Casa sin paredes

Se ha escrito mucho, demasiado, sobre la arquitectura japonesa. Es especial, sin duda. Es, de hecho, desde mi punto de vista, una victoria de la naturaleza sobre el impacto del ser humano. Hablamos, por supuesto, de la casa tradicional, la que se confunde con la naturaleza, y no de los colosos de hormigón que pueblan ahora las ciudades de cualquier país desarrollado.
El pasado fin de semana fui a Inunakisan, cerca de Tajiri, en Osaka. Me alojé en una suerte de hotel o guest house llamado ‘Ikoi no Ie’, que cuenta, en realidad, con tres bungalow con tatami. No son casas japonesas propiamente dichas, sino una especie de híbrido, donde celebrar reuniones para beber (nomikai), o simplemente pernoctar. También hay un restaurante y una tienda de recuerdos, donde se puede almorzar algún que otro plato japonés. El dueño de ‘Koi no Ie’ es también el arquitecto artífice de todo el complejo, que ahora se afana más en cocinar buenas recetas al ritmo del jazz que en construir altas torres. A su lado un socio de aspecto bohemio, boina francesa, pañuelo en el cuello, piercing, bigote y pulseras de cuero y metal, que de vez en cuando suelta un “how are you?” o “Where are you from?” imitando el inglés que nunca habló Peter O’toole. En la cocina, temporalmente, ayuda también la esposa del arquitecto, servicial y diligente, que ha venido desde Yokohama.


¿Por qué es una “casa sin paredes”? Al entrar en el pequeño habitáculo (aunque suficiente para cuatro futones), uno se encuentra expuesto. Las casas están casi sobre el río, y a menudo no me cabe la menor duda de que están “en” el río. En las cuatro paredes, además, hay cuatro grandes puertas correderas de cristal. No son los típicos Shoji (puerta corredera fabricada con un marco de madera y papel de arroz), pero aíslan prácticamente como si lo fueran, es decir, prácticamente nada. Siendo europeo, educado bajo el invisible pero potente puño de la tradición judeocristiana, uno no puede evitar sentirse expuesto. Afortunadamente hay cortinas. Eso no evita, sin embargo, que la luz entre como Pedro por su casa en cuanto amanece.


Uno se siente expuesto también cuando va a un onsen (baño termal), algo muy extendido y apreciado en Japón. En el momento en el que uno tiene que desnudarse para entrar en los baños, de no estar solo, aprecia realmente los problemas que tiene al provenir de la cultura del pecado, que es Europa; frente a la cultura de la vergüenza (haji) que es Japón, algo que ya advirtió y explicó de manera magistral el filósofo Kitaro Nishida.
En esos momentos en los que uno siente vergüenza, y en mi caso, realmente duda entre entrar o escapar, lo mejor es pensar que, al fin y al cabo, los de la cultura de la vergüenza no tienen nada de interés ni entienden sobre la cultura del pecado. Es el contexto lo que cuenta. Es otra casa sin paredes.


Fuera del onsen, de vuelta al bungalow, sentado en el tatami, oyendo la corriente del río, los mosquitos y las arañas conquistan las esquinas y las lámparas. El barro ensucia las mesas de plástico de la terraza. Las hojas lo cubren todo, pronto cambiarán de color. El musgo trabaja de cubierta para una caseta en el exterior. La naturaleza es la que condiciona el hogar, y no al contrario.

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Casa sin paredes

7 comentarios en “Casa sin paredes

  1. mrfsuarez dijo:

    No dejes de escribir, nos has conquistado con tus descripciones y tus visicituudes viajeras, cada dia abrimos internet en casa esperando encontrar alguna nueva cronia japonesa. Sigue así, tu club de fans te necesita.

  2. okasan dijo:

    Por fin has vuelto a escribir, me gusta mucho el estilo sarcastico con que describes las cosas, y aparte de comentar tu estilo literario, me alegro de ver que estas disfrutando y viviendo pqueñas aventuras. Aprovecha este tiempo que has tenido la suerte de conseguir, vivelo intensamente.

    Un beso

  3. Aysh… todavía no he leído todo… pero una puntualización… faltaba una い al nombre del hotel… o sea no era こいのいえ sino いこいのいえ(憩いの家)(憩い…relajación, descanso)
    A los interesados…
    犬鳴山いこいの家 http://domestic.hotel.travel.yahoo.co.jp/bin/hotel_image?chiku=R370&shisetsu=328&via=kenall

    Jooo yo que soy de Osaka no conocía ese 犬鳴山… parece un sitio muy bonito, a ver si voy con mis niñas cuando crezcan 🙂

  4. LaProfe> Mil gracias sensei. Ya lo he corregido. Había apuntado muy mal el nombre del lugar. Pensándolo ahora detenidamente, no había una sola carpa en el lugar. Sí muchos perros, eso desde luego.

    A todos> ¡Os recomiendo el sitio! Es barato y acogedor. Aunque no tienen ducha con agua caliente, sólo ofuro.

  5. okasan dijo:

    buenos dias, a mi me gustaria mucho visitar ese lugar algún dia, pero como no soy tan culta para corregirte el japones escrito solo te corregire el castellano, y en este te dire que a ver si sacas 5 minutitos para escribirme a mi solita.

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