Vida en Marte 火星の生活 


Hatoyama: pasado, presente. Oriente, occidente.
Noviembre 25, 2009, 4:49 PM
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El 1 de octubre de este año, en el artículo inaugural del Hatoyama Cabinet E-mail Magazine, el actual líder nipón remarcaba el concepto de  Yuai 友愛, cuya traducción es fraternidad, como palabra clave y declaración de intenciones en cuanto a la futura política exterior del nuevo gobierno del Minshutô (PDJ). Este concepto, según afirma el mismo Yukio Hatoyama en un artículo titulado El espíritu de la fraternidad en The Japan Journal, era uno de los motores de la política de su padre, Ichirô Hatoyama, que gobernó Japón sucediendo a Shigeru Yoshida entre 1954 y 1956.

Curiosamente, estando en el gobierno el padre del actual primer ministro, el 18 de diciembre de 1956 Japón pasó a formar parte de las Naciones Unidas. En su artículo, el líder nipón recuerda parte del primer discurso en la ONU del entonces ministro de asuntos exteriores, Mamoru Shigemitsu, que señaló lo siguiente:

“La esencia de la política, economía y vida cultural de Japón es el producto de la fusión de las civilizaciones occidental y oriental durante el último siglo.”

De este modo, Hatoyama señala que Japón puede ser considerado, históricamente, como un puente o un enlace entre la civilización occidental y la oriental.

Ichirô Hatoyama y Yukio Hatoyama

En realidad, detrás de esta maniquea visión de lo oriental y lo occidental, se esconde una visión de la política regional que propone superar una serie de retos históricos que siguen latentes. Hay quien afirma que en la región de Asia-Pacífico sigue viva una suerte de guerra fría que ocupa, de manera abierta en algunos casos como Corea del Norte, o de manera “sumergida” en las relaciones con la China popular, buena parte del libro blanco de defensa de estos países desde que terminase la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea.

La gira del presidente norteamericano Barack Obama no ha hecho sino abrir el debate, una vez más, sobre la delicada posición de Japón como actor en la región, tanto a nivel geoestratégico como político. Tal como afirmara el ministro Shigemitsu en su discurso frente a las Naciones Unidas, Japón ha sido el peso equilibrador en una zona de política desequilibrada, si bien también una de las naciones más criticadas por su historial de agresiones a las naciones vecinas hasta la ocupación norteamericana. No en vano, anunciar una nueva política de relaciones exteriores bajo el concepto de fraternidad recuerda a muchos países aún recelosos la Daitôa Kyôeiken 大東亜共栄圏, o Gran esfera de coprosperidad del este de Asia, que sirvió finalmente como carta de entrada a la invasión japonesa de numerosos países asiáticos.

Culturalmente, Japón ha seguido las vías de occidente, asimilando y transformando lo que no le ha sido impuesto, desde que se iniciara la restauración Meiji, en el siglo XIX. La saga de los Hatoyama, siempre relacionada con la política del país desde esta misma época, ha estado sin duda influenciada por el pensamiento occidental y la política desde aquellos primeros estadios de la renovación política del país. El propio abuelo del actual primer ministro, Kazuo Hatoyama, se graduó en la universidad norteamericana de Yale; Ichirô Hatoyama, antes mencionado, era cristiano protestante. Es obvio que en el carácter de Yukio Hatoyama, o al menos en su educación familiar, hay un importante componente de relación con occidente, tanto a nivel de valores como a nivel nostálgico.

El palpitante crecimiento económico de la China de Hu Jintao hace sospechar que la balanza de poder en la región puede inclinarse a favor de la República Popular. El hecho de abogar por el Yuai, por la fraternidad, en calidad de enlace o nodo de “acceso” a la región para las potencias occidentales, puede tener varias lecturas. Una de ellas es el reforzamiento de las relaciones con Estados Unidos, que Japón parece desear con renovadas fuerzas tras la entrada de Obama en la Casa Blanca. Otra lectura es la pretensión de Japón de establecerse como figura conciliadora entre EE.UU. y China, cuyos regímenes aún mantienen manifiestas diferencias.

Finalmente, tal vez la lectura más deseada del uso del concepto de Yuai en la futura estrategia exterior de Japón, es la voluntad del país de reconciliarse de manera definitiva con los países de la región solventando los conflictos latentes del pasado. Para ello el gabinete de Hatoyama debe enfrentarse al pasado de Japón de manera descarnada, para reconocer y aceptar todos aquellos puntos oscuros que aún provocan en los países de la región protestas anuales de las cuales, al menos mediáticamente, ya nadie puede hacer oídos sordos. Tal vez la esperanzadora renovación de Japón no sólo esté en una revisión económica, política y social del país, sino también en una concienzuda renovación moral en cuanto a todo lo que queda por pacificar desde que el país pusiera fin a su aventura expansionista.



