Un paseo por el Shakujii Kōen de Tokio – 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Tokio está lleno de rincones entrañables que merecen la pena ser visitados, aunque no sean de por sí demasiado conocidos. Hace poco me quejaba estúpidamente de falta de planes para el fin de semana, así que pregunté a unos amigos japoneses sobre algún lugar agradable, en plena naturaleza, donde fuese interesante hacer un safari fotográfico. Sin dudarlo, la primera respuesta que me dieron fue el parque Shakujii 石神井公園. Este es uno de los parques más grandes de Tokio, situado al oeste de la metrópolis, y al que se puede llegar tanto con la línea Chuo de la JR, como con la Seibu Shinjuku o la Seibu Ikebukuro. En mi caso, al ser un ciudadano de pleno derecho de la Seibu Shinjuku, partí desde Toritsu Kasei 都立家政駅 hasta Kamiigusa 上井草駅, apenas 15 minutos.

Shakujii Kouen 石神井公園

Una vez llegas a Kamiigusa, y le sacas la foto de rigor a la estatua del Gundam (para algo es la ciudad del anime), hay que tomar un autobús que de deja en la entrada del parque, junto al estanque de los patos, y de las barcas con forma de cisne.

Shakujii Kouen 石神井公園

En este lugar, inaugurado como parque en 1959, la naturaleza se desata en forma de mosquitos, libélulas, arañas, cigarras (montones de cigarras en agosto), mariposas, y toda suerte de insectos. El parque tiene caminos de tierra, alguna zona de cesped, y zonas de hierba alta donde hay bastantes mosquitos, aunque afortunadamente ningún Pokémon salvaje. No ha habido necesidad, por tanto, de sacar las pokebolas en público.

Shakujii Kouen 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Las variedades de árboles son un buen cobijo para pasear sin demasiado calor: arces, cipreses, sauces, zelkovas, y hasta cerezos. Con su altura y frondosidad dejan en la penumbra buena parte del paseo que rodea el lago Sanpō-ji 三宝寺池. Todo el camino, por cierto, se realiza sobre una plataforma de madera.

Shakujii Kouen 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Situado en el distrito de Nerima, famoso por sus Daikon o nabos japoneses, este lugar es sin duda conocido entre los tokiotas gracias a la cultura popular. No en vano, el estanque es un lugar frecuentemente utilizado para rodar melifluas escenas en las que una pareja pasea en barca. El lugar posee sin duda una luz muy cálida y agradable al atardecer, y salvo por el concierto interminable de las cigarras en agosto (ríanse ustedes de las vuvuzelas), se trata también de un lugar silencioso.

Shakujii Kouen 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Cuentan que este es el parque que aparece en numerosas ocasiones en Ranma ½, al tener lugar la historia en el mismo distrito de Nerima. Yo no lo puedo confirmar, pero si es así, y alguno o alguna es fan de la serie, que no dude en visitar este parque. Eso sí, en verano protección contra los mosquitos. Los enormes árboles ya se encargarán de protegeros contra el sol.

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Un paseo por el Shakujii Kōen de Tokio – 石神井公園

Dentro de Hal Tokyo – Modo Gakuen (Cocoon Tower)

IMGP0593   Cocoon Tower / Shinjuku

Hoy he podido al fin entrar en la Cocoon Tower. Desde que vi por primera vez esta torre en construcción en el corazón de Shinjuku, quise entrar y subir a lo más alto. Normalmente la entrada no está permitida al personal ajeno a los centros de estudios que acaparan cada planta del edificio, pero de vez en cuando alguna actividad ofrece la oportunidad de acceder y conocer de cerca qué es lo que se cuece detrás de esos muros cortina curvilíneos.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En las 50 plantas de este edificio están integradas dos escuelas, el Modo Gakuen de Tokio, dedicada al diseño artístico y estético; y el HAL, un centro de estudios de tecnología, centrado principalmente en el desarrollo de juegos de última generación y creado con la participación de diversas empresas para satisfacer la demanda de mano de obra altamente cualificada de estas. Además de juegos, esta escuela está dedicada a todo lo que rodea este oficio, con lo que también hay departamentos para el desarrollo de gráficos por ordenador, música, diseño de automóviles, robótica y Nuevas Tecnologías de la Información. Las principales empresas que participan en este monstruoso centro de estudios son Nintendo y Microsoft, aunque también están Capcom, Square Enix, Production I.G., Tv Asahi, Yamaha, Softbank, Yahoo Japan, Rakuten, Hp, Fujitsu, entre otras muchas.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

