Guitarra eléctrica de Doraemon

Rockin Doraemon
Rockin' Doraemon

Dando un paseo por las tiendas de los Outlets de Rinku Town, me llamó la atención el escaparate de una tienda de instrumentos, por esta curiosa y Wtfquiana guitarra eléctrica. Es posible que esté orientada a un público especial, de coleccionistas, o de Otakus en el buen sentido de la palabra. Ahora, ¿Os imagináis a Keith Richards tocando Sympathy for the devil con esta guitarra? Eso sería impagable.
También vi una tienda de lego llena de figuras de Star Wars, pero esa es otra historia. Juro que el día que gane dinero (¡algún día!) me compraré una guitarra eléctrica y empezaré a practicar.

Guitarra eléctrica de Doraemon
Guitarra eléctrica de Doraemon
Guitarra eléctrica de Doraemon

Obama Line

Obama Line.
Obama Line.

En la estación de Rinku Town, me topé con esta curiosidad. La archiconocida línea Obama.
Metafóricamente hablando, que nos lleve a buen destino. Que sea nueva y segura. Que no se quede corta. Que acepte a todos. Que las tropas regresen en ella sin billete de vuelta.

Obama Line

Trenes nocturnos a Osaka

Un retrato en movimiento
Un retrato en movimiento

Volviendo de Kyoto de ver cómo se vuelven las hojas rojas como la sangre, me encontré con un interesante panorama nocturno. Una de las cosas que más me gustan de Japón son los trenes, cómo fácilmente se usan a diario, con qué precisión están trazadas sus líneas, y la increible dependencia que existe hacia ellos. Cuando era aún un crío, soñaba a veces que volaba entre la ciudad, junto a los edificios, a toda velocidad, sin preocupaciones. Estos trenes me hacen cumplir aquel sueño, en cierta manera. Atraviesan la ciudad, la ensartan, la abrazan. El tiempo, en Japón, parece viajar por las vías del tren. Y las estaciones ser la medida del espacio. Las estaciones también caracterizan el urbanismo de estas ciudades. Hoy os dejo un mal video, que al igual que en anteriores ocasiones, sirve, sin embargo, para expresar cuáles son mis sensaciones dentro de estos trenes, conquistadores del tiempo y el espacio.

Vodpod videos no longer available.

more about “Trenes nocturnos a Osaka“, posted with vodpod
Trenes nocturnos a Osaka

El autógrafo del arquitecto Tadao Andô

Este post será breve (dentro de 45 minutos entro en clase, de hecho). El pasado domingo estuve en el Museo de Chikatsu Asuka en Ôsaka, obra del arquitecto Tadao Andô, para asistir a una conferencia del mismo que llevaba por título 「近つ飛鳥を梅いっぱいに!」(Chikatsu Asuka wo Ume Ippai ni!), cuya traducción provisional diré que es ‘¡Llenemos Chikatsu Asuka de cerezos!’ (una corrección quiero).

El nuevo libro de Tadao Andô
El nuevo libro de Tadao Andô

En esto que, por otra parte, el arquitecto Tadao Andô estaba presentando su nuevo libro, que ha salido el 25 de octubre de este año en la editorial Shinchôsha, y que tiene por título 「建築家 安藤忠雄」(Kenchikuka – Andô Tadao), en el que recoge algunas reflexiones sobre su vida, su modo de entender la arquitectura, la sociedad japonesa, y la idea de ciudad, dedicando un capítulo a Ôsaka.

El autógrafo del arquitecto
El autógrafo del arquitecto

Por supuesto que, como buen seguidor de su obra, compré su libro y me acerqué a él para que me lo firmara. Aunque sus “guardaespaldas” no me permitieron hacerme una foto con él, Andô-sama se mostró muy simpático, y comentó en seguida “¡ah, de España!” en cuanto le dije mi nombre, mientras autografiaba el libro. Luego, cuando le mostré la tarjeta, ya supo que venía desde Sevilla, ciudad para la que diseñó el pabellón de Japón en la Expo’92. Si os fijáis, mi nombre está escrito al revés, con el apellido por delante. Esto es debido a que el ayudante le leía mi nombre en la tarjeta, mientras él lo escribía en el libro. En mis tarjetas de la Japan Foundation el apellido viene por delante, así que el ayudante se debió de hacer un poco de lío. Sin embargo mola, ¿no?

Por lo demás, la conferencia fue bastante interesante y entretenida. Aunque parezca un tipo serio, Tadao Andô no paró de hacer bromas durante su intervención, y de hecho incluso reconoció que es en el trabajo donde se vuelve más estricto. Próximamente, las fotos del museo, y alguna explicación más sobre la conferencia del pasado domingo.

