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El 1 de octubre de este año, en el artículo inaugural del Hatoyama Cabinet E-mail Magazine, el actual líder nipón remarcaba el concepto de Yuai 友愛, cuya traducción es fraternidad, como palabra clave y declaración de intenciones en cuanto a la futura política exterior del nuevo gobierno del Minshutô (PDJ). Este concepto, según afirma el mismo Yukio Hatoyama en un artículo titulado El espíritu de la fraternidad en The Japan Journal, era uno de los motores de la política de su padre, Ichirô Hatoyama, que gobernó Japón sucediendo a Shigeru Yoshida entre 1954 y 1956.
Curiosamente, estando en el gobierno el padre del actual primer ministro, el 18 de diciembre de 1956 Japón pasó a formar parte de las Naciones Unidas. En su artículo, el líder nipón recuerda parte del primer discurso en la ONU del entonces ministro de asuntos exteriores, Mamoru Shigemitsu, que señaló lo siguiente:
“La esencia de la política, economía y vida cultural de Japón es el producto de la fusión de las civilizaciones occidental y oriental durante el último siglo.”
De este modo, Hatoyama señala que Japón puede ser considerado, históricamente, como un puente o un enlace entre la civilización occidental y la oriental.
En realidad, detrás de esta maniquea visión de lo oriental y lo occidental, se esconde una visión de la política regional que propone superar una serie de retos históricos que siguen latentes. Hay quien afirma que en la región de Asia-Pacífico sigue viva una suerte de guerra fría que ocupa, de manera abierta en algunos casos como Corea del Norte, o de manera “sumergida” en las relaciones con la China popular, buena parte del libro blanco de defensa de estos países desde que terminase la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea.
La gira del presidente norteamericano Barack Obama no ha hecho sino abrir el debate, una vez más, sobre la delicada posición de Japón como actor en la región, tanto a nivel geoestratégico como político. Tal como afirmara el ministro Shigemitsu en su discurso frente a las Naciones Unidas, Japón ha sido el peso equilibrador en una zona de política desequilibrada, si bien también una de las naciones más criticadas por su historial de agresiones a las naciones vecinas hasta la ocupación norteamericana. No en vano, anunciar una nueva política de relaciones exteriores bajo el concepto de fraternidad recuerda a muchos países aún recelosos la Daitôa Kyôeiken 大東亜共栄圏, o Gran esfera de coprosperidad del este de Asia, que sirvió finalmente como carta de entrada a la invasión japonesa de numerosos países asiáticos.
Culturalmente, Japón ha seguido las vías de occidente, asimilando y transformando lo que no le ha sido impuesto, desde que se iniciara la restauración Meiji, en el siglo XIX. La saga de los Hatoyama, siempre relacionada con la política del país desde esta misma época, ha estado sin duda influenciada por el pensamiento occidental y la política desde aquellos primeros estadios de la renovación política del país. El propio abuelo del actual primer ministro, Kazuo Hatoyama, se graduó en la universidad norteamericana de Yale; Ichirô Hatoyama, antes mencionado, era cristiano protestante. Es obvio que en el carácter de Yukio Hatoyama, o al menos en su educación familiar, hay un importante componente de relación con occidente, tanto a nivel de valores como a nivel nostálgico.
El palpitante crecimiento económico de la China de Hu Jintao hace sospechar que la balanza de poder en la región puede inclinarse a favor de la República Popular. El hecho de abogar por el Yuai, por la fraternidad, en calidad de enlace o nodo de “acceso” a la región para las potencias occidentales, puede tener varias lecturas. Una de ellas es el reforzamiento de las relaciones con Estados Unidos, que Japón parece desear con renovadas fuerzas tras la entrada de Obama en la Casa Blanca. Otra lectura es la pretensión de Japón de establecerse como figura conciliadora entre EE.UU. y China, cuyos regímenes aún mantienen manifiestas diferencias.
