Mis posibles últimas semanas en Japón

Mori Tower - City View

Recuerdo cómo el 11 de marzo de 2011, mientras me preparaba para ir a trabajar bien temprano en la mañana, me conecté al Canal 24 Horas y miré horrorizado las imágenes del tsunami que azotaba Japón. Al principio era incapaz de asimilar la tragedia. Sentí que era algo pasajero, que la noticia no ocuparía más de una semana. Poco a poco me fui haciendo a la idea de la magnitud del desastre, y ya no pude apartar la vista.

Fui a trabajar atento a la radio. Ya en el trabajo, con el apoyo y la solidaridad de mis buenos compañeros a los que echo de menos, me conecté de nuevo al Canal 24 Horas y mientras redactaba y cumplía con mi deber, seguía las noticias y conversaba por Internet con mis amigos en Japón. Entonces empezaron a sucederse las llamadas.

Amigos de los medios de comunicación me escribían, algunos porque pensaban que podría estar en Japón, otros porque conocían de mi relación con este país y se interesaron por establecer contacto con japoneses. Profesores y amigos en Japón también aceptaron con amabilidad hablar con los medios. Y yo, en mi interior, lamentaba no poder estar en Japón para poder hacer algo más. Puedo decir que el 11 de marzo de 2011 decidí que quería volver a Japón.

Cuando llegué a Japón en junio de 2012, llamé a este proyecto una locura. Y estaba en lo cierto. Desde siempre he querido experimentar la vida en Japón como un adulto más, alejado de becas o de la perspectiva cortoplacista del turista. Mi objetivo principal, quedarme unos años en el país, no ha podido cumplirse. Estoy ciertamente en lo que pueden ser mis últimas semanas en Japón.

Desde que llegué he buscado la forma de ayudar, pero parece ser que he sido más un estorbo. Mi jornada diaria se resume básicamente en escuela de 8:50 a 12:30 y trabajo sin descanso de 13:00 a 20:00. Este horario no me ha permitido tener libertad para hacer otras cosas, y apenas para buscar nuevas oportunidades. El lado positivo: es el periodo de mi vida en el que más intensamente he tenido que estudiar y utilizar el japonés, traduciendo casi a diario noticias y documentos de toda clase para muy distintos programas de televisión. He participado, en parte, en el mundo de los medios de comunicación en Japón, aunque respecto al salario y a las condiciones estoy muy descontento.

El lado negativo, por otra parte, es que no he podido disfrutar apenas de Japón, que mi salario apenas me ha permitido vivir dignamente, y que poco a poco lo que tenía ahorrado se ha ido reduciendo a la mínima expresión, y no precisamente porque lo haya gastado en ocio, sino más bien en supervivencia.

En estos momentos no recomendaría a nadie venir a Japón en las condiciones en las que yo lo he hecho. Y si tengo que dar un consejo a alguien que quiera venir a vivir a Japón, es que se case lo antes posible con una japonesa o un japonés para conseguir el visado de trabajo inmediatamente.

No me arrepiento de haber venido, aunque únicamente porque no tiene sentido llorar sobre la leche derramada. He alcanzado muchos de mis objetivos, casi todos. El único que no he podido alcanzar es el de encontrar una empresa que desee tenerme en sus filas. Ahora me apetece poder hacer algo, cualquier cosa, por la gente de afectada por el tsunami. Tal vez dedique a ello mis últimos días en Japón, un país al que sospecho que no volveré durante un largo tiempo, pero al que he quedado ligado por el resto de mi vida.

Mis posibles últimas semanas en Japón

El dispositivo portátil de Panasonic para limpiarse el ojete en cualquier momento y lugar

Seguramente se me esté escapando algo muy importante al ver este invento, pero de verdad que no comprendo cómo el ser humano ha llegado a este extremo: la máquina portátil de Panasonic para limpiarse el ojete wherever you want.

Bidé de bolsillo de Panasonic

Es producto del mes en el Bic Camera de Shinjuku, y la sorpresa al verlo ha sido mayúscula. Así nos venden la máquina:

“¿Has probado alguna vez la última tecnología japonesa en asientos de inodoro que limpia y refresca tu trasero con un chorro de bidé? “Handy Toilette” es un dispositivo portátil con batería que te permite limpiarte el ojete en el momento que quieras”.

