Hace poco mi director de tesis me ha regalado la popular obra del escritor de novela fantástica Kôji Suzuki titulada Drop, publicada en formato papel higiénico. El escritor (autor del éxito Ring) pensó en la costumbre de muchos japoneses de llevarse lectura al baño, y negoció con sus editores el curioso formato que podéis ver en las fotos. Gracias a la ayuda de la empresa Hayashi Paper, el escritor ha podido ver realizado su proyecto, y lo que es más, con un éxito apabullante, habiéndose convertido en todo un Best Seller en menos de un año. De hecho, la obra de Suzuki es vendida en algunas webs y librerías como “el papel higiénico más terrofíco de Japón”.
Ya tenemos Drop 1 y Drop 2 en un pack de dos rollos de papel higiénico. Si el éxito se traduce en una estrategia editorial real, los más “regulares” no se van a librar de sus 10 minutos (por un poner) de lectura diaria. Todo un visionario, Kôji Suzuki.
Suelo hablar poco de los Owarai (programas de humor) japoneses. Hoy quiero hablaros de Downtown, un manzai liderado por Matsumoto Hitoshi y Hamada Masatoshi, dos humoristas de gran prestigio en Japón. Concretamente, quiero ofreceros algo de información sobre uno de sus personajes más llamativos, Aho Aho Man アホアホマン.
Aho Aho Man es el “hombre tonto tonto” o “tonto tonto man”. Los sketches de este personaje suelen seguir una línea muy simple (como cualquier sketch en un espacio de humor): dos extraterrestres planean sus maldades contra la tierra, pero un chico (interpretado por Hamada) les sigue la pista. Cada vez que éste está en apuros, llama a Aho Aho Man, y entonces comienzan los despropósitos.
Como podéis imaginar por el nombre, Aho Aho Man no sabe más que ser idiota, y la gracia está en las idioteces que hace. Mención especial merece su traje, que describiremos enlazando la siguiente caricatura que aparece en la galería Nigao de Sugaikotsu Danchô (http://gutsweb.kt.fc2.com/chi01nigao.html).

Autor: Sugaikotsu Danchô
Aho Aho man lleva una armadura musculosa con un trozo de pastel como emblema. Slips no demasiado presentables, calcetines altos de escolar, y una especie de mocasines. El estilo de su pelo, modo casco, resalta su estupidez. Una gran interpretación de Matsumoto Hitoshi.
De esta guisa, provoca las situaciones más estúpidas posibles. Podemos ver algunos vídeos que hay en Youtube, aunque advierto que algunas imágenes pueden herir sensibilidades.
Lo más característico, sin duda, después de su aspecto, es el baile de entrada. Encontramos una recopilación de estos bailes en Youtube.
Y ya, para terminar, observamos con vergüenza ajena la aparición del hermano de Aho Aho Man: Aho Aho Brother. Sí, y digo con vergüenza ajena porque el caballero de la armadura rosa con un helado como escudo no es otro que ¡el gran compositor Ryuichi Sakamoto!
De ahí que interprete el tema de Merry Xmas Mr. Lawrence.
Esperando que os hayan entretenido los videos, me despido hasta que tenga cosas mejores que escribir.
Hoy, paseando por Shinbashi, en Tokyo, me he encontrado con un nombre desafortunado que sin duda invita al chiste fácil. Se trata de un bar llamado Kagaya.
Como este post ha sido corto, os dejo de postre al hombre guisante del Pachinko ‘Green Peas’. Por cierto, estaba tocando las maracas, y tiene más pinta de ser un “edamame”. Un día más ha pasado.
Archivado en: WTF, curiosidades, otros pensamientos | Etiquetas: Bebidas, Pepsi White
Esta navidad mis ojos se posaron sobre la Pepsi White, el nuevo (relativamente nuevo) invento de Pepsi para el mercado japonés. No es que sea un fan de la Pepsi ni del yogurt, pero para todos vosotros, decidí probarla y testimoniar aquí su sabor y sus efectos. La he probado en dos fases:
1- Pepsi White con gas recién abierta.
2- Pepsi White sin gas, un día después.