Finalmente, tal vez la lectura más deseada del uso del concepto de Yuai en la futura estrategia exterior de Japón, es la voluntad del país de reconciliarse de manera definitiva con los países de la región solventando los conflictos latentes del pasado. Para ello el gabinete de Hatoyama debe enfrentarse al pasado de Japón de manera descarnada, para reconocer y aceptar todos aquellos puntos oscuros que aún provocan en los países de la región protestas anuales de las cuales, al menos mediáticamente, ya nadie puede hacer oídos sordos. Tal vez la esperanzadora renovación de Japón no sólo esté en una revisión económica, política y social del país, sino también en una concienzuda renovación moral en cuanto a todo lo que queda por pacificar desde que el país pusiera fin a su aventura expansionista.
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En los anteriores meses he posteado tres artículos que resumen de manera peculiar algunos aspectos del llamado “desarrollo japonés” desde los primeros años de las postguerra hasta nuestros días. He pensado que pueden ser artículos de interés para todas aquellas personas que desean estudiar la historia contemporánea de Japón, y especialmente todo lo que se refiere al crecimiento y la crisis de este país, cuya peculiaridad se discute hoy día debido a la crisis global que vivimos. Sin más, quiero recapitular aquí los tres artículos, para todas aquellas personas que decidan leerlos y, cómo no, discutirlos:
El desarrollo japonés ante el mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo
Terminada la década de los sesenta, Japón ya ha superado prácticamente a la Alemania Occidental en producción industrial, ganándose un puesto entre las principales economías del mundo. EEUU y la URRS miran con recelo este “milagro japonés”, y vuelve a despertar el fantasma del “peligro amarillo”.
El desarrollo japonés ante el mundo. (II) El sueño traicionado
Tras la retirada de MacArthur, ya con la economía japonesa bien encarrilada, la legislación del país se vuelve más laxa en cuestiones de monopolio. Es entonces cuando vuelven a tomar importancia antiguos conglomerados como Sony, Matsushita, Mitsubishi, Honda o Mitsui, entre otros.
El desarrollo japonés ante el mundo. (III) El coste humano del desarrollo
[El] creciente índice de envejecimiento de la población (se espera que la población mayor de 65 años alcance el 28% en 2020), fue uno de los factores que trajeron consigo durante la década perdida de los ‘90 una dura recesión de la que aún Japón cree a duras penas salir. Esta misma crisis es considerada, en algunos casos, como una traición al pacto social de postguerra, cuyo resultado no es, ni de lejos, el esperado.
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No todo iba a ser alegría y sonrisas. El anterior post, bastante frívolo, ha sido tomado muy en serio por mucha gente. Ni que decir tiene que objetivo no es en absoluto, si tenemos en cuenta que la objetividad de algo que no sea un experimento científico reproducible cae por los suelos por la fuerza de la experiencia personal. Ahí van, por tanto, las tan esperadas pequeñas cosas que hacen de Japón un país inferior que destesto de Japón.
Papeleras
Al que no le importe tener los bolsillos llenos de basura, puede no molestarle esto. En Japón la falta de papeleras (a no ser que sea en la puerta de un konbini) es irritante en muchos casos. Este debe ser un sentir general de los alérgicos. Si a esto le sumamos que sonarse en público, aunque no del todo mal visto, no es algo que se haga como en España, la situación se vuelve aún más irritante. Las papeleras, bien usadas, son una de esas grandes cosas que aún España conserva y conservará.
Inflexibilidad
Esto es algo muy japonés, si nos referimos a todo lo que tiene que ver con papeleos o procesos. La inflexibilidad japonesa (en el país de los sets) es también otra de esas cosas que llegan a rozar el absurdo. Cuando uno va a ingresar en alguna institución o a solicitar algo, puede tener la sensación de que le están sometiendo al tercer grado. Y lo peor es que en algunos casos, y sobre todo si eres extranjero, así será. En España, aunque no podemos decir maravillas de la burocracia, hay una flexibilidad y una comprensión que, aunque no se note, es mucho mayor. Por otra parte, ahora con el desarrollo de las tecnologías de la información, en España se están viviendo momentos de gran esperanza en cuanto a papeleo se refiere.