El autógrafo del arquitecto Tadao Andô

Vida en el Kansai kokusai Sentâ

Muchos de vosotros os estaréis preguntando qué es lo que hago yo ahora mismo por Japón. La respuesta, en general, es que muchas cosas. Para ser más específico, os voy a describir qué es lo que estoy haciendo en el ‘Kansai Kokusai Sentâ’, y cual es el objetivo de esta estancia (que espero que se extienda por unos 50 años más).

Pete, Yunhee y Paolo, en Shinsaibashi

En estos momentos estoy en Japón con una beca de la Japan Foundation, con la que estoy intentando alcanzar un nivel avanzado de japonés, y donde estoy llevando a cabo la investigación para mi tesis doctoral, cuyo tema es la Megalópolis de Tôkaidô, su historia, su proyección para el futuro, y especialmente su descripción. El tema de la tesis no queda ahí, sino que, viniendo como vengo del mundo de la comunicación, estoy buscando una nueva descripción del área megalopolitana de Tôkaidô, que se extiende desde Tôkyô hasta Ôsaka, entendiendo el urbanismo tanto de las ciudades principales como de las intermedias desde la teoría de la información, conectando con la idea de entropía, la teoría de la redución de incertidumbre,  y la evolución de la Sociedad de la Información (también sociedad del conocimiento, o sociedad post-industrial). En este apartado, ahora me encuentro analizando si es cierto que existe una megalópolis en sí misma, o si se trata de una idea en proceso que surge en los años ’60, y que tiene su desarrollo académico y material con los trabajos de Eiichi Isomura y Kenzo Tange, entre otros estudiosos de renombre.
Os podéis imaginar que el tema que he elegido resulta algo difícil de tratar. No obstante, mi investigación va por buen camino, y tal vez, sólo tal vez, haré aquí alguna actualización al respecto.

El grupo (falta Wamae, Pete y Diana), en agosto
Zhanna, Diana, Ling Ling, Hyunju, Yunhee, en la habitación japonesa

En cuanto a mi estancia en el centro, os aseguro que no puede ser mejor. Estoy compartiendo una gran época de mi vida con el grupo ‘PS8’, aka ‘Yabai Gruppu’, en el que se incluyen además dos amigos de Tailandia y Singapur respectivamente, del grupo ‘AYF’, que estarán por aquí hasta el mes de abril de 2009. Nosotros, los “kenkyusha” (investigadores) somos un grupo de 9, repartido en varias nacionalidades: China, Corea, Filipinas, Kenya, Italia, Rusia y España. Entre nosotros hablamos siempre en japonés, y ni que decir tiene que con los profesores también, ya que de hecho no nos permiten usar la lengua de Shakespeare. Sin embargo, con la gente de otros cursos (hay varios de iniciación al japonés para diplomáticos, y uno para gente de Malasia que pretende quedarse a vivir en Japón realizando trabajo social), hablamos siempre en inglés, lo que me está sirviendo también para practicar y aprender mejor este idioma.

Con Yunhee, Paolo y Wamae, en Nara

En todo el centro soy el único español. Me imagino que en el mismo grupo que ha ido a Tokyo (de haberlo), habrá algún paisano. Aquí soy el único representante del país del sol, la paella, la siesta, Gaudí y los problemas de financiación derivados de los Estatutos de Autonomía; así que no tengo más remedio que dar buena imagen, aunque a veces me cueste. De hecho, desde que llegué me he dado cuenta de que este centro es algo así como las Naciones Unidas, pero útil.

Normalmente aquí paso de lunes a jueves en clase, estudiando incesantemente japonés y acudiendo a la biblioteca a bucear en busca de información que me inspire para mi tesis. Los viernes, aunque nos recomiendan que lo pasemos en la biblioteca, o nos preparan alguna actividad, los “kenkyusha” solemos ir a visitar algún barrio interesante, o alguna ciudad cercana. Los fines de semana también descansamos un poco el cerebro, aunque casi siempre tenemos entre manos algo de la investigación o el estudio de los Kanji.
Pronto, además, llegará el First Term, durante el que me iré a Tôkyô a hacer algunas entrevistas para mi tesis, y a visitar alguna que otra universidad. De hecho está en el punto de mira la Universidad Metropolitana de Tôkyô, donde espero encontrar muchas respuestas.
Ya ha pasado más de un mes desde que llegué, y la verdad es que estoy acumulando muy buenos recuerdos.. Realmente, la gente con la que estoy compartiendo mi vida en el centro es extraordinaria. Y aún me queda mucho por ver.

