Recuerdo cómo el 11 de marzo de 2011, mientras me preparaba para ir a trabajar bien temprano en la mañana, me conecté al Canal 24 Horas y miré horrorizado las imágenes del tsunami que azotaba Japón. Al principio era incapaz de asimilar la tragedia. Sentí que era algo pasajero, que la noticia no ocuparía más de una semana. Poco a poco me fui haciendo a la idea de la magnitud del desastre, y ya no pude apartar la vista.
Fui a trabajar atento a la radio. Ya en el trabajo, con el apoyo y la solidaridad de mis buenos compañeros a los que echo de menos, me conecté de nuevo al Canal 24 Horas y mientras redactaba y cumplía con mi deber, seguía las noticias y conversaba por Internet con mis amigos en Japón. Entonces empezaron a sucederse las llamadas.
Amigos de los medios de comunicación me escribían, algunos porque pensaban que podría estar en Japón, otros porque conocían de mi relación con este país y se interesaron por establecer contacto con japoneses. Profesores y amigos en Japón también aceptaron con amabilidad hablar con los medios. Y yo, en mi interior, lamentaba no poder estar en Japón para poder hacer algo más. Puedo decir que el 11 de marzo de 2011 decidí que quería volver a Japón.
Cuando llegué a Japón en junio de 2012, llamé a este proyecto una locura. Y estaba en lo cierto. Desde siempre he querido experimentar la vida en Japón como un adulto más, alejado de becas o de la perspectiva cortoplacista del turista. Mi objetivo principal, quedarme unos años en el país, no ha podido cumplirse. Estoy ciertamente en lo que pueden ser mis últimas semanas en Japón.
Desde que llegué he buscado la forma de ayudar, pero parece ser que he sido más un estorbo. Mi jornada diaria se resume básicamente en escuela de 8:50 a 12:30 y trabajo sin descanso de 13:00 a 20:00. Este horario no me ha permitido tener libertad para hacer otras cosas, y apenas para buscar nuevas oportunidades. El lado positivo: es el periodo de mi vida en el que más intensamente he tenido que estudiar y utilizar el japonés, traduciendo casi a diario noticias y documentos de toda clase para muy distintos programas de televisión. He participado, en parte, en el mundo de los medios de comunicación en Japón, aunque respecto al salario y a las condiciones estoy muy descontento.
El lado negativo, por otra parte, es que no he podido disfrutar apenas de Japón, que mi salario apenas me ha permitido vivir dignamente, y que poco a poco lo que tenía ahorrado se ha ido reduciendo a la mínima expresión, y no precisamente porque lo haya gastado en ocio, sino más bien en supervivencia.
En estos momentos no recomendaría a nadie venir a Japón en las condiciones en las que yo lo he hecho. Y si tengo que dar un consejo a alguien que quiera venir a vivir a Japón, es que se case lo antes posible con una japonesa o un japonés para conseguir el visado de trabajo inmediatamente.
No me arrepiento de haber venido, aunque únicamente porque no tiene sentido llorar sobre la leche derramada. He alcanzado muchos de mis objetivos, casi todos. El único que no he podido alcanzar es el de encontrar una empresa que desee tenerme en sus filas. Ahora me apetece poder hacer algo, cualquier cosa, por la gente de afectada por el tsunami. Tal vez dedique a ello mis últimos días en Japón, un país al que sospecho que no volveré durante un largo tiempo, pero al que he quedado ligado por el resto de mi vida.
El pasado martes 23 de Octubre, sobre las 22:00, los espectadores del programa Kayoukyoku (火曜曲!) de la TBS vivieron una experiencia terrorífica. El programa que estaban disfrutando se interrumpió de repente, y en su lugar apareció una imagen extraña, una nebulosa de formas grises y negras difuminadas, que no pudo hacer más que despertar el pavor entre algunos nipones demasiado traumatizados con las películas de terror más populares de la última década en el país, y más concretamente con The Ring (リング).