La persona que ha ofrecido el pequeño curso (en realidad, nada excesivamente interesante, ya veréis), es uno de los antiguos desarrolladores de House of the Dead en Sega, entre otros juegos, y ahora profesor en HAL. En curso consistió básicamente en ver cómo se movía una imagen estática en la Nintendo DS, es decir, el primer paso para introducir los gráficos en la consola portátil. Sin embargo, se quedó en poco más que media hora de photoshop, retocando la figura de un lobo a lo tonto, y luego la introduciéndola en la consola.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

Nada del otro mundo, pero interesante por los comentarios del profesor, que entre otras cosas destacó que el que quiera estudiar en HAL tiene que mentalizarse de que se trata de un calvario de 4 años que requiere de mucho arte y un esfuerzo titánico a diario. Según sus propias palabras: “Si quieres echarte novia o novio, estudiar en el extranjero, o comer comida china o tailandesa, esta no es la escuela que buscas”. Se trata de una escuela muy estricta ya que los alumnos que se gradúan en la misma terminan trabajando para grandes empresas del sector, desarrollando juegos para XBOX o Nintendo, diseñando automóviles, o todo el apartado artístico que rodea a este maravilloso mundo.

Por cierto que la matrícula anual ronda los 1.300.000 yenes, casi 14.000 euros, un precio no demasiado elevado si consideramos que es Japón, y que el plantel de profesores y de colaboradores es de mucha categoría.

La mejor parte de la actividad vino después, cuando subimos al mirador de la planta 50, para observar el paisaje de Tokio desde una nueva perspectiva.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

HAL - Modo Gakuen

Poco después fuimos bajando planta por planta, para ver las distintas aulas y conocer cuál era la finalidad de cada una.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

Como he comentado antes, uno de los departamentos se dedica al diseño de automóviles, buscando qué aspecto tendrán los coches que veremos dentro de algunos años.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

También encontramos las aulas donde se crean los efectos y la música de las animaciones, así como el doblaje de las películas y videojuegos.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En esta otra sala llena de cacharros de Apple es donde verdaderos artistas hacen todo el diseño gráfico no sólo de juegos, sino también del aspecto de los productos que compramos a diario, sus anuncios, envoltorios, etc. Por supuesto, hay otra sala enorme con PC’s donde se crea todo el arte que rodea a los juegos de XBOX.

Pudimos ver asimismo la sala donde se realiza la captura de movimiento para las animaciones en 3D, así como a algunos alumnos trabajando en sus diseños tridimensionales, y un aula de robótica en plena actividad a la que no pudimos pasar, y cuyos alumnos opusieron un poco de resistencia cuando intentamos tomar fotografías.

Por supuesto, después de la visita, hubo regalo: póster más carpeta con toda la información sobre HAL. Una visita curiosa que ha merecido la pena, y que os recomiendo si alguna vez tenéis la oportunidad de hacerla. Por cierto que hay un dato curioso sobre esta escuela, y es que se trata del segundo centro educativo más alto del mundo, con 204 metros de altura, después de la Universidad Estatal de Lomonosov en Moscú, con 240 metros de altura. Lo curioso es que mientras que la Cocoon Tower alberga 50 plantas, la universidad de Lomonosov sólo tiene 36. Una última cosa: la Cocoon Tower es también el diecisieteavo edificio más alto de Tokio.

