En torno a la historia de la protesta laboral en Japón y el futuro de España

Recientemente, en España, el FMI ha vuelto a pedir que se rebajen los salarios y se abarate el despido. La CEOE, por su parte, ha lanzado al viento a través de uno de sus rottweilers la sugerencia de limitar los días de permiso por fallecimiento de un familiar a menos de cuatro días. En general, la línea que persiguen estos mensajes fragmentarios y esporádicos es la misma: la imposición de la inseguridad y el miedo entre los trabajadores para obtener su sumisión, para que así el empresario no tenga que hacer frente a protestas en el futuro. La estrategia es tan sencilla como multiplicar cada cierto tiempo los mensajes, hasta que llegue un momento en el que el ciudadano medio no sepa exactamente dónde están las líneas rojas, qué se ha legislado, qué es motivo de despido y qué no, y a qué tiene derecho. Todo por el bien de la economía, sin explicar exactamente cómo ayuda eso a la economía.

Pienso esto porque suelo leer la historia de otros países, y porque estoy convencido de aquello de “las barbas de tu vecino”. No son pocas las referencias a la crisis financiera del Japón de los años 90 cuando se habla de la actual crisis económica en Europa. A pesar de haber profundas diferencias entre ambas, tanto estructurales como culturales, pienso que hay ciertos aspectos que sí son extrapolables. Entre otros, cómo se prepara el terreno para mitigar esas “molestas” protestas laborales.

Esta semana me he topado en The Japan Times con un artículo de Hifumi Okuniki, profesora de derecho laboral y constitucional de la Universidad de Daito Bunka, en el que describe de una forma muy interesante cómo poco a poco los trabajadores japoneses fueron “privados” incluso del derecho legal a protestar mediante la colocación de un simple brazalete con lema en sus mangas. A pesar de que recomiendo a todos los interesados leer los artículos de la profesora Okunuki, quiero analizar este escrito en concreto.

De manera resumida, el artículo comenta que en 1967, en el caso de la Oficina de Correos del distrito de Nada, en el que los trabajadores vistieron brazaletes pidiendo aumentos salariales, la justicia falló a favor de los empleados al asegurar que ese tipo de protesta no interfería con el cumplimiento de las tareas en el centro de trabajo. En cambio, en 1973, las cosas fueron distintas para los trabajadores agrupados en el sindicato ferroviario Kokuro, en el caso de las protestas de la sección Seikan que cubría las rutas de Aomori y Hakodate. Las justicia de Sapporo concluyó que los trabajadores “deben concentrar toda su energía física y mental en la consecución de sus obligaciones laborales, y que por tanto no se puede permitir ninguna acción física o mental fuera de esas labores”. Se establecía en ese momento el “principio de devoción al trabajo”, en japonés Shokumu sennen gimu.

Según este principio, cualquier acción asociativa o lema sindical distrae de esa obligación con la empresa, algo inaceptable. Esto ocurrió en una empresa pública, pero poco después se trasladó al sector privado con el caso del Hotel Okura en 1982, donde a pesar de que en un primer momento la justicia dio la razón a los trabajadores, el máximo órgano judicial de Japón sentenció posteriormente en contra de ellos, y añadió que los brazaletes eran una señal de desobediencia a la dirección del hotel y una falta de respeto hacia los clientes.

Aunque no hubo unanimidad en la jurisprudencia sobre esta sentencia, el caso quedó grabado a fuego en la mente de la clase obrera japonesa. Por ello, tal como afirma Okunuki en su artículo, hoy día apenas se ven protestas laborales en Japón y muchos trabajadores evitan utilizar el famoso brazalete. Cabe recordar que no es porque esté prohibido, al contrario. El artículo 28 de la Constitución de Japón ampara las protestas al afirmar que “se garantiza el derecho de los trabajadores a asociarse y a negociar y actuar de manera colectiva”. Es decir, la sentencia del caso Kokuro Seikan y el principio de devoción al trabajo van en contra de la misma constitución y del propio Acta de Asociación Sindical de 1949.

Por otra parte, buscando en el archivo de Nippon.com sobre este tema, descubro este artículo del experto en derecho laboral Minagawa Hiroyuki sobre el declive en el número de huelgas en Japón en las últimas décadas. Según Minagawa la estrategia del shuntō, u “ofensiva de primavera”, por la que las negociaciones salariales se ven limitadas a un corto espacio de tiempo entre el fin del antiguo año fiscal y el comienzo del nuevo, ha evitado que se produzcan desacuerdos entre patronal y sindicatos al tener ambas partes que ceder terreno debido, precisamente, a la falta de tiempo. Otra razón que cita es el sistema de rōshi kyōgi (consultas entre patronal y empleados), por el que el sindicato de empresa y la dirección comparten información continuamente para la obtención de acuerdos con mayor facilidad y flexibilidad.

