ningyou Kanshasai (人形感謝祭 ), que se ha celebrado el 14 de Octubre de 2012 bajo una fina y melancólica lluvia. Miles de juguetes antropomorfos y zoomorfos, decenas de miles podríamos decir sin temor a equivocarnos, han llegado al Meiji Jingu desde cada rincón de Japón.
Los que han querido acercarse al templo han entregado allí a sus viejos compañeros. Compañeros que no podemos decir que sean inanimados, ya que en el día en el que se le agradecen sus servicios es cuando más salta a la vista que el animismo es algo que aún sigue dentro de cada japonés, lo que insufla vida a cada objeto que ellos consideren o sientan como vivo. La vida más allá de la biología.
Los visitantes, los que entregan sus antiguos juguetes, hacen una ofrenda en un rincón del muestrario interminable, escriben en láminas de papel con forma humana su plegaria, y luego se detienen a observar esta maravillosa colección de recuerdos individuales.
Por cada uno, una historia. Por cada juguete una infancia. Los encargados de colocar, siempre mirando hacia el pabellón principal del Meiji Jingu, a estos antiguos compañeros de batalla, lo hacen con sumo cuidado, incluso deteniéndose a comentar y a observar alguna muñeca extraordinaria, o extraña.
Y entre los que sólo han venido a mirar, cómo no, restalla como un látigo el sentimiento de nostalgia cuando encuentran entre la multitud alguna cara conocida de la infancia.
Todos estos muñecos luego serán retirados. Es el último adiós a aquellos viejos trozos de trapo, algodón, plástico, madera, tela… que dejaron de ser producto para convertirse en seres vivos, en confidentes, y en compañeros.
*Más fotos en mi cuenta de Flickr.
Archivado en: Cultura, curiosidades, De Viaje, Fotografía, historia, Lugares, Personajes, Tokyo | Etiquetas: Dragones, Enoshima, Gatos, Japón, Templos, Tokio, Triforce
Y en estas que un fin de semana decidí ir a Enoshima. Mi objetivo principal era Kamakura, pero pasé de camino por la isla, y me quedé más tiempo de lo planeado. Muchas personas acuden a Enoshima con el buen tiempo, bien para hacer una barbacoa debajo del puente que lleva a la isla junto a la playa, para pescar, disfrutar de las aguas en la playa rocosa, o simplemente pasear por los templos, admirar el paisaje y sorprenderse ante la abundancia de este lugar.
La historia de Enoshima está directamente relacionada con la de dos deidades: Benzaiten y el dragón de cinco cabezas (Gozoryu). Pero también con el nacimiento de la biología marina en Japón, e igualmente se cuenta una leyenda sobre el nacimiento de la acupuntura tras un tropezón del maestro ciego Sugiyama Waichi.
El puente que lleva a la isla es el Enoshima Benten, o Bentenbashi. Es un paseo agradable, en el que se puede observar toda la bahía. Hasta 1891 a Enoshima sólo se podía ir en canoa. Fue en ese año (Meiji 24) cuando se construyó el primer puente de madera que conectaba la costa con la isla. Antes de la existencia de ese puente, el biólogo marino y humanista estadounidense Edward Sylvester Morse descubrió el montículo de Oomori en un viaje a Tokio desde la que era la residencia habitual de los oyatoi gaikokujin (extranjeros contratados) en Yokohama. Poco después instalaría un laboratorio en la isla, y comenzaría sus estudios sobre las especies autóctonas. La historia de Edward S. Morse estuvo muy ligada a Japón, y particularmente a la de la Universidad de Tokio, junto a otros grandes maestros de la época como el estadounidense con ascendencia malagueña Ernest Francisco Fenollosa, o el padre de la arquitectura moderna japonesa, Josiah Conder.
Al pisar la isla, nos da la bienvenida el antiguo torii de bronce, el Seidono Torii, que es Patrimonio Cultural de la Ciudad. Data de 1821, antes de la apertura de fronteras del país (el fin del sakoku o “país encadenado”). Tras el arco de bronce, tenemos una empinada calle abarrotada de tiendas que nos lleva hacia el Enoshima Jinja.
Esto no es nada. Aún quedan muchos peldaños por subir. Hay tarjetas de un día que permiten subir al faro de Enoshima, y también utilizar las escaleras mecánicas que hay en algunos tramos. Demasiadas escaleras, aunque por el paisaje (y los gatos) bien merece la pena el esfuerzo.
