Vida en Marte 火星の生活 


RECAPITULANDO: El desarrollo Japonés ante el mundo I, II y III.
Noviembre 2, 2009, 1:32 PM
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En los anteriores meses he posteado tres artículos que resumen de manera peculiar algunos aspectos del llamado “desarrollo japonés” desde los primeros años de las postguerra hasta nuestros días. He pensado que pueden ser artículos de interés para todas aquellas personas que desean estudiar la historia contemporánea de Japón, y especialmente todo lo que se refiere al crecimiento y la crisis de este país, cuya peculiaridad se discute hoy día debido a la crisis global que vivimos. Sin más, quiero recapitular aquí los tres artículos, para todas aquellas personas que decidan leerlos y, cómo no, discutirlos:

El desarrollo japonés ante el mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo

Terminada la década de los sesenta, Japón ya ha superado prácticamente a la Alemania Occidental en producción industrial, ganándose un puesto entre las principales economías del mundo. EEUU y la URRS miran con recelo este “milagro japonés”, y vuelve a despertar el fantasma del “peligro amarillo”.

El desarrollo japonés ante el mundo. (II) El sueño traicionado

Tras la retirada de MacArthur, ya con la economía japonesa bien encarrilada, la legislación del país se vuelve más laxa en cuestiones de monopolio. Es entonces cuando vuelven a tomar importancia antiguos conglomerados como Sony, Matsushita, Mitsubishi, Honda o Mitsui, entre otros.

El desarrollo japonés ante el mundo. (III) El coste humano del desarrollo

[El] creciente índice de envejecimiento de la población (se espera que la población mayor de 65 años alcance el 28% en 2020), fue uno de los factores que trajeron consigo durante la década perdida de los ‘90 una dura recesión de la que aún Japón cree a duras penas salir. Esta misma crisis es considerada, en algunos casos, como una traición al pacto social de postguerra, cuyo resultado no es, ni de lejos, el esperado.



El desarrollo japonés ante el mundo. (III) El coste humano del desarrollo
Noviembre 2, 2009, 12:43 PM
Archivado en: Actualidad, Cultura, Economía, Personajes, Política, Tokyo, historia

En los anteriores capítulos habíamos visto de manera muy resumida cómo Japón entró primero en una fase de desarrollo que se conoció como “el milagro japonés”, y en la que el trabajo, la ciudad y por consiguiente la sociedad sufrió un proceso de cambio importante. Posteriormente los fundamentos de ese mismo desarrollo serían el caldo de cultivo para la corrupción y para el surgimiento de la burbuja inmobiliaria y financiera que trajo la crisis de la década perdida, cuyo coste humano vamos a analizar en este último artículo.

El primer factor que afecta al nuevo periodo económico-social de Japón en los ‘90 y hasta nuestros días es el envejecimiento de su población. Se denominan sociedades envejecidas aquellas cuyo porcentaje de población mayor de 65 años supera el 14% del total. La peculiaridad japonesa es que el país pasó de ser una sociedad en crecimiento a una sociedad envejecida en unos 24 años, una transición que normalmente suele suceder en un periodo de 40 años. A este hecho se le suma que la esperanza de vida en Japón pasó de ser 50 años para los hombres y 54 para las mujeres en 1947, a 69 para los hombres y 74 para las mujeres en 1970. Ya en 2001, la esperanza de vida se estimó en 78 años para los hombres, y 84 para las mujeres. Un incremento de más de 30 años, propiciado, obviamente por el rápido desarrollo económico de la nación. En 1998, Japón ya se había convertido en la población más envejecida del mundo.

¿Pero qué es lo que hace que la sociedad de Japón envejezca en un periodo de tan sólo 24 años? La respuesta a esto la encontramos en que el Baby Boom más importante que ocurre en el país tiene también una duración especial. El Baby Boom japonés más importante sucede desde el final de la guerra, pero termina en apenas cuatro años, al contrario que en otras naciones en las que este fenómeno continúa durante al menos 10 años. Una de las razones de esa “frenada en seco” fue la Yûseihogohô 優生保護法, o acta de protección eugénica, aprobada en 1948 y revisada en 1949, que básicamente aprobaba los abortos a petición, y cuya aplicación se tradujo en un descenso del 40% en el índice de nacimientos.

Este creciente índice de envejecimiento de la población (se espera que la población mayor de 65 años alcance el 28% en 2020), fue uno de los factores que trajeron consigo durante la década perdida de los ‘90 una dura recesión de la que aún Japón cree a duras penas salir. Esta misma crisis es considerada, en algunos casos, como una traición al pacto social de postguerra, cuyo resultado no es, ni de lejos, el esperado. Una de las primeras consecuencias que debemos ver en este punto es el comienzo del fin de la hegemonía del Partido Liberal Democrático (PLD, Jimintô), en el gobierno desde su fundación en 1955. Aunque gobernará hasta 2009, el partido comienza a sufrir serias escisiones. La primera gran crisis gubernamental sucede  los años 1993 y 1994, en los que es expulsado del gobierno durante 11 meses. Cuatro años después las tensiones cristalizarán en el nacimiento del principal competidor del PLD con la unión de cuatro partidos distintos en el Partido Democrático de Japón (PDJ, Minshutô), que finalmente, favorecido por los escándalos del PLD durante los últimos años y la crisis económica global, se alza en el poder con Yukio Hatoyama a la cabeza en 2009.