Bidé de bolsillo de Panasonic

Y cuesta nada más y nada menos que 90 euros, el condenado. ¿Os imagináis llevar eso a todas partes?
– Cariño, ¿llevas las llaves?
– Sí.
– ¿La cartera?
– En mi bolsillo.
– ¿No te dejas el móvil?
– En el maletín… Ah, espera, se me olvida la máquina para limpiarme el ojete en el trabajo.

Bidé de bolsillo de Panasonic

Tengo muchas, muchísimas preguntas sobre este producto. Pero la primera que quiero hacer a Panasonic-san es “¿Por qué?“.

Señores, este es el primer paso hacia las famosas tres conchas.

El dispositivo portátil de Panasonic para limpiarse el ojete en cualquier momento y lugar

Primera nieve de Tokio

El pasado 14 de enero, coincidiendo con la celebración del día de la mayoría de edad en Japón, el Seijin no hi 成人の日, nevó. Aunque es una fiesta nacional, y muchos japoneses descansaban ese día, la esclavitud de la televisión japonesa me obligó a salir del futón temprano y prepararme para ir a trabajar. Justo antes de salir abrí la ventana de mi habitación para echar un vistazo a las nubes, sólo para encontrarme con que empezaba a nevar.
He visto pocas veces la nieve en mi vida. Esta vez la nevada fue muy intensa, aunque afortunadamente pude llegar a la oficina antes de que se acumulase. Ya en el espacio gris y deprimente de mi oficina, alguien tuvo la brillante idea de abrir una cortina por primera vez, para poder ver la calle. Mientras buscaba, traducía, escribía en japonés y me dejaba la vista, como a diario, en un ordenador de mucho antes de los smartphones, con Windows XP, echaba un vistazo para ver cómo caían en abundancia los copos. Vuelos cancelados, coches con cadenas, y un frío impresionante.

Aquí os dejo algunas fotos de aquel día y del día después.

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves de Tokio 2013

Primeras nieves de Tokio 2013

Primera nieve de Tokyo 2013

Primera nieve de Tokyo 2013

Primera nieve de Tokio

Diez supersticiones populares de Japón

Takao san 高尾山

Japón es un país extremadamente supersticioso (¿Qué país no lo es?). Creo que ha llegado el momento de contaros algunas de las supersticiones que existen en este país, algunas de ellas verdaderas creencias, otras diversiones que a veces son tomadas muy en serio. Aquí tenéis una pequeña lista de 10 supersticiones a tener en cuenta en Japón:

1) Algo que jamás se debe regalar en una boda en Japón son instrumentos cortantes: cuchillos y tijeras. Para los japoneses, esto simboliza la posibilidad de que la pareja “corte”. Del mismo modo, no se deben regalar cosas que se puedan separar en partes o en conjuntos iguales (aunque a la hora de la separación es lo más útil).

2) Cuando alguien acaba de estrenar o de construir su casa, es costumbre hacer una visita de rigor y llevar un regalo. Jamás, jamás, jamás regaléis vajilla. Los japoneses ven en la vajilla que se puede romper unos pilares débiles para la nueva casa, un mal augurio para el futuro de la casa.

3) En el apartado de regalos, mucho cuidado también a la hora de visitar a un enfermo en un hospital. Lo normal en Europa es llevar unas flores (o al menos lo era). En Japón se debe evitar llevar al enfermo plantas en macetas, porque las raíces que se hunden en la tierra simbolizan para ellos que la enfermedad se agarrará al enfermo con fuerza, o que el enfermo “echará raíces” en la cama del hospital. También por el juego de palabras neduku 根付く (enraizarse) con netsuku 寝付く (quedarse dormido).

4) En las bodas debemos tener también mucho cuidado con las palabras que utilizamos. Los verbos hodoku 解く (desatar), kiru/katto 切る/カット (cortar), hanareru/wakeru 離れる/分ける (separar), y todo tipo de palabras que impliquen eso, dan mal agüero.