RECAPITULANDO: El desarrollo Japonés ante el mundo I, II y III.
Noviembre 2, 2009, 1:32 PM
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En los anteriores meses he posteado tres artículos que resumen de manera peculiar algunos aspectos del llamado “desarrollo japonés” desde los primeros años de las postguerra hasta nuestros días. He pensado que pueden ser artículos de interés para todas aquellas personas que desean estudiar la historia contemporánea de Japón, y especialmente todo lo que se refiere al crecimiento y la crisis de este país, cuya peculiaridad se discute hoy día debido a la crisis global que vivimos. Sin más, quiero recapitular aquí los tres artículos, para todas aquellas personas que decidan leerlos y, cómo no, discutirlos:

El desarrollo japonés ante el mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo

Terminada la década de los sesenta, Japón ya ha superado prácticamente a la Alemania Occidental en producción industrial, ganándose un puesto entre las principales economías del mundo. EEUU y la URRS miran con recelo este “milagro japonés”, y vuelve a despertar el fantasma del “peligro amarillo”.

El desarrollo japonés ante el mundo. (II) El sueño traicionado

Tras la retirada de MacArthur, ya con la economía japonesa bien encarrilada, la legislación del país se vuelve más laxa en cuestiones de monopolio. Es entonces cuando vuelven a tomar importancia antiguos conglomerados como Sony, Matsushita, Mitsubishi, Honda o Mitsui, entre otros.

El desarrollo japonés ante el mundo. (III) El coste humano del desarrollo

[El] creciente índice de envejecimiento de la población (se espera que la población mayor de 65 años alcance el 28% en 2020), fue uno de los factores que trajeron consigo durante la década perdida de los ‘90 una dura recesión de la que aún Japón cree a duras penas salir. Esta misma crisis es considerada, en algunos casos, como una traición al pacto social de postguerra, cuyo resultado no es, ni de lejos, el esperado.



El desarrollo japonés ante el mundo. (III) El coste humano del desarrollo
Noviembre 2, 2009, 12:43 PM
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En los anteriores capítulos habíamos visto de manera muy resumida cómo Japón entró primero en una fase de desarrollo que se conoció como “el milagro japonés”, y en la que el trabajo, la ciudad y por consiguiente la sociedad sufrió un proceso de cambio importante. Posteriormente los fundamentos de ese mismo desarrollo serían el caldo de cultivo para la corrupción y para el surgimiento de la burbuja inmobiliaria y financiera que trajo la crisis de la década perdida, cuyo coste humano vamos a analizar en este último artículo.

El primer factor que afecta al nuevo periodo económico-social de Japón en los ‘90 y hasta nuestros días es el envejecimiento de su población. Se denominan sociedades envejecidas aquellas cuyo porcentaje de población mayor de 65 años supera el 14% del total. La peculiaridad japonesa es que el país pasó de ser una sociedad en crecimiento a una sociedad envejecida en unos 24 años, una transición que normalmente suele suceder en un periodo de 40 años. A este hecho se le suma que la esperanza de vida en Japón pasó de ser 50 años para los hombres y 54 para las mujeres en 1947, a 69 para los hombres y 74 para las mujeres en 1970. Ya en 2001, la esperanza de vida se estimó en 78 años para los hombres, y 84 para las mujeres. Un incremento de más de 30 años, propiciado, obviamente por el rápido desarrollo económico de la nación. En 1998, Japón ya se había convertido en la población más envejecida del mundo.

¿Pero qué es lo que hace que la sociedad de Japón envejezca en un periodo de tan sólo 24 años? La respuesta a esto la encontramos en que el Baby Boom más importante que ocurre en el país tiene también una duración especial. El Baby Boom japonés más importante sucede desde el final de la guerra, pero termina en apenas cuatro años, al contrario que en otras naciones en las que este fenómeno continúa durante al menos 10 años. Una de las razones de esa “frenada en seco” fue la Yûseihogohô 優生保護法, o acta de protección eugénica, aprobada en 1948 y revisada en 1949, que básicamente aprobaba los abortos a petición, y cuya aplicación se tradujo en un descenso del 40% en el índice de nacimientos.

