Vida en Marte 火星の生活 


“You can satisfy not only your thirst but your heart with this”
Mayo 7, 2008, 9:05 am
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El comienzo del viaje podría decir que fue el Onsen de Yugawara, en Tokyo. Dejo la explicación completa de la experiencia a Fidel, que lo hace de manera magistral. Acabábamos de llegar pocos días antes a Japón, y aún nos curábamos del Jet Lag. ¡Qué mejor remedio! Las aguas del Onsen, el futon, el olor del tatami y el sonido de las cigarras. Realmente había deseado todo aquello desde hacía mucho tiempo.

Mientras esperábamos a Fidel y Yuriko en la estación, tome un primer bentô y observé el paisaje entusiasmado con la idea de que, definitivamente, me encontraba frente a frente con Japón por primera vez en mi vida. Poco después de llegar mis amigos, aparecía también el autobús del Onsen. Por el camino dediqué todos mis esfuerzos a observar concienzudamente el paisaje de Yugawara.

Digan lo que digan, y por muy ateo que sea uno, la tradición de un país cala hondo en el cerebro. La mía, la española, la que ha bebido de la ideología judeocristiana, se reveló en el mismo instante en el que fui a entrar en el Onsen por primera vez. Ahí estaba yo, las aguas termales y el pudor en medio. Por suerte, pude aprovechar un momento en el que aquello se quedó vacío, para disfrutar de las aguas en maravillosa soledad y silencio. Fuera el stress, abajo el inestable futuro, aquí y ahora - bueno, allí y en ese momento -.

Después la jornada no pudo venir mejor: una cena japonesa entre japoneses. Un salón repleto de familias, todos de rodillas frente a la mesa, palillos en mano y bandeja llena. Y Fidel y yo, dos alienígenas imitando las maneras niponas. Buen ensayo y mejor provecho. Después de probar el sabroso pescado, en un alarde de entusiasmo, le dejé un mensaje en el plato al cocinero: “Umai” (¡Muy bueno!).

Y para culminar, en una bebida que había pedido Fidel, un slogan que describía lo que Japón suponía para mí en esos momentos, lo que ha significado este viaje: “You can satisfy not only your thirst but your heart with this”.



La España del escupitajo
Mayo 6, 2008, 12:05 pm
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Este artículo no tiene tanto que ver con Japón como con mi vivencia personal - o concretamente la de mi novia japonesa - en este país en el que tuve el mal gusto de nacer. Reconozco antes que nada que mis palabras surgen enojadas desde mi cerebro a las manos que las teclean en el ordenador. No puedo evitar estar contrariado por todo cuanto sucede a mi alrededor sin explicación lógica posible. Ya hablé de ello en otra ocasión, mentando a la física. Ahora lo hago desde una experiencia más sangrante, y - kami sama no okage de - con la esperanza de que el proceso que me lleva a Osaka se culmine sin imprevistos.
El fin de semana pasado me encontraba yo en Huelva, mi ciudad natal, disfrutando en la comodidad de mi hogar originario. En Huelva, dicho sea de paso, no puedo encontrarme cómodo en otro sitio. El trato que esta ciudad me ha dado sólo me genera estrés cada vez que piso sus sucias calles. Volviendo a la cuestión principal, terminada la visita y de regreso ya en Sevilla, llegó mi japonesa a mi encuentro y me contó, sin demasiado nerviosismo, algo que le había ocurrido el día anterior en mi ausencia. Volviendo de su taller -donde practica el arte cerámico- cargada con un jarrón que al menos pesa seis kilos, un par de niños gitanos de esos del Este -la Mordor de Europa-, viendo su dificultad de maniobra, intentaron robarle el bolso. Da la casualidad de que éste tiene una apertura difícil, y que siendo todavía plena la tarde no había oscurecido, por lo que los sucios cabrones no pusieron mucho empeño y, no pudiendo obtener lo que querían, se despidieron de mi novia soltándole un repugnante escupitajo en plena cara.
Este suceso, aunque me revienta por dentro, no me sorprende. Lo que sí me resulta interesante es que mi novia no quisiera ya denunciar lo sucedido a la policía. Tal es la mala fama que han adquirido a pulso los supuestos defensores de la ley de nuestras ciudades que hasta una japonesa, repugnante y sonoramente agredida, no ha querido perder el tiempo denunciando algo que no va a ser perseguido, al no haber hurto, delito ni falta.
Y ahora soy yo, que tampoco ando sobrado, el que tiene que acompañar a la japonesa cada día para evitar que esto vuelva a suceder. ¿Pero cómo? Realmente yo tampoco puedo hacer nada. Si me los encuentro y les doy una leche a cada uno estaré agrediendo a la infancia -una infancia que nada tiene de infancia, dicho sea de paso-. El resultado para mí no puede ser más lamentable, teniendo en cuenta además que sería perseguido por asociaciones del inmigrante por xenófobo -Sí, lo han leído bien, ¡siendo mi novia una inmigrante incluso!-, por la sociedad romaní, y por otros gitanos del Este sedientos de sangre. Ese es el argumento de la historia. Nadie me defiende, nadie pone justicia, nadie se fía del Estado de Derecho -¿Derecho a qué, a soportar escupitajos?-.

