El balido del ciervo y el disfraz del diplomático

El pasado verano aproveché para comenzar a investigar un tema que me resultó interesante hace ya algunos años cuando leía La Creación de Japón de Ian Buruma. Se trata del Rokumeikan (Pabellón del balido del ciervo), un edificio popular que se ha convertido en el símbolo de la diplomacia fracasada de la era Meiji.

Acabo de escribir un capítulo sobre el tema para el próximo FEIAP, que enlazaré cuando ellos tengan a bien publicar los nuevos archivos. Encontré de casualidad alguna información sobre esta construcción en el Museo de Edo-Tokyo, en Ryogoku. Fue un auténtico hallazgo, porque llevaba ya tiempo interesado en el tema, y casi nadie me informaba más allá de las pocas referencias que se suelen encontrar. Poco después compré el libro Rokumeikan wo tsukutta otoko (El hombre que construyó el Rokumeikan) en la librería Nanyodo de Kanda.

En el Museo de Edo-Tokyo tienen una interesante maqueta además de varios objetos de la época. El Rokumeikan fue realmente peculiar. Su impulsor fue Kaoru Inoue, importante político de la Era Meiji. El arquitecto que lo construyó fue Josiah Conder, considerado padre de la arquitectura occidental en Japón. Inoue quería un edificio plenamente inglés, pues pensaba, con los ejemplos de EEUU y Australia, que el modo más directo de convertirse en una potencia libre y democrática, activa en el juego internacional, era mimetizar al imperio británico. Josiah Conder, sin embargo, pensaba que ese era un estilo alejado del espíritu japonés, y trató de mezclar varias corrientes para crear una nueva arquitectura propia del Japón modernizado (u occidentalizado).

Fue, por lo general, una época de disparates. Pierre Loti hace una descripción de una de las audiencias en este edificio en su libro Japón en Otoño. Poco después de la inauguración, todo el mundo, incluida la emperatriz, fue obligado a vestir traje occidental. Básicamente, el objetivo principal de las audiencias con los embajadores era la revisión de los tratados desiguales. Estas negociaciones fracasaron estrepitosamente, y el gobierno de Hirobumi Ito, que era primer ministro durante los primeros años del Rokumeikan, empezó a ser conocido como “El gabinete danzarín”.

Con el fracaso de esta política de disfraz occidental, el Rokumeikan sufrió también un importante descenso de popularidad. Al final fue vendido y transformado en el Peers Club.

Lo que no consiguió la arquitectura y el traje occidental, lo lograría la guerra un poco más tarde. Hoy podemos asegurar que Japón comenzó a ser mejor considerado en la comunidad internacional después de derrotar al “Oso Moscovita” en la Guerra Ruso-Japonesa en 1905. Así, Japón aprendió que la vía de entendimiento con las potencias mundiales era el poder militar y no la arquitectura. Una triste y errónea lección.

Cuando el artículo esté por fin publicado os lo enlazaré al blog. En septiembre de este año saldrá a la luz con toda seguridad.

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