Durante los minutos que aquella imagen deforme e irreconocible duró en pantalla, muchos telespectadores (y twitteros/twitteras) se quedaron agarrotados al cojín a la espera de que una terrible Sadako saliese del televisor.
Afortunadamente eso no sucedió. Aunque durante lo que duró el Housou Jiko (放送事故) de la TBS los comentarios en Twitter y Facebook se sucedieron y el término en cuestión llegó a ser Trending Topic. Todo quedó afortunadamente en un simple susto (¡¿Cómo no?!) y la cadena se disculpó posteriormente con el siguiente mensaje:
「先程の番組の中でお見苦しい所がありました お詫びいたします」
Hace un momento hemos mostrado algo impresentable en medio del programa, rogamos nos disculpen.
La cadena también publicó sus disculpas al día siguiente en la web.
¿Y qué pasó con esas inquietantes formas grises? Pues que alguien encontró en Twitter la fuente de las mismas, y resultó que aquel mosaico espeluznante no era más que una ampliación de una foto del grupo Idol AKB48.
Esto tiene mucha sustancia para escribir una nueva y aún más estúpida película de terror nipón. Atentos a vuestras pantallas.
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La unión entre farándula y política no es algo nuevo ni exclusivo de Japón. No obstante, con este artículo quiero mostrar cómo los japoneses tienen también sus Reagan y Schwarzenegger en el ejecutivo. Recientemente hemos vivido un momento histórico en la política nipona con la elección de Yukio Hatoyama como primer ministro, expulsando del gobierno al partido que había dominado casi ininterrumpidamente durante más de medio siglo. Los análisis sobre la figura del nuevo gobernante no han tardado en salir a la palestra, sorprendiéndonos con apuntes tan curiosos como el libro que su mujer Miyuki publicó en 2008, titulado Cosas muy extrañas que me he encontrado, y donde afirma que en otra vida viajó a Venus en una nave triangular, y cómo conoció a Tom Cruise encarnado en un japonés durante ese mismo viaje. Esta extravagante historia ha sido la comidilla de la prensa sensacionalista nipona, y ha sacado a relucir, una vez más, el carácter mediático de la clase política.
Pero estas historias no son patrimonio del PDJ ni fruto del nuevo siglo. Miremos, por ejemplo, la figura de uno de los políticos japoneses más carismáticos de la historia reciente: Jun’ichirô Koizumi. En 1982 Koizumi se divorció, dejando a su esposa sola en espera del tercer hijo. Este hecho es poco común en la clase política y en otros países podría ir en detrimento de un partido de cara a unas elecciones. Pudimos vivir su reelección, y aún hoy muchos japoneses siguen considerando al ex-primer ministro del PLD un gran político. Se dice de Koizumi asimismo que es amante del Heavy, y le vimos imitar a Elvis en una visita a Estados Unidos invitado por George Bush.

Jun'ichirô Koizumi en EE.UU. Fuente: http://www.tonisant.com/blog/pix/koizumi-elvis.jpg
Koizumi, a pesar de haber salido discretamente de la escena política, sigue haciendo sus pinitos en el mundo de la farándula. En octubre de 2009 conocimos que prestará su voz para el personaje de Ultraman King en la película Daikaijū Battle: Ultra Ginga Densetsu The Movie, hecho que nos demuestra, claramente, que lejos de retirarse de la vida pública, la conquista de su tiempo le ha permitido cultivar sus aficiones mediáticas por otras vías.
No obstante, vayamos más allá de Koizumi, hasta la apertura de Japón a la política moderna. Si queremos saber dónde empieza esta simbiosis entre la farándula y la política en Japón tenemos que remontarnos a comienzos del siglo XX, entre 1904 y 1905. El francés André Bellesort, en un viaje a Japón en el que sigue al candidato M. Kumé (de una familia relacionada históricamente con la diplomacia), apunta en un momento dado:
“El actor estudiante Kawakami, fundador revolucionario de una especie de Teatro Libre, se presentaba a los sufragios del duodécimo distrito de Tokio. Era la primera vez que un cómico de profesión subía al estrado político, y vi que, a pesar de todo, el público japonés no tenía aún el sentido muy embotado, porque gruñó. Kawakami perdió el tiempo, pues nadie quiso oírle y se prohibió a los propietarios de yose alquilarle sus salas, esos humildes locales de conferencias a los que van por las noches hábiles oradores a contar cuentos a los tenderos y a la clase media del barrio. Solamente las mujeres trabajaron por su elección; pero si la impertinencia de aquel cómico es una señal alarmante, los cuarenta y cinco votos que obtuvo deben tranquilizar al gobierno sobre el peligro de las influencias femeninas”.