Este creciente índice de envejecimiento de la población (se espera que la población mayor de 65 años alcance el 28% en 2020), fue uno de los factores que trajeron consigo durante la década perdida de los ‘90 una dura recesión de la que aún Japón cree a duras penas salir. Esta misma crisis es considerada, en algunos casos, como una traición al pacto social de postguerra, cuyo resultado no es, ni de lejos, el esperado. Una de las primeras consecuencias que debemos ver en este punto es el comienzo del fin de la hegemonía del Partido Liberal Democrático (PLD, Jimintô), en el gobierno desde su fundación en 1955. Aunque gobernará hasta 2009, el partido comienza a sufrir serias escisiones. La primera gran crisis gubernamental sucede  los años 1993 y 1994, en los que es expulsado del gobierno durante 11 meses. Cuatro años después las tensiones cristalizarán en el nacimiento del principal competidor del PLD con la unión de cuatro partidos distintos en el Partido Democrático de Japón (PDJ, Minshutô), que finalmente, favorecido por los escándalos del PLD durante los últimos años y la crisis económica global, se alza en el poder con Yukio Hatoyama a la cabeza en 2009.

En cualquier caso, los últimos 20 años en Japón son el reflejo de una catarsis cultural. Las nuevas generaciones y los que comienzan su vida laboral en los ‘90 empiezan, tímidamente al principio, y marcadamente en la actualidad, a cambiar el modelo de vida estándar. En la segunda mitad de los ‘90 los japoneses ya reconocen abiertamente haber perdido la confianza en su modelo económico. Encontramos a partir de entonces un auge en el modelo de vida individualista, y una separación de la idea de grupo, o incluso de la empresa como familia.

Antes de la gran recesión, la empresa japonesa forma parte casi inseparable de la familia, ya que se reconoce en muchos casos como soporte y sustento. En los ‘90 la traición a la empresa comienza a hacerse patente, y los jóvenes, ante la lentitud del proceso que les permite escalar puestos en una misma empresa, comienzan a imitar el modelo norteamericano al cambiar de trabajo con el objetivo de “vender” sus aptitudes y así escalar puestos con mayor rapidez. Es el principio del fin de los sistemas de lealtad a la empresa.

Otro fenómeno de mayor actualidad, y de gran interés, es el de los Furitâ y Niito. El nombre del primer grupo proviene de la palabra free-arbeiter, y se trata de un estilo de vida alejado de la lealtad a la empresa, o de la dependencia de la misma. Es algo parecido a un trabajador autónomo, normalmente cualificado, que realiza labores por su cuenta sin contar con horarios o calendarios fijos, ni depender de la jerarquía de una gran empresa. Este primer grupo pertenece a esa generación de entre 25 y 35 años que se aleja del modelo del pacto social, y se vuelca en un estilo de vida más individualista, en el que el disfrute del tiempo libre tiene mayor valor que la seguridad económica. Se ha calculado que el número de furitâ alcanza en la actualidad los cuatro millones dentro de Japón.

Los niito, del inglés Neet (abreviatura de “Not in Employment, Education or Training”), son un grupo más joven, y bien distinto al anterior. Para este grupo de jóvenes el esfuerzo laboral tiene un marcado sentido negativo, y se muestran contrarios a cualquier tipo de sacrificio.

Un fenómeno ligado a la obtención rápida de dinero, y que afecta tanto a hombres como a mujeres jóvenes o incluso menores de edad, es el Enjo Kôsai 援助交際, en el que la compañía o prostitución voluntaria y sin intermediarios de jóvenes con adultos a cambio de dinero se convierte en un modo de subsistencia del que posteriormente resulta difícil salir, y que trae consigo acusados problemas psico-sociales. Este fenómeno es tratado abiertamente en la actualidad en series y cómics, o incluso en el fenómeno de las novelas para móviles, con el ejemplo imprescindible de la obra Deep Love.

Finalmente cabe mencionar brevemente a los adultos conocidos como Makeinu (perro perdedor), en el caso de las mujeres; y Parasite Single en el caso de los hombres. Obviamente con un marcado carácter peyorativo en las mujeres, este grupo está formado por adultos que tienen éxito en su vida laboral, pero que para ello han sacrificado parte de su vida social, terminando por superar solteros la barrera de los 26 años comprendidad en Japón como la edad ideal para contraer matrimonio. En el caso de los Parasite Single, también existe el problema de la emancipación, puesto que muchos de los integrantes de este grupo se niegan o no pueden abandonar la casa de sus padres.