En cualquier caso, los últimos 20 años en Japón son el reflejo de una catarsis cultural. Las nuevas generaciones y los que comienzan su vida laboral en los ‘90 empiezan, tímidamente al principio, y marcadamente en la actualidad, a cambiar el modelo de vida estándar. En la segunda mitad de los ‘90 los japoneses ya reconocen abiertamente haber perdido la confianza en su modelo económico. Encontramos a partir de entonces un auge en el modelo de vida individualista, y una separación de la idea de grupo, o incluso de la empresa como familia.

Antes de la gran recesión, la empresa japonesa forma parte casi inseparable de la familia, ya que se reconoce en muchos casos como soporte y sustento. En los ‘90 la traición a la empresa comienza a hacerse patente, y los jóvenes, ante la lentitud del proceso que les permite escalar puestos en una misma empresa, comienzan a imitar el modelo norteamericano al cambiar de trabajo con el objetivo de “vender” sus aptitudes y así escalar puestos con mayor rapidez. Es el principio del fin de los sistemas de lealtad a la empresa.

Otro fenómeno de mayor actualidad, y de gran interés, es el de los Furitâ y Niito. El nombre del primer grupo proviene de la palabra free-arbeiter, y se trata de un estilo de vida alejado de la lealtad a la empresa, o de la dependencia de la misma. Es algo parecido a un trabajador autónomo, normalmente cualificado, que realiza labores por su cuenta sin contar con horarios o calendarios fijos, ni depender de la jerarquía de una gran empresa. Este primer grupo pertenece a esa generación de entre 25 y 35 años que se aleja del modelo del pacto social, y se vuelca en un estilo de vida más individualista, en el que el disfrute del tiempo libre tiene mayor valor que la seguridad económica. Se ha calculado que el número de furitâ alcanza en la actualidad los cuatro millones dentro de Japón.

Los niito, del inglés Neet (abreviatura de “Not in Employment, Education or Training”), son un grupo más joven, y bien distinto al anterior. Para este grupo de jóvenes el esfuerzo laboral tiene un marcado sentido negativo, y se muestran contrarios a cualquier tipo de sacrificio.

Un fenómeno ligado a la obtención rápida de dinero, y que afecta tanto a hombres como a mujeres jóvenes o incluso menores de edad, es el Enjo Kôsai 援助交際, en el que la compañía o prostitución voluntaria y sin intermediarios de jóvenes con adultos a cambio de dinero se convierte en un modo de subsistencia del que posteriormente resulta difícil salir, y que trae consigo acusados problemas psico-sociales. Este fenómeno es tratado abiertamente en la actualidad en series y cómics, o incluso en el fenómeno de las novelas para móviles, con el ejemplo imprescindible de la obra Deep Love.

Finalmente cabe mencionar brevemente a los adultos conocidos como Makeinu (perro perdedor), en el caso de las mujeres; y Parasite Single en el caso de los hombres. Obviamente con un marcado carácter peyorativo en las mujeres, este grupo está formado por adultos que tienen éxito en su vida laboral, pero que para ello han sacrificado parte de su vida social, terminando por superar solteros la barrera de los 26 años comprendidad en Japón como la edad ideal para contraer matrimonio. En el caso de los Parasite Single, también existe el problema de la emancipación, puesto que muchos de los integrantes de este grupo se niegan o no pueden abandonar la casa de sus padres.

En cualquier caso, el hecho de encontrar grupos aparentemente bien definidos y clasificados de nuevos adultos con distintos modos de entender su modo de vida es en parte ficticio. Esta clasificación deriva, en gran medida, de la necesidad cultural de Japón por ordenar para comprender. Es evidente que la realidad japonesa, como hemos visto desde el primer artículo, es cambiante y difusa, y no sólo eso, sino que se transforma a gran velocidad desde que terminase la Segunda Guerra Mundial.

El nuevo siglo político, económico y social para Japón, inaugurado con el ascenso al poder del PDJ, traerá sin duda un cambio en el sistema de valores que afectan a Japón, y el surgimiento de nuevos sistemas productivos, un nuevo panorama del mundo laboral, y una sociedad visiblemente renovada (no sabemos si para bien, o para mal). Al fin y al cabo, Japón, lejos de ser un fenómeno aislado y único, pertenece a la red global de naciones, y es emisor y receptor de nuevas tendencias que están transformando el mundo, en la actualidad, a pasos agigantados.



