¿Es ético abrir otro blog sobre Japón?

Desde que los religiosos españoles y portugueses, y los comerciantes ingleses y holandeses visitaron Japón a partir del siglo XV, mucho antes del sakoku, han existido numerosos registros personales sobre la vida y las costumbres de los nipones. Uno de los primeros y más característicos trabajos fue el de Luis Frois, que de una manera muy simplificada explicaba las costumbres del pueblo japonés en contraste con la norma occidental. Este afán por registrar visiones fascinadas de lo extraño tuvo su declive durante los años de gobierno del shogun Tokugawa, y sólo recuperó su esplendor con la restauración Meiji, especialmente a través de los trabajos de Lafcadio Hearn, Julien Viaud o André Bellesort. La necesidad de registrar las costumbres de un país tan distinto al fin abierto al mundo fue algo común a la tarea de los embajadores y cónsules de la época, como Townsend Harris o Francisco de Reynoso. Algunos vivieron increíbles historias, que luego fueron el caldo de cultivo de novelas de éxito.

La II Guerra Mundial frenó de nuevo el volumen de diarios y escritos en torno a Japón, y sólo Ruth Benedict, a través de El Crisantemo y la Espada, lograría reanimar el interés científico por el archipiélago. A partir de ahí, muchos otros estudios surgieron arrojando experiencias más personales que científicas sobre el “milagro económico” y el mantenimiento de la base cultural japonesa. Hasta el mismísimo MacArthur mantuvo un diario de la ocupación. Otro ejemplo de ello lo encontramos en las líneas que dedica Arthur Koestler en El Loto y el Robot. Koestler separa el Japón tradicional (Lotolandia) del Japón del boom económico (Robotlandia), haciendo mención en este caso de otro tipo de tradiciones: las plastificadas.

Hasta John Lennon vivió una especial fascinación por Japón, o las japonesas, llegando a tener dos novias de esta nacionalidad, una de las cuales se convirtió en su esposa, y posteriormente viuda: Yoko Ono. Ni que decir tiene el boom asiático que se vivió en los años ’80, donde lo japonés tuvo una aceptación enfrentada. Por un lado, el miedo ante la ya emergida y aparentemente imparable economía japonesa; por otro, el registro incansable de diferencias, apreciable en documentales de prestigiosos directores de cine como Chris Marker, en Sans Soleil, o Win Wenders, en Tokyo-ga. Amén de populares canciones como Domo Arigato Mr. Roboto, de Styx.

En los ’90, con la explosión del ‘Baboru’ (Bubble) y la crisis económica (aunque ríome yo de esas crisis) el mundo respiró tranquilo. El “peligro amarillo” no era lo que parecía. Pero la fascinación, aunque oculta, permaneció. En los últimos años la admiración ha crecido, y los nuevos cronistas de la japoneidad se manifiestan, especialmente, a través de Internet, como www.kirainet.com, de Héctor García, que ha cosechado un éxito sin precedentes en la blogosfera española gracias a artículos (o post) frescos y llenos de conocimiento.

No obstante, las facilidades que nos otorga la red tiene dos caras. La buena, es la democratización de los medios de comunicación sociales. La mala, es la contaminación informativa por exceso. Esto ha afectado notablemente a los estudios sobre Japón. Hoy cualquier persona que hace un viaje a Japón, o consigue trasladarse allí, abre un blog comentando todo lo que vive, a menudo con excesivas apreciaciones personales que no parten de una base científica, sino plenamente emotiva. ¿Es esto malo?

Tengamos en cuenta que los blogs hoy día siguen siendo una herramienta para plasmar impresiones personales, y no sólo para presentar artículos científicos. Además, los blogs se han convertido en un recurso muy válido para mantener el contacto con un numeroso grupo de personas a las que se conoce directamente, en los casos en los que se quiere lanzar un mensaje colectivo. Sustituyen a los correos masivos, pero tienen la desventaja de estar abiertos a toda la comunidad de internautas. Por otra parte, el exceso de información contenida en los blogs ha afectado sensiblemente a los buscadores, siendo ahora más importante saber discriminar entre información contrastada y conocimientos personales vertidos en una página personal. En este caso, mi blog se sumaría al ingente número de bitácoras dedicadas a Japón, siendo uno más de la familia. Por este motivo, ¿es ético abrir otro blog sobre Japón?

En mi defensa, que es lo que presento aquí, puedo decir que dedicando mis esfuerzos al estudio de Japón, y asumiendo el papel de periodista sin medio, he querido escribir artículos para exprimir al máximo este viaje tan esperado. No obstante, haré lo posible por aportar nuevas informaciones a la extensa blogosfera. No hay que olvidar que esto es un blog personal, y no una revista científica, por lo que, en otro orden de cosas, las investigaciones más serias que vaya realizando serán parcialmente expuestas en este espacio. Además, siempre y cuando aprendamos a discriminar la información y a contrastarla entre diversas fuentes, el volumen de información sobre Japón que se pueda aportar desde la experiencia personal será interesante para comprender mejor de qué manera puede ser percibida una cultura desde occidente.

Por este motivo, veo ético abrir este nuevo blog sobre Japón, otro más. Pero esto es sólo una opinión personal. ¿Qué pensáis vosotros?

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¿Es ético abrir otro blog sobre Japón?

4 comentarios en “¿Es ético abrir otro blog sobre Japón?

  1. Yo he estado a punto de no montarme un blog propio precisamente porque me resulta demasiado típico que “todo los españoles que van a Japón montan un blog al respecto”.

    Al final he dado mi brazo a torcer, por dos razones principales: muchos amigos y conocidos me lo habían pedido, y quiero intentar aportar algo que no se vea en otros sitios. En mi caso mi fuerte es el idioma japonés, así que intentaré tratar temas así aparte de mis experiencias personales.

    Creo que tú con tus análisis más científicos de Japón aportarías ese factor diferenciador que legitima la existencia del blog. 😉

  2. Gracias por tu comentario sensei!! Nos acordamos un monton de ti. Gracias a tus consejos y lecciones de japones nos movemos perfectamente por japon. Aunque aun nos sorprenden algunas cosas.

    Algo que he notado: en Espanha las cosas se vuelven enormemente sencillas. Pero en Japon hay mucho mas donde elegir, y eso me parece fascinante.

  3. Bueno, no somos robots. Todos tenemos cerebros distintos y cada uno cuenta la misma historia de manera distinta y le aporta un valor añadido propio. Hay centenares de periódicos, no uno, y es bueno que sea así.

    Además, tampoco es la misma historia. Puedes plantearte que este blog no va sobre Japón, sino sobre tu experiencia en Japón, y ahí sí que no hay precedentes (o eso supongo).

    Un salido, digo saludo 🙂

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