5) Los japoneses también están muy obsesionados con el éxito en los exámenes, y tienen toda una serie de supersticiones. Antes de un examen muchos japoneses toman katsu-don カツ丼. ¿Por qué? Pues sencillamente por el juego de palabras con el verbo katsu 勝つ, que significa vencer, llevarse la victoria. En las konbini, antes de los exámenes de ingreso en las universidades, algunas marcas venden snacks que hacen honor a este juego de palabras. También hay estudiantes que toman caramelos con forma pentagonal, por la similitud de la palabra gokaku 五角 (pentágono) con goukaku 合格 (aprobar). Por la misma razón, compran lápices con forma pentagonal para los exámenes.

6) Otro juego de palabras se hace con el más moderno Kit Kat, que muchos nipones toman antes de exámenes o entrevistas de trabajo. En Japón lo relacionan con el juego de palabras kitto katsu きっと勝つ (ganar con toda certeza). Por la misma razón, hay que evitar los Kit Kat en las bodas, ya que también se podría leer kitto katto きっとカット (cortar con toda certeza).

7) Por otra parte, algunas de los verbos que nunca se deben decir cerca de un estudiante son suberu 滑る (resbalar, patinar), korobu 転ぶ (caer), ochiru 落ちる (precipitarse, desplomarse), Sakurachiru サクラ散る (el marchitarse del sakura, ya que lo relacionan con el suspenso).

8) Al igual que en España algunas personas se santiguan al paso de una ambulancia, algunos jóvenes japoneses ocultan los pulgares en el puño al paso de un coche fúnebre. ¿Por qué los pulgares? Pues sencillamente porque los pulgares son llamados en japonés oya yubi 親指 (Padres+Dedo), y con ello “ocultan” a sus padres ante el paso de la muerte.

9) También hay un par de cosas que nunca se deben hacer por la noche. Primero, silbar por la noche atrae a los fantasmas. Así de claro para ellos. Si el vecino se pone a silbar por la noche, está buscando una visita de la chica del pozo, del niño blanquísimo que vive en el desván, o de cualquier espíritu que ande por los alrededores. En segundo lugar, uno nunca se debe cortar las uñas antes de dormir o meterse en la cama o futón con los calcetines puestos. Los japoneses piensan que si uno hace una de estas dos cosas, no podrá ver a sus padres en el lecho de muerte, estará ausente en un momento tan importante.

10) Finalmente, una que ya conoceréis es la superstición sobre los números 4 y 9. En los hospitales y en algunos edificios no existen estos números. La razón está en las lecturas que tienen y sus asociaciones. El cuatro se puede  leer shi, que también es como se lee la letra para “muerte” 死. Por otra parte, el 9 se lee ku, y se relaciona con el Kanji de kurushii 苦しい (doloroso) o kurou 苦労 (sufrimientos, penalidades).

Y vosotros, ¿qué supersticiones conocéis?

Diez supersticiones populares de Japón

No escupir en la cara del conductor del tren

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En la estación de Ochanomizu me he encontrado hoy con este simpático cartel. Avisa de que el “tsuba kake”, el tradicional escupitajo, es un delito. Lo más curioso de la gamberrada es que la hacen, según veo, cuando el tren está partiendo de la estación y el pobre conductor nada puede hacer. Es una gamberrada delito un tanto retorcido, y digo yo que el cartel podría incitar a algunos copycats por su originalidad.

¡Ah! el maravilloso mundo de la cartelería de las estaciones de Japón.

No escupir en la cara del conductor del tren

Segundo Año Nuevo en Tokio: los lugares y las cosas

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Reconozco que llevo mucho tiempo sin escribir. Contrariamente a lo que pensaba cuando emprendí este proyecto, las cosas no han ido demasiado bien, y mi situación en Japón y en la vida ahora mismo es como un mesón, indiscutiblemente inestable.

Así y todo, sigo trabajando, estudiando y disfrutando de pequeñas cosas. La navidad me pilló trabajando, dedicado a una búsqueda muy infructuosa para un programa de televisión que por suerte no tendré que ver. El fracaso de esta tarea me ha animado a redoblar mis esfuerzos para encontrar un nuevo empleo, y lo que es más, para intentar por todos los medios trasladarme a Osaka, Kioto o Kobe. Una de estas tres ciudades, de la región de Japón que más me gusta a falta de conocer el norte y el sur más al sur.