Las conclusiones del experimento pueden estar un tanto sesgadas debido a la naturaleza subjetiva del investigador, que prefiere las bebidas sin gas. El color de la bebida, como podéis ver en la fotografía, tomada en el mismo supermercado, es blanco translúcido. No llega a ser blanco como la leche, sino más bien un poco más denso que el Aquarius. Lo primero que notamos al probarla es que se trata de una bebida dulce, of course. Luego, nos viene a lo que popularmente se conoce como “el cielo de la boca”, es decir, el paladar, una especie de sensación amarga a yogurt natural que no acaba de ser yogurt. El resultado es algo así como el sabor del Frenadol o de la Couldina, suavizado. Por supuesto, está el regusto de la soda que se nota en casi todas las bebidas con gas que venden en Japón.
Sin gas, el sabor de la Pepsi White es muy parecido al de la Pepsi normal, aunque más suave. El sabor del yogurt no se nota apenas, más bien es como una especie de sabor a cítrico. Sin embargo, el regusto amargo se queda en el paladar después de haber bebido.

Ingredientes: fructosa a partir del azúcar de uva, líquido edulcorante, aromatizante, corrector de la acidez, conservantes (Benzoato de Sodio), Cafeína.
Ahora bien, ¿por qué hacer una bebida como esta? Pienso que la Pepsi White ha salido al mercado para competir con la enorme oferta de bebidas de distintos sabores que hay en el mercado japonés. Esto no es España, donde tenemos sota, caballo y rey. Aquí hay una oferta de bebidas, con alcohol y sin alcohol, para aburrir. Con estos experimentos las viejas empresas buscan hacer su pedazo de pastel un poco más grande. Un ejemplo: la Fanta Grape, de uva, se ha instalado en el mercado japonés y sigue adelante. En Japón hay bebidas como el C.C. Lemon que tienen más éxito que la Fanta de Limón, por ello la vieja empresa necesita ofrecer algo diferente. Con Pepsi ocurre lo mismo, ante la implacable presencia de Coca Cola, Pepsi tiene que hacer esfuerzos por ofrecer algo nuevo, de lo contrario, tarde o temprano está fuera del mercado.
¿Qué futuro tendrá la Pepsi White? No puedo saberlo. Sospecho, sin embargo, que caerá en el olvido. Por si acaso me guardo la botella (tal vez compre otra llena), para el recuerdo. Que, además, dicho sea de paso, tiene un diseño muy “lolailo”.
Archivado en: Lugares, Osaka, WTF, curiosidades, otros pensamientos | Etiquetas: Japan, Lost In Translation, Sangría, Shangri-la
La siguiente historia no pasa de ser una pequeña anécdota sin importancia, pero con moraleja. Sucede en una noche de noviembre, durante la celebración del cumpleaños de nuestro amigo de la República Popular de Hu Jintao. Como ninguno tenía ganas de cocinar o quedarse enclaustrado en el Kansai Kokusai Sentâ, decidimos acercarnos al cercano y siempre visible Gate Tower Building de Rinku Town (no confundir con el anterior Gate Tower Building). Sin saber muy bien a razón de qué o por causa de quién, acabamos en la planta 53 en un restaurante caro llamado Stargate (punto friki para el título, pensamos), que nos recordaba al que frecuentaba Bill Murray en el filme Lost in Translation.
Una vez “ahí arriba”, y ante la desconcertante presencia de los precios de la carta, decidimos que, ya que estábamos allí, teníamos que probar algo que no fuese cerveza o “soft drinks” como coca cola o melón-soda. Nada estaba más abajo de los 1.000 yenes, lo que vienen siendo unos ocho euros aproximadamente. Íbamos a tomar una copa, a ocho euros por cabeza. Y justo en la primera planta podíamos conseguir lo que quisiéramos por 120 yenes. Ironías del libre mercado.
El ambiente era, digamos, bueno. Pero claro, eso es algo que depende en gran medida de la gente. Lo cierto es que con nuestra llegada el ambiente se quebró, no por el ruido (que no hicimos), sino por el aspecto: jóvenes de clase media y baja celebrando un cumpleaños. Nuestros ojos se posaron sobre unas letras del silabario katakana, que juntas se leían “Shanguria” シャングリア. Pensamos, por lo tanto, que se trataba de la archiconocida “Sangría”, que algunos habíamos tenido el gusto de probar. ¿Por qué no? Llamamos a la camarera, que tampoco tenía mucha idea de lo que estaba sirviendo, y le preguntamos sin éxito si aquellas mágicas palabras (“Shanguria”), significaban la famosa bebida española (¿española?). La camarera, para trabajar en un restaurante que cobra no menos de 8 euros por copa, no supo respondernos ni decirnos procedencia o aspecto de la bebida. Ya había algo que no encajaba, además de que estuviera catalogada como “Non alcohol Cocktail”. Nuestro amigo de Kenia optó sabiamente por un Suntory que posteriormente yo inmortalizaría en lo que bien se convertirá en un poster: “In relaxing times, make it Suntory time”. El ambiente no podía ser más Lost in Translation.
