Primera nieve de Tokio

El pasado 14 de enero, coincidiendo con la celebración del día de la mayoría de edad en Japón, el Seijin no hi 成人の日, nevó. Aunque es una fiesta nacional, y muchos japoneses descansaban ese día, la esclavitud de la televisión japonesa me obligó a salir del futón temprano y prepararme para ir a trabajar. Justo antes de salir abrí la ventana de mi habitación para echar un vistazo a las nubes, sólo para encontrarme con que empezaba a nevar.
He visto pocas veces la nieve en mi vida. Esta vez la nevada fue muy intensa, aunque afortunadamente pude llegar a la oficina antes de que se acumulase. Ya en el espacio gris y deprimente de mi oficina, alguien tuvo la brillante idea de abrir una cortina por primera vez, para poder ver la calle. Mientras buscaba, traducía, escribía en japonés y me dejaba la vista, como a diario, en un ordenador de mucho antes de los smartphones, con Windows XP, echaba un vistazo para ver cómo caían en abundancia los copos. Vuelos cancelados, coches con cadenas, y un frío impresionante.

Aquí os dejo algunas fotos de aquel día y del día después.

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves de Tokio 2013

Primeras nieves de Tokio 2013

Primera nieve de Tokyo 2013

Primera nieve de Tokyo 2013

Primera nieve de Tokio

Segundo Año Nuevo en Tokio: los lugares y las cosas

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Reconozco que llevo mucho tiempo sin escribir. Contrariamente a lo que pensaba cuando emprendí este proyecto, las cosas no han ido demasiado bien, y mi situación en Japón y en la vida ahora mismo es como un mesón, indiscutiblemente inestable.

Así y todo, sigo trabajando, estudiando y disfrutando de pequeñas cosas. La navidad me pilló trabajando, dedicado a una búsqueda muy infructuosa para un programa de televisión que por suerte no tendré que ver. El fracaso de esta tarea me ha animado a redoblar mis esfuerzos para encontrar un nuevo empleo, y lo que es más, para intentar por todos los medios trasladarme a Osaka, Kioto o Kobe. Una de estas tres ciudades, de la región de Japón que más me gusta a falta de conocer el norte y el sur más al sur.

Año Nuevo fue otra historia. Armado de ganas y de mi compañera de viaje, la pobre Nikon D3100 sobreexplotada, me dediqué a visitar algunos lugares de Tokio para captar el ambiente del último día del año. Es mi segundo Año Nuevo en Japón, ya que el primero lo viví en 2008, en Asakusa, con buena compañía, tomando café en un Starbucks al que también volví este año, y viendo a la gente esperar en el Kentucky Fried Chicken.

Año Nuevo en Tokio 2012-2013

El primer paseo del último día del año lo dí, cómo no, en mi barrio, Okubo y Shinjuku. Traspasando los pasajes de tiendas coreanas y clubs de dudoso gusto en la bastante concurrida Kabukicho, llegué al Hanazono Jinja. Eran alrededor de las 16:00, y apenas unas pocas personas de paso, cargadas de bolsas, paraban a rezar su plegaria en el templo. Lo que sí fue interesante ver fueron los preparativos. Cuidadosamente, un operario colocaba los faroles y enrollaba unos papeles alrededor de los remates de cada balaustre, en la escalera que conduce al altar. ¿Más plegarias? ¿Oraciones? Lo desconozco.

Año Nuevo en Tokio 2012-2013

El siguiente destino fue Ueno, y concretamente el mercado de Ameyoko, recomendado por mi amiga Yuriko. Ameyoko es un lugar bastante visitado, pero en Año Nuevo es otra historia. Casi era imposible caminar, y literalmente me tuve que dejar arrastrar por la corriente humana, aprovechando algún hueco para sacar un par de fotos y menos de un minuto de vídeo. Desde sus puestos, los comerciantes ponen especial ímpetu en vender sus mercancías, especialmente el pescado, para los que buscan allí el menú de la noche y el día siguiente.