Siendo esto así, cabe un lugar para la esperanza: Japón. Ahí me entierren. Un país en el que, culturalmente, hay un respeto indiscutible por la ley, por el bien común -ese que parte del sentido común-, por lo justo y por lo noble, por la supervivencia de nuestra propia especie, cultura, comunidad. Algo indiscutible, que no ocurre, mal que nos pese, en España, donde “el que no corre, vuela”. En el que el esfuerzo personal no es sinónimo de éxito si uno no se deja seducir por el mundo del “enchufismo”. España es el país del “esto es lo que hay”, que ahora ha aprendido también mi japonesa, y gran coraje que me da. Yo recomiendo a todo el mundo que esté tan harto del mal funcionamiento de las cosas y de la cara dura de la administración que reúna lo que pueda y se vaya el tiempo que le sea posible a Japón. Que viva en un lugar donde las calles están limpias y el vecino no te molesta. Donde la policía hace su trabajo. Donde no tienes que vigilar tu equipaje en las estaciones de autobús. Donde puedes comprar sin necesidad de vigilar que no te estafen. Donde casi nunca nadie te pide dinero por la calle, ni un músico sin talento viene a joderte la velada en el restaurante de turno. Donde el autobús y el tren llegan a su hora, y “por favor” y “gracias” son palabras de uso diario.
Me digan lo que me digan, el que no haya estado en Japón y haya vivido esto, que no me venga con gaitas sobre las bondades de nuestro país. Porque bondades pocas, más bien usufructos y paridas contenidas en sonrisas pícaras y cejas levantadas. Honor, poco. Justicia, mínima. Dignidad, ninguna. La única imagen que tengo de España en estos momentos es un escupitajo en la cara de una persona noble y amada.



YABAI!!!
Abril 10, 2008, 12:29 pm
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Esta vez este Yabai tiene un sentido totalmente positivo. Sí señores, aquello por lo que tanto protesté, que tanto deseé y por lo que estuve a punto de morir, ha dado positivo, y no es nada biológico. Esta mañana, recién despierto, recibía en mis descafeinadas manos un sobre de la embajada que contenía otro sobre de la Japan Foundation que albergaba una carta que me invita a ser uno de los integrantes del próximo curso en el Instituto de Kansai de la Japan Foundation, lo que se traduce que he superado el primer paso de la beca, y ahora sólo queda enviar unos documentos con la confirmación, comprar un billete, y a estudiar japonés en Osaka por ocho maravillosos meses.

Cangrejo_osaka

Gracias a todos los que siempre me habéis apoyado. Ya celebraremos una fiesta de despedida. Como en el comienzo de Cloverfield, pero sin monstruo.