HAL - Modo Gakuen

*Las fotos tuve que tomarlas con el móvil, así que os pido disculpas por la baja calidad.

Dentro de Hal Tokyo – Modo Gakuen (Cocoon Tower)

La cultura del suelo

Hace unas semanas comentaba con un profesor japonés que estaba de visita en Sevilla algunos aspectos relativos a la diferencia entre el concepto de espacio que existe en Europa y Japón. Cuando se leen distintos estudios comparativos entre Japón y Occidente que no buscan más que definir lo que tiene de japonés la cultura nipona, uno encuentra muchos puntos en común. La cultura del espacio en Japón es la cultura del suelo, o bien, como otros autores la han llamado: “la cultura que se descalza”, “la vida en plataformas”, “la cultura del genkan” (espacio donde uno se descalza antes de pasar a casa).

Esto, que leído por primera vez puede parecer una soberana estupidez (y a lo mejor lo es para muchos), alcanza todo su sentido si analizamos distintos hechos de la vida y la cultura popular japonesa. Por ejemplo, el arquitecto Ashihara Yoshinobu, al que ya he mencionado en otros post, empezaba a definir así la vida en una casa japonesa: “Nos quitamos los zapatos y entramos en casa”. El hecho de descalzarse en el genkan tiene una raíz histórica muy importante. La explicación que a menudo se da a esto es meramente pragmática: no estropear el tatami. Sin embargo, hoy día muchas viviendas no tienen tatami, sino madera, por lo que descalzarse es un acto de higiene fundamental en la casa japonesa.

Rekishi-kan. En Tajiri-Cho, Ôsaka.

Conviene recordar también que los orígenes del genkan están relacionados con la doctrina del budismo Zen, y asimismo con la psicología del espacio. Hay autores que defienden, de manera acertada, que el genkan es un umbral psicológico que separa la vida y la etiqueta en el exterior, del refugio y el comportamiento relajado en el hogar. En pocas palabras, la casa de un japonés de clase media no está pensada para recibir visitas, porque forma una parte fundamental de su intimidad. No os sorprendáis si alguna vez un japonés amigo vuestro que se haya alojado en vuestra casa no corresponda ofreciéndoos una habitación. Esto ha cambiado con el correr de los tiempos y la influencia de un interiorismo de estilo más global, por supuesto, aunque se siguen conservando elementos y materiales netamente japoneses.

Pero pongámonos en el caso de un occidental que entra en una casa japonesa por primera vez (por ejemplo, un caso personal). Lo primero que sorprenderá, si uno entra en un piso pequeño de un típico bloque de hormigón, es que el recibidor está lleno de dos cosas: zapatos y paraguas. Esta suele ser una constante, con excepciones, claro. Lo de los zapatos es evidente, porque uno se descalza en el piso inferior, y sube a la tarima. Lo de los paraguas es lógico si conocemos el clima japonés. Pasemos ahora a la estancia principal: ¿Dónde está el sofá? ¿Por qué la televisión está tan baja? ¿Por qué únicamente hay sillas en la mesa de la cocina?

Todas estas preguntas asaltan y sorprenden a una persona que desconozca la cultura japonesa. Cuestión de perspectiva. En una casa típica japonesa, aunque haya moqueta, se vive en el suelo. En realidad, los japoneses viven en en plataformas desde tiempos inmemoriales, cuando se estableció la vida elevada para protegerse de la humedad del suelo. Esto no es nada irrelevante, pues afecta físicamente a los japoneses, cuya espalda y cadera debe soportar el acto de agacharse y levantarse del suelo continuamente, algo que personas mayores de occidente hacen con dificultades. La espalda también se curva, el cuerpo cae hacia adelante en la postura relajada que adoptan muchos japoneses. No obstante muchas personas mantienen hasta la vejez la flexibilidad suficiente para poder doblar las rodillas y caderas hasta alcanzar el suelo.