En cualquier caso, el hecho de encontrar grupos aparentemente bien definidos y clasificados de nuevos adultos con distintos modos de entender su modo de vida es en parte ficticio. Esta clasificación deriva, en gran medida, de la necesidad cultural de Japón por ordenar para comprender. Es evidente que la realidad japonesa, como hemos visto desde el primer artículo, es cambiante y difusa, y no sólo eso, sino que se transforma a gran velocidad desde que terminase la Segunda Guerra Mundial.

El nuevo siglo político, económico y social para Japón, inaugurado con el ascenso al poder del PDJ, traerá sin duda un cambio en el sistema de valores que afectan a Japón, y el surgimiento de nuevos sistemas productivos, un nuevo panorama del mundo laboral, y una sociedad visiblemente renovada (no sabemos si para bien, o para mal). Al fin y al cabo, Japón, lejos de ser un fenómeno aislado y único, pertenece a la red global de naciones, y es emisor y receptor de nuevas tendencias que están transformando el mundo, en la actualidad, a pasos agigantados.



Japón acude a las urnas (Actualizado)
Agosto 30, 2009, 9:28 AM
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Este domingo Japón celebra sus elecciones generales. En esta ocasión, los distintos escándalos que azotaron al PLD (Jimintô) y su propia crisis interna que Jun’ichiro Koizumi dejara tras su marcha, pueden marcar un cambio de rumbo importante en el gobierno del país, catapultando al PDJ (Minshutô) al poder. Recordemos que el pueblo japonés ha conocido a cuatro líderes distintos en los últimos 3 años: Jun’ichiro Koizumi, Shinzô Abe, Yasuo Fukuda y Tarô Asô. Aunque no es la primera vez que Japón mantiene a distintos líderes en un relativamente corto periodo de tiempo, los problemas económicos (especialmente en el apartado de las pensiones) y los notables cambios en el espectro de votantes, hacen posible la victoria del PDJ de Yukio Hatoyama. Tal como afirmaba Newsweek en un artículo la pasada primavera, Japón puede ser el único país que se beneficie colateralmente de la crisis económica mundial.

No obstante, el repunte económico de los últimos días, unido al anuncio de que Japón ha salido de la recesión, podría devolver el ánimo a todos aquellos seguidores del PLD que con dificultad habían decidido optar por el cambio. Aunque con un resultado ajustado, éste podría volver al poder en coalición con otras fuerzas políticas menores, al igual que en anteriores ocasiones.

Suceda lo que suceda, Japón podría verse afectado a corto plazo por la burbuja financiera que algunos anuncian en China, y que podría suponer un azote para la economía mundial. En ese caso, el gobierno deberá hacer verdaderos esfuerzos para que el pensamiento negativo de la década perdida no se extienda hasta cubrir un cuarto de siglo. Las nuevas generaciones tienen la palabra.

(Las elecciones se pueden seguir a través del siguiente canal de Twitter http://www.followsenkyo.jp/)

ACTUALIZACIÓN: Según las últimas encuestas a pie de urna, y tal como informa el diario Asahi Shinbun, el PDJ (Minshutô) habría obtenido una victoria aplastante sobre el PLD, lo que da paso a un cambio histórico en el gobierno de Japón. Por lo tanto, el próximo Primer Ministro de Japón será Yukio Hatoyama, del que haremos un análisis en su momento. Por su parte, el derrotado Taro Aso anuncia su dimisión y se hace responsable de la histórica derrota de su partido.

Este resultado promete cambios sustanciales en la estructura burocrática que ha funcionado en el país desde los últimos 60 años, así como una apertura a políticas sociales que los japoneses que han acudido a las urnas esperan desde que comenzara la recesión de 1990.



El desarrollo japonés frente al mundo. (II) El sueño traicionado.
Agosto 23, 2009, 11:35 PM
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En el anterior post hablamos de algunos de los factores que lanzaron la economía japonesa desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Presentamos, por así decirlo, algunos de los pilares fundamentales del estado desarrollista nipón. En este artículo dejamos las antiguas previsiones de Hakan Hedberg para centrarnos en lo que de verdad ocurrió durante los años de expansión económica, hasta la explosión de la burbuja financiera e inmobiliaria, intentando resumirlo y simplificarlo en la medida de lo posible.

Durante el periodo de ocupación, el gobierno norteamericano promulgó toda una serie de medidas para evitar los monopolios de los antiguos zaibatsu 財閥, posteriormente denominados keiretsu 系列. No obstante, no hay que confundir a los zaibatsu con los keiretsu, puesto que poseen importantes diferencias. El keiretsu se sostiene sobre una estructura más horizontal, y una jerarquía de menor “profundidad”, es decir, una cadena de mando más reducida. Por otra parte, como conglomerado aúna a muchas otras empresas en su cadena (o espectro) de producción, pero no por ello todas tienen que pertenecer a la misma firma.