El museo del ferrocarril en Ômiya, Tokyo
Septiembre 20, 2009, 10:38 PM
Archivado en: Cultura, De Viaje, Fotografía, Personajes, Tecnología, curiosidades, historia

En Ômiya, Tôkyô, se encuentra el museo del ferrocarril, Tetsudô Hakubutsukan 鉄道博物館, que para los amantes de los trenes es un auténtico santuario (faltaría más). Hay muchos otakus de los trenes en Japón, y la razón es obvia: es el medio de transporte por excelencia del país. Los trenes atraviesan todo el archipiélago, vertebran las ciudades y conectan todos y cada uno de los puntos de Japón. Además, no es sólo por su utilidad por lo que son admirados. El tren, a día de hoy y en un país como Japón, sigue siendo uno de los símbolos más notables de lo que se ha llamado progreso.

Aunque no pretendo extenderme mucho, sí quiero ofreceros algunas fotos del álbum sobre este museo. Dentro del recinto uno puede disfrutar de los trenes más antiguos hasta explicaciones sobre los últimos modelos que saldrán para la alta velocidad japonesa. Es un lugar para la nostalgia. Se permite a los visitantes subir a vagones de los años 20, 30, 40, 50… Todos con su peculiar encanto y bien conservados. Además, para los fanáticos del tren, hasta la entrada al museo es especial. Uno no se baja en Ômiya y llega directamente. Desde la estación, debemos tomar un tren especial que nos dejará en la puerta del museo. El pavimento de la entrada también está decorado con los distintos paneles de información que hubo en diferentes épocas.

http://www.flickr.com/photos/vidaenmarte/3937175522/sizes/l/in/set-72157622416024184/

Dentro del museo comenzaremos viendo algunos de los ferrocarriles que por primera vez circularon por Japón. Cuenta Pat Barr en The Deer Cry Pavilion que la primera vez que en Japón se hizo el trazado de la línea de tren, probablemente con tal de preservar de alguna manera antiguos caminos y sendas, aquel estaba lleno de subidas, bajadas y curvas, de tal manera que incluso en algunos tramos la vía se había hundido. Este despropósito tuvo que ir a repararlo E.G. Holtham, un exquisito englishman con gran habilidad para construir líneas de ferrocarril. Él mismo escribiría en su libro Things Japanese cómo el archipiélago nipón no era precisamente el lugar idóneo para que se desarrollase el tren, por ser montañoso y estar llena su geografía de pronunciados accidentes.

Uno de los primeros billetes de tren entre Yokohama y Kawasaki. Traducido a Inglés, Francés y Alemán en el reverso.

Uno de los primeros billetes de tren entre Yokohama y Kawasaki. Traducido a Inglés, Francés y Alemán en el reverso.

Sin embargo el proyecto para crear una moderna red de ferrocarril en Japón se convertiría en una de las prioridades del país, impulsada con especial fervor por Masaru Inoue, figura pública de la era Meiji que hoy es recordado como “el padre del ferrocarril en Japón”. Desde los primeros trenes manufacturados en la industrial Inglaterra, Japón pasaría, a lo largo del siglo XX, a construir sus propias máquinas, al tiempo que surgían numerosas compañías privadas de ferrocarril.

Hibari, Hayabusa, Akebono, Kodama… Todos estos trenes, repartidos en distintos puntos de la geografía de Japón, serían tanto máquinas como personajes entrañables que hoy muchos ancianos recuerdan con nostalgia. Estos trenes, con sus colores característicos, sus sonidos y su cadencia, son hoy una parte importante del patrimonio cultural del país.


Arthur Koestler contaba en El loto y el robot que aún en los años 50, algunos ancianos japoneses seguían viendo al tren como un invento nuevo. No es de extrañar que, como en muchas otras cosas, los japoneses considerasen aquellas máquinas como algo extranjero, que no había surgido en su propia cultura. Aunque, como casi todo en este país, sin duda pronto supieron imprimir su carácter en este invento, y convirtieron el ferrocarril en un elemento propio de la cultura japonesa, un producto transformado y adaptado a los esquemas de su imaginación.



Aho Aho Man (Downtown)
Septiembre 6, 2009, 12:48 PM
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Suelo hablar poco de los Owarai (programas de humor) japoneses. Hoy quiero hablaros de Downtown, un manzai liderado por Matsumoto Hitoshi y Hamada Masatoshi, dos humoristas de gran prestigio en Japón. Concretamente, quiero ofreceros algo de información sobre uno de sus personajes más llamativos, Aho Aho Man アホアホマン.

Aho Aho Man es el “hombre tonto tonto” o “tonto tonto man”. Los sketches de este personaje suelen seguir una línea muy simple (como cualquier sketch en un espacio de humor): dos extraterrestres planean sus maldades contra la tierra, pero un chico (interpretado por Hamada) les sigue la pista. Cada vez que éste está en apuros, llama a Aho Aho Man, y entonces comienzan los despropósitos.

Como podéis imaginar por el nombre, Aho Aho Man no sabe más que ser idiota, y la gracia está en las idioteces que hace. Mención especial merece su traje, que describiremos enlazando la siguiente caricatura que aparece en la galería Nigao de Sugaikotsu Danchô (http://gutsweb.kt.fc2.com/chi01nigao.html).