Alcantarillado
Antes de la gran revolución urbana, en Japón el alcantarillado circulaba junto a las casas en pequeñas y sucias caceras. Para sorpresa de muchos, en muchas zonas esto sigue siendo así, lo cual llega a ser algo molesto (por el olor) en verano. Si nos quejábamos en España de la basura, en Japón este antiguo alcantarillado se lleva la palma. Aunque no del todo insalubre, pues muchas de estas caceras ahora están en desuso, sí es cierto que al circular en bicicleta, o incluso andando, pueden llegar a ser bastante molestas si no están convenientemente selladas.
Mal entendida femineidad
Muchas chicas japonesas actúan como si fuesen tontas. Es por aquello del ‘Kawaii’ que tanto gusta a los japoneses, y que personalmente tanto asco me da. Por supuesto, desgraciadamente como en casi todos los países, hay un machismo recalcitrante que tiene mucha culpa de esto. Aunque la mujer está integrada en la política (aunque apenas en los equipos de gobierno), la realidad femenina japonesa dista mucho de conseguir el nivel de igualdad del que hoy se puede disfrutar en España. En cualquier caso, siempre nos queda, a todos, mucho camino por recorrer.
Alcohol
En Japón se bebe, y mucho. Aquello de irse con los compañeros de trabajo a beber después de una larga jornada de trabajo sigue existiendo en la convención social. Beber (cerveza, whiskey, etc.) es en algunos casos un requisito (entiéndase la hipérbole). Algo que en España no sufrimos, puesto que vida laboral y vida social es algo que hemos sabido separar y una de las grandes ventajas de las que disfrutamos, y que por supuesto, yo no cambiaría.
Manganime
Aunque afortunadamente la televisión pública japonesa no está copada por estos productos culturales, sí es cierto que la producción de los mismos es excesiva, y en el caso de las Lolicon, profundamente repugnante. No obstante, hay que decir que el manga y el anime son considerados en Japón, salvo por el grueso otaku, como subcultura, y así lo puede uno comprobar al ver las secciones de algunas librerías. También lo confesó Tarô Aso en uno de sus mítines. En cualquier caso, la producción excesiva provoca, como siempre, que haya clichés terribles y para nada educativos en muchos de estos productos.
Improvisación
En Japón no ha lugar. La improvisación, ese proceso tan creativo y enriquecedor en muchos casos, es algo que se evita en Japón. No es que uno no pueda improvisar, pero desde luego que bien visto no está. Esto se traduce en largas horas de trabajo, preparación de presentaciones “gratis” en horario familiar, y otro sinfín de desventajas. Los japoneses suelen decir en algunos de sus libros sobre España, que los españoles no tenemos ni ‘honne’ ni ‘tatemae’. Pues bien, fíjense lo diferente que puede ser el concepto del mundo entre dos culturas, que yo considero que eso es algo más bueno que malo, pues, qué queréis que os diga, libera muchas tensiones.
Y con esto, espero poner algo de equilibro al mal entendido y magnificado post rabioso que titulé ayer “Pequeñas cosas que hacen de Japón un país superior“. Sin ánimos de haber ofendido a nadie, lo mejor, como siempre, es comprobar por uno mismo cuáles son las ventajas y desventajas de algo (cualquier cosa), dependiendo del propio caracter o la manera de entender la vida. Espero que mis amigo japoneses no se enfaden conmigo por esto, pero, tal como están las cosas, así es como yo lo veo por el momento.
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Desde mi regreso a la patria, he podido notar muchas desventajas con respecto a Japón. No sólo en cuanto al transporte o a la educación o limpieza, sino que he observado cuáles son las pequeñas cosas que marcan la diferencia. Si ya en cuestiones de educación y civismo Japón se me antoja un país muy superior más agradable que la malograda España, estas pequeñas cosas convierten cualquier argumento en contra de Japón en una llana pataleta. No obstante, como admirador del cambio que soy, creo que algunas de estas pequeñas grandes cosas podrían ser un día adaptadas a nuestro país. Eso espero, por el bien de todos.