Este pasaje, recogido en La Sociedad Japonesa, obra premiada por la Academia Francesa y traducida al español por F. Sarmiento, contiene también la imagen del actor, que, vestido de uniforme, espada al cinto y pelo alborotado, deja los hombros caídos y se mantiene cabizbajo, con aspecto desolado.
Más adelante en la historia, regresando a los ’90, encontramos otros ejemplos característicos. El 17 de Abril de 1995, se anunciaba en los medios que la elección de los gobernadores de Ôsaka y Tôkyô era un símbolo del cambio de actitud de los japoneses ante la política. Y es que Yukio Aoshima, escritor, compositor, comediante y gobernador de Tôkyô, y Knock Yokoyama, ex-cómico y gobernador Ôsaka hasta 1999, ganaron fundamentalmente por su popularidad. Su pasado artístico les valió para llegar a la población sin necesidad de tener el respaldo de ningún partido, es decir, totalmente en solitario. De hecho, sorprenderá saber que Yokoyama dirigió su campaña desde una tienda de fideos y con el único apoyo de su familia.
Ninguno de los dos candidatos invirtió mucho dinero en ingeniosas campañas publicitarias para ganar electores, y se limitaron a utilizar los espacios gratuitos de la televisión pública. Parece ser que ya tenían asumido que su participación en programas de televisión, ya sea de comediantes (Aoshima fue famoso por su personaje Ijiwaru-baasan o abuela malévola) como de tertulianos, les había acercado al pueblo. Su imagen ya estaba construida en las masas, y lo único que hacía falta era enviar un programa político.

Aoshima en el papel de Ijiwaru Baasan. Fuente: http://image.blog.livedoor.jp/rs_naka_second/
Estos son algunos de los ejemplos más significativos, pero no los únicos. La fórmula de una fuerte personalidad mediática con un sugerente programa político ha funcionado en Japón y en otros muchos países, y parece que lo seguirá haciendo cambie o no el paradigma de los medios de masas.
Cuando cualquier visitante acude a Japón, una de las cosas que más le sorprende es la ausencia de papeleras en la calle. Si preguntamos sobre la razón de esto, probablemente la respuesta que obtengamos es que se han suprimido muchas papeleras para evitar ataques terroristas. Pero, siguiendo la historia reciente de Japón, podemos comprobar cómo no han existido casos de terrorismo internacional que puedan enlazar con los atentados de Londres, Madrid o Nueva York. Realmente, la amenaza terrorista en Japón ha surgido normalmente desde dentro, con casos como el del Rengôsekigun 連合赤軍, la Unión del Ejército Rojo de ideales comunistas; el grupo de ultraderecha Seikijuku 正氣塾, que desde 1981 ha protagonizado numerosos actos violentos; y el más importante de todos, del cual vamos a hablar en esta ocasión: el de la secta anteriormente conocida como Ôm Shinrikyo オウム真理教.
El lunes 20 de marzo de 1995 la secta de la Verdad Suprema (Ôm Shinrikyo オウム真理教), atentó en varias estaciones del metro de Tôkyô, en los recorridos de las líneas Chiyoda, Marunouchi y Hibiya. Estas líneas atraviesan todo el centro de la capital y conectan con el barrio en el que se concentra el poder estatal, Kasumigaseki.