Sugaikotsu Danchô

Autor: Sugaikotsu Danchô

Aho Aho man lleva una armadura musculosa con un trozo de pastel como emblema. Slips no demasiado presentables, calcetines altos de escolar, y una especie de mocasines. El estilo de su pelo, modo casco, resalta su estupidez. Una gran interpretación de Matsumoto Hitoshi.

De esta guisa, provoca las situaciones más estúpidas posibles. Podemos ver algunos vídeos que hay en Youtube, aunque advierto que algunas imágenes pueden herir sensibilidades.

Lo más característico, sin duda, después de su aspecto, es el baile de entrada. Encontramos una recopilación de estos bailes en Youtube.

Y ya, para terminar, observamos con vergüenza ajena la aparición del hermano de Aho Aho Man: Aho Aho Brother. Sí, y digo con vergüenza ajena porque el caballero de la armadura rosa con un helado como escudo no es otro que ¡el gran compositor Ryuichi Sakamoto!

De ahí que interprete el tema de Merry Xmas Mr. Lawrence.

Esperando que os hayan entretenido los videos, me despido hasta que tenga cosas mejores que escribir.



El desarrollo japonés frente al mundo. (II) El sueño traicionado.
Agosto 23, 2009, 11:35 PM
Archivado en: Economía, Personajes, Política, Tokyo, Tôkaidô, historia

En el anterior post hablamos de algunos de los factores que lanzaron la economía japonesa desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Presentamos, por así decirlo, algunos de los pilares fundamentales del estado desarrollista nipón. En este artículo dejamos las antiguas previsiones de Hakan Hedberg para centrarnos en lo que de verdad ocurrió durante los años de expansión económica, hasta la explosión de la burbuja financiera e inmobiliaria, intentando resumirlo y simplificarlo en la medida de lo posible.

Durante el periodo de ocupación, el gobierno norteamericano promulgó toda una serie de medidas para evitar los monopolios de los antiguos zaibatsu 財閥, posteriormente denominados keiretsu 系列. No obstante, no hay que confundir a los zaibatsu con los keiretsu, puesto que poseen importantes diferencias. El keiretsu se sostiene sobre una estructura más horizontal, y una jerarquía de menor “profundidad”, es decir, una cadena de mando más reducida. Por otra parte, como conglomerado aúna a muchas otras empresas en su cadena (o espectro) de producción, pero no por ello todas tienen que pertenecer a la misma firma.

Estos keiretsu tendrán su particular expansión tras la ocupación. Tras la retirada de MacArthur, ya con la economía japonesa bien encarrilada, la legislación del país se vuelve más laxa en cuestiones de monopolio. Es entonces cuando vuelven a tomar importancia antiguos conglomerados como Sony, Matsushita, Mitsubishi, Honda o Mitsui, entre otros. Alrededor de estos gigantes surgen también toda una serie de pequeñas empresas satélite que absorven buena parte de los costes de producción como subcontratas, hecho que ayuda a las grandes firmas a mantener el tipo mientras que los pequeños empresarios se van a la quiebra.

Comienza una época en la que el estado tiene un control más férreo de la economía. El crecimiento económico se acelera gracias a los beneficios obtenidos por la Guerra de Corea, en la que Japón participa tímidamente tras la insistencia de los EE.UU.; y con el aumento del comercio exterior.

El capital acumulado comienza a invertirse, especialmente, en obras públicas, bajo el mandato del primer ministro Hayato Ikeda, entre 1960 y 1964. Ikeda es recordado precisamente por ser el político que favoreció el crecimiento económico a través de la reconciliación y la paciencia, buscando el consenso social, o bien tratando de mediar entre la patronal y la mano de obra. Bajo el gobierno de Ikeda, Japón logra superar incluso las expectativas gubernamentales de crecimiento económico. Son los primeros años del “milagro”, y también los del desarrollo urbanístico y las grandes esperanzas y proyectos para la ciudad y la megalópolis de Japón. La exposición de Osaka de 1970 sirve como plataforma para transmitir la modernidad y el poder tecnológico de Japón al mundo. Es el año también en el que el arquitecto Kenzo Tange diseña los planes para convertir el corredor del Tôkaidô en una enorme y futurista megalópolis hasta el año 2000.

La crisis del petróleo de 1973 saca de las ensoñaciones a muchos entusiastas del desarrollo. El ritmo de crecimiento  del que Japón disfrutaba hasta entonces se estanca, lo que pone en alerta a la industria. No obstante, como toda crisis significa también cambio, en 1974 la industria sufre una transformación, y la alta tecnología y la electrónica comienzan a tener más importancia, en detrimento de la industria pesada, cuyo consumo de combustible era mayor. Es la época también en la que el poder electrónico de Japón obliga a las hasta entonces dominantes empresas de Silicon Valley a cambiar su política productiva.

Japón supera la crisis en poco tiempo y vuelve a encarrilar su desarrollo. Sin embargo, comienzan a sucederse los casos de corrupción. El sueño, poco a poco, comenzará a derrumbarse.