Máquinas expendedoras
En general, el mundo de las máquinas expendedoras japonesas pertenece al futuro si lo comparamos con el ridículo y canalla sector del vending español. En primer lugar las máquinas expendedoras japonesas, al contrario de la gran mayoría de las españolas, aceptan billetes. Esto que parece una estupidez, para mi supone una gran ventaja, ya que así actúan al mismo tiempo de improvisadas máquinas para conseguir ese cambio que tantas veces nos hace falta para utilizar la fotocopiadora u otras máquinas que sólo van a monedas y que por pudor no mencionaré aquí.
Además, el precio de las bebidas en estas máquinas suele ser el mismo vayamos a donde vayamos, con una ligera oscilación, como mucho, de diez yenes, una miseria. Por otra parte, la oferta de bebidas y de tipos de máquinas expendedoras es muchísimo más amplia. Aquí en España es vergonzoso y aburrido tener que enfrentarse a las cinco o seis bebidas de siempre.
Bicicletas
Ya es conocido aquello de que en Japón uno puede circular tranquilamente en bicicleta sin necesidad de carril bici, sin que los viejos y viejas se quejen y luchen por acaparar cada centímetro de acera, y pudiendo dejarla en casi cualquier sitio sin candado sin riesgo a que la roben. Japón es el paraíso del ciclista. En España, en cambio, iniciativas como Sevici en Sevilla acaban yéndose al traste por el carácter mangante y berraco del español, y por la ineficacia de las autoridades competentes. Además, cuídese uno de no dejar la bici en la calle sin vigilancia, ya que por muchos candados que ponga, desaparecerá en un abrir y cerrar de ojos, o será destrozada.
Atención al cliente
En Japón el cliente es dios. Salvo extrañas excepciones, el trato a uno como cliente siempre es excepcional y respetuoso, diligente y eficaz. Si en algún momento uno recibe un mal trato, una queja a la empresa será suficiente para recibir toda una serie de disculpas y tributos. Así es. En España más de una vez, más de dos, y más de tres la persona al otro lado del mostrador parece que te está perdonando la vida en lugar de atenderte. Muchas personas que atienden de cara al público dedican sin pudor tiempo a conversaciones personales mientras esperas, y las reclamaciones de poco o nada sirven, salvo honrosas excepciones. La atención al cliente en Japón es otra de esas cosas que son enormemente superiores a lo que tenemos en España.
Puntualidad y palabra
Si en Japón te dicen que el libro que encargaste estará el lunes, estará con un 99% de seguridad el lunes. En el poco tiempo que llevo en España desde mi vuelta, he sufrido el vapuleo de empresas (que no nombraré) que no han cumplido su palabra, retrasándose y dándome largas hasta durante 15 y 20 días. Aquí, mal que nos pese, es la tónica general. En Japón por norma general la palabra se cumple. Es algo que admiro y que todo españolito de a pie, y especialmente aquellos responsables de empresas, deberían apuntarse.
Desfibriladores
En Japón, en todas las estaciones y edificios públicos hay desfibriladores. Es así, y es posible y muy útil, por muy extraño que parezca. Son mecanismos sencillos de usar, y cualquier persona que haya hecho un curso de primeros auxilios (encargados de las estaciones, policía, voluntarios, conserjes, etc.) saben utilizarlos. Esta iniciativa ha salvado ya miles de vidas en Japón. ¿Alguien piensa que esto sea posible en España? Ví hace años desfibriladores en un centro comercial de Madrid. No sé que habrá sido de ellos. En España los más estúpidos hasta roban el martillo para romper el cristal de la salida de emergencias de los autobuses, o joden las mangueras y roban los extintores.
Prácticas
Algo que en Japón no hay por una razón muy sencilla: porque los empresarios japoneses han aceptado de buen grado que la esclavitud se aboliese. En España todavía estamos hablando de prácticas no remuneradas o mal remuneradas como un favor que se hace a los universitarios y estudiantes de postgrado. Una estafa apoyada por todos los gobiernos en España, y fomentada por unas universidades que no saben qué hacer con tanto licenciado al que se le envía a la calle sin futuro y desamparado. Por cierto que en Japón un sueldo “normalito” ronda los 2.000 euros, y tal como están las cosas ahora mismo, la vida no es mucho más cara que en España. Aquí hay que estudiar una carrera, hablar dos idiomas, tener un máster, haber hecho “prácticas” gratis y ejecutar una voltereta y el pino en el bigote de una gamba para poder acceder a un sueldo de 1.000 euros con un contrato precario.