Estos keiretsu tendrán su particular expansión tras la ocupación. Tras la retirada de MacArthur, ya con la economía japonesa bien encarrilada, la legislación del país se vuelve más laxa en cuestiones de monopolio. Es entonces cuando vuelven a tomar importancia antiguos conglomerados como Sony, Matsushita, Mitsubishi, Honda o Mitsui, entre otros. Alrededor de estos gigantes surgen también toda una serie de pequeñas empresas satélite que absorven buena parte de los costes de producción como subcontratas, hecho que ayuda a las grandes firmas a mantener el tipo mientras que los pequeños empresarios se van a la quiebra.

Comienza una época en la que el estado tiene un control más férreo de la economía. El crecimiento económico se acelera gracias a los beneficios obtenidos por la Guerra de Corea, en la que Japón participa tímidamente tras la insistencia de los EE.UU.; y con el aumento del comercio exterior.

El capital acumulado comienza a invertirse, especialmente, en obras públicas, bajo el mandato del primer ministro Hayato Ikeda, entre 1960 y 1964. Ikeda es recordado precisamente por ser el político que favoreció el crecimiento económico a través de la reconciliación y la paciencia, buscando el consenso social, o bien tratando de mediar entre la patronal y la mano de obra. Bajo el gobierno de Ikeda, Japón logra superar incluso las expectativas gubernamentales de crecimiento económico. Son los primeros años del “milagro”, y también los del desarrollo urbanístico y las grandes esperanzas y proyectos para la ciudad y la megalópolis de Japón. La exposición de Osaka de 1970 sirve como plataforma para transmitir la modernidad y el poder tecnológico de Japón al mundo. Es el año también en el que el arquitecto Kenzo Tange diseña los planes para convertir el corredor del Tôkaidô en una enorme y futurista megalópolis hasta el año 2000.

La crisis del petróleo de 1973 saca de las ensoñaciones a muchos entusiastas del desarrollo. El ritmo de crecimiento  del que Japón disfrutaba hasta entonces se estanca, lo que pone en alerta a la industria. No obstante, como toda crisis significa también cambio, en 1974 la industria sufre una transformación, y la alta tecnología y la electrónica comienzan a tener más importancia, en detrimento de la industria pesada, cuyo consumo de combustible era mayor. Es la época también en la que el poder electrónico de Japón obliga a las hasta entonces dominantes empresas de Silicon Valley a cambiar su política productiva.

Japón supera la crisis en poco tiempo y vuelve a encarrilar su desarrollo. Sin embargo, comienzan a sucederse los casos de corrupción. El sueño, poco a poco, comenzará a derrumbarse.

El primer ministro Kakuei Tanaka, uno de los más populares en la historia contemporánea de Japón, puede servirnos para ofrecer el ejemplo más significativo en relación a esto último. Tanaka es un político de grandes ambiciones, que realmente desea transformar Japón en la primera economía del mundo. En su libro editado en inglés y en japonés Construyendo un nuevo Japón, diseña para el país una suerte de hoja de ruta con la que se propone transformar desde las relaciones laborales e internacionales del país, hasta las comunicaciones y las ciudades del archipiélago.

Tanaka establece buenas relaciones con la China popular, y con el gobierno de Richard Nixon. Sin embargo,  comenzará a verse envuelto en diversos escándalos desde que la revista Bungei Shunju publica un reportaje que pone en duda sus prácticas empresariales. Con el escándalo Lockheed, se acusa a Tanaka de haber aceptado sobornos millonarios a cambio de favorecer la compra de los aviones L-1011 para las líneas aéreas paraestatales de Japón All Nippon Airways (ANA), en lugar de los modelos McDonnell Douglas DC-10. El escándalo salpica a muchos otros políticos del PLD, y acelera la caída de Tanaka del poder. Aunque continúa en la Dieta, Tanaka es condenado en 1983 a cuatro años de cárcel. Hasta 1983, el escándalo Lockheed remueve la política japonesa, y saca a la luz los agujeros negros del desarrollo.

Durante los años 80 sucede toda una renovación de la economía japonesa, que se resume en la deslocalización para reducir costes de producción, la apuesta por nuevas tecnologías menos dependientes del petróleo, y una revalorización de los activos financieros e inmobiliarios que conducirán a la economía de burbuja. Comienzan los años locos del crecimiento urbano y de los nuevos millonarios. Es también la época de los precios desorbitados de la tierra, que conduce a un pequeño estado de desconcierto y crisis en 1985.