El primer ministro Kakuei Tanaka, uno de los más populares en la historia contemporánea de Japón, puede servirnos para ofrecer el ejemplo más significativo en relación a esto último. Tanaka es un político de grandes ambiciones, que realmente desea transformar Japón en la primera economía del mundo. En su libro editado en inglés y en japonés Construyendo un nuevo Japón, diseña para el país una suerte de hoja de ruta con la que se propone transformar desde las relaciones laborales e internacionales del país, hasta las comunicaciones y las ciudades del archipiélago.

Tanaka establece buenas relaciones con la China popular, y con el gobierno de Richard Nixon. Sin embargo,  comenzará a verse envuelto en diversos escándalos desde que la revista Bungei Shunju publica un reportaje que pone en duda sus prácticas empresariales. Con el escándalo Lockheed, se acusa a Tanaka de haber aceptado sobornos millonarios a cambio de favorecer la compra de los aviones L-1011 para las líneas aéreas paraestatales de Japón All Nippon Airways (ANA), en lugar de los modelos McDonnell Douglas DC-10. El escándalo salpica a muchos otros políticos del PLD, y acelera la caída de Tanaka del poder. Aunque continúa en la Dieta, Tanaka es condenado en 1983 a cuatro años de cárcel. Hasta 1983, el escándalo Lockheed remueve la política japonesa, y saca a la luz los agujeros negros del desarrollo.

Durante los años 80 sucede toda una renovación de la economía japonesa, que se resume en la deslocalización para reducir costes de producción, la apuesta por nuevas tecnologías menos dependientes del petróleo, y una revalorización de los activos financieros e inmobiliarios que conducirán a la economía de burbuja. Comienzan los años locos del crecimiento urbano y de los nuevos millonarios. Es también la época de los precios desorbitados de la tierra, que conduce a un pequeño estado de desconcierto y crisis en 1985.

No obstante, desde ese mismo año y hasta el estallido de la burbuja en 1990, Japón experimentará un crecimiento milagroso que recuerda al sueño de los años del primer ministro Ikeda. Sin embargo, la catástrofe comenzaba a vislumbrarse en determinados círculos. El precio del desarrollo, del sueño japonés, se conocería tarde o temprano. Una mañana del año 1990, los rotativos japoneses admitían la debacle. Era el comienzo de lo que se conoce como “la década perdida”, cuyo ambiente es un largo periodo de recesión. El pacto social para el desarrollo del país se reveló entonces, para muchos japoneses, como una gran tomadura de pelo.

Analizaremos en el próximo artículo el coste humano del desarrollo y el espíritu de la década perdida, con algunas notas de actualidad.



El desarrollo japonés frente al mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo.
Agosto 19, 2009, 9:44 PM
Archivado en: Economía, Literatura, Osaka, Personajes, Política, historia

En los albores de la industrialización del Japón, el viajero francés y cronista André Bellesort admiraba al “peligro amarillo” que suponía este ambicioso país como “un peligro muy amable”. Hablamos de finales del siglo XIX, y de la primera mitad del siglo XX, cuando el país nipón, siguiendo los dictámenes de un Occidente en ebullición, se industrializaba y comenzaba su andadura económica con la aspiración de convertirse en una gran potencia como Inglaterra, en un primero momento, y Alemania hasta la década de los cuarenta del siglo XX. Los éxitos de la producción industrial japonesa, especialmente textil, lograron que una ciudad como Ôsaka se convirtiese en la “Manchester de Oriente”. Fueron las aspiraciones militares, hondamente motivadas por el pulso económico y las restricciones a las que el mercado occidental sometía al imperio, además de por las ambiciones expansionistas, las que llevaron al desastre al país.

Otros países habían tardado en recuperarse de la guerra. Japón, casi en ruinas, supo ponerse manos a la obra con la ayuda del gobierno de ocupación del general Douglas McArthur para celebrar en pocos años lo que se conocería como el “milagro japonés”. No en vano, ya en la década de los cincuenta la locomotora del desarrollo en Japón parecía ir a toda marcha. Los políticos japoneses, con la ayuda del gobierno norteamericano, había diseñado un plan de desarrollo cuya visión de futuro colocaba a Japón en el número uno de las economías mundiales.

Terminada la década de los sesenta, Japón ya ha superado prácticamente a la Alemania Occidental en producción industrial, ganándose un puesto entre las principales economías del mundo. EEUU y la URRS miran con recelo este “milagro japonés”, y vuelve a despertar el fantasma del “peligro amarillo”.

En este contexto, el economista Hakan Hedberg escribe en 1970 un libro titulado El reto japonés, donde, a pesar de no esconder su pasión por el país oriental, destaca una serie de claves en las que, opina, se desarrollará la economía japonesa hasta 1990, llegando a acertar, en ocasiones, el futuro que la economía del país mostraría posteriormente. No obstante, Hedberg se mueve entre el análisis agorero y la actitud aleccionadora. Su libro, que hoy casi podríamos denominar una curiosidad histórica, contiene un capítulo donde desglosa “los 25 factores del desarrollo del Japón”, de los que destacaremos sólo algunos, los más importantes para este artículo.