¿”Shanguria”? Ahí había algo que no cuadraba. No obstante, optamos por pedirla. ¿Qué otra cosa podía ser? Pues otra cosa. Lo peor que nos podíamos haber encontrado. Una mezcla de soda con colorante. Una especie de Bitter Kas suave y con sabor a fregasuelos. Tal vez, fregasuelos. Ocho euros por una bebida de juguete. Pedimos la carta en inglés, para comprobar que no nos estaban engañando. Lost in Translation. “Shanguria” era “Shangri-La”. Nuestro gozo en un pozo.
Lo curioso del caso es que los japoneses en ocasiones, por muy caro y elegante que sea el sitio, meten la gamba con el Katakana. Parece que les diera exactamente igual. En realidad, nosotros también nos confundimos un poco, pero se nos disculpa porque preguntamos y no supieron respondernos. “Shangri-La” se escribe “Shangrira” シャングリラ en Katakana. “Sangría”, en cambio, se escribe “Sanguria” サングリア. Un error al 50 por ciento. Ocho euros a la basura. Un timo, vamos.
Esto me recuerda también al caso de las transcripciones de los nombres de ciudades. Sevilla, que es la ciudad donde estudiaba y trabajaba, puede escribirse de varias maneras. “Sebi-ja” セビージャ, “Sebiria” セビリア y “Sebi-rya” セビーリャ. Las reglas de transcripción se incumplen frecuentemente. Y en eso, se pierde mucho en la traducción. Luego ocurren los malentendidos.
Hoy me encontré con esto en una tienda de los Hanshin Tigers, dentro de un centro comercial cercano al Museo Suntory de Osaka (edificio que, por cierto, es de Tadao Ando). Esta entrada es un poco extraña, friki, si queréis. Pero que no me digan a mi que en la foto no hay nada raro. Desde luego que yo algo raro veo. ¿Será porque tengo la cabeza ya bastante trastornada? En fin, que aunque el personaje es aparentemente una abuela osakeña, es sólo “aparentemente”. A ver si alguien me explica qué es.
ACTUALIZACIÓN: Resulta que no era un error de diseño. Pramundo me ha sacado de la ignorancia (¡Gracias Pramundo!), y me ha explicado que el muñecajo en cuestión se llama Marimokkori, y que de él ya habló largo y tendido Ikusuki en su blog. Japón es un país realmente WTF. Dos notas mentales: uno, tengo que comprar uno para regalárselo a mi hermano; y dos, tengo que leer más a Ikusuki.
El diccionario también registra el significado de “tocón” (si es en un tren), aunque se entiende por Chikan ちかん a un pervertido, acosador, viejo verde, depravado sexual, y todos los términos relacionados que se os ocurran. En la entrada trasera (también conocida como “la de las bicis”) del Kansai Kokusai Sentâ mi amigo Paolo me hizo notar la presencia de este curioso cartel que reza: chikan chûi!! ちかん注意!!, que se traduce por “¡Cuidado con los pervertidos!”. Otras acepciones para Chûi son “¡Ojo!” o “¡Atención!”. Como podréis comprobar, ambas traducciones, por su ambigüedad, no son buenas para referirnos a un aviso sobre depravados en la zona.
Seguramente una vez apareció uno y asustó/alegró el día a una anciana. Desde entonces pusieron un cartel. Peculiaridades de un país como este. La información nunca está de más. Sirve para luchar contra la entropía. En este caso, la entropía es un pervertido trastornado.
Hace algunos días, al entrar en la Konbini de la estación de Rinku Town, no pude más que exclamar un OMFG seguido de un LOL para sorpresa de la clientela al ver esto en la sección de repostería. ¿Soy yo, o este es un diseño muy desafortunado aunque libre de maldad? Lo cierto es que la postura de los osos no es la más inocente, su expresividad (o inexpresividad), no es la más explicativa, y para colmo, esos corazones flotando alrededor. Para una mente malvada como la mía, este tipo de detalles no pasan desapercibidos. Vosotros sois los jueces.
