Por aquel entonces era corresponsal del diario El País Ramón Mantecón, quien describió cómo sucedieron los hechos. A las 7.59 de la mañana, entonces hora de grandes desplazamientos y aglomeraciones, Ikuo Hayashi, Ken’ichi Hirose, Tôru Toyoda, Masato Yokoyama y Yasuo Hayashi se deslizaron en los vagones del metro de Tôkyô ataviados con mascarilla. Algo habitual en Japón, y que no provocó las sospechas de los pasajeros. Sí parecía extraño, no obstante, los guantes de plástico que cubrían los brazos de estas personas, la bolsa de plástico envuelta en papel de periódico y el paraguas, algo nada habitual en la mañana víspera del solsticio de primavera.
En pocos minutos esos hombres agujerearon las bolsas, y un líquido comenzó a deslizarse por el suelo del vagón de metro. A los 15 minutos el líquido, que se evapora y se mezcla con el aire, comienza a afectar a los pasajeros. Vómitos, asfixia, ceguera… Es el efecto del gas sarín con el que los miembros de la Verdad Suprema cometen el atentado. Un gas 20 veces más mortal que el cianuro de potasio. El jefe de la estación de Kasumigaseki recoge uno de los paquetes de un vagón de metro con sus manos desnudas, y cae desplomado casi al instante. El gas sarín penetra en el cuerpo a través de la piel y los pulmones, rompiendo las defensas del organismo y provocando una crisis nerviosa.
En total, seis personas murieron en menos de 20 minutos en el metro de Tôkyô, y otras tantas en los hospitales. Más de 5.400 personas fueron intoxicadas.
Aunque todo apuntaba a la secta religiosa de Shôkô Asahara, en un principio negaron los atentados. No obstante, varios meses antes se había oído a este líder laurear al gas sarín en varios de sus sermones. Además, se habían encontrado varios compuestos necesarios para la elaboración de este gas en las instalaciones que la secta poseía en Kamikuishiki. Aunque oficialmente no se había reconocido que Asahara estaba siendo investigado y que se sospechaba de él, la prensa sensacionalista sí había dado cuenta de ello, debido a la presunta implicación que éste había tenido en otros incidentes. Este atentado no fue el primero, el 1994 la policía japonesa dejó sin resolver la muerte de siete personas en la ciudad de Matsumoto, en la provincia de Nagano, tras un ataque con el mismo gas.
Este hecho puso de manifiesto la debilidad de la sociedad democrática y de las grandes ciudades ante el ataque de sectas religiosas fundamentalistas o de grupos terroristas. Los atentados tuvieron una repercusión mundial. También Nueva York y Washington aumentaron la vigilancia en sus subterráneos.
La CIA ya había experimentado la debilidad del metro de Nueva York en los años cincuenta, introduciendo un colorante no tóxico que fácilmente se propagó por los sistemas de ventilación. Este experimento fue la inspiración de una novela de Gordon Thomas escrita en 1990, Perfume Mortal. El desarrollo de esta novela tenía similitudes con los atentados de Tokio. Igualmente, estos ataques inspiraron la novela Salto Mortal (Chûgaeri), del premio Nobel japonés Kenzaburo Oé; y el libro Underground de Haruki Murakami, en el que se discute la repercusión de estos ataques en la psique japonesa.
La secta de Asahara reunía a 10.000 fieles en Japón, 20.000 en Rusia y otros tantos en Nueva York, Bonn, y en Sri Lanka. Su nombre, Ôm Shinri Kyo, deriva del término hindú Om, que representa el universo, y sigue con los Kanji (ideogramas) Shin (verdad), Ri (razón, justicia), y Kyo (fe, doctrina). Esta secta toma influencias del hinduismo y del budismo por la rama Theravada, Mahayana y Vajrayana. Nació a partir de la celebración de varios seminarios sobre Yoga que eran el pretexto para hablar sobre la espiritualidad. En 1987 el grupo de Asahara obtuvo el estatus oficial de religión de manos del gobierno japonés. A partir de entonces fue creciendo el número de fieles, en su mayoría estudiantes, que eran captados a la salida de las estaciones de metro mediante preguntas sobre la existencia.