Año Nuevo fue otra historia. Armado de ganas y de mi compañera de viaje, la pobre Nikon D3100 sobreexplotada, me dediqué a visitar algunos lugares de Tokio para captar el ambiente del último día del año. Es mi segundo Año Nuevo en Japón, ya que el primero lo viví en 2008, en Asakusa, con buena compañía, tomando café en un Starbucks al que también volví este año, y viendo a la gente esperar en el Kentucky Fried Chicken.

Año Nuevo en Tokio 2012-2013

El primer paseo del último día del año lo dí, cómo no, en mi barrio, Okubo y Shinjuku. Traspasando los pasajes de tiendas coreanas y clubs de dudoso gusto en la bastante concurrida Kabukicho, llegué al Hanazono Jinja. Eran alrededor de las 16:00, y apenas unas pocas personas de paso, cargadas de bolsas, paraban a rezar su plegaria en el templo. Lo que sí fue interesante ver fueron los preparativos. Cuidadosamente, un operario colocaba los faroles y enrollaba unos papeles alrededor de los remates de cada balaustre, en la escalera que conduce al altar. ¿Más plegarias? ¿Oraciones? Lo desconozco.

Año Nuevo en Tokio 2012-2013

El siguiente destino fue Ueno, y concretamente el mercado de Ameyoko, recomendado por mi amiga Yuriko. Ameyoko es un lugar bastante visitado, pero en Año Nuevo es otra historia. Casi era imposible caminar, y literalmente me tuve que dejar arrastrar por la corriente humana, aprovechando algún hueco para sacar un par de fotos y menos de un minuto de vídeo. Desde sus puestos, los comerciantes ponen especial ímpetu en vender sus mercancías, especialmente el pescado, para los que buscan allí el menú de la noche y el día siguiente.

Año Nuevo en Tokio 2012-2013

El último lugar de la noche iba a ser Asakusa. Cuando llegué al Sensô-ji, el frío me animaba a volver al peligroso confort de mi cuarto, a pasar la noche viendo la televisión, en Internet y leyendo. Cerca de la Kaminari-mon decidí tomarme un respiro y probar por 100 yenes un vaso de sake dulce caliente (mi sello de aprobación al mismo). Alrededor del templo, los puestos de comida ya estaban preparándose para el negocio del día, y una gran pila de barriles de sake sugería que esa noche la embriaguez sabría distinta a la nomikai (reunión para beber) con los compañeros de trabajo.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Año Nuevo en Tokio 2012-2013

En la Kaminari-mon y en los alrededores del distrito del Kabuki, muchas parejas pasaban las horas. Mi cámara y yo estábamos al límite, así que después del peor okonomiyaki que he comido en mi vida, en el cual pienso que confundieron los fideos con gomillas, quise revivir el año nuevo de 2008 en el mismo Starbucks y el mismo asiento en el que estuve ese día, prácticamente a la misma hora.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Mientras pasaba el tiempo frente a un Caramel Macchiato y una galleta de chocolate blanco y nueces de macadamia, decidí revisar en mi móvil, cosa que no hago frecuentemente, mi Twitter. En un mensaje, el recién llegado a Tokio @danikaze me sugería ir al Meiji Jingu de madrugada. Pese a hacerle esperar más de lo debido, porque la batería de mi cámara estaba hambrienta de carga, a las 22:30 nos reunimos en Shibuya, donde descubrimos un sucedáneo de Times Square de lo más absurdo. Podría decir que en Shibuya había extranjeros como yo y japoneses al 50/50. ¿Qué esperaban? Lo lógico sería suponer que en una de las muchas pantallas de los edificios aparecería algo parecido a una cuenta atrás para el año nuevo. Nada de ello sucedió. Una chica a la que pregunté me informó de que la gente hacía su propia cuenta atrás, y luego “empezaban a correr”. ¿A correr? ¿Una maratón? He oído que hay varias maratones de año nuevo en Nueva York, pero no sabía nada de Tokio.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Esperamos por lo tanto al año nuevo allí, pero nada extraño sucedió. Llegaron las 00:00, y la gente se volvió un poco más loca de lo que estaba, agolpándose en el centro de la carretera donde la policía trataba en vano de poner un poco de orden. Lo siguiente fue ir a lo seguro, seguir el plan y visitar el Meiji Jingu.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Año nuevo en Tokio 2012-2013

