Vida en Marte 火星の生活 


Un día en el Sumô
Marzo 28, 2009, 4:27 AM
Archivado en: Cultura, Lugares, Oficios, Osaka | Etiquetas:

El pasado viernes la gente del Kansai Kokusai Sentâ nos invitó al Sumô. Así que contentos como nunca, los del grupo PS8 nos fuimos al Ôsaka Taiikukan, en Namba. Este es un vídeo de la jornada, con dos combates: El del mastodóntico Yamamotoyama, y el del Yokosuna actual, el mongol Asashoryu. A decir verdad, el combate que más me gustó fue el de Yamamotoyama, un luchador de impresionantes dimensiones. El vídeo es bastante ruidoso, así que os recomiendo bajar el volumen bastante. Por lo demás, que lo disfrutéis.

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Caricatura de Tadao Ando
Marzo 8, 2009, 2:40 AM
Archivado en: Oficios, Osaka, Personajes, arquitectura, curiosidades, otros pensamientos

Ayer, mientras revolvía los papeles aún más revueltos que hay encima de mi mesa, pensando en esas cosas que están entre dar batalla a la entropía y el reciclaje, encontré un sobre que me dieron en la última conferencia del arquitecto Tadao Ando a la que asistí en Ôsaka. No me había fijado antes en que en la parte inferior del sobre hay un cuadro pequeño con una caricatura de Tada Ando muy conseguida. Me ha resultado tan divertido que voy a guardar el sobre, aunque sólo lo tenga como recuerdo.

La caricatura de Tadao Ando

Sobre la conferencia de Tadao Ando, que tituló 「新しい道を切り拓く」 (‘Atarashii michi-wo kiri hiraku‘), que significa “Abrir un nuevo camino“, puedo contaros que habló, con bastante gracia, de la experiencia que está teniendo con el proyecto que está realizando en Abu Dhabi, de sus impresiones sobre el Burj Dubai, y también de sus trabajos en Italia. Luego se deslizó hacia algunos aspectos concretos de su arquitectura, como la aparente ausencia de identidad cultural, con casos como el santuario en el Awaji Yumebutai, el cual reconoció que fue aceptado a regañadientes por los sacerdotes; o bien la falta de comodidad y el diseño poco práctico de algunos de sus primeros proyectos. También, como suele hacer, se refirió a Ôsaka y a la imagen que esta ciudad tiene en Japón, y al edificio que diseñó para albergar el Museo Suntory que se levanta en Ôsaka-ko.

Y Tadao Ando de verdad. Imágen vía www.wallpaper.com (Link en la foto)

Y Tadao Ando de verdad. Imagen vía 'www.wallpaper.com' (Link en la foto)

La verdad es que en las dos ocasiones que he asistido a una conferencia de Tadao Ando, siempre he oído lo mismo, aunque con un orden distinto. El comienzo de esas conferencias, no obstante, no fue el mismo, y en ese punto sí que resultó muy interesante. Y por supuesto, me encanta que sepa hacer reir a la gente. Espero poder ver de nuevo al maestro del hormigón, ahora copiado hasta la extenuación por los nuevos arquitectos de Asia.



Maneki Neko Ippai!! en Tokoname
Marzo 2, 2009, 1:12 PM
Archivado en: De Viaje, Fotografía, Lugares, Oficios, curiosidades

El pasado fin de semana hice una escapada a un pequeño pueblo de ceramistas llamado Tokoname 常滑, en Nagoya 名古屋. Tokoname es sin duda un lugar precioso para visitar, con una extraña relación con ese personaje tan peculiar de la cultura de Asia Oriental que es el Maneki Neko 招き猫, el gato de la fortuna. De hecho, este gato tiene una avenida dedicada a él en Tokoname, la Maneki Neko doori. No es demasiado extensa, pero sí curiosa. En ella se pueden ver distintas interpretaciones de esta figura popular por distintos artesanos, y, como no podía ser de otra manera, una cabeza gigante de Maneki Neko que se puede encontrar callejeando un poco cuesta arriba.


Aparte de estas curiosidades, el pueblo en sí es bonito, con casas antiguas de madera castigada por la lluvia, con las torres de los hornos de los ceramistas asomando en el paisaje. La especialidad culinaria parece ser el Yôkan, aunque tampoco he tenido mucho tiempo de pararme a comprobarlo. Aparte de eso, la verdad es que en el pueblo no hay mucho más. Si uno espera pasarlo bien por la noche, se puede ir olvidando de ello, puesto que en Tokoname no hay más que algunas pequeñas y ruidosas Izakaya, y, cómo no, un club de Hostes y un Karaoke-Izakaya. También se puede visitar el museo de la cerámica de Inax, gran empresa que parece poseer hasta los botones de la camisa de cada uno de los habitantes del lugar (realmente la marca Inax está allí en todos los sitios).