Ejercitando las piernas mientras nos vamos adentrando en la naturaleza, llegamos por fin al Enoshima Jinja, con tres pabellones en los que se venera a tres diosas: Tagitsuhime no mikoto, Ichikishimahime no mikoto y Tagirihime no mikoto. Además, de vez en cuando sitúan esta suerte de umbral que las parejas pasan, para luego hacer una plegaria, previo pago del impuesto revolucionario deífico.
Aquí una muchachas colgando su mala fortuna. Los templos hacen su agosto vendiendo todo tipo de amuletos y con el tradicional Omikuji en el que un papel escogido al azar nos dice nuestra suerte para el presente año.
Muchos de los obsesos de The Legendo of Zelda ya habréis puesto los ojos como platos si no conocéis la historia del Triforce. En realidad, el hecho de que haya tantos Triforce en Enoshima es porque se trata del Mon o emblema de la familia Hojo, una casa que cobró mucha importancia en el país y llegó a gobernarlo en el siglo XIII. La leyenda de su origen cuenta que Tokimasa Hojo (1138-1215) fue a rezar a una de las cuevas de la isla para pedir prosperidad para su familia. El propio Dios Dragón, protector de los pescadores, apareció ante él y accedió a sus plegarias, cediéndole tres escamas de su cuerpo, que luego pasarían a ser el emblema de esta casa: tres triángulos formando una pirámide. De ahí que la isla esté llena de Triforces y dragones, lo que le da a todo un aspecto más épico y fantástico.
Pero no todo iban a ser escaleras y plegarias. Rodeando la isla, encontramos la playa rocosa y el acantilado de Chigo ga fuchi, donde la gente viene a pescar, pasear y disfrutar de las piscinas naturales. También es donde accedemos a las grutas, en las que nos ofrecerán una vela para hacer uno de los tramos. Desde esta zona, en días muy despejados, se puede observar el Fuji.
Simplemente sentarse allí y ver cómo rompen las olas contra las rocas es suficiente para olvidar el estrés y disfrutar de un día magnífico. Aunque para llegar hasta allí se requiere de unas buenas piernas. No hay atajos por tierra.
En las rocas encontraréis sobreabundancia de tiñuelas (ligia oceanica), también llamadas “cucarachas de mar”, aunque a mi me parecen más un híbrido entre gamba y lepisma. Hay millones de ellas, y huyen despavoridas a gran velocidad ante cualquier amenaza. Su abundancia no es nada especial. En esta isla abunda la vida: libélulas, águilas, gatos, arañas…
Obviamente, la cocina local es rica en productos del mar. Podemos encontrar amontonadas las conchas de los moluscos a la entrada de muchas tiendas del lugar. Las tiendas de Enoshima son muy pintorescas, no sólo por su aspecto antiguo, sino por la venta de bebidas ya olvidadas en otros lugares, en botellas que harían las delicias de muchos coleccionistas.
Llegados a uno de los puntos más altos de la isla, encontramos la Ryuren no kane, o Campana del Dragón Enamorado. Aquí vienen las parejas a hacerla sonar y prometerse amor eterno ante los dioses y el horizonte. También han colocado una reja que hoy está cargada de candados (maldita costumbre) para simbolizar la unión indestructible. Es muy simbólico e irónico que casi todos esos candados se oxiden y caigan rápidamente debido al aire cargado de sal oceánica. Todo se oxida, amigos. Hasta las relaciones humanas.
Y por supuesto los gatos. Son otro atractivo turístico en Enoshima. En el camino encontramos fotos e información sobre estas criaturas, que están ya tan acostumbradas a la presencia humana, que se acercan y se dejan tocar. Este dormía plácidamente en la roca y te lamía la mano si le tocabas la pata o la cabeza.
Los gatos, las olas, los dragones y las vistas. Enoshima sin duda se ha convertido en uno de mis lugares favoritos para vivir. Tal vez, con suerte, en un futuro pueda pasar más tiempo cerca de Enoshima. Hay mucho que contar sobre esta isla. Tal vez en futuros artículos, y en próximas visitas, pueda ofreceros una nueva perspectiva.


































