En el Meiji Jingu los Scouts japoneses guardaban el fuego que conducía a la gran masa que pacientemente esperaba llegar al pabellón del templo. Los Scouts ayudan en las labores de control de masas en los festivales con más público, como es el caso también de los típicos espectáculos de fuegos artificiales de verano en Asakusa.

La masa de japoneses que esperaba en el Meiji Jingu era sin duda abrumadora, y daba algo de miedo adentrarse en ella sin saber el tiempo de espera ni lo que uno se iba a encontrar en el destino. Utilizando la reducción al absurdo, digamos que son casi 3 horas de espera para lanzar una moneda a una gran manta blanca durante unos dos minutos en los que la policía te insistirá para que abandones el puesto y dejes a otras personas pasar. Pero es algo más. La avenida que lleva al templo, además de los faroles con las empresas y personas que han hecho alguna aportación económica, está gobernada por una gran pantalla en la que además de la información de la noche, los anuncios de pizza, empresas constructoras y juegos de cartas se repiten una y otra vez. Al girar la esquina, la puerta sur del templo aparece decorada con los motivos típicos del Año Nuevo japonés: la diana y la flecha, y la tablilla con el animal del nuevo año, la serpiente blanca de 2013.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Pasada la puerta del sur, la multitud corre a lanzar la moneda y alzar el rezo shintoísta, para que el nuevo año traiga algo mejor que el anterior. Después de eso, sólo queda volver a casa, a descansar y recuperarse del intenso frío que me dejaba los pies y las piernas insensibles durante cada rato de espera en la interminable cola de entrada.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Algo que me perdí, que no hice y probablemente por ello sea castigado, es tomar el típico Toshikoshi soba 年越しそば, que los japoneses comen a las 00:00, y es el equivalente a nuestras 12 uvas de la suerte. Tal vez lo haga, con mucha suerte, en un hipotético Año Nuevo que me conduzca a 2014 en Japón, si me dejan continuar aquí.

Lo último que me queda por decir es que durante todo aquel día grabé más vídeo de lo habitual, porque tenía planeada una felicitación de Año Nuevo un poco más especial. En el vídeo, a partir del minuto 2:37, podréis ver todos estos lugares y algunos detalles más. Feliz 2013 a todos.

Segundo Año Nuevo en Tokio: los lugares y las cosas

Feliz 2013 desde Vida en Marte

Vídeo

La lluvia que multiplica los colores de Tokio

Siempre que llueve en Tokio, tenga trabajo o no, intento llevarme la cámara. La fotografía es una de mis pasiones, a pesar de no tener aún el equipo necesario para hacer las cosas que yo querría. Pero la realidad está ahí, y hay que capturarla.
La lluvia en Tokio le da a la ciudad una atmósfera especial, y por muy molesta que sea al calarnos los huesos, mojar nuestros zapatos y obligarnos a cargar con el paraguas, en realidad es el complemento perfecto para una ciudad llena de carteles, LED’s y pantallas que emiten incesantemente toda una gama de colores. Hoy quiero compartir con vosotros algunas fotografías de la lluvia en Shinjuku.

Ame Walk

Y es que la lluvia, cuando no es ácida, tiene más ventajas que inconvenientes. El aire de Shinjuku está cargado de olores, y por lo tanto de partículas, que no son precisamente medicina para nuestros pulmones. Pero la lluvia se encarga en parte de renovar esa atmósfera.

Junto a mi televisor tengo un marco digital, regalo de Softbank, que me cuenta en porcentajes la probabilidad de lluvia para el día. Si no es el marco, son las noticias en la NHK cada mañana las que me recomiendan llevar o no el paraguas.