Bárbaros permanentes
Abril 7, 2008, 11:35 pm
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Aunque bien es sabido que en Japón el extranjero rara vez es mal recibido, y que la cultura de otros países es aceptada y cultivada por muchos japoneses con admiración, existen algunos datos que demuestran cierta xenofobia o rechazo a todo lo foráneo por parte de un importante sector de la sociedad, condicionada sin duda por ideas de la ultraderecha, resentimiento por lo sucedido en la Guerra del Pacífico, y miedo creado por una política dura contra la inmigración, amén del amarillismo con el que se toman las noticias escabrosas protagonizadas por extranjeros.
Lo primero que quiero mostraros es un enlace en el que aparecen algunos lugares que prohíben la entrada a clientes “no japoneses”. En The Rogue’s Gallery encontramos carteles especialmente dirigidos a rusos y a los llamados “dekasegi“, que son mayormente brasileños que han encontrado en Japón una segunda patria. El origen de esta inmigración es muy diversa. Para el caso de los latinoamericanos en general hay que remontarse a la primera mitad del siglo XX, cuando muchas familias de japoneses, agobiados por las crisis económicas de los años ‘20, decidieron marcharse a Perú y Brasil en busca de negocios fructíferos cultivando el caucho y otras materias primas. Alentados por el propio gobierno, que no sabía cómo hacer frente a esas crisis, esas familias sembraron su futuro esperando tiempos mejores para volver a su tierra natal. Pero llegado el momento se convirtieron en apátridas, incapaces de reintegrarse en la sociedad nipona, y ajenos a las culturas en las que sus negocios habían crecido.
A pesar de esto, la ley japonesa permite refugio y da facilidades para obtener el visado a todos aquellos peruanos descendientes de japoneses que mantengan un vínculo familiar en Japón. Esta hermandad, no obstante, es virtual y para nada satisfactoria.
Muchos de estos extranjeros se han visto envueltos en crímenes de sangre, y su imagen ha sido demonizada injustamente por los medios. La población mayor, especialmente la que tiene más cercana las brutales consecuencias de la guerra, sigue desconfiando de los extranjeros y sus costumbres. Cabe recordar que aún en la memoria de muchos está la idea de que el camino de la guerra fue tomado precisamente por la arrogancia de las naciones occidentales. Una actitud que Japón asimiló para continuar jugando en el tablero mundial, equiparándose a las potencias occidentales en poderío militar y gestión de colonias. El Japón actual es el Japón de la paz, por mucho ruido mediático que puedan tener grupos de ultraderecha que, a pesar de todo, representan una tímida proporción del espectro político y social.
De mi experiencia personal he sacado conclusiones contradictorias. Una de esas experiencias es la que vivimos Fidel y yo cuando íbamos a conectarnos a Internet por una conexión WiFi de Livedoor al aire libre . Ante nuestro asombro, unos vecinos de Negishi denunciaron a la policía que “unos extranjeros” (nosotros) estaban realizando actos sospechosos frente a su bloque. La policía interrogó a Fidel con cortesía, y le sugirió que, aunque no cometía ninguna ilegalidad, en adelante se conectase en un lugar donde no “perturbase” a los vecinos. Así lo hicimos, y nos marchamos a un pequeño parque a cinco minutos de allí, en un lugar repleto de Love Hotel y prostíbulos regentados por chinos sin permiso de residencia. Pensamos entonces que allí la Yakuza no preocupa tanto, por el mero hecho de ser japonesa. Eso sí, dos extranjeros bien arreglados con un portátil en la calle son sospechosos por definición.
La otra cara de la moneda la pone toda aquella galería de situaciones en las que nos encontramos con personas que se interesaban por nuestro país, que nos ayudaban hasta niveles difíciles de entender en occidente, y que se esforzaban lo máximo posible para que nos sintiéramos como en casa. Un ejemplo particular lo pongo en un librero de Yokohama, que tiene su local frente a la estación de Tamagawa Gakuen Mae. Una pequeña tienda donde encontré un magnífico libro sobre el pabellón que Tadao Ando diseñó para la Expo’92 de Sevilla. Aquel hombre, encerrado en sus libros, se mostró especialmente entusiasmado al verme entrar y al confirmar que, efectivamente, era español y vivía en Sevilla. Compré el libro, y estuvimos un buen rato charlando sobre España y la Exposición de Sevilla, a la que él había tenido la oportunidad de ir. Sin duda aquel hombre era todo menos xenófobo, y no mostraba más que entusiasmo por el mundo.
El problema de The Rogue’s Gallery y el debate que se crea en torno a la inmigración es el simplismo. La única visión de un todo desde un punto de vista condicionado por experiencias particulares, y no por un conocimiento general de la cuestión. Japón es xenófobo, pero también es un actor importante en la globalización. Podemos llamar a los japoneses racistas, o pensar que hay un importante salto generacional en progreso, y una lucha por mantener una identidad cultural que no estamos abiertos a entender en su presente forma de manifestarse.