Vida en el Kansai kokusai Sentâ

Marketing directo y vergonzante

El pasado sábado estuve paseando por las calles del osakeño barrio “Nigiyaka” (alegre y juvenil) llamado Shinsaibashi. Es un lugar de visita obligada por su peculiar estilo y fama. Al ser fin de semana, por supuesto, estaba a reventar de chavales y chavalas de distintos estilos y edades, hablando de temas triviales y gastando dinero. También había extranjeros y alguna que otra abuela despistada. Entre el ruido, las miradas cruzadas con jovencitas desconocidas y los gestos de “no quiero saber que estás aquí” de otros extranjeros, me encontré con dos tipos que hacían publicidad, creo recordar, de una tienda en la que venden ordenadores de segunda mano. La pinta de los muchachos es la siguiente: ropa informal, actitud despreocupada, y un enorme casco de cartón con forma de cubo de pollo frito del Kentucky Fried Chicken puesto en la cabeza para evitar ser reconocidos (guión) pasar vergüenza.

Ya he hablado de las curiosas estrategias de venta que existen en Japón, y de la cantidad de productos de distinta índole que se venden, y cómo la gente responde a la publicidad con voracidad. De hecho, una de las palabras que uno puede oír muy a menudo en los anuncios, tanto en las grandes superficies como en los medios de comunicación, es “shinhatsubai” 新発売, cuya traducción sería “ya a la venta”, aunque la expresión está formada por las palabras “nuevo” (shin) y “puesto a la venta” (hatsubai). En Japón la publicidad es algo realmente importante, por lo que podríamos decir que es el paraíso y al mismo tiempo el infierno de cualquier publicista o experto en marketing, que tiene que reinventar la manera de vender el mismo producto continuamente. Sin embargo, en el lado opuesto, podemos ver escenas tan tradicionales y sencillas como dos tipos voceando delante de una tienda.

Vocear (“yomiuri”) es algo que tiene mucha tradición en muchos países, y que en Japón parece ser una costumbre. Por otra parte, me resulta gracioso que surjan también iniciativas tan curiosas como esta que os he descrito. No creo que haya un equipo de especialistas detrás de esta publicidad. De hecho, no me imagino a un equipo de creativos a las cuatro de la mañana, en torno a una mesa con café humeante, exclamando de repente: “¡Ya lo tenemos! ponle a estos dos unas cajas de cartón en la cabeza y que se pongan en medio de la calle a vender nuestro producto!”. Más bien se trata de una actividad que hasta podría ser ilegal.


Esta es una muestra de lo antiguos que pueden ser los japoneses en ocasiones. Es algo que ya contaré en próximos artículos. De hecho, en el sitio en el que estoy ahora aún funcionan con VHS y cintas de cassette. ¿Será una reacción ante el exceso de productos novedosos y la rápida caducidad de los mismos? No lo sé, pero tiene su encanto que sigan utilizando cosas que en nuestros países, menos tecnológicamente desarrollados, parecen haber caído en el olvido definitivamente.

Marketing directo y vergonzante

Gakutensoku學天則, robot octogenario

Este verano leí en Pink Tentacle un estupendo artículo sobre la conmemoración del 80 aniversario de Gakutensoku 學天則, un robot construido por el biólogo Makoto Nishimura en 1928, del que tengo un vago recuerdo sobre su aparición en una película japonesa de los años 70. Gakutensoku fue creado para la celebración del ascenso al trono del emperador Showa (Hirohito), y tras su exposición en Kyoto, viajo a numerosas muestras en distintos países, hasta que se perdió en Alemania.

Este autómata ahora está expuesto en la Museo de Ciencias de Osaka, al que no dudé en ir para verlo y hacerme la siguiente foto. Como apunte al margen, confesaré que pensaba que era más grande. Creo, tengo casi la certeza absoluta, de haberlo visto de pequeño en la televisión, en un horrible filme. Si algún cinéfago lo recuerda, o tiene la más mínima referencia, por favor, hágamelo saber.

Sobre el nombre, hay que tener en cuenta que el primer caracter “Gaku” 學 (学) (hay que leer el cartel de izquierda a derecha), que significa “instrucción” o “estudio”, está escrito en su versión antigua (Kyûjitai). La siguiente palabra “Tensoku”, significa “ley celestial” o “ley natural”. Este robot, por tanto, sería algo así como “el aprendiz de la ley celestial” o “el que se instruye en la ley celestial” (francamente, ahora mismo no se me ocurre una buena traducción).

Como sé que la mayoría de vosotros estáis hechos unos frikazos, aquí os dejo una foto del mecanismo expuesto en el museo. Viendo la foto, cualquiera diría “¡Ah! pues no es tan sofisticado”, “Pues vaya mierda de robot”, “Eso lo hace mi primo el que tunea coches en cuatro tardes”. Hazlo tú, listo… Es más, hazlo en 1928. Bromas aparte, prometo sacar pronto un video del robot y el mecanismo en movimiento, para que tengáis más información.

Gakutensoku學天則, robot octogenario