En este punto, hay que añadir que en Japón son mayoría los sindicatos de empresa, o lo que en España se tildaría de “sindicatos amarillos”, y que el sindicalismo de clase o regional apenas tiene fuerza y es por tanto prácticamente imposible organizar una gran movilización laboral de carácter general. En definitiva, la solidaridad entre trabajadores se limita al ámbito de la propia empresa, y la segmentación de la clase obrera (si es posible reconocerla como “clase” en Japón) es absoluta. Y aquí entra un cuarto punto que es de vital importancia, y es que desde 1946, con la ocupación americana, los movimientos asociativos y las huelgas de funcionarios públicos están prohibidas. Los funcionarios quedaron excluidos del derecho a la asociación colectiva. Por consiguiente, un elemento aglutinador y una masa crítica como es el funcionariado quedó desmovilizado por ley.

Minagawa concluye que esto explica por qué en Japón no se han producido grandes manifestaciones tras la quiebra de Lehman Brothers y el inicio de la aguda crisis financiera mundial. Y en realidad, opino que este conjunto de hechos han convertido a una sociedad japonesa animada a la protesta en los años 50 y 60 del siglo XX, en una sociedad encerrada en el círculo vicioso de la obediencia ciega y el desinterés por la política en este siglo, en comparación con otras naciones del mundo.

Y todo esto se ha conseguido a partir de la primera crisis del petróleo, en los años 70, que también afectó a Japón. Se ha logrado golpe a golpe mentando al dios de la productividad, con la ayuda del poder legislativo a veces, pero sobre todo gracias al fracaso de protestas legítimas mediante la intervención del estado, contraviniendo lo recogido en la constitución. Y a pesar de todo, Japón ha mantenido unas condiciones laborales y salariales aceptables y dignas en muchos casos, aunque eso no quiere decir que la situación no esté empeorando en la actualidad con el pretexto de la nueva y a la vez antigua crisis. Obviamente, la asignatura pendiente de Japón ha sido y será la conciliación de la vida familiar y laboral.

Y esto me lleva a España, donde empecé. Opino que este mismo mensaje por el que se criminalizan los derechos laborales está siendo utilizado frecuentemente como estrategia para llevar a la población a ese estado en el que uno no sabe exactamente dónde empiezan y dónde acaban sus derechos laborales. Un estado en el que un falso principio de devoción por el trabajo, que será obtenido a través de la inseguridad y del miedo y quién sabe si en connivencia con el estado, se convertirá en la mejor fórmula para asegurar una alta productividad a cualquier precio. Porque cualquier herejía ante el dios de la productividad se castigaría con el despido.

Esto que no me preocupa tanto en Japón, ya que al ser una cultura distinta existen otro tipo de lazos de solidaridad, me quita el sueño cuando pienso en mi país, donde una hegemonía de los sindicatos de empresa sería igual a la ruptura de los movimientos asociativos de trabajadores que trasciendan el ámbito del centro de trabajo, y donde una niponización de las relaciones laborales conduciría poco a poco, con el fin de esta crisis (porque habrá otras), a la segmentación de la clase trabajadora y a la ruptura de los vínculos de solidaridad social.

Y, sinceramente, no creo que España vaya a alcanzar unos índices de renta media y poder adquisitivo ni siquiera semejantes a los del Japón post-burbuja. Si acaso, la clase media, amplia en este país, quedará cada vez más reducida y desdibujada.

Esta es mi opinión, por supuesto. Pero nunca viene mal pensar en la historia de otros países para reflexionar sobre el futuro de nuestra propia y herida nación.

Artículo en Nippon.com: ¿Por qué ya casi no hay huelgas en Japón?

Artículo en The Japan Times: Why workers can no longer wear their demands on their sleeves

Acta de Asociación Sindical de Japón: Labor Union Act (PDF)

En torno a la historia de la protesta laboral en Japón y el futuro de España

Camino de regreso: recomendaciones antes de una locura

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Hace ya un par de semanas que regresé a Japón. Probablemente, el entusiasmo de esta tercera vez es menor que el de las dos anteriores, y eso puede explicarse por muchas cosas, pero entre ellas, que entre la alegría de volver a un país que me gusta está también la angustia, o el nerviosismo de saber que me acabo de embarcar en un proyecto personal bastante arriesgado. ¿Cómo he llegado aquí? Con mucho trabajo, ahorro, esfuerzo, y un punto de insensatez. Los que me seguís en otras redes sociales recordaréis que prometí escribir un post sobre los fundamentos de este proyecto. A grandes rasgos podría explicarlo, y por supuesto quedo a vuestra disposición para resolver las dudas que tengáis personalmente.

Como algunos ya sabréis, estoy asistiendo a diario a las clases preparatorias para el Noken N2 y N1 en la escuela Tokyo Kokusai Nihongo Gakuin 東京国際日本語学院 (Tokyo International Japanese School) en Shinjuku. Gracias a matricularme en esta escuela, que no es barata, pero que dentro del precio promedio de las escuelas en Japón, es de lo más asequible, he podido obtener el visado de Ryugaku 留学 (College Student), con el que además de estudiar, me permiten trabajar 28 horas semanales. El plan sería el siguiente: una vez obtenga el permiso (que puede tardar un poco más de un mes), buscaré trabajo de cualquier cosa legal que me permita mantenerme en Japón, y además recuperar poco a poco mis ahorros. Si os digo la verdad, ahora mismo no sé si eso será sencillo, o si estoy completamente loco y me he tirado de cabeza al río.