Shôkô Asahara, cuyo verdadero nombre era Chizuo Matsumoto, se convirtió en lider de esta religión en 1986, tras unos ejercicios espirituales en el Himalaya. Asahara predicaba que el fin del mundo acaecería en 1997, tras una última guerra mundial. En la personalidad y la historia de Asahara hay muchos puntos aún por discutir. Antes de cometer los actos por los que finalmente fue condenado, mantuvo incluso contacto directo con el Dalai Lama, hecho que ayudó a su secta a ser reconocida como religión en Japón. En el juicio contra él fue acusado de 27 asesinatos, y encontrado culpable de 13 de los 17 cargos a los que se enfrentaba, entre ellos de otros casos como el ‘incidente Matsumoto’ y el asesinato de la familia Sakamoto.
No obstante, su juicio no estuvo falto de puntos oscuros. El proceso, que fue titulado por los medios sensacionalistas japoneses como “El juicio del siglo”, fue criticado por la Human Rights Watch porque el abogado más preparado para la defensa de Asahara, Yoshihiro Yasuda, fue arrestado y acusado de obstruir y retrasar el juicio para así evitar que el líder de la secta fuese condenado a la máxima pena posible, por lo que se le impidió participar en la defensa.
Finalmente, el 27 de febrero de 2004 Asahara fue condenado a morir en la horca. Hoy, a sus 54 años, el anterior gurú del la Verdad Suprema aún no ha sido ejecutado. Aunque en 2006 se ha tratado de recurrir la sentencia apelando a una supuesta enfermedad mental, la corte japonesa se ha mostrado inamovible en su decisión. En cuanto a la secta, después de los atentados abandonó Japón para instalarse en Rusia, cambiando su nombre por el de Aleph, la primera letra el alfabeto hebreo. Hoy tratan de desligarse de los actos ocurridos en 1995, por los que toda la política de seguridad del país se transformó.
Encontramos en Youtube un interesante reportaje sobre esta secta (inglés):
Igualmente, un anime que, aunque ha sido montado de modo humorístico con distintas canciones, en origen perteneció al material de propaganda de la secta:
Hace un tiempo os hablé de un programa educativo que adoro que se llama Shakin!. En aquella entrada os enlazaba un video de una canción titulada Kanjite goran, con la que se podían aprender los primeros 80 Kanji de la escuela primaria en Japón. Pues bién, hace poco me he topado con el segundo video, mucho más trabajado, donde se pueden aprender un centenar de Kanji más con su vocabulario. Sigo afirmando que adoro este programa, y que cuando pueda conseguiré los DVD del mismo. Está realizado por un grupo artístico (Manzai entre otras cosas) llamado Rahmens, y si hacéis una búsqueda sobre el mismo en Youtube podréis encontrar videos muy interesantes que os servirán como complemento para estudiar japonés.
Sin más, os dejo con el video. Os recomiendo su visionado diario, y la lectura de la letra para su buena memorización.
Y a modo de recordatorio, el primer Kanjite Goran:
Suelo hablar poco de los Owarai (programas de humor) japoneses. Hoy quiero hablaros de Downtown, un manzai liderado por Matsumoto Hitoshi y Hamada Masatoshi, dos humoristas de gran prestigio en Japón. Concretamente, quiero ofreceros algo de información sobre uno de sus personajes más llamativos, Aho Aho Man アホアホマン.
Aho Aho Man es el “hombre tonto tonto” o “tonto tonto man”. Los sketches de este personaje suelen seguir una línea muy simple (como cualquier sketch en un espacio de humor): dos extraterrestres planean sus maldades contra la tierra, pero un chico (interpretado por Hamada) les sigue la pista. Cada vez que éste está en apuros, llama a Aho Aho Man, y entonces comienzan los despropósitos.
Como podéis imaginar por el nombre, Aho Aho Man no sabe más que ser idiota, y la gracia está en las idioteces que hace. Mención especial merece su traje, que describiremos enlazando la siguiente caricatura que aparece en la galería Nigao de Sugaikotsu Danchô (http://gutsweb.kt.fc2.com/chi01nigao.html).