Año Nuevo en Tokio 2012-2013

El último lugar de la noche iba a ser Asakusa. Cuando llegué al Sensô-ji, el frío me animaba a volver al peligroso confort de mi cuarto, a pasar la noche viendo la televisión, en Internet y leyendo. Cerca de la Kaminari-mon decidí tomarme un respiro y probar por 100 yenes un vaso de sake dulce caliente (mi sello de aprobación al mismo). Alrededor del templo, los puestos de comida ya estaban preparándose para el negocio del día, y una gran pila de barriles de sake sugería que esa noche la embriaguez sabría distinta a la nomikai (reunión para beber) con los compañeros de trabajo.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Año Nuevo en Tokio 2012-2013

En la Kaminari-mon y en los alrededores del distrito del Kabuki, muchas parejas pasaban las horas. Mi cámara y yo estábamos al límite, así que después del peor okonomiyaki que he comido en mi vida, en el cual pienso que confundieron los fideos con gomillas, quise revivir el año nuevo de 2008 en el mismo Starbucks y el mismo asiento en el que estuve ese día, prácticamente a la misma hora.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Mientras pasaba el tiempo frente a un Caramel Macchiato y una galleta de chocolate blanco y nueces de macadamia, decidí revisar en mi móvil, cosa que no hago frecuentemente, mi Twitter. En un mensaje, el recién llegado a Tokio @danikaze me sugería ir al Meiji Jingu de madrugada. Pese a hacerle esperar más de lo debido, porque la batería de mi cámara estaba hambrienta de carga, a las 22:30 nos reunimos en Shibuya, donde descubrimos un sucedáneo de Times Square de lo más absurdo. Podría decir que en Shibuya había extranjeros como yo y japoneses al 50/50. ¿Qué esperaban? Lo lógico sería suponer que en una de las muchas pantallas de los edificios aparecería algo parecido a una cuenta atrás para el año nuevo. Nada de ello sucedió. Una chica a la que pregunté me informó de que la gente hacía su propia cuenta atrás, y luego “empezaban a correr”. ¿A correr? ¿Una maratón? He oído que hay varias maratones de año nuevo en Nueva York, pero no sabía nada de Tokio.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Esperamos por lo tanto al año nuevo allí, pero nada extraño sucedió. Llegaron las 00:00, y la gente se volvió un poco más loca de lo que estaba, agolpándose en el centro de la carretera donde la policía trataba en vano de poner un poco de orden. Lo siguiente fue ir a lo seguro, seguir el plan y visitar el Meiji Jingu.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Año nuevo en Tokio 2012-2013

En el Meiji Jingu los Scouts japoneses guardaban el fuego que conducía a la gran masa que pacientemente esperaba llegar al pabellón del templo. Los Scouts ayudan en las labores de control de masas en los festivales con más público, como es el caso también de los típicos espectáculos de fuegos artificiales de verano en Asakusa.

La masa de japoneses que esperaba en el Meiji Jingu era sin duda abrumadora, y daba algo de miedo adentrarse en ella sin saber el tiempo de espera ni lo que uno se iba a encontrar en el destino. Utilizando la reducción al absurdo, digamos que son casi 3 horas de espera para lanzar una moneda a una gran manta blanca durante unos dos minutos en los que la policía te insistirá para que abandones el puesto y dejes a otras personas pasar. Pero es algo más. La avenida que lleva al templo, además de los faroles con las empresas y personas que han hecho alguna aportación económica, está gobernada por una gran pantalla en la que además de la información de la noche, los anuncios de pizza, empresas constructoras y juegos de cartas se repiten una y otra vez. Al girar la esquina, la puerta sur del templo aparece decorada con los motivos típicos del Año Nuevo japonés: la diana y la flecha, y la tablilla con el animal del nuevo año, la serpiente blanca de 2013.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Pasada la puerta del sur, la multitud corre a lanzar la moneda y alzar el rezo shintoísta, para que el nuevo año traiga algo mejor que el anterior. Después de eso, sólo queda volver a casa, a descansar y recuperarse del intenso frío que me dejaba los pies y las piernas insensibles durante cada rato de espera en la interminable cola de entrada.

