La cultura del suelo

Hace unas semanas comentaba con un profesor japonés que estaba de visita en Sevilla algunos aspectos relativos a la diferencia entre el concepto de espacio que existe en Europa y Japón. Cuando se leen distintos estudios comparativos entre Japón y Occidente que no buscan más que definir lo que tiene de japonés la cultura nipona, uno encuentra muchos puntos en común. La cultura del espacio en Japón es la cultura del suelo, o bien, como otros autores la han llamado: “la cultura que se descalza”, “la vida en plataformas”, “la cultura del genkan” (espacio donde uno se descalza antes de pasar a casa).

Esto, que leído por primera vez puede parecer una soberana estupidez (y a lo mejor lo es para muchos), alcanza todo su sentido si analizamos distintos hechos de la vida y la cultura popular japonesa. Por ejemplo, el arquitecto Ashihara Yoshinobu, al que ya he mencionado en otros post, empezaba a definir así la vida en una casa japonesa: “Nos quitamos los zapatos y entramos en casa”. El hecho de descalzarse en el genkan tiene una raíz histórica muy importante. La explicación que a menudo se da a esto es meramente pragmática: no estropear el tatami. Sin embargo, hoy día muchas viviendas no tienen tatami, sino madera, por lo que descalzarse es un acto de higiene fundamental en la casa japonesa.

Rekishi-kan. En Tajiri-Cho, Ôsaka.

Conviene recordar también que los orígenes del genkan están relacionados con la doctrina del budismo Zen, y asimismo con la psicología del espacio. Hay autores que defienden, de manera acertada, que el genkan es un umbral psicológico que separa la vida y la etiqueta en el exterior, del refugio y el comportamiento relajado en el hogar. En pocas palabras, la casa de un japonés de clase media no está pensada para recibir visitas, porque forma una parte fundamental de su intimidad. No os sorprendáis si alguna vez un japonés amigo vuestro que se haya alojado en vuestra casa no corresponda ofreciéndoos una habitación. Esto ha cambiado con el correr de los tiempos y la influencia de un interiorismo de estilo más global, por supuesto, aunque se siguen conservando elementos y materiales netamente japoneses.

Pero pongámonos en el caso de un occidental que entra en una casa japonesa por primera vez (por ejemplo, un caso personal). Lo primero que sorprenderá, si uno entra en un piso pequeño de un típico bloque de hormigón, es que el recibidor está lleno de dos cosas: zapatos y paraguas. Esta suele ser una constante, con excepciones, claro. Lo de los zapatos es evidente, porque uno se descalza en el piso inferior, y sube a la tarima. Lo de los paraguas es lógico si conocemos el clima japonés. Pasemos ahora a la estancia principal: ¿Dónde está el sofá? ¿Por qué la televisión está tan baja? ¿Por qué únicamente hay sillas en la mesa de la cocina?

Todas estas preguntas asaltan y sorprenden a una persona que desconozca la cultura japonesa. Cuestión de perspectiva. En una casa típica japonesa, aunque haya moqueta, se vive en el suelo. En realidad, los japoneses viven en en plataformas desde tiempos inmemoriales, cuando se estableció la vida elevada para protegerse de la humedad del suelo. Esto no es nada irrelevante, pues afecta físicamente a los japoneses, cuya espalda y cadera debe soportar el acto de agacharse y levantarse del suelo continuamente, algo que personas mayores de occidente hacen con dificultades. La espalda también se curva, el cuerpo cae hacia adelante en la postura relajada que adoptan muchos japoneses. No obstante muchas personas mantienen hasta la vejez la flexibilidad suficiente para poder doblar las rodillas y caderas hasta alcanzar el suelo.

Afecta igualmente al arte. En Europa, que a menudo es definida como la cultura de la muralla, por el urbanismo de la antigua ciudad amurallada, y por la importancia del muro en la arquitectura tradicional, la pintura al óleo o con materiales que permitieran colocar el lienzo verticalmente fue la que predominó y triunfó en el arte y la cultura. En cambio en Japón fue la tinta, ya sea en caligrafía o a la aguada en el sumi-e, la que triunfó en la cultura tradicional. Ni que decir tiene que la técnica que se utiliza para este tipo de pintura y escritura obliga al autor a poner el papel horizontalmente, sobre una tablilla o directamente en el suelo.

Rekishi-kan. Tajiri-Cho, Ôsaka.

En una casa japonesa la televisión debe estar también a la altura adecuada para la vida en el suelo, al igual que la mesa camilla con estufa que se conoce como kotatsu. El gran maestro del cine “costumbrista” japonés, Yasujiro Ozu, quiso ofrecer a su público la perspectiva real de una casa japonesa, y como buen perfeccionista ideó un trípode que ponía la cámara a la altura de una persona que se sienta en torno a un kotatsu a charlar. Con esto, el espectador podía sentir que estaba presente en la escena, sentado junto a sus artistas favoritos. La vida en el suelo cambia la perspectiva del mundo, y me atrevería a decir que pese a los cambios que están sufriendo las nuevas viviendas en Japón, este tipo de perspectiva desde el “tatami” no se abandonará del todo en mucho tiempo.

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5 comentarios en “La cultura del suelo

  1. Gran post!, me ha gustado mucho! Cierto que la casa japonesa es como un refugio (para ellos) de la muy estricta etiqueta que se ha de seguir fuera.
    Me quedo con esa idea! …y sigo recorriendo tu blog, que he llegado sólo hace unos días!!
    ^ ^

  2. Zalagath dijo:

    Hola,es la primera vez que paso por aquí y he de decirte que me ha encantado este post, tanto que voy a leerme todas las entradas anteriores que pueda.
    Es muy interesante leerte.
    Un saludo.

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