Reciclaje
La estricta política de basuras de Japón, aunque algo incómoda, supone una grandísima ventaja para la ciudad y para el ciudadano. En España no es raro pasear por la calle y ver un sofá al lado de un contenedor, además de cientos de bolsas de apestosa e insalubre basura calentándose bajo el cielo veraniego. Esta es una escena que se puede admirar y oler en el mismo centro de ciudades como Huelva. En Japón hay, como en todos los países, mucha basura. La diferencia está en que su política de residuos evita situaciones tan insalubres como la descrita anteriormente, y menos aún huelgas de basureros a costa de la salud pública.
Televisión educativa
¿Imagináis un canal público donde aprender inglés, alemán, ruso, checo, árabe, francés, italiano, portugués, chino y coreano? Existe, es la NHK, la televisión pública japonesa. Algo así es imposible en España. De hecho, lo único que ha hecho la televisión española por los idiomas ha sido ‘That’s english’ y había que levantarse a las siete de la mañana para ver un programa rancio y sin gracia. La televisión educativa y pública en Japón es otra de las cosas muy superiores en comparación con lo que tenemos en España, donde lo más educativo que ha dado la televisión ha sido Jordi Hurtado.
Estas son algunas de las cosas por las que un servidor considera a Japón como un país superior a España. Obviamente cualquier persona puede presentar sus argumentos en contra, pero con una excepción: tienen que ser argumentos que combatan lo presentado aquí. No valdría, por ejemplo, decir: “En Japón está la Yakuza” o “En Japón no hay cerveza a un euro”. Así que nada, esta es mi visión de la vida y de las cosas por el momento.
ACTUALIZACIÓN: Visto cómo se ha puesto el panorama por Internet, creo que hay puntos que aclarar. En primer lugar la palabra “superior” se ha utilizado muy a la ligera, con ánimo, como siempre, de herir el orgullo patrio de muchos que, como siempre, más que aceptar los problemas reales que tenemos y a los que no les ponemos solución, se ceban en problemas tópicos (y en algún caso ciertamente exagerados) que otras culturas, no sólo la japonesa, tienen. Ni hablar de la tonadilla eterna del “como en España no se vive en ningún lado”, y de lo bien que se trabaja aquí, donde, curiosamente, aún no he conocido a nadie que esté contento con su trabajo. Desde luego en materia de sueldos sí que nos podemos quejar.
Karôshi, xenofobia, suicidios. Como ya adiviné en un comentario ese trio de la muerte ha venido a formar el argumento principal en contra. Os doy toda la razón con un sólo matiz. En el post hablo de cosas que no tenemos en España y que podríamos adoptar, igual que ellos han tratado de adotar durante su historia reciente lo bueno que le ha podido dar occidente, que es mucho. Sobre el machismo ya ni me meto, porque con mujeres muertas en España a manos de sus maridos cada día en las noticias, es mejor no hacer comparaciones de un país con otro.
And last but not least. Sí, por supuesto, vivir y trabajar allí, y estar como becario investigador es muy distinto. Aún así, de modo personal, encuentro muchas más satisfacciones trabajando allí al nivel de mi cualificación y bien pagado, que trabajando aquí en un puesto donde no puedo aprender nada y en el que me podré dar con canto en los dientes si me pagan a tiempo y dignamente. Pero bueno, no me entendáis mal, también valoro los horarios españoles frente a los infernales horarios japoneses. ¡Pero es que el post no va sobre eso! ¡Sino sobre pequeñas, casi insignificantes, cosas!
Dejó ahí el tema para retomarlo en una entrada que será “Pequeñas cosas que hacen de Japón un país inferior”Pequeñas cosas que detesto de Japón. Gracias por aumentar el número de visitas por una noche, y a disfrutar de la vida, con o sin compañía.