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Año nuevo en Tokio 2012-2013

Algo que me perdí, que no hice y probablemente por ello sea castigado, es tomar el típico Toshikoshi soba 年越しそば, que los japoneses comen a las 00:00, y es el equivalente a nuestras 12 uvas de la suerte. Tal vez lo haga, con mucha suerte, en un hipotético Año Nuevo que me conduzca a 2014 en Japón, si me dejan continuar aquí.

Lo último que me queda por decir es que durante todo aquel día grabé más vídeo de lo habitual, porque tenía planeada una felicitación de Año Nuevo un poco más especial. En el vídeo, a partir del minuto 2:37, podréis ver todos estos lugares y algunos detalles más. Feliz 2013 a todos.

Segundo Año Nuevo en Tokio: los lugares y las cosas

La lluvia que multiplica los colores de Tokio

Siempre que llueve en Tokio, tenga trabajo o no, intento llevarme la cámara. La fotografía es una de mis pasiones, a pesar de no tener aún el equipo necesario para hacer las cosas que yo querría. Pero la realidad está ahí, y hay que capturarla.
La lluvia en Tokio le da a la ciudad una atmósfera especial, y por muy molesta que sea al calarnos los huesos, mojar nuestros zapatos y obligarnos a cargar con el paraguas, en realidad es el complemento perfecto para una ciudad llena de carteles, LED’s y pantallas que emiten incesantemente toda una gama de colores. Hoy quiero compartir con vosotros algunas fotografías de la lluvia en Shinjuku.

Ame Walk

Y es que la lluvia, cuando no es ácida, tiene más ventajas que inconvenientes. El aire de Shinjuku está cargado de olores, y por lo tanto de partículas, que no son precisamente medicina para nuestros pulmones. Pero la lluvia se encarga en parte de renovar esa atmósfera.

Junto a mi televisor tengo un marco digital, regalo de Softbank, que me cuenta en porcentajes la probabilidad de lluvia para el día. Si no es el marco, son las noticias en la NHK cada mañana las que me recomiendan llevar o no el paraguas.

Ame Walk

Y carreras, muchas carreras. Alguna que otra vez, cuando he olvidado el paraguas por la mañana, o he pensado que no llovería al salir del trabajo, tengo que esperar pacientemente a que amaine la lluvia ligeramente para volver a casa. En la salida de la estación, a veces he podido hablar con alguien, tomar fotos, leer un rato. He aprendido a esperar, aunque aún tengo que mejorar mis aptitudes sociales.

Around Okubo Station

Pero no pongamos la lluvia tampoco por las… ¿nubes? (expresión inadecuada) . No le demos tantas ventajas a la lluvia. Es molesta, sin duda. Al menos una vez a la semana hay que soportarla, cuando en mi tierra se me hacía hasta extraño llevar un paraguas. Algo que echo de menos: una sucesión de días de sol implacables.

Around Okubo Station

Hoy llueve en Tokio, y por supuesto llevaré mi cámara. Es el “Día del Trabajador”, y por desgracia yo lo celebraré trabajando. Por suerte me pagarán el día. Tal vez tenga más fotos que compartir con vosotros esta noche.

Around Okubo Station

 

Hasta que puedo compartir con vosotros entradas más interesantes.

La lluvia que multiplica los colores de Tokio

Sonido rockabillero en Yoyogi – Levels Harajuku

Rockabilly in Yoyogi

De entre los muchos japoneses ya entrados en años con los que me cruzo a diario, tal vez estos sean algunos de los que más admiro: los Rockabillies. Todos los domingos, con lluvia (como el de las fotos), sol o viento, allí están contoneándose como en una cafetería de una carretera perdida de Kansas en los años 50, al ritmo del sonido rockabillero. Puro derroche de energía y pura ruptura del día a día.

Rockabilly in Yoyogi

Rockabilly in Yoyogi

Hay más grupos, pero entre ellos, aquí tenéis a los Satanases del Infierno a Levels Harajuku (¿tal vez querían decir “rebels”?). Viva ellos. Muerte a las corbatas.