No obstante, desde ese mismo año y hasta el estallido de la burbuja en 1990, Japón experimentará un crecimiento milagroso que recuerda al sueño de los años del primer ministro Ikeda. Sin embargo, la catástrofe comenzaba a vislumbrarse en determinados círculos. El precio del desarrollo, del sueño japonés, se conocería tarde o temprano. Una mañana del año 1990, los rotativos japoneses admitían la debacle. Era el comienzo de lo que se conoce como “la década perdida”, cuyo ambiente es un largo periodo de recesión. El pacto social para el desarrollo del país se reveló entonces, para muchos japoneses, como una gran tomadura de pelo.

Analizaremos en el próximo artículo el coste humano del desarrollo y el espíritu de la década perdida, con algunas notas de actualidad.



El desarrollo japonés frente al mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo.
Agosto 19, 2009, 9:44 PM
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En los albores de la industrialización del Japón, el viajero francés y cronista André Bellesort admiraba al “peligro amarillo” que suponía este ambicioso país como “un peligro muy amable”. Hablamos de finales del siglo XIX, y de la primera mitad del siglo XX, cuando el país nipón, siguiendo los dictámenes de un Occidente en ebullición, se industrializaba y comenzaba su andadura económica con la aspiración de convertirse en una gran potencia como Inglaterra, en un primero momento, y Alemania hasta la década de los cuarenta del siglo XX. Los éxitos de la producción industrial japonesa, especialmente textil, lograron que una ciudad como Ôsaka se convirtiese en la “Manchester de Oriente”. Fueron las aspiraciones militares, hondamente motivadas por el pulso económico y las restricciones a las que el mercado occidental sometía al imperio, además de por las ambiciones expansionistas, las que llevaron al desastre al país.

Otros países habían tardado en recuperarse de la guerra. Japón, casi en ruinas, supo ponerse manos a la obra con la ayuda del gobierno de ocupación del general Douglas McArthur para celebrar en pocos años lo que se conocería como el “milagro japonés”. No en vano, ya en la década de los cincuenta la locomotora del desarrollo en Japón parecía ir a toda marcha. Los políticos japoneses, con la ayuda del gobierno norteamericano, había diseñado un plan de desarrollo cuya visión de futuro colocaba a Japón en el número uno de las economías mundiales.

Terminada la década de los sesenta, Japón ya ha superado prácticamente a la Alemania Occidental en producción industrial, ganándose un puesto entre las principales economías del mundo. EEUU y la URRS miran con recelo este “milagro japonés”, y vuelve a despertar el fantasma del “peligro amarillo”.

En este contexto, el economista Hakan Hedberg escribe en 1970 un libro titulado El reto japonés, donde, a pesar de no esconder su pasión por el país oriental, destaca una serie de claves en las que, opina, se desarrollará la economía japonesa hasta 1990, llegando a acertar, en ocasiones, el futuro que la economía del país mostraría posteriormente. No obstante, Hedberg se mueve entre el análisis agorero y la actitud aleccionadora. Su libro, que hoy casi podríamos denominar una curiosidad histórica, contiene un capítulo donde desglosa “los 25 factores del desarrollo del Japón”, de los que destacaremos sólo algunos, los más importantes para este artículo.

Hedberg es, en 1970, posiblemente el único economista de Suecia con la autoridad suficiente para realizar un estudio sobre los patrones de la economía japonesa. Así lo advierte al comienzo de su obra, apuntando la importancia capital que un estudio sobre este país puede tener para el futuro de Europa.

[El reto japonés] es una combinación de amenaza y promesa. El desarrollo económico es el mayor problema de nuestro tiempo, y en el modo como Japón hace frente a una serie de problemas hay que hallar lecciones no sólo para los países subdesarrollados, sino también para los países altamente desarrollados[...]

De entre los factores que destaca Hedberg, el numero uno es sin duda uno de los más importantes, y de los que más han marcado a la economía japonesa desde sus inicios: la cooperación entre el estado y el sector privado. Sobre este punto, Hedberg aseguraba que:

[...] en la intensa cooperación japonesa entre el estado y el sector privado hay que encontrar algunos métodos prácticos de cooperación que deberían poderse copiar en los países europeos.

Esta ha sido una de las claves del desarrollo japonés, que no obstante se ha visto empañada por la corrupción política y los tratos de favor, con la adjudicación de ayudas al desarrollo en regiones donde gobernaba el PLD. De hecho, es famoso asimismo el sistema de amakudari (“Caído del cielo”) por el que los exburócratas de alto rango pasaban a ocupar puestos de responsabilidad en empresas privadas, generando de este modo un sistema relativamente oligárquico, y lo que ha resultado ser más dañino, una fuerte interdependencia del estado y el sector privado. Con esta práctica también se mantenía un fuerte monopolio de ciertas empresas sobre las ayudas estatales al desarrollo.