Afecta igualmente al arte. En Europa, que a menudo es definida como la cultura de la muralla, por el urbanismo de la antigua ciudad amurallada, y por la importancia del muro en la arquitectura tradicional, la pintura al óleo o con materiales que permitieran colocar el lienzo verticalmente fue la que predominó y triunfó en el arte y la cultura. En cambio en Japón fue la tinta, ya sea en caligrafía o a la aguada en el sumi-e, la que triunfó en la cultura tradicional. Ni que decir tiene que la técnica que se utiliza para este tipo de pintura y escritura obliga al autor a poner el papel horizontalmente, sobre una tablilla o directamente en el suelo.

Rekishi-kan. Tajiri-Cho, Ôsaka.

En una casa japonesa la televisión debe estar también a la altura adecuada para la vida en el suelo, al igual que la mesa camilla con estufa que se conoce como kotatsu. El gran maestro del cine “costumbrista” japonés, Yasujiro Ozu, quiso ofrecer a su público la perspectiva real de una casa japonesa, y como buen perfeccionista ideó un trípode que ponía la cámara a la altura de una persona que se sienta en torno a un kotatsu a charlar. Con esto, el espectador podía sentir que estaba presente en la escena, sentado junto a sus artistas favoritos. La vida en el suelo cambia la perspectiva del mundo, y me atrevería a decir que pese a los cambios que están sufriendo las nuevas viviendas en Japón, este tipo de perspectiva desde el “tatami” no se abandonará del todo en mucho tiempo.

La cultura del suelo

La construcción de la torre Tokyo Sky Tree en Time-Lapse

Vía Pink Tentacle podemos ver un vídeo en el que se muestra la construcción de la torre Tokyo Sky Tree, en proceso desde 2009, y que medirá 634 metros, convirtiéndose en la estructura más alta de Japón. Esta enorme torre responde al crecimiento de la ciudad en los últimos 30 años, siendo no sólo un futuro referente importante que probablemente sustituya a la Torre de Tokyo, sino además una antena de comunicación cuya señal digital cubre el espectro al que la antigua torre de 333 metros de altura no podía llegar. Se calcula que con sus 634 metros, el área al que la señal de esta nueva torre llegará abarcará todo Tokyo-to, Chiba-ken y Saitama-ken; y que llegará asimismo a Ibaraki-ken, Tochigi-ken, Gunma-ken y Yamanashi-Ken.

La Tokyo Sky Tree estará terminada en diciembre de 2011, y será abierta al público en la primavera de 2012. Obviamente será un punto turístico insalvable. La torre tendrá dos miradores, uno a 350 metros de altura, y otro a 450 metros, convirtiéndose ambos en los más elevados de Japón.  El nombre fue sometido a votación desde octubre de 2007, y finalmente en 2008 se eligieron seis finalistas: Tokyo Edo Tower, Tokyo Sky Tree, Mirai Tree, Yume Miyagura, Rising East Tower, y Rising Tower, siendo Tokyo Sky Tree el elegido.

Fuente: japantrends.com

Podemos hacer una pequeña comparativa entre otras torres remarcables del mundo, para ver la magnitud de este proyecto que pronto podremos disfrutar:

De esta manera, podemos observar claramente cómo en apenas un par de años tendremos un nuevo referente en el paisaje de la ciudad de Tokyo, así como en lo que a arquitectura y comunicación se refiere. Podemos seguir el proceso de construcción de la torre, así como acceder a otra información adicional en la página oficial: http://www.tokyo-skytree.jp/index.html