En fin. En cuanto a la matrícula en la escuela, por si alguno está tan loco como yo, os recomendaría que empezaseis a buscar en el momento en el que penséis que tenéis ahorros suficientes para sobrevivir una temporada hasta encontrar trabajo. Cuanto más holgada sea vuestra economía antes de venir aquí, menos padecimientos tendréis que pasar porque, y esto es MUY IMPORTANTE, Japón, y Tokio en particular, es bastante caro. Para que os hagáis una idea, en el supermercado de mi barrio en Toritsu Kasei 都立家政(línea Seibu Shinjuku), cuatro tomates cuestan alrededor de 4 euros; un brick de 1000ml de leche, 1,80 euros; un cartón con 10 huevos, 2 euros; un filete de ternera, 6 euros; una botella de zumo de frutas, 2 euros; una manzana, 1,20 euros, etc.

Por supuesto, podéis vivir en “economía de guerra” como yo hago ahora, aunque aún así, vuestros gastos serán notablemente superiores a los de vuestro país de origen, siempre que no seáis moscovitas o londinenses. Hay muchas tiendas de 100 yen, y hasta Konbini de 100 yen de Lawson donde podéis encontrar cosas incluso más baratas que en el supermercado. Siempre que os encontréis con el cartel de Lawson Store 100, entrad, insensatos. Aprovechad también las ofertas de los supermercados para hacer avituallamiento de Cup Ramen, Curry, Galletas y otros alimentos buenos para el día a día, y que no se estropean con facilidad. En cuanto a bebidas variadas, si no podéis evitar probar distintas bebidas, o caer en la tentación del café en lata, hay muchas máquinas de refrescos de “1 coin”, es decir, en las que valen 100 yen todas las bebidas.

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Dejando atrás la supervivencia económica (que de eso vamos a aprender un rato los españoles), en cuanto a la matrícula en la escuela, os recomendaría que contactaseis cuanto antes con el responsable de turno. Es importante que comencéis los trámites al menos 5 meses antes, ya que estas escuelas tienen que enviar los documentos a inmigración con unos tres meses de antelación a vuestra llegada. Aunque estéis muy orgullosos de vuestro japonés, os recomendaría con un poco de vergüenza que preguntéis TODO lo que os resulte confuso, e incluso que dado el caso utilicéis el inglés para resolver las dudas más importantes respecto al visado, al permiso de trabajo, al pago de la matrícula, y al inicio del curso. Tened en cuenta que los japoneses son extremadamente meticulosos para todo lo oficial, así que cuando escribáis vuestros datos, poned dirección, nombre, etc. Igual que aparece en el pasaporte, y el nombre de vuestra escuela y universidad en castellano. Para otros documentos, como el balance de cuentas, el certificado laboral, etc. Enviad una copia, y a ser posible una traducción.

Respecto al alquiler, yo os recomendaría que si no tenéis mucho dinero, buscaseis algo barato como casas compartidas. Yo he decidido alquilar con Sakura House, ya que comparto una casa con otras 3 personas. En otras webs aparecen también habitaciones preciosas en casas compartidas con 9, 10, 12 y hasta 15 personas, así que ojo. Un baño compartido con 9 personas puede amargaros vuestra estancia en Japón. Los alquileres de habitaciones individuales en casas compartidas rondan entre los 50.000 y los 70.000 lo más barato, es decir, que podéis calcular una media de alquiler mensual de 500 a 700 euros. Lo bueno de esto es que muchas de estas casas incluyen la conexión a Internet, por lo que es un dolor de cabeza menos cuando lleguéis aquí.

Una recomendación más: podéis calcular con Google maps, o con la página japonesa de Yahoo, cuánto os costaría el transporte diario hasta la escuela. Esto, que parece una tontería, es extremadamente importante, porque dependiendo de dónde os vayáis, hablamos de una diferencia muy notable a final de mes. Da igual que el alquiler sea 100 euros más barato si está más lejos, porque fácilmente os podéis dejar unos 200 euros en transporte todos los meses. Así que yo os recomendaría que al alquiler suméis el precio del transporte de ida y vuelta por todos los días del mes que vayáis a vuestra escuela. Una vez hagáis el cálculo, decidid.

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No os olvidéis registraros en la oficina que corresponda según el distrito en el que viváis. El registro de extranjeros 外国人登録(がいこくじんとうろく) es muy importante una vez que lleguéis si obtenéis el visado de estudiante. Podéis obtener el seguro de salud al mismo tiempo que hacéis el registro. Si no os lo preguntan, decid en la misma ventanilla que queréis haceros el Hokensho 保険証(ほけんしょう). Con el Hokensho podréis hacer muchos trámites mientras esperáis a recoger la tarjeta de residencia o la tarjeta de estudiante que la escuela os tiene que facilitar. Si no tenéis estos documentos, es muy probable que os pongan pegas para contratar un servicio de telefonía móvil, abrir una cuenta en un banco, u otro tipo de trámites.