La Metrópolis nocturna
Febrero 11, 2008, 2:23 pm
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Vengo hoy de recoger mi diploma en lengua japonesa por el Instituto de Idiomas de la Universidad de Sevilla. No es que sirva de mucho, pero es algo que reconforta. No obstante, en cuestiones laborales, sirve tanto como presentarte a un puesto de repostero disfrazado de payaso. Al menos he podido encontrarme con una antigua profesora, y cruzar algunas palabras mal dichas de un pobre japonés que se pierde en la memoria de vez en cuando. Pero he de volver a Japón cuanto antes. Tal vez este país sea mi única salida. Aunque me encantaría volver para dedicarme a la docencia de Asia Oriental en España. Preferiblemente en la soleada Sevilla.
Quiero ofreceros un vídeo que tomé con mi pobre Pentax A30 desde la Torre de Tokyo. Estas son algunas imágenes de una gran metrópolis cuya primera impresión es de caos, pero que una vez se asimila resulta increíblemente útil. Tokyo es el fruto de una cultura profundamente pragmática. No se puede luchar contra la entropía, pero sí se puede impulsar al máximo la Sociedad de la Información, preparando herramientas que ayuden a la reducción de incertidumbre. Eso es Tokyo, con sus carteles luminosos, con sus autopistas perfectas, con sus mensajes hablados, con sus mapas virtuales, con sus medios de transporte que llegan a cualquier lugar, y con sus torres que son elementos orientadores.



Animales
Enero 20, 2008, 10:22 am
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Es curioso cómo para los que no tenemos trabajo el tiempo pasa tan deprisa y de manera tan terrible, mientras que para los que ya tienen su vida resuelta hay tiempo para todo y siempre se puede tener paciencia. Seguramente Martin Heidegger pensó aquello del “vértigo del tiempo” cuando se encontraba desempleado y sin un duro en el bolsillo. Ahora tengo la misma sensación. ¿Veis? Estoy tan desesperado que hasta hago chistes con Martin Heidegger. La próxima vez que lo haga os doy permiso para que me deis una bofetada.
Se acaba el año del jabalí y comenzará el año de la rata. El año en el que hubo tres meses gloriosos queda atrás. Uno de los días felices que recuerdo fue cuando visité junto a Fidel y Antonio el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Ueno. Un museo de enormes dimensiones con muchas cosas que ver. Personalmente, disfruté mucho de la fauna japonesa disecada, y de los fósiles. Hay una gran zona dedicada a la biología marina. De hecho, el emperador Showa (Hirohito) era un gran biólogo marino, y puso nombre a varias nuevas especies.
Ahí os dejo un video del museo.


Una cuestión cultural (o el Japón clásico y cuántico)

En la vida diaria Japón es como la física clásica. Todo sucede por una razón lógica, o responde en última instancia a una serie de cuestiones eminentemente pragmáticas. España, en cambio, es más como la física cuántica. Las cosas funcionan a primera vista de manera totalmente inexplicable o impredecible, y cuídate de querer comprender por qué es así.

Digo esto a colación de algo que me ha sucedido últimamente cuando llevaba a una amiga mía japonesa al mercado de Triana. El hecho, que explicaré a continuación, me volvió a recordar aquellos días no tan lejanos en los que, estando en Japón, podía ir a comprar sin necesidad de cuidarme de ser estafado.

Estando en el mercado, iba enseñando a mi amiga los nombres en español de algunas de las frutas, verduras, y productos de origen animal. Paramos justo en un puesto que hacía esquina porque ante nosotros aparecieron unas cajas de apetitosos caquis granaínos. Como gesto de buena voluntad, me ofrecí a comprar unos cuantos para terminar bien el almuerzo. Y ahí es cuando saltó el genuino genio español del tendero y su ayudante, que ante una mujer de origen extranjero y un tipo con poca pinta de andaluz estándar, trataron y consiguieron colocarnos una bandeja de caquis preparada para la ocasión.

¿Por qué acepté esos caquis? Por varios motivos. El primero de ellos, que yo no tenía ganas de discutir. El segundo, que poco me importa a mí una magulladura en una fruta. Y el tercero, que a veces confío demasiado en la gente. El caso es que aquellos caquis resultaron ser un verdadero apocalipsis. Mi amiga y yo volvimos atrás para pedirle al tendero que nos cambiara la fruta, pero él y su ayudante ya nos estaban esperando. Nos dijeron eso de “es que eso es así” y que nos lo habían dado bien para consumir en su día sin esperas. A mí me pareció más bien que nos habían colocado lo menos vendible, a pesar de poderse comer. Fin de la discusión y a casa a reflexionar un par de cosas: por qué Japón es tan distinto, y de qué manera me vengaré del tendero y su ayudante.

