Una admiración que viene de lejos

Mi admiración por Japón nació en algún momento de mi más lejana infancia. Desde que comencé a hacer como el que estudiaba en el Juvenal de Vega de Huelva, sentía una admiración inconsciente por este país. No sabía apenas nada de él, sólo que era especial, distinto. Era la diferencia, posiblemente, lo que más me atraía de Japón. Recuerdo con orgullo abrir aquellos incompletos libros de historia, e irme a las pocas líneas que hablaban sobre Japón, invariablemente referidas a la segunda guerra mundial. Mi desinformación por aquella época, y también mis pocas ganas de explorar, dejaron en reserva mi interés investigador.

Lo que sí recuerdo con nitidez, es ver en Televisión Española por primera vez El Imperio del Sol. Me gustó tanto, que inmediatamente se convirtió en mi película favorita. Desde entonces, mi atención se centró en los episodios de Hiroshima y Nagasaki. Admiré la capacidad que tuvo el pueblo japonés para levantarse de nuevo y convertirse en una gran potencia. Es más, una potencia sin ejército, y que pese a las decisiones del ex primer ministro Koizumi, y del actual lider del PLD, Shinzo Abe, sigue manteniendo un notable carácter reservado y, en cierta manera, pacifista.

Uno de los últimos episodios en los que recuerdo que tomé definitiva conciencia de que debía dedicarme al estudio de Japón ocurrió los últimos días de bachillerato, cuando ya todo estaba dicho y hecho. Estábamos hablando del futuro con la profesora de Historia de España, como se suele hacer cuando terminan etapas en la vida. Ella nos decía lo importante que era estudiar una carrera y todo eso, y mencionó con bastante seguridad que lo esencial en la vida era aprender inglés. -No, Japonés – le corregí. Pero ella despreció mi respuesta sin dudarlo, y tenía razón. Pero esa corrección espontánea que surgió de mí me estaba aclarando algo. Japonés no era el idioma más importante para los demás, pero sí para mi. Debía dedicar mis esfuerzos a Japón (lo que no quitaba seguir estudiando inglés). Podía no ser una opción útil, pero era la que yo quería. Gracias a ello he cosechado no pocas críticas, pero ninguna ha podido aún mermar mi interés-obsesión.

Una vez llegué a la universidad, marchándome a Sevilla, pude hacer cuatro años de Japónes, y durante ese periodo de tiempo fue cuando sumergí, hasta llegar a obsesionarme (casi ahogándome, en cierta manera) en el conocimiento de Japón y Asia Oriental. Hoy soy periodista (o licenciado en periodismo, como quiera el gremio llamarme), obtuve el diploma en lengua japonesa y el Noken 3 el pasado año (lo que se traduce en seguir estudiando mucho japonés), y realizo un doctorado cuya investigación implica una mejor comprensión del modo de entender la realidad en Japón.

Después de mucho tiempo esperando, este año por fin puedo alcanzar una meta: viajar a Japón. El viaje forma parte de mi investigación. Además, al estar rodeado de una gran comunidad de japoneses en Sevilla, me atrevo a decir que con razón muchos escritores han afirmado que Japón es una “raza extraterrestre”, marcianos en el planeta tierra. No es una cuestión de amarlos u odiarlos, sino de querer comprenderlos, o seguir viendo sólo un espejismo.

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Una admiración que viene de lejos

8 comentarios en “Una admiración que viene de lejos

  1. Ureshiiiiiiiiiiiiiii

    Bien por ti, me alegro de que por fin vayas a conseguir tu sue#o de ir a Japon -yo tengo que esperar, no se cuando pero ire…-
    Disfruta de cada momento, preparando el viaje, viajando y recordandolo despues.
    Pero no olvides compartirlo con nosotros… Queremos saberlo todo.

    kooun buena suerte amigo
    un abrazo
    nicoinkosovo

  2. danjuro dijo:

    Arigatou.

    Voy a intentar ir detallando todo mi viaje. Especialmente cuando vaya a escalar el Fuji-San, que ya tengo planes para ello. Espero poder sacar una foto, brazos al cielo, desde la cima.

    Un abrazo ¡y espero que puedas venir pronto!.

  3. Takeda dijo:

    Omedeto

    Tal vez sea apropiado recoger aqui estas palabras que el novelista norteamericano Hawthorne escribio a un amigo, justo antes de que emprendiese un largo viaje.

    “Empieza a escribir siempre antes de que la impresion de lo novedoso haya desaparecido de tu mente, o de lo contrario tenderas a pensar que las peculiaridades que al principio te atrajeron, no merecen ser anotadas. Pues son precisamente estas ligeras peculiaridades las que proporcionan al lector la impresion mas intensa. Piensa que nada es demasiado trivial para ser puesto por escrito, pues aun ello sera caracteristico en su grado mas infimo. Te sorprendera encontrar, al reexaminar tu diario, la importancia y la fuerza grafica que estas pequeñas peculiaridades asumen”

  4. A ver cómo nos va por allí, yo soy muy optimista. No todos los días se cumple un sueño que se viene persiguiendo desde hace años. Yo ya he declarado abierto mi blog y he avisado a mis conocidos. 🙂

    ¡Ya queda menos de una semana!

  5. ElGolfo dijo:

    Respecto a tus dos posts, creo que es un acierto que abras un blog especifico para esta experiencia y me ha encantado que empieces por aclarar de dónde te viene esa pasión por Japón.
    Bueno amigo, mi enhorabuena porque por fin vas a cumplir tu sueño, una suerte a la que no todo el mundo llega. Espero que todo te vaya bien. Ya estoy ansioso por leer tu post de llegada.

  6. patricio dijo:

    Dani, siempre he querido saber la historía de esa pasión (como tú dices, casi enfermiza por Japón). ahora me parece que comparto un poco más de ese secreto. lo sorprendente de todo eso es que haya más gente que oriente su vida con tanta intensidad como tú lo haces. supongo que mucha gente no te ha comprendido nunca pero lo cierto es que ellos carecen de su japón particular. Sea un país en el extremo del mundo o la pasión desaforada por las crepes de nutella, lo importante es “ser de verdad”. acuerdate de mí cuando escales el monte fuji

  7. Quillo!!!!(¿tendrá traducción japonesa?) Por fin en Japón, ¿a qué no te lo crees?. Ahroa leere tus hazañs y desventura de un onubense en japón. Cuidado un choquero en Nipón si es que…

  8. Tal vez no sea yo una erudita de japonologia, pero si hay alguien que infundiera en ti esas semillita de curiosidad por Japon, fui yo, desde que estabas en la cuna y te cantaba una cancióncilla infantil aprendida de memoria y cantada en una Japones no muy ortodoxo, y mas adelante cuando te relatava las historias que aquel jesuida me contaba cuando yo rondaba los once años y estudiaba bachillerato en el instituto Rabida de Huelva, donde narraba los horrores de los bombardeos sobre Nagasaki que el vivio en primera persona, y nos mostraba fotos, y nos contaba como el pueblo japones sanaba sus heridas físicas y espirituales, esa fue la llama que encendio tu curiosidad, luego vino ya la parte mas culta, pero los principios fueron siempre la curiosidad y pasion de tu madre.

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