Hedberg es, en 1970, posiblemente el único economista de Suecia con la autoridad suficiente para realizar un estudio sobre los patrones de la economía japonesa. Así lo advierte al comienzo de su obra, apuntando la importancia capital que un estudio sobre este país puede tener para el futuro de Europa.

[El reto japonés] es una combinación de amenaza y promesa. El desarrollo económico es el mayor problema de nuestro tiempo, y en el modo como Japón hace frente a una serie de problemas hay que hallar lecciones no sólo para los países subdesarrollados, sino también para los países altamente desarrollados[...]

De entre los factores que destaca Hedberg, el numero uno es sin duda uno de los más importantes, y de los que más han marcado a la economía japonesa desde sus inicios: la cooperación entre el estado y el sector privado. Sobre este punto, Hedberg aseguraba que:

[...] en la intensa cooperación japonesa entre el estado y el sector privado hay que encontrar algunos métodos prácticos de cooperación que deberían poderse copiar en los países europeos.

Esta ha sido una de las claves del desarrollo japonés, que no obstante se ha visto empañada por la corrupción política y los tratos de favor, con la adjudicación de ayudas al desarrollo en regiones donde gobernaba el PLD. De hecho, es famoso asimismo el sistema de amakudari (“Caído del cielo”) por el que los exburócratas de alto rango pasaban a ocupar puestos de responsabilidad en empresas privadas, generando de este modo un sistema relativamente oligárquico, y lo que ha resultado ser más dañino, una fuerte interdependencia del estado y el sector privado. Con esta práctica también se mantenía un fuerte monopolio de ciertas empresas sobre las ayudas estatales al desarrollo.

En el libro se destacan también como factores a “una burocracia competente“, y al proteccionismo, que en realidad, junto con el sistema de intervención estado-sector privado, fue promovido por el gobierno norteamericano con el propósito de usarlo como fuerza para levantar la economía del país, pero no como sistema para impulsarlo hacia el éxito.  Estas ideas fueron acogidas por los estadistas japoneses junto a otro factor que destaca Hedberg, el nacionalismo, por el que el país se volcaba en crear una industria propia sólida, por la que sacrificarse. Este afán por resurgir como potencia creadora es descrito por el economista sueco como “un perpetuo pentatlon industrial”.

Pero sin duda, son los trabajadores asalariados los que hacen resurgir a Japón. Hedberg observa sabiamente dos características en el papel que éstos tienen en el desarrollo. Por un lado, “el índice de sudor”:

Si el índice internacional es cien, entonces la intensidad física de los obreros americanos es setenta, y la de sus colegas japoneses ciento treinta – escribe.

Luego está “la productividad”, de la que señala que:

El aumento de la producción es casi siempre mayor que el aumento de los salarios, e incluso en el caso de que las inversiones de capital contribuyan a ello en alto grado, el trabajo no se opone al proceso de la automatización.

Respecto a éste último punto, añade otro factor que llama “la destrucción creadora“, por el que explica que los medios de producción siempre se están renovando, aún cuando el ritmo de aparición de nuevas tecnologías abrume al propio empresario.

Finalmente, uno de los factores por los que Hedberg (y también el autor de este artículo) sienten más admiración es el pacifismo. De hecho, el economista advierte de

[...] los enormes recursos que pueden aprovecharse cuando el presupuesto militar es reducido a un nivel razonable.

Y con este razonamiento, deja volar su imaginación sobre una utopía en la que los países (especialmente los bloques enfrentados durante la guerra fría) reducen su gasto de defensa en favor de la investigación de las tecnologías para el bien del ser humano. Este espíritu, que sin duda alguna ha sido y es una de las noblezas del Japón actual, pese a su oscuro pasado y los ecos vivos del mismo, se recoge en un editorial del Mainichi Shinbun de diciembre de 1969, también destacado por Hedberg, en el que un periodista afirma:

Nos parecería más eficaz convertir al Japón en una nación a la que el mundo no pueda permitirse el lujo de perder en una guerra destructiva[...] Si estalla una guerra, el Japón puede evadir verse envuelto en ella si construímos una nación a la que el mundo considere digna de que se le conserve la existencia [...]

Estas ideas, como veremos en la continuación de este artículo (II), son puestas en práctica durante la década de los setenta en el programa del gobierno japonés para la creación de toda una red de tecnópolis consagradas al progreso científico y económico.

La visión de Hakan Hedberg, aunque fundamentalmente optimista, acierta en muchos aspectos. De hecho, como bien afirma, el supuesto “milagro” no es más que “una buena dosis de sentido común sin ningún ingrediente mágico”.

Desafortunadamente, las crisis del petróleo y la bubble economy estaban a la vuelta de la esquina, alimentadas con las inevitables ambiciones de una clase política corrupta, cuya desastrosa influencia sobre la economía ha cristalizado en una larga crisis que analizaremos en el próximo artículo.