Ame Walk

Y carreras, muchas carreras. Alguna que otra vez, cuando he olvidado el paraguas por la mañana, o he pensado que no llovería al salir del trabajo, tengo que esperar pacientemente a que amaine la lluvia ligeramente para volver a casa. En la salida de la estación, a veces he podido hablar con alguien, tomar fotos, leer un rato. He aprendido a esperar, aunque aún tengo que mejorar mis aptitudes sociales.

Around Okubo Station

Pero no pongamos la lluvia tampoco por las… ¿nubes? (expresión inadecuada) . No le demos tantas ventajas a la lluvia. Es molesta, sin duda. Al menos una vez a la semana hay que soportarla, cuando en mi tierra se me hacía hasta extraño llevar un paraguas. Algo que echo de menos: una sucesión de días de sol implacables.

Around Okubo Station

Hoy llueve en Tokio, y por supuesto llevaré mi cámara. Es el “Día del Trabajador”, y por desgracia yo lo celebraré trabajando. Por suerte me pagarán el día. Tal vez tenga más fotos que compartir con vosotros esta noche.

Around Okubo Station

 

Hasta que puedo compartir con vosotros entradas más interesantes.

La lluvia que multiplica los colores de Tokio

El Tokio de mi revolución personal

Takao san 高尾山

Es curioso cómo a veces trazamos planes para causas difusas. Desde que llegué a Japón, en un rincón de mi cabeza se ha iluminado el lugar oscuro en el que habitaban pequeñas alegrías que era incapaz de ver, y se han oscurecido aquellas escenas idílicas que visionaba mientras trazaba algunas estrategias. A veces pienso que me he jugado una mala pasada, pero no es más que un cambio de posición, que no de perspectiva, del yo pesimista del que a duras penas consigo deshacerme.

No vine a Japón en busca de mejores oportunidades, ni por estar desesperado en Huelva, o sin recursos, o mal alimentado (todo lo contrario). Vivía bien, tenía un buen trabajo, y decidí lanzarme a este vacío, a ver qué ocurría, por muchos motivos. Algunos los puedo contar, otros me veo obligado a llevármelos a la tumba. Uno de ellos era luchar contra la pérdida paulatina de mi conocimiento del japonés, cómo no. Otro, probar nuevas experiencias laborales. Captar imágenes interesantes se cuenta entre otro de los motivos, aunque es algo tan diminuto que ni siquiera yo podía tomármelo en serio. Hasta el día de hoy he cumplido todos los objetivos que puedo exponer, lo que hace de esta aventura, o de este capricho, un logro.

Pero este logro puede haberme salido caro. No he pasado este tiempo sin sufrir, y lo peor es que sabía que iba a ser así. No esperaba vivir en un buen apartamento, ni tener muchos amigos, ni comer como un marqués. Nada de eso ha sido posible, y era de esperar. De hecho, mi calidad de vida ha vuelto a épocas de estudiante ya pasadas, o incluso peor. Tampoco las cosas salen siempre como uno espera, pero no queda más que afrontar y aceptar lo que uno tiene.

Eso, por otra parte, no quiere decir que tengamos que resignarnos.  No dejo de buscar nuevas oportunidades, de aprender cada día todo lo que es posible aprender.

Shinjuku 2012

Hablemos de Tokio. Donde más feliz fui durante mi anterior época en Japón fue en Osaka. Tokio es una gran ciudad mucho más deshumanizada, absurdamente severa y ridículamente degradada. No entraré aquí en un debate moral, porque no soy quién para juzgar la moral de ningún pueblo o persona, pero sí diré que gran parte de los tokiotas parecen haber olvidado cómo vivir, y también lo que es la solidaridad.

Tokio sigue siendo una ciudad llena de posibilidades y oportunidades, muy útil, y un espectáculo increíble. Pero los tokiotas han aceptado vivir en un sacrificio perpetuo. Un sacrificio sin causa. He tenido varias malas experiencias con la lógica absurda de esta ciudad subyugada por las normas. No me refiero a las leyes, sino a esas normas no escritas que los tokiotas siguen en su vida diaria sin cuestionarse.