Yo he abierto una cuenta en un banco japonés. No obstante, lo que me recomienda gente con más tablas en este país es tener una cuenta en Citibank, para poder sacar dinero sin comisiones en Japón. Si de todas formas decidís abrir una cuenta en un banco japonés, os puedo decir que los requisitos varían dependiendo de la entidad. Por ejemplo, en el Tokyo-Mitsubishi UFJ, que es el más fuerte de Japón, piden la tarjeta de estudiante, además del registro de extranjeros y el seguro. Si no tenéis una de estas tres cosas, no podréis matar al dragón abrir una cuenta en ese banco. Otros bancos no ponen tantas pegas, aunque qué banco decidir es una opción personal.

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Hasta aquí una explicación a la que le faltan muchas cosas, y cuyas pocas cosas que tiene probablemente habrá que corregir. Así que no os perdáis los comentarios, que si los veteranos se portan probablemente os podrán enseñar mucho más.

Camino de regreso: recomendaciones antes de una locura

El desarrollo japonés ante el mundo. (III) El coste humano del desarrollo

En los anteriores capítulos habíamos visto de manera muy resumida cómo Japón entró primero en una fase de desarrollo que se conoció como “el milagro japonés”, y en la que el trabajo, la ciudad y por consiguiente la sociedad sufrió un proceso de cambio importante. Posteriormente los fundamentos de ese mismo desarrollo serían el caldo de cultivo para la corrupción y para el surgimiento de la burbuja inmobiliaria y financiera que trajo la crisis de la década perdida, cuyo coste humano vamos a analizar en este último artículo.

El primer factor que afecta al nuevo periodo económico-social de Japón en los ’90 y hasta nuestros días es el envejecimiento de su población. Se denominan sociedades envejecidas aquellas cuyo porcentaje de población mayor de 65 años supera el 14% del total. La peculiaridad japonesa es que el país pasó de ser una sociedad en crecimiento a una sociedad envejecida en unos 24 años, una transición que normalmente suele suceder en un periodo de 40 años. A este hecho se le suma que la esperanza de vida en Japón pasó de ser 50 años para los hombres y 54 para las mujeres en 1947, a 69 para los hombres y 74 para las mujeres en 1970. Ya en 2001, la esperanza de vida se estimó en 78 años para los hombres, y 84 para las mujeres. Un incremento de más de 30 años, propiciado, obviamente por el rápido desarrollo económico de la nación. En 1998, Japón ya se había convertido en la población más envejecida del mundo.

¿Pero qué es lo que hace que la sociedad de Japón envejezca en un periodo de tan sólo 24 años? La respuesta a esto la encontramos en que el Baby Boom más importante que ocurre en el país tiene también una duración especial. El Baby Boom japonés más importante sucede desde el final de la guerra, pero termina en apenas cuatro años, al contrario que en otras naciones en las que este fenómeno continúa durante al menos 10 años. Una de las razones de esa “frenada en seco” fue la Yûseihogohô 優生保護法, o acta de protección eugénica, aprobada en 1948 y revisada en 1949, que básicamente aprobaba los abortos a petición, y cuya aplicación se tradujo en un descenso del 40% en el índice de nacimientos.

Este creciente índice de envejecimiento de la población (se espera que la población mayor de 65 años alcance el 28% en 2020), fue uno de los factores que trajeron consigo durante la década perdida de los ’90 una dura recesión de la que aún Japón cree a duras penas salir. Esta misma crisis es considerada, en algunos casos, como una traición al pacto social de postguerra, cuyo resultado no es, ni de lejos, el esperado. Una de las primeras consecuencias que debemos ver en este punto es el comienzo del fin de la hegemonía del Partido Liberal Democrático (PLD, Jimintô), en el gobierno desde su fundación en 1955. Aunque gobernará hasta 2009, el partido comienza a sufrir serias escisiones. La primera gran crisis gubernamental sucede  los años 1993 y 1994, en los que es expulsado del gobierno durante 11 meses. Cuatro años después las tensiones cristalizarán en el nacimiento del principal competidor del PLD con la unión de cuatro partidos distintos en el Partido Democrático de Japón (PDJ, Minshutô), que finalmente, favorecido por los escándalos del PLD durante los últimos años y la crisis económica global, se alza en el poder con Yukio Hatoyama a la cabeza en 2009.

En cualquier caso, los últimos 20 años en Japón son el reflejo de una catarsis cultural. Las nuevas generaciones y los que comienzan su vida laboral en los ’90 empiezan, tímidamente al principio, y marcadamente en la actualidad, a cambiar el modelo de vida estándar. En la segunda mitad de los ’90 los japoneses ya reconocen abiertamente haber perdido la confianza en su modelo económico. Encontramos a partir de entonces un auge en el modelo de vida individualista, y una separación de la idea de grupo, o incluso de la empresa como familia.