Tôkyô. Caos y Orden.
Agosto 17, 2009, 10:34 PM
Archivado en: Cultura, Lugares, Megalópolis, Personajes, Tokyo, Urbanismo, arquitectura

Como he comentado en post anteriores, mi tesis doctoral está centrada en la megalópolis japonesa, la red de metrópolis y su relación con la sociedad de la información. Entre los distintos conceptos que manejo, están los de entropía (el cual está cargado de importancia en mi investigación) y los de caos y orden. En relación con Tokyo, o mejor, con el área de la capital, o más aún con lo que se denomina Itto Sanken 一都三県(Una ciudad, tres prefecturas) donde viven más de 35 millones de personas, hay muy diversas opiniones. Generalmente, me he enfrentado a la opinión de que Tokyo es un “caos”, habitualmente a causa de una mirada occidental y monolítica propia del estándar europeo que adora el esquema heredado de la antigua ciudad amurallada o de una ciudad rígida, o el orden artificial de la ciudad lineal.

Haré un inciso sobre este último punto. ¿Puede el esquema de la ciudad lineal, con ejemplos visibles en Barcelona, luchar contra la entropía? Y con entropía me refiero, hablando mal y pronto, del desorden. Mi opinión personal es que un esquema lineal, de cuadrícula, es poco intuitivo y que su crecimiento tiene límites. Aunque no por ello es menos práctico en algunos aspectos. Hagamos un paralelismo con un enorme supermercado, con sus lineales ordenados, y donde, aunque resulta difícil perderse, cualquier cambio puede ser fatal para nuestra orientación o sentido del espacio. Por otra parte, siempre he opinado que una ciudad donde la geometría juega arbitrariamente con el transeúnte ofrece una experiencia más plena.

Respecto al aparente caos de Tokyo, hubo una voz que se alzó en la década de los noventa. Se trata del arquitecto Yoshinobu Ashihara. Tanto en Kakureta Chitsujô 隠れた秩序(El orden oculto) como en su revisión posterior, Tokyo no bigaku – konton to chitsujô - 東京の美学、混沌と秩序(La estética de Tokyo – caos y orden)*, defiende que bajo el aparente caos de la metrópolis (o megalópolis en proceso, o de facto como llega a afirmar ambiguamente), subyace el orden propio de la geometría fractal del matemático Benoît Mandelbrot. Aunque deja muy en el aire esta cuestión, y no profundiza apenas, aclara su posición de manera más directa con una sencilla pregunta: ¿Cómo es posible que una ciudad en la que conviven 35 millones de personas funcione tan bien?

En este punto hay que dar la razón casi sin matices a Yoshinobu Ashihara. En Tokyo los trenes llegan a tiempo, el tráfico fluye mejor que en ciudades con cinco veces menos su población, las calles están aceptablemente limpias, y hay seguridad sin necesidad de establecer un régimen tan estricto de vigilancia y penalización como el de Singapur (the fine country).

De todo esto, observaría que el carácter y la cultura propia de un país tiene una estrecha relación con el orden o el desorden que se vive en sus ciudades, ya que éstas, como organismo vivo (y Tokyo más que ninguna) no son sólo una gran estructura, sino que se hacen y funcionan con la conducta de sus ciudadanos.

En ese caso, considero absolutamente erróneo el concepto de Tokyo como una ciudad caótica. Una ciudad debe ser observada de lejos y de cerca. Por ello, os propongo una imagen de aspecto caótico. Una vez hagáis click sobre ella, os daréis cuenta de que se trata de una estructura perfectamente ordenada. Y con esto quiero decir que el caos y el orden, en algunos casos, es también un problema de perspectiva.

* Los libros mencionados en este post están también publicados en inglés como The hidden order y The aesthetics of Tokyo, en una versión bilingüe.



Caricatura de Tadao Ando
Marzo 8, 2009, 2:40 AM
Archivado en: Oficios, Osaka, Personajes, arquitectura, curiosidades, otros pensamientos

Ayer, mientras revolvía los papeles aún más revueltos que hay encima de mi mesa, pensando en esas cosas que están entre dar batalla a la entropía y el reciclaje, encontré un sobre que me dieron en la última conferencia del arquitecto Tadao Ando a la que asistí en Ôsaka. No me había fijado antes en que en la parte inferior del sobre hay un cuadro pequeño con una caricatura de Tada Ando muy conseguida. Me ha resultado tan divertido que voy a guardar el sobre, aunque sólo lo tenga como recuerdo.

La caricatura de Tadao Ando

Sobre la conferencia de Tadao Ando, que tituló 「新しい道を切り拓く」 (‘Atarashii michi-wo kiri hiraku‘), que significa “Abrir un nuevo camino“, puedo contaros que habló, con bastante gracia, de la experiencia que está teniendo con el proyecto que está realizando en Abu Dhabi, de sus impresiones sobre el Burj Dubai, y también de sus trabajos en Italia. Luego se deslizó hacia algunos aspectos concretos de su arquitectura, como la aparente ausencia de identidad cultural, con casos como el santuario en el Awaji Yumebutai, el cual reconoció que fue aceptado a regañadientes por los sacerdotes; o bien la falta de comodidad y el diseño poco práctico de algunos de sus primeros proyectos. También, como suele hacer, se refirió a Ôsaka y a la imagen que esta ciudad tiene en Japón, y al edificio que diseñó para albergar el Museo Suntory que se levanta en Ôsaka-ko.