En cuanto a la primera reflexión, tengo que decir algunas cosas. Uno de los motivos por los que me iría a vivir a Japón sin ninguna duda es por la seguridad que se siente en cualquier asunto de la vida cotidiana. Ya he comentado muy a menudo que los japoneses son muy pragmáticos, y que esa misma cualidad, además de hacerlos a veces predecibles, beneficia en muchos casos a la comunidad. Ese beneficio repercute en muchos aspectos de la vida diaria, como es el mismo caso de ir a hacer la compra. Es algo maravilloso ir a un puesto de fruta y no tener la necesidad de revisar el contenido de la bolsa. O ir a un supermercado y no tener que revolver las bolsas de patatas para encontrar una en la que no haya al menos dos piezas bastante perjudicadas.

Japón era caro. Con el euro, y el alza de precios en nuestro país, comprar en un supermercado japonés y en uno español sale casi por lo mismo. Puede que en Japón salga aún un poco más caro, pero al menos lo que compras siempre tiene una calidad excelente, y nunca tendrás que vigilar que no te estafen. Esto es una cuestión cultural heredada del pensamiento confuciano y del taoísmo. Lo que a nosotros nos parece educación no es más que rutina y lógica para ellos. Algo que al parecer los españoles nunca comprenderán, porque lo que nosotros hemos heredado es el egoísmo y la insensatez propia de la llamada “picaresca” que nos hace tanta gracia en el Lazarillo de Tormes.

Una frase que intento tener siempre presente para actuar en consecuencia la dijo un japonés, y sin duda refleja ese pensamiento del que el espíritu de este pueblo hace gala, en términos generales y hacia la comunidad, en este Japón pacífico que nace tras la Segunda Guerra Mundial: “En la vida hay que hacer cosas buenas porque sí”, dijo Chiune Sugihara.

Si Sugihara hubiese sido educado en España, habría aprendido que hay que aceptar que las cosas funcionen mal porque “es lo que hay”. Esta frase multiusos define la razón irracional y nunca negociable del carácter latino. Es impredecible, es ilógica, pero sabremos que siempre irá mal. Es nuestra herencia cultural.

La nota irónica a todo esto es que en este Japón que yo defiendo tampoco es todo alegría y bondad. El hecho de que no te estafen en un supermercado no es por simple honestidad, sino porque no estafar beneficia a la comunidad en su conjunto. Algo que a lo que los españoles deberíamos apuntarnos.

En cuestiones políticas y económicas Japón es un barco cuyos comandantes intentan achicar aguas para evitar el hundimiento y la catástrofe. Ese es el motivo por el que el Kanji elegido como más característico de 2007 es el de falsedad 偽.

Desde la crisis que estalló en 1991, Japón ha estado combatiendo para volver a las “vacas gordas” de los años setenta y ochenta. Tras el escándalo con los fondos de pensiones el partido que ha gobernado durante los últimos sesenta años (exceptuando entre 1993 y 1996), el PLD o Jimintô, está temiendo perder las próximas elecciones. El envejecimiento de la población en Japón ha alcanzado cotas bastante altas, y es este sector de mayores de 65 años el que está dispuesto a poner el grito en el cielo. Por ello, creo, han dejado ver a través del Kanji de falsedad un descontento generalizado. El gobierno no ha actuado según los principios que rigen el funcionamiento de esta sociedad. Y a pesar de todo Shinzo Abe dimitió, y surgió este personaje tan curioso y poco esperado que es Yasuo Fukuda. Por ello las próximas elecciones en Japón se presentan tan interesantes. ¿Quién sabe? A lo mejor el Kanji elegido el próximo año es el de cambio 変 (hen). Que por otra parte también es extraño, raro, singular, extraordinario y dudoso. Como la propia sociedad japonesa en cuestiones más intrincadas como la política, o en cosas de puertas para adentro. Ahí sí que podríamos mentar a la física cuántica.