En el libro se destacan también como factores a “una burocracia competente“, y al proteccionismo, que en realidad, junto con el sistema de intervención estado-sector privado, fue promovido por el gobierno norteamericano con el propósito de usarlo como fuerza para levantar la economía del país, pero no como sistema para impulsarlo hacia el éxito.  Estas ideas fueron acogidas por los estadistas japoneses junto a otro factor que destaca Hedberg, el nacionalismo, por el que el país se volcaba en crear una industria propia sólida, por la que sacrificarse. Este afán por resurgir como potencia creadora es descrito por el economista sueco como “un perpetuo pentatlon industrial”.

Pero sin duda, son los trabajadores asalariados los que hacen resurgir a Japón. Hedberg observa sabiamente dos características en el papel que éstos tienen en el desarrollo. Por un lado, “el índice de sudor”:

Si el índice internacional es cien, entonces la intensidad física de los obreros americanos es setenta, y la de sus colegas japoneses ciento treinta – escribe.

Luego está “la productividad”, de la que señala que:

El aumento de la producción es casi siempre mayor que el aumento de los salarios, e incluso en el caso de que las inversiones de capital contribuyan a ello en alto grado, el trabajo no se opone al proceso de la automatización.

Respecto a éste último punto, añade otro factor que llama “la destrucción creadora“, por el que explica que los medios de producción siempre se están renovando, aún cuando el ritmo de aparición de nuevas tecnologías abrume al propio empresario.

Finalmente, uno de los factores por los que Hedberg (y también el autor de este artículo) sienten más admiración es el pacifismo. De hecho, el economista advierte de

[...] los enormes recursos que pueden aprovecharse cuando el presupuesto militar es reducido a un nivel razonable.

Y con este razonamiento, deja volar su imaginación sobre una utopía en la que los países (especialmente los bloques enfrentados durante la guerra fría) reducen su gasto de defensa en favor de la investigación de las tecnologías para el bien del ser humano. Este espíritu, que sin duda alguna ha sido y es una de las noblezas del Japón actual, pese a su oscuro pasado y los ecos vivos del mismo, se recoge en un editorial del Mainichi Shinbun de diciembre de 1969, también destacado por Hedberg, en el que un periodista afirma:

Nos parecería más eficaz convertir al Japón en una nación a la que el mundo no pueda permitirse el lujo de perder en una guerra destructiva[...] Si estalla una guerra, el Japón puede evadir verse envuelto en ella si construímos una nación a la que el mundo considere digna de que se le conserve la existencia [...]

Estas ideas, como veremos en la continuación de este artículo (II), son puestas en práctica durante la década de los setenta en el programa del gobierno japonés para la creación de toda una red de tecnópolis consagradas al progreso científico y económico.

La visión de Hakan Hedberg, aunque fundamentalmente optimista, acierta en muchos aspectos. De hecho, como bien afirma, el supuesto “milagro” no es más que “una buena dosis de sentido común sin ningún ingrediente mágico”.

Desafortunadamente, las crisis del petróleo y la bubble economy estaban a la vuelta de la esquina, alimentadas con las inevitables ambiciones de una clase política corrupta, cuya desastrosa influencia sobre la economía ha cristalizado en una larga crisis que analizaremos en el próximo artículo.



Rokumeikan – (ARTÍCULO PARA FEIAP 2008) [EDITADO]
Agosto 4, 2008, 10:28 PM
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Estimados lectores. Me complace editar esta nota, y anunciar que todo ha quedado solucionado de manera muy satisfactoria. Desde aquí agradezco a los integrantes del Foro Español de Investigación sobre Asia Pacífico (FEIAP) su esfuerzo y atención. Como dije, esperaba que esto se arreglase, y se arregló.

En septiembre estará disponible el artículo en la web del FEIAP. Mientras tanto, podéis seguir accediendo al artículo a través del blog, hasta el día que sea publicado en el foro, momento en el que pasaré a ofreceros un enlace a dicha página.

Un saludo a todos, y que disfrutéis, debatáis y critiquéis mi artículo.

ROKUMEIKAN 鹿鳴館. JAPÓN Y LAS SOMBRAS DE UNA REPRESENTACIÓN ANTE EL MUNDO.