Si alguna vez os apetece visitarlo, os recomiendo que os alojéis fuera de Tokoname. El pueblo está realmente cerca del Aeropuerto Internacional de Nagoya, y a unos 40 minutos en tren tomando la línea Meitetsu 名鉄desde la estación central de la ciudad.

Finalmente, os dejo el enlace al álbum de los Maneki Neko, para que veáis todos los que hay en la avenida dedicada a ellos. Así podéis elegir el que más os guste, o el que más detestéis, según os venga en gana.

Nos vemos, hasta que el deber me lo permita.



Estudiando la megalópolis japonesa
Diciembre 15, 2008, 3:15 AM
Archivado en: Literatura, Megalópolis, Oficios, Personajes, Tôkaidô, Urbanismo, arquitectura

Como ya sabéis algunos que me leéis, estoy en Japón escribiendo mi tesis sobre la Megalópolis de Tôkaidô. Sin embargo, creo que aún no he explicado bien de qué se trata esto de la megalópolis. Para empezar, debéis saber que el primero que utilizó el término megalópolis para definir el área que acoge a una trama de grandes zonas urbanas que se conurban fue el geógrafo francés Jean Gottman, allá por el año 1961. Podemos decir, en general, que una megalópolis es el área donde conviven varias grandes ciudades, metrópolis, y ciudades intermedias; o bien, el área que acoge una red de ciudades interconectadas. De hecho, se habla de megalópolis cuando la población de una urbe supera los 10 millones, aunque teniendo en cuenta el incremento de la población mundial y el desarrollo de las ciudades, esto podría ser discutido.

En el caso de Japón, concretamente, después del desarrollo extraordinario y caótico que sucede a partir de 1945, los urbanistas tienen la necesidad de definir el crecimiento de las ciudades de otra forma. Eso les lleva a acoger con entusiasmo en la segunda mitad de los años ‘60 y comienzos de los ‘70 el término megalópolis, y a describir toda una serie de áreas del archipiélago donde la trama urbana había crecido notablemente. Uno de esos estudiosos es Eiichi Isomura, un geógrafo social que en 1968 escribe un libro titulado La megalópolis japonesa (日本のメガロポリス), en el que, por primera vez, se hace una descripción detallada del área de Tôkaidô. Por suerte he podido conseguir ese libro, gracias a mi tutor, y ahora estoy leyéndolo (no sin esfuerzo).

Isomura distingue cuatro megalópolis en Japón: la megalópolis de Tôkaidô, que es la más importante, y en la que se reunen las ciudades de Tokyo, Yokohama, Shizuoka, Nagoya, Osaka y Kobe; la megalópolis de Setouchi, que llega hasta Fukuoka; la megalópolis de Hokuriku, dentro del distrito de Ishikawa; y la megalópolis de Doou, en Hokkaido.

Con el paso del tiempo, por supuesto, estas áreas han sido redefinidas e incluso olvidadas. Por ejemplo, muchos estudiosos se refieren posteriormente a la megalópolis de Setouchi como la Extensión de Setouchi-Kitakyushû, englobándola dentro de lo que sería el área de la gran megalópolis de Tôkaidô.

Mi investigación, sin embargo, es algo peculiar. No soy urbanista ni arquitecto, aunque he estudiado y estudio estos temas. Por ello el punto de vista desde el que estoy estudiando el fenómeno (o realidad) de la megalópolis es desde las ciencias sociales y la teoría de la información. De hecho, la megalópolis y la Sociedad de la Información tienen una estrecha e imprescindible relación.

Así que, por el momento, ya sabéis un poco más qué es lo que estoy haciendo en Japón. Espero que los resultados de mi investigación, volcados en una tesis, sirvan para aclarar, redefinir y reconquistar la definición de megalópolis. Un concepto que resulta bastante difuso en la actualidad.

La obra de Eiichi Isomura, La megalópolis japonesa, en mi poder

La obra de Eiichi Isomura, 'La megalópolis japonesa', en mi poder



Marketing directo y vergonzante
Noviembre 3, 2008, 1:08 PM
Archivado en: Lugares, Oficios, Osaka, curiosidades, otros pensamientos

El pasado sábado estuve paseando por las calles del osakeño barrio “Nigiyaka” (alegre y juvenil) llamado Shinsaibashi. Es un lugar de visita obligada por su peculiar estilo y fama. Al ser fin de semana, por supuesto, estaba a reventar de chavales y chavalas de distintos estilos y edades, hablando de temas triviales y gastando dinero. También había extranjeros y alguna que otra abuela despistada. Entre el ruido, las miradas cruzadas con jovencitas desconocidas y los gestos de “no quiero saber que estás aquí” de otros extranjeros, me encontré con dos tipos que hacían publicidad, creo recordar, de una tienda en la que venden ordenadores de segunda mano. La pinta de los muchachos es la siguiente: ropa informal, actitud despreocupada, y un enorme casco de cartón con forma de cubo de pollo frito del Kentucky Fried Chicken puesto en la cabeza para evitar ser reconocidos (guión) pasar vergüenza.