La construcción de la torre Tokyo Sky Tree en Time-Lapse

El museo Meiji Mura o el lugar de reposo de una época

Una cuestión que atañe especialmente al desarrollo de las urbes y a su modernización tiene que ver con la conservación del patrimonio. Si visitamos una gran metrópolis como Tokio, Nagoya u Osaka, podemos pensar que los únicos restos del pasado son varios templos y edificios anteriores a la Segunda Guerra Mundial. La presencia del Kindai Nihon, o Japón moderno, no es tan evidente a primera vista, pero en todo Japón siguen en pie bellos edificios de estilos importados en los que se introdujeron por primera vez elementos cerámicos. Estos edificios son una evidencia histórica de la influencia que los pueblos europeos tuvieron sobre esta cultura mucho antes de la ocupación norteamericana. Tal vez, también, del primer intento japonés de transformar su tradición arquitectónica.

Hoy día los principales edificios emblemáticos que han desaparecido de la ciudad pertenecían a la era Meiji, Taishō y Shōwa. Muchos de los antiguos templos y casas importantes de estilo puramente japonés (la mayoría de ellos construidos con madera y muros de tierra o tsuchikabe) se conservan gracias a la tradición de reconstruirlos con materiales semejantes. ¿Qué es lo que ha ocurrido con los de estilo occidental? Meiji Mura es una respuesta a esta pregunta.

Escuela secundaria de Mie y escuela primaria Kuramochi, 1888

La razón de ser de este museo dedicado a la arquitectura del Kindai Nihon viene, precisamente, de la necesidad de llevar a cabo una acción para la preservación del patrimonio que se estaba desmoronando o “estorbaba” en el desenfreno constructor de la posguerra. Esta acción puede ser discutible según los estándares occidentales de preservación de la imagen de la ciudad que a menudo obliga a la reutilización de espacios antiguos (en la mayoría de los casos, conservando la fachada y renovando el interior). El paulatino aumento de la población en las principales ciudades japonesas después de la guerra, y en especial de Tokio, fuerza en muchas ocasiones a recuperar solares que están ocupados por antiguas estructuras que en el mejor de los casos se habían quedado obsoletas y pequeñas, y en el peor tenían daños estructurales importantes que hacían peligroso su uso.

Vista general de una de las calles de Meiji Mura

Fue a raíz de la demolición del Rokumeikan de Josiah Conder que los arquitectos Yoshiro Taniguchi y Moto Tsuchikawa reconocieron la necesidad de conservar los símbolos de la arquitectura de la era Meiji, que paulatinamente estaban siendo sacrificados y arrancados de la memoria colectiva. El 16 de julio de 1962 ambos arquitectos crearon una fundación con el objeto de trasladar y conservar estos edificios, y tres años más tarde, en 1965, se inauguraba Meiji Mura a orillas del lago Iruka, conteniendo entonces 15 edificios. Hoy el museo contiene casi 70 edificios, entre los que se encuentran el vestíbulo y la recepción del Hotel Imperial de Frank Lloyd Wright y Antonyn Raymond, una reconstrucción de la catedral de San Francisco Javier que se construyó en Kioto en 1890, o la casa de Ōgai Mori y Sōseki Natsume.

Interior del Hotel Imperial, 1923

A estas construcciones, algunas de ellas meramente reproducidas y no trasladadas, se les suma la recuperación de objetos, documentos y transportes de época, que cualquier visitante puede disfrutar. Una de las cosas más interesantes que tiene este museo, en el caso particular del Hotel Imperial, es que el vestíbulo sigue teniendo uno de sus antiguos usos como cafetería y restaurante, y que incluso se ha reproducido el mobiliario que diseñó Wright para el hotel.

El museo es muy extenso (un pueblo entero), y recomiendo que sea visitado durante un par de días. Nagoya también es una gran ciudad que tiene mucho para ver. Una gran desventaja es que, precisamente por el enclave natural donde se sitúa, está un poco lejos y se tarda alrededor de una hora entre tren y autobús en llegar. Lo bueno es que una vez dentro, uno dispone de libertad absoluta para pasear, disfrutar del paisaje y fotografiar arquitectura. Más fotos en el álbum de flickr sobre Meiji Mura.