Antes de la gran recesión, la empresa japonesa forma parte casi inseparable de la familia, ya que se reconoce en muchos casos como soporte y sustento. En los ’90 la traición a la empresa comienza a hacerse patente, y los jóvenes, ante la lentitud del proceso que les permite escalar puestos en una misma empresa, comienzan a imitar el modelo norteamericano al cambiar de trabajo con el objetivo de “vender” sus aptitudes y así escalar puestos con mayor rapidez. Es el principio del fin de los sistemas de lealtad a la empresa.

Otro fenómeno de mayor actualidad, y de gran interés, es el de los Furitâ y Niito. El nombre del primer grupo proviene de la palabra free-arbeiter, y se trata de un estilo de vida alejado de la lealtad a la empresa, o de la dependencia de la misma. Es algo parecido a un trabajador autónomo, normalmente cualificado, que realiza labores por su cuenta sin contar con horarios o calendarios fijos, ni depender de la jerarquía de una gran empresa. Este primer grupo pertenece a esa generación de entre 25 y 35 años que se aleja del modelo del pacto social, y se vuelca en un estilo de vida más individualista, en el que el disfrute del tiempo libre tiene mayor valor que la seguridad económica. Se ha calculado que el número de furitâ alcanza en la actualidad los cuatro millones dentro de Japón.

Los niito, del inglés Neet (abreviatura de “Not in Employment, Education or Training”), son un grupo más joven, y bien distinto al anterior. Para este grupo de jóvenes el esfuerzo laboral tiene un marcado sentido negativo, y se muestran contrarios a cualquier tipo de sacrificio.

Un fenómeno ligado a la obtención rápida de dinero, y que afecta tanto a hombres como a mujeres jóvenes o incluso menores de edad, es el Enjo Kôsai 援助交際, en el que la compañía o prostitución voluntaria y sin intermediarios de jóvenes con adultos a cambio de dinero se convierte en un modo de subsistencia del que posteriormente resulta difícil salir, y que trae consigo acusados problemas psico-sociales. Este fenómeno es tratado abiertamente en la actualidad en series y cómics, o incluso en el fenómeno de las novelas para móviles, con el ejemplo imprescindible de la obra Deep Love.

Finalmente cabe mencionar brevemente a los adultos conocidos como Makeinu (perro perdedor), en el caso de las mujeres; y Parasite Single en el caso de los hombres. Obviamente con un marcado carácter peyorativo en las mujeres, este grupo está formado por adultos que tienen éxito en su vida laboral, pero que para ello han sacrificado parte de su vida social, terminando por superar solteros la barrera de los 26 años comprendidad en Japón como la edad ideal para contraer matrimonio. En el caso de los Parasite Single, también existe el problema de la emancipación, puesto que muchos de los integrantes de este grupo se niegan o no pueden abandonar la casa de sus padres.

En cualquier caso, el hecho de encontrar grupos aparentemente bien definidos y clasificados de nuevos adultos con distintos modos de entender su modo de vida es en parte ficticio. Esta clasificación deriva, en gran medida, de la necesidad cultural de Japón por ordenar para comprender. Es evidente que la realidad japonesa, como hemos visto desde el primer artículo, es cambiante y difusa, y no sólo eso, sino que se transforma a gran velocidad desde que terminase la Segunda Guerra Mundial.

El nuevo siglo político, económico y social para Japón, inaugurado con el ascenso al poder del PDJ, traerá sin duda un cambio en el sistema de valores que afectan a Japón, y el surgimiento de nuevos sistemas productivos, un nuevo panorama del mundo laboral, y una sociedad visiblemente renovada (no sabemos si para bien, o para mal). Al fin y al cabo, Japón, lejos de ser un fenómeno aislado y único, pertenece a la red global de naciones, y es emisor y receptor de nuevas tendencias que están transformando el mundo, en la actualidad, a pasos agigantados.

El desarrollo japonés ante el mundo. (III) El coste humano del desarrollo

Japón acude a las urnas (Actualizado)

Este domingo Japón celebra sus elecciones generales. En esta ocasión, los distintos escándalos que azotaron al PLD (Jimintô) y su propia crisis interna que Jun’ichiro Koizumi dejara tras su marcha, pueden marcar un cambio de rumbo importante en el gobierno del país, catapultando al PDJ (Minshutô) al poder. Recordemos que el pueblo japonés ha conocido a cuatro líderes distintos en los últimos 3 años: Jun’ichiro Koizumi, Shinzô Abe, Yasuo Fukuda y Tarô Asô. Aunque no es la primera vez que Japón mantiene a distintos líderes en un relativamente corto periodo de tiempo, los problemas económicos (especialmente en el apartado de las pensiones) y los notables cambios en el espectro de votantes, hacen posible la victoria del PDJ de Yukio Hatoyama. Tal como afirmaba Newsweek en un artículo la pasada primavera, Japón puede ser el único país que se beneficie colateralmente de la crisis económica mundial.

No obstante, el repunte económico de los últimos días, unido al anuncio de que Japón ha salido de la recesión, podría devolver el ánimo a todos aquellos seguidores del PLD que con dificultad habían decidido optar por el cambio. Aunque con un resultado ajustado, éste podría volver al poder en coalición con otras fuerzas políticas menores, al igual que en anteriores ocasiones.