Mientras termino el próximo post sobre el desarrollo japonés (¡mañana estará listo!) os dejo un aperitivo de uno de los programas infantiles de Japón que más me han llamado la atención por su calidad artística. Se trata, como ya expliqué en un post anterior, de Shakin!
La siguiente canción, bastante pegadiza, habla a los niños sobre algunos de los secretos de la naturaleza, a través de un paisaje que se va transformando, dibujado con un aire bastante naïf que ayuda a despertar su imaginación. Me resulta especialmente agradable tanto por su duración como por la voz de la cantante. Se titula “¿Lo sabías?” 知るや君? (shiruya kimi?).
La segunda canción que quiero mostraros me ha sorprendido por su contenido. Se trata de la “canción del tiempo” o “canción reloj” うた時計 (Utadokei). Lo que muestra esta curiosa canción es la historia de la tierra desde el mismo momento del big bang, hasta un sorprendente y divertido final. Es uno de esos contenidos educativos que levantarían ampollas entre ciertos sectores conservadores recalcitrantes en los EE.UU. o incluso en España. Allí, en cambio, se muestra con la mayor naturalidad.
Esa es mi aportación de hoy. Espero que podáis disfrutarla. Opino que estas canciones tienen mucha más calidad que, por ejemplo, aquella del “superchufitroco” (que buenos, que buenos, los hace Damián) que perturbó nuestros subconscientes de pequeños.
En 2007 volví de Japón con más de 4.000 fotografías en el disco duro. En el período de nueve meses de 2008-2009, tomé aproximadamente el mismo número de instantáneas. Sin embargo, después de haber ocupado el primer viaje en registrar minuciosamente cada uno de los lugares, o cada una de las escenas que consideraba de utilidad, me sorprendía a mi mismo durante la segunda estancia obviando algunos paisajes y algunos edificios que ya se me antojaban familiares. Esto es, me imagino, uno de los síntomas que siente cualquier ser humano asimilado por una cultura ajena.
Por ello, empecé a experimentar con mi malograda cámara, ya lista para su jubilación. Así que, a pesar de tener sólo una cámara digital compacta, para nada profesional, decidí lanzarme al extraño mundo de la interpretación estética. Más que nada, porque me gusta tomar imágenes que hagan pensar, o que desconcierten. Sólo por diversión. De esta manera creé el álbum ‘Exit, Light & Circumstances‘ (sigue el enlace para ver el álbum completo), donde voy añadiendo algunas imágenes con las que me encontraba, y que podía registrar con mi cámara.
Poco a poco fui siguiendo un método. Por ejemplo, siempre me ha gustado jugar con los reflejos de los cristales. También me gusta fotografiar edificios reflejados en otros edificios, así como la luz que éstos se arrojan entre sí. Algunos ejemplos podéis verlos en mi álbum de ‘Arquitecturas‘. Y por supuesto, una regla fundamental: nada de Photoshop. Nada de retoque. Si acaso, aprovechar únicamente el modo blanco y negro de mi cámara, o tomar la instantánea con más o menos ganancia.
El shock cultural de Tokyo a Huelva ha sido bastante duro. Peor de lo que esperaba. Aún tengo la sensación de estar en España sólo de paso. Sé que de una manera u otra volveré a Japón. Sólo espero no tardar demasiado. Por si acaso, no paso un solo día sin pensar en Tokyo, ni sin mirar mis fotos. Mi próximo plan ya no es sólo conseguir una beca, sino ir allí para quedarme. Es más fácil para mi echar raíces donde aprieta el Monzón.
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Os dejo aquí, como prometí, el vídeo del Robot-arma-destructora-del-espacio Mobile Suit Gundam. La calidad del vídeo y del sonido es horrible. La cámara que he usado es la Pentax A30 de fotos que compré en 2007. Tiene ya su trote, por lo que espero que me disculpéis. Perdonad los comentarios innecesarios.