Central telefónica de Sapporo, 1898
El museo Meiji Mura o el lugar de reposo de una época

Tokio. Caos y Orden.

Como he comentado en post anteriores, mi tesis doctoral está centrada en la megalópolis japonesa, la red de metrópolis y su relación con la sociedad de la información. Entre los distintos conceptos que manejo, están los de entropía (el cual está cargado de importancia en mi investigación) y los de caos y orden. En relación con Tokio, o mejor, con el área de la capital, o más aún con lo que se denomina Itto Sanken 一都三県(Una ciudad, tres prefecturas) donde viven más de 35 millones de personas, hay muy diversas opiniones. Generalmente, me he enfrentado a la opinión de que Tokio es un “caos”, habitualmente a causa de una mirada occidental y monolítica propia del estándar europeo que adora el esquema heredado de la antigua ciudad amurallada o de una ciudad rígida, o el orden artificial de la ciudad lineal.

Haré un inciso sobre este último punto. ¿Puede el esquema de la ciudad lineal, con ejemplos visibles en Barcelona, luchar contra la entropía? ¿Puede luchar contra el desorden? Mi opinión personal es que un esquema lineal, de cuadrícula, tiende a crear confusión y a provocar estrés, y que su crecimiento tiene límites. Aunque no por ello es menos práctico en algunos aspectos. Hagamos un paralelismo con un enorme supermercado, con sus lineales ordenados, y donde, aunque resulta difícil perderse, cualquier cambio puede ser fatal para nuestra orientación o sentido del espacio, para saber, en definitiva, dónde encontrar las cosas que buscamos. Por otra parte, siempre he opinado que una ciudad donde la geometría aparenta jugar arbitrariamente con el transeúnte ofrece una experiencia más plena.

Respecto al aparente caos de Tokio, hubo una voz que se alzó en la década de los noventa. Se trata del arquitecto Yoshinobu Ashihara. Tanto en Kakureta Chitsujô 隠れた秩序(El orden oculto) como en su revisión posterior, Tokyo no bigaku – konton to chitsujô – 東京の美学、混沌と秩序(La estética de Tokio – caos y orden)*, defiende que bajo el aparente caos de la metrópolis (o megalópolis en proceso, o de facto como llega a afirmar ambiguamente), subyace el orden propio de la geometría fractal del matemático Benoît Mandelbrot. Aunque deja muy en el aire esta cuestión, y no profundiza apenas, aclara su posición de manera más directa con una sencilla pregunta: ¿Cómo es posible que una ciudad en la que conviven 35 millones de personas funcione tan bien?

En este punto hay que dar la razón casi sin matices a Yoshinobu Ashihara. En Tokio los trenes llegan a tiempo, el tráfico fluye mejor que en ciudades con cinco veces menos su población, las calles están aceptablemente limpias, y hay seguridad sin necesidad de establecer un régimen tan estricto de vigilancia y penalización como el de Singapur (the fine country).

De todo esto, observaría que el carácter y la cultura propia de un país tiene una estrecha relación con el orden o el desorden que se vive en sus ciudades, ya que éstas, como organismo vivo (y Tokio más que ninguna) no son sólo una gran estructura, sino que se hacen y funcionan con la conducta de sus ciudadanos.

En ese caso, considero absolutamente erróneo el concepto de Tokio como una ciudad caótica. Una ciudad debe ser observada de lejos y de cerca. Por ello, os propongo una imagen de aspecto caótico. Una vez hagáis click sobre ella, os daréis cuenta de que se trata de una estructura perfectamente ordenada. Y con esto quiero decir que el caos y el orden, en algunos casos, es también un problema de perspectiva.

* Los libros mencionados en este post están también publicados en inglés como The hidden order y The aesthetics of Tokyo, en una versión bilingüe.

Tokio. Caos y Orden.