Suceda lo que suceda, Japón podría verse afectado a corto plazo por la burbuja financiera que algunos anuncian en China, y que podría suponer un azote para la economía mundial. En ese caso, el gobierno deberá hacer verdaderos esfuerzos para que el pensamiento negativo de la década perdida no se extienda hasta cubrir un cuarto de siglo. Las nuevas generaciones tienen la palabra.

(Las elecciones se pueden seguir a través del siguiente canal de Twitter http://www.followsenkyo.jp/)

ACTUALIZACIÓN: Según las últimas encuestas a pie de urna, y tal como informa el diario Asahi Shinbun, el PDJ (Minshutô) habría obtenido una victoria aplastante sobre el PLD, lo que da paso a un cambio histórico en el gobierno de Japón. Por lo tanto, el próximo Primer Ministro de Japón será Yukio Hatoyama, del que haremos un análisis en su momento. Por su parte, el derrotado Taro Aso anuncia su dimisión y se hace responsable de la histórica derrota de su partido.

Este resultado promete cambios sustanciales en la estructura burocrática que ha funcionado en el país desde los últimos 60 años, así como una apertura a políticas sociales que los japoneses que han acudido a las urnas esperan desde que comenzara la recesión de 1990.

Japón acude a las urnas (Actualizado)

El desarrollo japonés frente al mundo. (II) El sueño traicionado.

En el anterior post hablamos de algunos de los factores que lanzaron la economía japonesa desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Presentamos, por así decirlo, algunos de los pilares fundamentales del estado desarrollista nipón. En este artículo dejamos las antiguas previsiones de Hakan Hedberg para centrarnos en lo que de verdad ocurrió durante los años de expansión económica, hasta la explosión de la burbuja financiera e inmobiliaria, intentando resumirlo y simplificarlo en la medida de lo posible.

Durante el periodo de ocupación, el gobierno norteamericano promulgó toda una serie de medidas para evitar los monopolios de los antiguos zaibatsu 財閥, posteriormente denominados keiretsu 系列. No obstante, no hay que confundir a los zaibatsu con los keiretsu, puesto que poseen importantes diferencias. El keiretsu se sostiene sobre una estructura más horizontal, y una jerarquía de menor “profundidad”, es decir, una cadena de mando más reducida. Por otra parte, como conglomerado aúna a muchas otras empresas en su cadena (o espectro) de producción, pero no por ello todas tienen que pertenecer a la misma firma.

Estos keiretsu tendrán su particular expansión tras la ocupación. Tras la retirada de MacArthur, ya con la economía japonesa bien encarrilada, la legislación del país se vuelve más laxa en cuestiones de monopolio. Es entonces cuando vuelven a tomar importancia antiguos conglomerados como Sony, Matsushita, Mitsubishi, Honda o Mitsui, entre otros. Alrededor de estos gigantes surgen también toda una serie de pequeñas empresas satélite que absorven buena parte de los costes de producción como subcontratas, hecho que ayuda a las grandes firmas a mantener el tipo mientras que los pequeños empresarios se van a la quiebra.

Comienza una época en la que el estado tiene un control más férreo de la economía. El crecimiento económico se acelera gracias a los beneficios obtenidos por la Guerra de Corea, en la que Japón participa tímidamente tras la insistencia de los EE.UU.; y con el aumento del comercio exterior.

El capital acumulado comienza a invertirse, especialmente, en obras públicas, bajo el mandato del primer ministro Hayato Ikeda, entre 1960 y 1964. Ikeda es recordado precisamente por ser el político que favoreció el crecimiento económico a través de la reconciliación y la paciencia, buscando el consenso social, o bien tratando de mediar entre la patronal y la mano de obra. Bajo el gobierno de Ikeda, Japón logra superar incluso las expectativas gubernamentales de crecimiento económico. Son los primeros años del “milagro”, y también los del desarrollo urbanístico y las grandes esperanzas y proyectos para la ciudad y la megalópolis de Japón. La exposición de Osaka de 1970 sirve como plataforma para transmitir la modernidad y el poder tecnológico de Japón al mundo. Es el año también en el que el arquitecto Kenzo Tange diseña los planes para convertir el corredor del Tôkaidô en una enorme y futurista megalópolis hasta el año 2000.

La crisis del petróleo de 1973 saca de las ensoñaciones a muchos entusiastas del desarrollo. El ritmo de crecimiento  del que Japón disfrutaba hasta entonces se estanca, lo que pone en alerta a la industria. No obstante, como toda crisis significa también cambio, en 1974 la industria sufre una transformación, y la alta tecnología y la electrónica comienzan a tener más importancia, en detrimento de la industria pesada, cuyo consumo de combustible era mayor. Es la época también en la que el poder electrónico de Japón obliga a las hasta entonces dominantes empresas de Silicon Valley a cambiar su política productiva.