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ROKUMEIKAN 鹿鳴館. JAPÓN Y LAS SOMBRAS DE UNA REPRESENTACIÓN ANTE EL MUNDO. by Daniel Rubio Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 España License.



¿Existe realmente el ‘Japón pacífico’?
Mayo 16, 2008, 9:59 AM
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Recientemente ha sacado el diario Asahi Shinbun, uno de los periódicos de referencia en Japón, una nueva encuesta con motivo del Día de la Constitución. Los resultados a los que siempre se hace alusión con estos estudios son los relacionados con el artículo 9 de la constitución, que reza:

Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación, y a la amenaza o el empleo de la fuerza como medio de solucionar las disputas internacionales.
Con el fin de realizar el propósito expresado en el párrafo anterior, no se mantendrán las fuerzas de tierra, mar y aire, al igual que cualquier otro potencial bélico. El derecho de beligerancia del estado no será reconocido.

En esta nueva ocasión, el 66% de los encuestados se ha mostrado en contra de cualquier modificación que afecte a ese mismo artículo. No es que la constitución sea intocable -de hecho, el 56% desea algunos cambios en la Carta Magna-, sino que el artículo 9 representa una garantía, una especie de escudo o símbolo del ‘Japón pacífico’ que nace durante la ocupación norteamericana.
Es cierto, sin embargo, que Japón ha incumplido ese artículo bajo la presión del mismo padre y escriba de su constitución, los EE.UU. La primera excepción sucede justo después de abandonar MacArthur el país. En 1951 los americanos están en guerra contra el comunismo en Corea. Entonces es primer ministro japonés Shigeru Yoshida. La situación en Corea empujó al gobierno norteamericano a romper con la estrategia que MacArthur desarrollara para la neutralización militar de Japón. Pero para entonces los japoneses ya habían asumido el rol de nación pacífica. Las presiones para que Japón organizase un auténtico ejército, rompiendo con el artículo 9, no darían el fruto deseado, pero sí uno más deseable. Yoshida se negó rotundamente a proporcionar los 350.000 soldados japoneses que EE.UU solicitaba. Sin embargo, al menos 75.000 fueron a Corea vestidos con uniformes sobrantes del ejército norteamericano. En contrapartida, a cambio de respetar en parte la constitución japonesa, los EE.UU tendrían acceso ilimitado para instalar bases en territorio nipón, encargándose a su vez de la defensa del país. Esto último propició que el gobierno pudiese volcar sus esfuerzos en el crecimiento industrial hasta los años ‘70. Este es también el origen de las Fuerzas de Autodefensa japonesas.
Fue esta una de las primeras pruebas del nacimiento de un ‘Japón pacífico’, protegido por el escudo de la constitución. La segunda prueba de mayor valor para este análisis está en el suicidio de Yukio Mishima, o, mejor dicho, en la prácticamente nula acogida de su mensaje. Mishima pretendía devolver a Japón unos valores éticos y estéticos anteriores a la guerra, propios de una cultura amante de las ideas de Confucio. Su intención no era, como se suele decir, la imposición de un Japón marcial y expansionista. Todo lo contrario. Para criticar a aquellos le tildaban de fascista y amigo de los dictadores Mishima escribió la sátira Mi amigo hitler.
Mishima, no obstante, sí quería que las Fuerzas de Autodefensa se convirtiesen en un ejército. Ese fue uno de los motivos por los que eligió, finalmente, el ministerio de defensa como escenario para su muerte.

¿Pero este rechazo sigue vigente hoy día? Por parte de Mishima podríamos pensar que así es. Pero el gobierno envió hace pocos años a sus “Fuerzas de Autodefensa” a Irak, durante el mandato de Koizumi, cumpliendo con los deseos de los EE.UU. ¿Las escasas protestas significan que la gran mayoría de la población estuvo de acuerdo con esa decisión? Más bien no. Es una muestra del escaso interés que cualquier japonés muestra por la política. De hecho, los asuntos ocurridos en el exterior tienen menos peso que la política desarrollada en el interior a la hora del voto.
Los intentos de normalizar las relaciones con los países de Asia-Pacífico están devolviendo la confianza a los actores internacionales sobre un Japón Pacífico. A día de hoy, las antiguas protestas de China y las dos Coreas sobre un posible regreso del Japón beligerante sólo pueden ser interpretadas como arrebatos oportunistas sin ningún contacto con la realidad. La encuesta del Asahi Shinbun, aunque de relativo valor, arroja algo de luz sobre la conciencia colectiva respecto a la guerra. A Japón no le interesa más que Japón. El ejército puede esperar sentado.