Ya he hablado de las curiosas estrategias de venta que existen en Japón, y de la cantidad de productos de distinta índole que se venden, y cómo la gente responde a la publicidad con voracidad. De hecho, una de las palabras que uno puede oír muy a menudo en los anuncios, tanto en las grandes superficies como en los medios de comunicación, es “shinhatsubai” 新発売, cuya traducción sería “ya a la venta”, aunque la expresión está formada por las palabras “nuevo” (shin) y “puesto a la venta” (hatsubai). En Japón la publicidad es algo realmente importante, por lo que podríamos decir que es el paraíso y al mismo tiempo el infierno de cualquier publicista o experto en marketing, que tiene que reinventar la manera de vender el mismo producto continuamente. Sin embargo, en el lado opuesto, podemos ver escenas tan tradicionales y sencillas como dos tipos voceando delante de una tienda.

Vocear (“yomiuri”) es algo que tiene mucha tradición en muchos países, y que en Japón parece ser una costumbre. Por otra parte, me resulta gracioso que surjan también iniciativas tan curiosas como esta que os he descrito. No creo que haya un equipo de especialistas detrás de esta publicidad. De hecho, no me imagino a un equipo de creativos a las cuatro de la mañana, en torno a una mesa con café humeante, exclamando de repente: “¡Ya lo tenemos! ponle a estos dos unas cajas de cartón en la cabeza y que se pongan en medio de la calle a vender nuestro producto!”. Más bien se trata de una actividad que hasta podría ser ilegal.


Esta es una muestra de lo antiguos que pueden ser los japoneses en ocasiones. Es algo que ya contaré en próximos artículos. De hecho, en el sitio en el que estoy ahora aún funcionan con VHS y cintas de cassette. ¿Será una reacción ante el exceso de productos novedosos y la rápida caducidad de los mismos? No lo sé, pero tiene su encanto que sigan utilizando cosas que en nuestros países, menos tecnológicamente desarrollados, parecen haber caído en el olvido definitivamente.



Casa sin paredes
Octubre 14, 2008, 7:50 AM
Archivado en: Lugares, Oficios, arquitectura, curiosidades

Se ha escrito mucho, demasiado, sobre la arquitectura japonesa. Es especial, sin duda. Es, de hecho, desde mi punto de vista, una victoria de la naturaleza sobre el impacto del ser humano. Hablamos, por supuesto, de la casa tradicional, la que se confunde con la naturaleza, y no de los colosos de hormigón que pueblan ahora las ciudades de cualquier país desarrollado.
El pasado fin de semana fui a Inunakisan, cerca de Tajiri, en Osaka. Me alojé en una suerte de hotel o guest house llamado ‘Ikoi no Ie’, que cuenta, en realidad, con tres bungalow con tatami. No son casas japonesas propiamente dichas, sino una especie de híbrido, donde celebrar reuniones para beber (nomikai), o simplemente pernoctar. También hay un restaurante y una tienda de recuerdos, donde se puede almorzar algún que otro plato japonés. El dueño de ‘Koi no Ie’ es también el arquitecto artífice de todo el complejo, que ahora se afana más en cocinar buenas recetas al ritmo del jazz que en construir altas torres. A su lado un socio de aspecto bohemio, boina francesa, pañuelo en el cuello, piercing, bigote y pulseras de cuero y metal, que de vez en cuando suelta un “how are you?” o “Where are you from?” imitando el inglés que nunca habló Peter O’toole. En la cocina, temporalmente, ayuda también la esposa del arquitecto, servicial y diligente, que ha venido desde Yokohama.


¿Por qué es una “casa sin paredes”? Al entrar en el pequeño habitáculo (aunque suficiente para cuatro futones), uno se encuentra expuesto. Las casas están casi sobre el río, y a menudo no me cabe la menor duda de que están “en” el río. En las cuatro paredes, además, hay cuatro grandes puertas correderas de cristal. No son los típicos Shoji (puerta corredera fabricada con un marco de madera y papel de arroz), pero aíslan prácticamente como si lo fueran, es decir, prácticamente nada. Siendo europeo, educado bajo el invisible pero potente puño de la tradición judeocristiana, uno no puede evitar sentirse expuesto. Afortunadamente hay cortinas. Eso no evita, sin embargo, que la luz entre como Pedro por su casa en cuanto amanece.