Japón supera la crisis en poco tiempo y vuelve a encarrilar su desarrollo. Sin embargo, comienzan a sucederse los casos de corrupción. El sueño, poco a poco, comenzará a derrumbarse.

El primer ministro Kakuei Tanaka, uno de los más populares en la historia contemporánea de Japón, puede servirnos para ofrecer el ejemplo más significativo en relación a esto último. Tanaka es un político de grandes ambiciones, que realmente desea transformar Japón en la primera economía del mundo. En su libro editado en inglés y en japonés Construyendo un nuevo Japón, diseña para el país una suerte de hoja de ruta con la que se propone transformar desde las relaciones laborales e internacionales del país, hasta las comunicaciones y las ciudades del archipiélago.

Tanaka establece buenas relaciones con la China popular, y con el gobierno de Richard Nixon. Sin embargo,  comenzará a verse envuelto en diversos escándalos desde que la revista Bungei Shunju publica un reportaje que pone en duda sus prácticas empresariales. Con el escándalo Lockheed, se acusa a Tanaka de haber aceptado sobornos millonarios a cambio de favorecer la compra de los aviones L-1011 para las líneas aéreas paraestatales de Japón All Nippon Airways (ANA), en lugar de los modelos McDonnell Douglas DC-10. El escándalo salpica a muchos otros políticos del PLD, y acelera la caída de Tanaka del poder. Aunque continúa en la Dieta, Tanaka es condenado en 1983 a cuatro años de cárcel. Hasta 1983, el escándalo Lockheed remueve la política japonesa, y saca a la luz los agujeros negros del desarrollo.

Durante los años 80 sucede toda una renovación de la economía japonesa, que se resume en la deslocalización para reducir costes de producción, la apuesta por nuevas tecnologías menos dependientes del petróleo, y una revalorización de los activos financieros e inmobiliarios que conducirán a la economía de burbuja. Comienzan los años locos del crecimiento urbano y de los nuevos millonarios. Es también la época de los precios desorbitados de la tierra, que conduce a un pequeño estado de desconcierto y crisis en 1985.

No obstante, desde ese mismo año y hasta el estallido de la burbuja en 1990, Japón experimentará un crecimiento milagroso que recuerda al sueño de los años del primer ministro Ikeda. Sin embargo, la catástrofe comenzaba a vislumbrarse en determinados círculos. El precio del desarrollo, del sueño japonés, se conocería tarde o temprano. Una mañana del año 1990, los rotativos japoneses admitían la debacle. Era el comienzo de lo que se conoce como “la década perdida”, cuyo ambiente es un largo periodo de recesión. El pacto social para el desarrollo del país se reveló entonces, para muchos japoneses, como una gran tomadura de pelo.

Analizaremos en el próximo artículo el coste humano del desarrollo y el espíritu de la década perdida, con algunas notas de actualidad.

El desarrollo japonés frente al mundo. (II) El sueño traicionado.

El desarrollo japonés frente al mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo.

En los albores de la industrialización del Japón, el viajero francés y cronista André Bellesort admiraba al “peligro amarillo” que suponía este ambicioso país como “un peligro muy amable”. Hablamos de finales del siglo XIX, y de la primera mitad del siglo XX, cuando el país nipón, siguiendo los dictámenes de un Occidente en ebullición, se industrializaba y comenzaba su andadura económica con la aspiración de convertirse en una gran potencia como Inglaterra, en un primero momento, y Alemania hasta la década de los cuarenta del siglo XX. Los éxitos de la producción industrial japonesa, especialmente textil, lograron que una ciudad como Ôsaka se convirtiese en la “Manchester de Oriente”. Fueron las aspiraciones militares, hondamente motivadas por el pulso económico y las restricciones a las que el mercado occidental sometía al imperio, además de por las ambiciones expansionistas, las que llevaron al desastre al país.

Otros países habían tardado en recuperarse de la guerra. Japón, casi en ruinas, supo ponerse manos a la obra con la ayuda del gobierno de ocupación del general Douglas McArthur para celebrar en pocos años lo que se conocería como el “milagro japonés”. No en vano, ya en la década de los cincuenta la locomotora del desarrollo en Japón parecía ir a toda marcha. Los políticos japoneses, con la ayuda del gobierno norteamericano, había diseñado un plan de desarrollo cuya visión de futuro colocaba a Japón en el número uno de las economías mundiales.

Terminada la década de los sesenta, Japón ya ha superado prácticamente a la Alemania Occidental en producción industrial, ganándose un puesto entre las principales economías del mundo. EEUU y la URRS miran con recelo este “milagro japonés”, y vuelve a despertar el fantasma del “peligro amarillo”.

En este contexto, el economista Hakan Hedberg escribe en 1970 un libro titulado El reto japonés, donde, a pesar de no esconder su pasión por el país oriental, destaca una serie de claves en las que, opina, se desarrollará la economía japonesa hasta 1990, llegando a acertar, en ocasiones, el futuro que la economía del país mostraría posteriormente. No obstante, Hedberg se mueve entre el análisis agorero y la actitud aleccionadora. Su libro, que hoy casi podríamos denominar una curiosidad histórica, contiene un capítulo donde desglosa “los 25 factores del desarrollo del Japón”, de los que destacaremos sólo algunos, los más importantes para este artículo.

