El desarrollo japonés frente al mundo. (II) El sueño traicionado.

En el anterior post hablamos de algunos de los factores que lanzaron la economía japonesa desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Presentamos, por así decirlo, algunos de los pilares fundamentales del estado desarrollista nipón. En este artículo dejamos las antiguas previsiones de Hakan Hedberg para centrarnos en lo que de verdad ocurrió durante los años de expansión económica, hasta la explosión de la burbuja financiera e inmobiliaria, intentando resumirlo y simplificarlo en la medida de lo posible.

Durante el periodo de ocupación, el gobierno norteamericano promulgó toda una serie de medidas para evitar los monopolios de los antiguos zaibatsu 財閥, posteriormente denominados keiretsu 系列. No obstante, no hay que confundir a los zaibatsu con los keiretsu, puesto que poseen importantes diferencias. El keiretsu se sostiene sobre una estructura más horizontal, y una jerarquía de menor “profundidad”, es decir, una cadena de mando más reducida. Por otra parte, como conglomerado aúna a muchas otras empresas en su cadena (o espectro) de producción, pero no por ello todas tienen que pertenecer a la misma firma.

Estos keiretsu tendrán su particular expansión tras la ocupación. Tras la retirada de MacArthur, ya con la economía japonesa bien encarrilada, la legislación del país se vuelve más laxa en cuestiones de monopolio. Es entonces cuando vuelven a tomar importancia antiguos conglomerados como Sony, Matsushita, Mitsubishi, Honda o Mitsui, entre otros. Alrededor de estos gigantes surgen también toda una serie de pequeñas empresas satélite que absorven buena parte de los costes de producción como subcontratas, hecho que ayuda a las grandes firmas a mantener el tipo mientras que los pequeños empresarios se van a la quiebra.

Comienza una época en la que el estado tiene un control más férreo de la economía. El crecimiento económico se acelera gracias a los beneficios obtenidos por la Guerra de Corea, en la que Japón participa tímidamente tras la insistencia de los EE.UU.; y con el aumento del comercio exterior.

El capital acumulado comienza a invertirse, especialmente, en obras públicas, bajo el mandato del primer ministro Hayato Ikeda, entre 1960 y 1964. Ikeda es recordado precisamente por ser el político que favoreció el crecimiento económico a través de la reconciliación y la paciencia, buscando el consenso social, o bien tratando de mediar entre la patronal y la mano de obra. Bajo el gobierno de Ikeda, Japón logra superar incluso las expectativas gubernamentales de crecimiento económico. Son los primeros años del “milagro”, y también los del desarrollo urbanístico y las grandes esperanzas y proyectos para la ciudad y la megalópolis de Japón. La exposición de Osaka de 1970 sirve como plataforma para transmitir la modernidad y el poder tecnológico de Japón al mundo. Es el año también en el que el arquitecto Kenzo Tange diseña los planes para convertir el corredor del Tôkaidô en una enorme y futurista megalópolis hasta el año 2000.

La crisis del petróleo de 1973 saca de las ensoñaciones a muchos entusiastas del desarrollo. El ritmo de crecimiento  del que Japón disfrutaba hasta entonces se estanca, lo que pone en alerta a la industria. No obstante, como toda crisis significa también cambio, en 1974 la industria sufre una transformación, y la alta tecnología y la electrónica comienzan a tener más importancia, en detrimento de la industria pesada, cuyo consumo de combustible era mayor. Es la época también en la que el poder electrónico de Japón obliga a las hasta entonces dominantes empresas de Silicon Valley a cambiar su política productiva.

Japón supera la crisis en poco tiempo y vuelve a encarrilar su desarrollo. Sin embargo, comienzan a sucederse los casos de corrupción. El sueño, poco a poco, comenzará a derrumbarse.

El primer ministro Kakuei Tanaka, uno de los más populares en la historia contemporánea de Japón, puede servirnos para ofrecer el ejemplo más significativo en relación a esto último. Tanaka es un político de grandes ambiciones, que realmente desea transformar Japón en la primera economía del mundo. En su libro editado en inglés y en japonés Construyendo un nuevo Japón, diseña para el país una suerte de hoja de ruta con la que se propone transformar desde las relaciones laborales e internacionales del país, hasta las comunicaciones y las ciudades del archipiélago.

Tanaka establece buenas relaciones con la China popular, y con el gobierno de Richard Nixon. Sin embargo,  comenzará a verse envuelto en diversos escándalos desde que la revista Bungei Shunju publica un reportaje que pone en duda sus prácticas empresariales. Con el escándalo Lockheed, se acusa a Tanaka de haber aceptado sobornos millonarios a cambio de favorecer la compra de los aviones L-1011 para las líneas aéreas paraestatales de Japón All Nippon Airways (ANA), en lugar de los modelos McDonnell Douglas DC-10. El escándalo salpica a muchos otros políticos del PLD, y acelera la caída de Tanaka del poder. Aunque continúa en la Dieta, Tanaka es condenado en 1983 a cuatro años de cárcel. Hasta 1983, el escándalo Lockheed remueve la política japonesa, y saca a la luz los agujeros negros del desarrollo.

Durante los años 80 sucede toda una renovación de la economía japonesa, que se resume en la deslocalización para reducir costes de producción, la apuesta por nuevas tecnologías menos dependientes del petróleo, y una revalorización de los activos financieros e inmobiliarios que conducirán a la economía de burbuja. Comienzan los años locos del crecimiento urbano y de los nuevos millonarios. Es también la época de los precios desorbitados de la tierra, que conduce a un pequeño estado de desconcierto y crisis en 1985.

No obstante, desde ese mismo año y hasta el estallido de la burbuja en 1990, Japón experimentará un crecimiento milagroso que recuerda al sueño de los años del primer ministro Ikeda. Sin embargo, la catástrofe comenzaba a vislumbrarse en determinados círculos. El precio del desarrollo, del sueño japonés, se conocería tarde o temprano. Una mañana del año 1990, los rotativos japoneses admitían la debacle. Era el comienzo de lo que se conoce como “la década perdida”, cuyo ambiente es un largo periodo de recesión. El pacto social para el desarrollo del país se reveló entonces, para muchos japoneses, como una gran tomadura de pelo.

Analizaremos en el próximo artículo el coste humano del desarrollo y el espíritu de la década perdida, con algunas notas de actualidad.

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El desarrollo japonés frente al mundo. (II) El sueño traicionado.

6 comentarios en “El desarrollo japonés frente al mundo. (II) El sueño traicionado.

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: En el anterior post hablamos de algunos de los factores que lanzaron la economía japonesa desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Presentamos, por así decirlo, algunos de los pilares fundamentales del estado …..

  2. Muy interesante, como siempre, no conocía los detalles anteriores al estallido de la burbuja de 1990, ni las implicaciones de la crisis del petróleo de 1973.

    No dejará de sorprenderme que en Japón fuesen prestos en reconocer la existencia de la burbuja inmobiliaria y aquí tardemos tanto. Nos pasará factura, seguro. Bueno, ya la está pasando, pero aún queda para rato.

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