Y Tadao Ando de verdad. Imágen vía www.wallpaper.com (Link en la foto)

Y Tadao Ando de verdad. Imagen vía 'www.wallpaper.com' (Link en la foto)

La verdad es que en las dos ocasiones que he asistido a una conferencia de Tadao Ando, siempre he oído lo mismo, aunque con un orden distinto. El comienzo de esas conferencias, no obstante, no fue el mismo, y en ese punto sí que resultó muy interesante. Y por supuesto, me encanta que sepa hacer reir a la gente. Espero poder ver de nuevo al maestro del hormigón, ahora copiado hasta la extenuación por los nuevos arquitectos de Asia.



Fotografía de arquitectura – Obras de Tadao Ando en Osaka
Diciembre 16, 2008, 8:46 AM
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Hoy quiero mostraros algunas fotos de edificios del arquitecto Tadao Ando que he tomado en Osaka durante los dos meses y medio que llevo aquí. Estas instantáneas las realizo con una Pentax Optio A30, nada especial, e incluso con algún que otro problemilla que ya sabréis percibir. Las fotos no están photoshopeadas, aunque no hace falta que lo diga.

Empecemos con el museo de Chikatsu Asuka.


Y seguimos con el Museo Suntory.

Bueno, eso es todo. Pero hay y habrá mucho más. Para todos aquellos que quieran perder un poco el tiempo, les remito a mi álbum de arquitecturas en flickr. Zehi, goran kudasai.



Estudiando la megalópolis japonesa
Diciembre 15, 2008, 3:15 AM
Archivado en: Literatura, Megalópolis, Oficios, Personajes, Tôkaidô, Urbanismo, arquitectura

Como ya sabéis algunos que me leéis, estoy en Japón escribiendo mi tesis sobre la Megalópolis de Tôkaidô. Sin embargo, creo que aún no he explicado bien de qué se trata esto de la megalópolis. Para empezar, debéis saber que el primero que utilizó el término megalópolis para definir el área que acoge a una trama de grandes zonas urbanas que se conurban fue el geógrafo francés Jean Gottman, allá por el año 1961. Podemos decir, en general, que una megalópolis es el área donde conviven varias grandes ciudades, metrópolis, y ciudades intermedias; o bien, el área que acoge una red de ciudades interconectadas. De hecho, se habla de megalópolis cuando la población de una urbe supera los 10 millones, aunque teniendo en cuenta el incremento de la población mundial y el desarrollo de las ciudades, esto podría ser discutido.

En el caso de Japón, concretamente, después del desarrollo extraordinario y caótico que sucede a partir de 1945, los urbanistas tienen la necesidad de definir el crecimiento de las ciudades de otra forma. Eso les lleva a acoger con entusiasmo en la segunda mitad de los años ‘60 y comienzos de los ‘70 el término megalópolis, y a describir toda una serie de áreas del archipiélago donde la trama urbana había crecido notablemente. Uno de esos estudiosos es Eiichi Isomura, un geógrafo social que en 1968 escribe un libro titulado La megalópolis japonesa (日本のメガロポリス), en el que, por primera vez, se hace una descripción detallada del área de Tôkaidô. Por suerte he podido conseguir ese libro, gracias a mi tutor, y ahora estoy leyéndolo (no sin esfuerzo).

Isomura distingue cuatro megalópolis en Japón: la megalópolis de Tôkaidô, que es la más importante, y en la que se reunen las ciudades de Tokyo, Yokohama, Shizuoka, Nagoya, Osaka y Kobe; la megalópolis de Setouchi, que llega hasta Fukuoka; la megalópolis de Hokuriku, dentro del distrito de Ishikawa; y la megalópolis de Doou, en Hokkaido.

Con el paso del tiempo, por supuesto, estas áreas han sido redefinidas e incluso olvidadas. Por ejemplo, muchos estudiosos se refieren posteriormente a la megalópolis de Setouchi como la Extensión de Setouchi-Kitakyushû, englobándola dentro de lo que sería el área de la gran megalópolis de Tôkaidô.

Mi investigación, sin embargo, es algo peculiar. No soy urbanista ni arquitecto, aunque he estudiado y estudio estos temas. Por ello el punto de vista desde el que estoy estudiando el fenómeno (o realidad) de la megalópolis es desde las ciencias sociales y la teoría de la información. De hecho, la megalópolis y la Sociedad de la Información tienen una estrecha e imprescindible relación.

Así que, por el momento, ya sabéis un poco más qué es lo que estoy haciendo en Japón. Espero que los resultados de mi investigación, volcados en una tesis, sirvan para aclarar, redefinir y reconquistar la definición de megalópolis. Un concepto que resulta bastante difuso en la actualidad.

La obra de Eiichi Isomura, La megalópolis japonesa, en mi poder

La obra de Eiichi Isomura, 'La megalópolis japonesa', en mi poder