Hedberg es, en 1970, posiblemente el único economista de Suecia con la autoridad suficiente para realizar un estudio sobre los patrones de la economía japonesa. Así lo advierte al comienzo de su obra, apuntando la importancia capital que un estudio sobre este país puede tener para el futuro de Europa.

[El reto japonés] es una combinación de amenaza y promesa. El desarrollo económico es el mayor problema de nuestro tiempo, y en el modo como Japón hace frente a una serie de problemas hay que hallar lecciones no sólo para los países subdesarrollados, sino también para los países altamente desarrollados[…]

De entre los factores que destaca Hedberg, el numero uno es sin duda uno de los más importantes, y de los que más han marcado a la economía japonesa desde sus inicios: la cooperación entre el estado y el sector privado. Sobre este punto, Hedberg aseguraba que:

[…] en la intensa cooperación japonesa entre el estado y el sector privado hay que encontrar algunos métodos prácticos de cooperación que deberían poderse copiar en los países europeos.

Esta ha sido una de las claves del desarrollo japonés, que no obstante se ha visto empañada por la corrupción política y los tratos de favor, con la adjudicación de ayudas al desarrollo en regiones donde gobernaba el PLD. De hecho, es famoso asimismo el sistema de amakudari (“Caído del cielo”) por el que los exburócratas de alto rango pasaban a ocupar puestos de responsabilidad en empresas privadas, generando de este modo un sistema relativamente oligárquico, y lo que ha resultado ser más dañino, una fuerte interdependencia del estado y el sector privado. Con esta práctica también se mantenía un fuerte monopolio de ciertas empresas sobre las ayudas estatales al desarrollo.

En el libro se destacan también como factores a “una burocracia competente“, y al proteccionismo, que en realidad, junto con el sistema de intervención estado-sector privado, fue promovido por el gobierno norteamericano con el propósito de usarlo como fuerza para levantar la economía del país, pero no como sistema para impulsarlo hacia el éxito.  Estas ideas fueron acogidas por los estadistas japoneses junto a otro factor que destaca Hedberg, el nacionalismo, por el que el país se volcaba en crear una industria propia sólida, por la que sacrificarse. Este afán por resurgir como potencia creadora es descrito por el economista sueco como “un perpetuo pentatlon industrial”.

Pero sin duda, son los trabajadores asalariados los que hacen resurgir a Japón. Hedberg observa sabiamente dos características en el papel que éstos tienen en el desarrollo. Por un lado, “el índice de sudor”:

Si el índice internacional es cien, entonces la intensidad física de los obreros americanos es setenta, y la de sus colegas japoneses ciento treinta – escribe.

Luego está “la productividad”, de la que señala que:

El aumento de la producción es casi siempre mayor que el aumento de los salarios, e incluso en el caso de que las inversiones de capital contribuyan a ello en alto grado, el trabajo no se opone al proceso de la automatización.

Respecto a éste último punto, añade otro factor que llama “la destrucción creadora“, por el que explica que los medios de producción siempre se están renovando, aún cuando el ritmo de aparición de nuevas tecnologías abrume al propio empresario.

Finalmente, uno de los factores por los que Hedberg (y también el autor de este artículo) sienten más admiración es el pacifismo. De hecho, el economista advierte de

[…] los enormes recursos que pueden aprovecharse cuando el presupuesto militar es reducido a un nivel razonable.

Y con este razonamiento, deja volar su imaginación sobre una utopía en la que los países (especialmente los bloques enfrentados durante la guerra fría) reducen su gasto de defensa en favor de la investigación de las tecnologías para el bien del ser humano. Este espíritu, que sin duda alguna ha sido y es una de las noblezas del Japón actual, pese a su oscuro pasado y los ecos vivos del mismo, se recoge en un editorial del Mainichi Shinbun de diciembre de 1969, también destacado por Hedberg, en el que un periodista afirma:

Nos parecería más eficaz convertir al Japón en una nación a la que el mundo no pueda permitirse el lujo de perder en una guerra destructiva[…] Si estalla una guerra, el Japón puede evadir verse envuelto en ella si construímos una nación a la que el mundo considere digna de que se le conserve la existencia […]

Estas ideas, como veremos en la continuación de este artículo (II), son puestas en práctica durante la década de los setenta en el programa del gobierno japonés para la creación de toda una red de tecnópolis consagradas al progreso científico y económico.

La visión de Hakan Hedberg, aunque fundamentalmente optimista, acierta en muchos aspectos. De hecho, como bien afirma, el supuesto “milagro” no es más que “una buena dosis de sentido común sin ningún ingrediente mágico”.

Desafortunadamente, las crisis del petróleo y la bubble economy estaban a la vuelta de la esquina, alimentadas con las inevitables ambiciones de una clase política corrupta, cuya desastrosa influencia sobre la economía ha cristalizado en una larga crisis que analizaremos en el próximo artículo.

El desarrollo japonés frente al mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo.