El primer ferrocarril de Japón: del juego a la obsesión

Este post forma parte de un artículo más extenso que el autor está preparando en la actualidad.

Hoy es evidente que el tren ha cambiado el modo de vida de la sociedad japonesa, la forma de sus ciudades, su identidad y, cómo no, la movilidad por el archipiélago. El tren es, con toda seguridad, el medio mejor desarrollado dentro de Japón, y sin duda un elemento indispensable y un símbolo del desarrollo del país. Al igual que en otras naciones, la introducción de este medio de transporte, hace apenas 150 años, cambió por completo el concepto de movilidad. No obstante, el tren ha tenido un impacto especial en la vida de los japoneses, y ha transformado radicalmente el paisaje de las ciudades, llegando a hundirse en las raíces de la identidad japonesa, o incluso en la imagen exterior del país.

La llegada del comodoro norteamericano Matthew Calbraith Perry en 1853 introdujo el primer “germen” del desarrollo ferroviario en Japón, por así decirlo, con una pequeña muestra de la técnica y el desarrollo que los “bárbaros” habían alcanzado. Al regreso a la bahía de Tōkyō del comodoro Perry, en 1854, se permitió a un grupo de oficiales del bakufu visitar las naves norteamericanas. Los japoneses quedaron maravillados por la maquinaria a vapor de los occidentales, y se vieron aún más sorprendidos con la diversidad de regalos que el gobierno norteamericano ofreció a Japón. Entre ellos, uno de los más llamativos era una pequeña locomotora a vapor con un ténder, y un pequeño vagón que, según la descripción del cronista de la expedición Francis Hawks, “apenas podría albergar a un niño de 6 años”.

Pese al tamaño de la locomotora, que había sido llevada en calidad de muestra del progreso occidental, algunos de los oficiales que la vieron por primera vez en funcionamiento se empeñarían en montar, y posteriormente la máquina se convertiría en un divertimento para algunos afortunados japoneses. Tal como cuenta el cronista de la misión americana, para montar en la máquina los japoneses terminaban subiendo al tejado del vagón, y gritaban con sorpresa cada vez que el vapor de la locomotora silbaba en su pequeño recorrido circular de apenas 110 metros.

Este regalo tendrá para Japón más importancia de la que se pensó en un primer momento, pues se convertiría en uno de los detonadores del descontento general de un importante sector de la población, que sentía haber sido anclado en el pasado lejos de las puertas del progreso. El Sakoku (el ostracismo nacional dictado por los Tokugawa desde 1635), para muchos intelectuales de la época, había desviado a Japón de las naturales vías del progreso tecnológico que otras naciones habían alcanzado con el libre intercambio de conocimiento.

Representación del primer tren, según un dibujo japonés. Fuente: http://ocw.mit.edu/ans7870/21f/21f.027/black_ships_and_samurai/bss_essay07.html

Apenas 15 años después de que el regalo del comodoro M.C. Perry causara furor entre los japoneses y contribuyera a la caída de los Tokugawa y a la restauración del emperador en el poder, las primeras líneas de ferrocarril estaban ya siendo trazadas en el archipiélago. Las negociaciones para conseguir la inversión necesaria para trazar la primera línea de ferrocarril real de Japón habían comenzado tan pronto como Mutsuhito inauguró su cargo como máximo poder político del país. Esta primera vía, sin duda, debía conectar las ciudades que estaban desarrollando todo su potencial en la época: Tōkyō, que se había convertido rápidamente en el eje donde se centralizaba todo el poder; y Yokohama, el primer puerto abierto a las naciones extranjeras tras el largo periodo de enclaustramiento, y una ciudad en la que ya residían alrededor de 900 extranjeros entre cuerpos diplomáticos y expertos que habían sido llamados por el mismo gobierno japonés como instructores para los futuros gobernantes, legisladores e ingenieros del nuevo Japón.

Pese al entusiasmo por la empresa de crear el primer tramo ferroviario en el nuevo Japón, las primeras pruebas fueron un auténtico fracaso y el desarrollo de la primera línea tardaba en concluir. Entre las razones de dicho fracaso, en primer lugar, al parecer el contratista británico no habría conseguido el suficiente capital para desarrollar todo el proyecto adecuadamente. Por otra parte, muchos de los extranjeros que habían llegado a Japón en calidad de ingenieros o empleados de esa industria terminaron por dedicarse a explorar el país en una suerte de “vacaciones orientales” más que desarrollar el trabajo por el que habían sido llamados, frente a los nativos empleados, para los que todo lo referente al ferrocarril era nuevo y desconocido.

Un billete de Yokohama a Kawasaki. Museo del ferrocarril de Ômiya.

Al fin, el 14 de octubre de 1872 la primera línea entre Tōkyō y Yokohama era inaugurada con la audiencia del emperador y todos los representantes políticos y consulares, así como “los embajadores de Kiu Kiu” y los jefes Ainu, según la descripción entusiasta de William Griffis, un profesor americano presente en la ceremonia de apertura.

Partícipes del mismo entusiasmo que Griffis, los japoneses no tardaron en unirse a la causa ferroviaria, y en apenas un año 25 locomotoras, kilómetros de vía y 158 vagones fueron importados por Japón para enlazar cada una de las provincias del país.

Era el comienzo de la gran red ferroviaria de Japón, que, como hemos podido aprender, comenzó con un regalo estadounidense.

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El primer ferrocarril de Japón: del juego a la obsesión

3 comentarios en “El primer ferrocarril de Japón: del juego a la obsesión

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Este post forma parte de un artículo más extenso que el autor está preparando en la actualidad. Hoy es evidente que el tren ha cambiado el modo de vida de la sociedad japonesa, la forma de sus ciudades, su identidad y, cómo n…..

  2. Ferrobús dijo:

    Aunque en España no entendamos esto, el tren forma parte de la cultura japonesa. Solo hay que ver las “jubilaciones” de algunos trenes. Se llenan las estaciones o el tren en si en este tipo de acontecimientos… Aquí en España se desguaza un tren y no pasa nada, total, como es viejo y supuestamente ya está obsoleto…

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