Crónica de los últimos días en Tokyo – Impresiones de Minami-Senju –

Homenajeando a Daido Moriyama.
Homenajeando a Daido Moriyama.

He regresado a Tokyo. Pasaré aquí mis últimas dos semanas de vida nipona. Como hice en diciembre de 2008, me alojo en una guest house acogedora y barata, Aizuya Inn, en Minami-Senju.

Sin duda, el barrio en el que estoy es un sitio singular. Podríamos decir que se trata de una zona bastante deprimida, de esas en las que cuando la crisis aprieta, uno lo nota más. En este barrio, al que se llega en metro o en la línea Joban de tren, se pueden encontrar algunos de los Bussiness hotel y las guest house más baratas de Tokyo. Sin embargo, no un sitio agradable para pasear a ninguna hora.

Los edificios envejecidos, feos, grises, de balcones y rejas oxidadas, donde sólo quedan las sombras de los letreros de antiguos locales, son el escenario de la depresión humana. Cuando estuve en Minami-Senju por primera vez, en diciembre, un grupo de personas que habían perdido su empleo se manifestaban frente a los antidisturbios. Al día siguiente, los voluntarios de una Organización No Gubernamental, posiblemente con un trasfondo religioso, repartían comida entre los sin techo. Hoy, cada día, ves a mayores y no tan mayores pasear y reunirse sin nada que hacer, algún que otro tipo tirado en el umbral de una casa abierta, y algún que otro anciano de cabellera amarillenta y uñas largas, que te hace gestos para que le des una moneda de 500 yen. También algún que otro vecino se alivia sin ningún pudor en cualquier alcantarilla abierta en un rincón de una pequeña calle. Aparte de lo dicho, nadie más te molesta.

Una de las tiendas cercanas a la guest house vende paraguas recogidos en las estaciones o en la calle, por 100 yen la unidad, y ropa por poco más de 1000 yen cada pieza. Un bar de yakitori expone la oferta al aire. Los policías de los dos Koban que hay a lo largo de la calle principal, hacen guardia y paran a algún que otro conductor o transeúnte borracho. Un bar llamado “amor” enciende su cartel luminoso frente a su pared y puerta color violeta, cerrado a cal y canto. Un poco más allá, Unas estrechas escaleras y las fotos de unas chicas te invitan a subir a un Pub de hostes por 3000 yenes la hora. Frente a él, cruzando la calle ancha, el Seven Eleven, abierto las 24 horas, lleno de personas que leen revistas de pie, para aligerar la noche.

Minami-Senju, a dos estaciones de la línea Yamanote, no tan lejos del embriagador corazón de la metrópolis, es lo que la mayoría de guías no quieren mostrar de Tokyo. Es el órgano degradado de un organismo mayor, que es la metrópolis.

Pero hay dos caras. La parte de Minami-Senju donde me alojo, es la parte mala. El muro que separa la parte mala de la parte no tan mala son las vías del tren. Hay que sortearlas por un enorme puente peatonal.

Curiosamente, una enorme torre de viviendas se está construyendo justo frente a la estación. Me imagino que pocos de los que hoy viven en esos bajos fondos de Minami-Senju se podrían permitir un apartamento ahí. Tal vez (y digo tal vez), esta sea una de las estrategias que los constructores tienen de revitalizar la ciudad. Tal vez, con la llegada de un centenar de familias a la zona, el paisaje de Minami-Senju, su estructura y su desencanto cambien para siempre. Sangre nueva, que desintoxique una vieja zona deprimida por el propio sistema que la sustenta, tal vez.

Sin embargo, si algo he de apuntar, es que la cantidad de extranjeros de todas las nacionalidades que se han alojado en Aizuya Inn atestiguan que Minami-Senju, contrariamente a lo que se podría pensar, no es un lugar peligroso. Al menos, esta es la impresión que yo tengo.

Crónica de los últimos días en Tokyo – Impresiones de Minami-Senju –