Y retomando el blog después de un largo paréntesis. Apenas me quedan tres semanas en Japón. Ahí atrás se quedan ocho meses y medio en el Kokusai Kôryûkikin Kansai Kokusai Sentâ, donde además de aprender japonés y avanzar en mi investigación, he hecho buenos amigos, y me lo he pasado en grande. Sin embargo, de todo este tiempo, hay algo que no me puedo perdonar: el no haber encontrado trabajo aún. Ese es mi objetivo a corto, medio y largo plazo, ganarme la vida en Japón.
Últimamente lo que más me preocupa, entre todas las cosas que me preocupan mucho pero que no me quitan el sueño, es la nueva gripe “porcina”. En japonés Shingatainfuruenza. Japón es uno de los países en los que más se ha extendido esta gripe, especialmente por la zona en la que me encuentro, Kansai, y particularmente en Ôsaka y Kôbe. No es de extrañar el estricto control al que nos tienen sometidos antes de nuestra partida: informe médico a entregar cada mañana; desinfectante para las manos en todas las plantas, en los baños, la recepción, la cocina y la sala de Karaoke; uso de mascarilla recomendado si vamos en tren o viajamos a algún otro lugar, etc. Y no, señores, no es una exageración.
Por lo pronto puedo decir que estoy bien de salud, y que incluso he engordado. Ahora bien, el próximo viernes tengo un vuelo desde el aeropuerto internacional de Kansai hacia el de Haneda en Tokyo. Me imagino que los aeropuertos serán otra historia, así que para no quedarme en tierra, voy a cuidarme “muy mucho” antes del último trayecto.
Mis últimas dos semanas en Japón las pasaré en Tokyo. Como hice en diciembre, me alojaré en una habitación de tres tatamis en una guest house de una de las zonas más deprimidas de la capital, Minami Senju. Cada día me daré una vuelta por alguna que otra academia de español, y algún que otro periódico, a ver si hay suerte. De todas formas, debo volver a España al menos una vez. Aunque, si puedo, quiero volver con un contrato en origen o una carta de elegibilidad bajo el brazo (esa que te permite volver con un visado de trabajo y una sonrisa como una tajá de sandía).
Cuando lo consiga, os subiré un vídeo de la presentación en japonés que el pasado día 16 hice sobre mi investigación: Los orígenes de la megalópolis de Tôkaidô y el panorama de la red de metrópolis en Japón. Es la prueba definitiva de que mi nivel de japonés ha avanzado bastante desde que llegué en septiembre de 2008. Ahora a seguir, traduciendo cosas por mi cuenta.
Si lo pienso, realmente no me apetece volver a España. Lo cual no quiere decir que no deba volver.
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Pues sí, ya está aquí el sakura. Bueno, algunas especies de Sakura que ya han comenzado a florecer.
En estos días estoy preparando el Outline del informe final, una especie de resumen que explica las claves en las que se desarrollará el artículo que entregaré al final de este periodo de investigación de ocho meses en Ôsaka. Como ya he comentado antes, después de esto no sé qué es lo que voy a hacer. Estoy tanteando varias posiblidades: buscar un trabajo, pedir otra beca, volver a España y pelearme por un empleo o morirme de asco. Y así un largo etcétera. El tiempo que estoy ocupado aumenta de manera exponencial. Os dejo un vídeo de una canción preciosa que ha tenido éxito este año en Japón. Muy apropiada para los tiempos que corren, y para este momento primaveral.
Naotaro Moriyama – Ikiteru Koto-ga Tsurai Nara.
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Entre libro y libro, diccionario electrónico en mano e informe por completar, he llegado a la recta final de mi estancia en el centro de la Japan Foundation, muy a mi pesar. Y me doy cuenta de que he estado tan soberanamente ocupado, que el tiempo ha pasado volando. Así que ahora comienza la época en la que debo preparar cajas de libros y de ropa para enviarlas a España por barco cuanto antes. Con todo, no quiero volver, así que estoy buscando algún trabajo por aquí.
Mientras todo esto sucede, se acerca uno de los hitos más importantes de Japón: la floración del cerezo. Así que os dejo una foto con un cerezo por florecer. Lo próximo que veréis será el cerezo florecido.