No voy a convertir este texto, no obstante, en una crítica al tokiota desde mi perspectiva negativa y cansada. Hablaré de mi propia experiencia: probablemente soy demasiado cínico para Tokio. O tal vez no puedo ser tan severo o incluso altivo como algunos japoneses. O puede ser que más que espíritu para sacrificarme, lo que tenga más bien sea una fuerza interior autodestructiva, o incluso masoquista. El yo negativo del que no me deshago, y que a todas luces es el que me ha impedido ser completamente feliz, estúpidamente feliz, en Huelva.  No en vano me crié en la cultura del martirio.

¿Es eso el inconformismo? No tengo la menor idea. Pero lo cierto es que aunque mi nivel de vida haya descendido varios infiernos, tampoco soy infeliz. Me repito a diario que esta experiencia merece la pena: por haber iluminado en mí que la felicidad también estaba en un rincón oculto. Por haberme ayudado a ser más sabio y a conocer mejor la lengua japonesa. Por haber desgarrado una venda que, aunque translúcida, aún me impedía ver zonas oscuras de este país que también merece la pena conocer.

Takao san 高尾山

No voy a volver aún. Aún me queda tiempo para saber si puedo cambiar las cosas. Tal vez haya empezado mal, y eso esté limitando mi capacidad para disfrutar de esta ciudad. Voy a aguantar aquí hasta el último aliento. Y si las cosas no cambian, siempre puedo intentar empezar de cero.

Cuando la ciudad me asfixia, a veces salgo a la naturaleza. Un día, pronto, os enseñaré la montaña que subí a solas, y la felicidad de llegar al atardecer, respirar aire limpio y liberarme de la degradación de Shinjuku, pasar una hora mirando como un bobo el paisaje, el territorio y todo lo que queda por encima de la tierra. Apaciguarme.

Las cosas pueden cambiar como cambia Tokio a cada momento. Puedo haberme entregado a Tokio y haber sido apaleado por la ciudad. Puedo volver sin nada e intentar echar raíces en aquella felicidad que era incapaz de ver. O puedo quedarme e intentar aprovechar cada día, abanderar una pequeña revolución personal y fusilar al pesimista que lucha por esclavizar mi existencia. Ambas opciones se pueden afrontar únicamente con valor. Puedo perder la vergüenza. La opción cobarde es vivir como si nada y perderlo todo.

El Tokio de mi revolución personal

Fallo técnico con posible Sadako en la TBS

Hoso jiko

El pasado martes 23 de Octubre, sobre las 22:00, los espectadores del programa Kayoukyoku (火曜曲!) de la TBS vivieron una experiencia terrorífica. El programa que estaban disfrutando se interrumpió de repente, y en su lugar apareció una imagen extraña, una nebulosa de formas grises y negras difuminadas, que no pudo hacer más que despertar el pavor entre algunos nipones demasiado traumatizados con las películas de terror más populares de la última década en el país, y más concretamente con The Ring (リング).

Durante los minutos que aquella imagen deforme e irreconocible duró en pantalla, muchos telespectadores (y twitteros/twitteras) se quedaron agarrotados al cojín a la espera de que una terrible Sadako saliese del televisor.

Hosou jiko Twitter

Afortunadamente eso no sucedió. Aunque durante lo que duró el Housou Jiko (放送事故) de la TBS los comentarios en Twitter y Facebook se sucedieron y el término en cuestión llegó a ser Trending Topic. Todo quedó afortunadamente en un simple susto (¡¿Cómo no?!) y la cadena se disculpó posteriormente con el siguiente mensaje:

「先程の番組の中でお見苦しい所がありました お詫びいたします」
Hace un momento hemos mostrado algo impresentable en medio del programa, rogamos nos disculpen. 

La cadena también publicó sus disculpas al día siguiente en la web.

¿Y qué pasó con esas inquietantes formas grises? Pues que alguien encontró en Twitter la fuente de las mismas, y resultó que aquel mosaico espeluznante no era más que una ampliación de una foto del grupo Idol AKB48.

放送事故 TBS

Esto tiene mucha sustancia para escribir una nueva y aún más estúpida película de terror nipón. Atentos a vuestras pantallas.

Fallo técnico con posible Sadako en la TBS