¡Paraguas para todos!
Diciembre 11, 2007, 11:29 pm
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Estando en Japón, una noche soñé que Christopher Walken llegaba a mi apartamento y pisaba mi ordenador portátil. Desperté por la mañana con mal aspecto, me arreglé y tiré para la estación: de Uguisudani en la Yamanote a Shinjuku, y de Shinjuku en la Odakyu a Tamagawa Gakuen Mae, en Yokohama. Unos cuarenta minutos de viaje. Ese día almorzaba con mis suegros en potencia para despedirme de ellos y agradecerles su hospitalidad durante las dos primeras semanas.
Como había pasado una noche un tanto extraña, decidí salir con antelación y dedicarme a observar. De esta manera me olvidé de la imagen de Christopher Walken pisoteando mi pobre ordenador, y me percaté de algo curioso.
En Japón llueve mucho. Eso es debido a que es un clima monzónico, casi tropical. Un país eminentemente húmedo. Creo que es el país en el que más paraguas hay por persona. No es extraño que en una casa donde viven tres personas haya al menos quince paraguas, a cual más pintoresco. Esto ocurre porque la lluvia a veces llega de imprevisto, y los pobres japoneses no tienen más remedio que sacar la cartera y comprarse uno nuevo.

Paraguas para todos

En la estación de Tamagawa Gakuen Mae, y me consta que en algunas otras, hay un puesto en el que cualquiera puede tomar prestado un paraguas en un momento de necesidad. Por supuesto el cartel del puesto pide también que sean devueltos, cosa que por norma general ocurre (¡Son japoneses, ¡vive dios!).

¿Funcionaría esto en España? La opinión de un servidor es que no. Fundamentalmente por dos factores:
1- No llueve tanto.
2- Se roba mucho.
Esto dice mucho de una cultura y otra. Realmente, la lluvia y la idiosincrasia de los japoneses tiene mucha relación. Pero para hablar de esto hay otros foros y otros maestros.



Cosas que harían gracia a un español al menos la primera vez
Noviembre 3, 2007, 3:55 pm
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A continuación os pongo cuatro fotografías. Cada cual tiene su explicación, pero no la daré ahora. Primero quiero que hagáis vuestros comentarios:
1- ¿Comprarías estas galletas?
2- ¿El postre preferido de los promotores inmobiliarios?
3- ¿Los niños se han cansado del tamagochi por falta de realismo?
4- ¿Almohadas con el culo gordo?

Maccha

 

Especulaas

 

human player

 

Almohadas



El hombre que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima muere a los 92 años
Noviembre 1, 2007, 4:59 pm
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Paul Tibbets ha muerto hoy a los 92 años. Es el hombre que, siendo coronel del ejército de los EE.UU. se vió obligado a cumplir la orden de lanzar la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, en Japón, matando entre 70.000 y 100.000 personas, e hiriendo a muchas más. Dicen que nunca se ha arrepentido de su acto. La casualidad ha querido que fallezca precisamente el Día de Todos los Santos.
Tibbets ha pedido que no se le ponga lápida, pues podría convertirse en centro de peregrinación para todos aquellos que le odian por haber lanzado la bomba. En el día de su muerte, hay que pensar en el motivo por el cual abrió las puertas a la masacre, y también en las razones por las que nunca se arrepintió. A decir verdad, nunca negó que aquello hubiera sido algo terrible. Por otra parte, ha vivido en su país como un héroe de guerra hasta hoy. Rechazar su misión habría sido considerado traición durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez realizada, condenarla le habría despojado de su condición de héroe patriótico. Sin embargo, a mi parecer, habría sido el acto más noble de todos.
El rechazo a tener una lápida tiene varias lecturas. Me gusta pensar que Tibbets, aunque nunca se haya arrepentido públicamente de haber realizado esa misión, reconoce que no fue justa para nadie, y que aniquiló a muchas personas inocentes. Esta sería una gran oportunidad para oír al gobierno de los EE.UU. reconocer la desmesura de aquella misión y pedir excusas. Pero sabemos que eso no va a ocurrir.

Más información:
El País - Muere Paul Tibbets, el piloto que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima
El Mundo - Paul Tibbets, el piloto del avión que lanzó la primera bomba atómica sobre Japón
The New York Times - Paul W. Tibbets Jr., Pilot of Enola Gay, Dies at 92
International Herald Tribune - Paul Tibbets, pilot of plane that dropped atomic bomb on Hiroshima, dies at 92
Asahi Shinbun - エノラ・ゲイの機長、92歳で死去
Yomiuri Shinbun - 広島に原爆投下「エノラ・ゲイ」元機長が死去