Autor: Sugaikotsu Danchô
Aho Aho man lleva una armadura musculosa con un trozo de pastel como emblema. Slips no demasiado presentables, calcetines altos de escolar, y una especie de mocasines. El estilo de su pelo, modo casco, resalta su estupidez. Una gran interpretación de Matsumoto Hitoshi.
De esta guisa, provoca las situaciones más estúpidas posibles. Podemos ver algunos vídeos que hay en Youtube, aunque advierto que algunas imágenes pueden herir sensibilidades.
Lo más característico, sin duda, después de su aspecto, es el baile de entrada. Encontramos una recopilación de estos bailes en Youtube.
Y para terminar, un último vídeo en el que comprobamos como el esquema del sketch suele ser siempre el mismo:
Esperando que os hayan entretenido los videos, me despido hasta que tenga cosas mejores que escribir.
La línea de tren tokiota Yamanote, circular, con sus 29 estaciones, es el auténtico corazón (o arteria mayor) de la metrópolis. Esta línea es tan famosa, y forma una parte tan importante de la historia y la vida de Tokyo, que hasta se le ha compuesto una famosa canción que ayuda a recordar sus estaciones. Si alguna vez vas a Tokyo, y quieres conocer mejor esta línea, apréndete la canción y disfruta de los 4 minutos que hay entre estación y estación. Aquí, un video para que la escuches.
Tôkyô, Kanda, Akihabara,
Okachimachi, Ueno, Uguisudani,
Nippori, Nishinippori, Tabata,
Komagome, Sugamo, Ôtsuka,
Ikebukuro, Mejiro, Takadanobaba,
Shin-Ôkubo, Shinjuku, Yoyogi,
Harajuku, Shibuya, Ebisu,
Meguro, Gotanda, Ôsaki,
Shinagawa, Tamachi, Hamamatsuchô,
Shinbashi, Yûrakuchô, Tôkyô… (xN)
Mientras termino el próximo post sobre el desarrollo japonés (¡mañana estará listo!) os dejo un aperitivo de uno de los programas infantiles de Japón que más me han llamado la atención por su calidad artística. Se trata, como ya expliqué en un post anterior, de Shakin!
La siguiente canción, bastante pegadiza, habla a los niños sobre algunos de los secretos de la naturaleza, a través de un paisaje que se va transformando, dibujado con un aire bastante naïf que ayuda a despertar su imaginación. Me resulta especialmente agradable tanto por su duración como por la voz de la cantante. Se titula “¿Lo sabías?” 知るや君? (shiruya kimi?).
La segunda canción que quiero mostraros me ha sorprendido por su contenido. Se trata de la “canción del tiempo” o “canción reloj” うた時計 (Utadokei). Lo que muestra esta curiosa canción es la historia de la tierra desde el mismo momento del big bang, hasta un sorprendente y divertido final. Es uno de esos contenidos educativos que levantarían ampollas entre ciertos sectores conservadores recalcitrantes en los EE.UU. o incluso en España. Allí, en cambio, se muestra con la mayor naturalidad.
Esa es mi aportación de hoy. Espero que podáis disfrutarla. Opino que estas canciones tienen mucha más calidad que, por ejemplo, aquella del “superchufitroco” (que buenos, que buenos, los hace Damián) que perturbó nuestros subconscientes de pequeños.
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Os dejo aquí, como prometí, el vídeo del Robot-arma-destructora-del-espacio Mobile Suit Gundam. La calidad del vídeo y del sonido es horrible. La cámara que he usado es la Pentax A30 de fotos que compré en 2007. Tiene ya su trote, por lo que espero que me disculpéis. Perdonad los comentarios innecesarios.
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Tal como otros célebres blogueros han hecho ya, yo también he ido hoy, mi último día en Japón, a ver el monstruoso Gundam que han montado en Odaiba. También he tomado un vídeo, que os pondré a modo de despedida en el próximo post. ¡Disfrutad las fotos! (Y perdonad las manchas de la cámara).