Uno se siente expuesto también cuando va a un onsen (baño termal), algo muy extendido y apreciado en Japón. En el momento en el que uno tiene que desnudarse para entrar en los baños, de no estar solo, aprecia realmente los problemas que tiene al provenir de la cultura del pecado, que es Europa; frente a la cultura de la vergüenza (haji) que es Japón, algo que ya advirtió y explicó de manera magistral el filósofo Kitaro Nishida.
En esos momentos en los que uno siente vergüenza, y en mi caso, realmente duda entre entrar o escapar, lo mejor es pensar que, al fin y al cabo, los de la cultura de la vergüenza no tienen nada de interés ni entienden sobre la cultura del pecado. Es el contexto lo que cuenta. Es otra casa sin paredes.


Fuera del onsen, de vuelta al bungalow, sentado en el tatami, oyendo la corriente del río, los mosquitos y las arañas conquistan las esquinas y las lámparas. El barro ensucia las mesas de plástico de la terraza. Las hojas lo cubren todo, pronto cambiarán de color. El musgo trabaja de cubierta para una caseta en el exterior. La naturaleza es la que condiciona el hogar, y no al contrario.



Un pequeño museo de la prensa japonesa
Noviembre 17, 2007, 7:28 PM
Archivado en: Lugares, Oficios, historia

Estando en Ôsaka, mi amiga Rei, que trabaja en el Mainichi Shinbun (uno de los periódicos de referencia), me invitó a visitar un pequeño museo que guarda este periódico en sus instalaciones.

Mainichi Shinbun

Mainichi Shinbun Edificio

Subiendo unas escaleras, en una esquina de la primera planta, tienen varios elementos que se utilizaban en la antigua redacción y en las rotativas. Especialmente por las rotativas, crear un periódico diario antes de la revolución informática debió ser un verdadero reto. Las razones: en Japón, además de los 46 caracteres del hiragana, y otros 46 del katakana, hay unos 2010 kanji básicos que son de uso diario. Sin embargo, en la prensa japonesa se utilizan a menudo algunos cuantos más, unos 2700. ¡Imaginaos el problema que debía ser buscar los tipos móviles!

Tipos Móviles

Foto Antigua Mainichi Shinbun

En aquella época, durante la preguerra, eran chavales en edad temprana los que se dedicaban a buscar y colocar estos tipos móviles, como podemos ver en una de las fotos del museo. También había una máquina de escribir enorme, que servía para mecanografiar los artículos que iban llegando. Esta era la manera de introducir las noticias, antes de que los japoneses inventaran el procesador de texto en informática. Debía de ser ciertamente engorroso. Una revista de 1957 editada por el Japan Travel Bureau menciona el trabajo de las mecanógrafas de la época: “Un periodo de aprendizaje de dos horas al día durante tres meses producirá una mecanógrafa normal, que será capaz de mecanografiar unos 30 caracteres por minuto. Una buena mecanógrafa introducirá entre sesenta y setenta palabras por minuto.”

Máquina Mainichi Shinbun

Teclas

Revista

El museo, aunque es muy pequeño, tiene algunas cosas interesantes. Por supuesto es completamente gratuito.

Plancha

Mainichi Museum

Con respecto a la profesión de periodista, hay que apuntar que allí el trabajo de estos informadores está muy bien reconocido. En Japón no existen los periodos de prácticas gratuitos o por una miseria. Rei me aseguró que el sueldo de un periodista en Japón es bastante bueno. Si bien es cierto que las empresas de comunicación ganan mucho más dinero. Pero no dejo de pensar que en España tiene que cambiar mucho el panorama.



Grandes ideas (1): El Chirigami Koukan
Julio 27, 2007, 1:27 AM
Archivado en: Oficios, curiosidades

El otro día, camino de la estación para tomar la línea Odakyu, me topé con el Chirigami Koukan (ちり紙交換). Es el tipo que se encarga de recoger periódicos viejos, la mayoría procedentes de subscripciones, y cambiarlos por papel higiénico, financiado oficialmente (como el B.O.E.). Con este servicio de reciclaje las comunidades de vecinos, los colegios y otros grupos pueden obtener además un poco de dinero. El contrapunto es que la calidad del papel no es precisamente “doble capa”. Pero gracias al wc ultramoderno multichorro no es necesario hacer grandes esfuerzos (esto es para todos aquellos amantes del… ejem… gotelé, que abundan en los baños universitarios españoles).

Chirigamikoukan


Esto de la conversión del periódico en papel de baño puede tener muchas lecturas e infinidad de chistes. A saber: podemos afirmar que muchos japoneses se pasan por el “forro” la política nacional e internacional. Y asimismo que el periódico ya no es un sustituto del papel higiénico, sino que es el mismo papel higiénico. Si esto ocurriera en España seguramente gente como Jiménez Losantos sólo utilizaría papel procedente de la razón, la razón higiénica, aunque podría producir cáncer de colon.