Rockabilly in Yoyogi

Rockabilly in Yoyogi

De vez en cuando otra “panda” de Rockabillies se pone cerca, y empieza a hacer la puñeta con su música.

Rockabilly in Yoyogi

Rockabilly in Yoyogi

Rockabilly in Yoyogi

Pura afición, y no ese malsano gasto diario de moral con el “sí, bwana”, el “ganbare” vacío y la bebida vitamínica del mediodía como sustitución de un buen almuerzo.

Sonido rockabillero en Yoyogi – Levels Harajuku

Agradeciendo a los muñecos su servicio, a la manera shintoista 人形感謝祭 (Ningyou kansha sai)

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

En la tranquilidad del Meiji Jingu oímos una solitaria rabieta. Una madre seca las lágrimas a un niño que está asistiendo a una inexplicable ceremonia de despedida. Adiós y gracias a aquel peluche, muñeco o muñeca que le ha acompañado durante unos cuantos años de su infancia. Pero también hay mayores, ancianos y ancianas, que dicen adiós a aquella muñeca que abrazaban camino de la escuela, en el Japón de la posguerra. O adultos que no pueden tirar a la basura, sin más, aquel simpático trozo de trapo, o ese peluche cuyo color ya está castigado por el tiempo y el sol, y que esperaba su llegada cada día en los absurdos años 80.

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

Es el día de agradecimiento a los muñecos, el Ningyou Kanshasai (人形感謝祭 ), que se ha celebrado el 14 de Octubre de 2012 bajo una fina y melancólica lluvia. Miles de juguetes antropomorfos y zoomorfos, decenas de miles podríamos decir sin temor a equivocarnos, han llegado al Meiji Jingu desde cada rincón de Japón.

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

Los que han querido acercarse al templo han entregado allí a sus viejos compañeros. Compañeros que no podemos decir que sean inanimados, ya que en el día en el que se le agradecen sus servicios es cuando más salta a la vista que el animismo es algo que aún sigue dentro de cada japonés, lo que insufla vida a cada objeto que ellos consideren o sientan como vivo. La vida más allá de la biología.

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

Los visitantes, los que entregan sus antiguos juguetes, hacen una ofrenda en un rincón del muestrario interminable, escriben en láminas de papel con forma humana su plegaria, y luego se detienen a observar esta maravillosa colección de recuerdos individuales.

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

Por cada uno, una historia. Por cada juguete una infancia. Los encargados de colocar, siempre mirando hacia el pabellón principal del Meiji Jingu, a estos antiguos compañeros de batalla, lo hacen con sumo cuidado, incluso deteniéndose a comentar y a observar alguna muñeca extraordinaria, o extraña.

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

人形感謝祭 Thanks Dolls in Meiji Jingu

Y entre los que sólo han venido a mirar, cómo no, restalla como un látigo el sentimiento de nostalgia cuando encuentran entre la multitud alguna cara conocida de la infancia.

Todos estos muñecos luego serán retirados. Es el último adiós a aquellos viejos trozos de trapo, algodón, plástico, madera, tela… que dejaron de ser producto para convertirse en seres vivos, en confidentes, y en compañeros.

*Más fotos en mi cuenta de Flickr.

Agradeciendo a los muñecos su servicio, a la manera shintoista 人形感謝祭 (Ningyou kansha sai)

En las tripas de Enoshima (o el Triforce que no era un Triforce)

Enoshima 江ノ島

Y en estas que un fin de semana decidí ir a Enoshima. Mi objetivo principal era Kamakura, pero pasé de camino por la isla, y me quedé más tiempo de lo planeado. Muchas personas acuden a Enoshima con el buen tiempo, bien para hacer una barbacoa debajo del puente que lleva a la isla junto a la playa, para pescar, disfrutar de las aguas en la playa rocosa, o simplemente pasear por los templos, admirar el paisaje y sorprenderse ante la abundancia de este lugar.

La historia de Enoshima está directamente relacionada con la de dos deidades: Benzaiten y el dragón de cinco cabezas (Gozoryu). Pero también con el nacimiento de la biología marina en Japón, e igualmente se cuenta una leyenda sobre el nacimiento de la acupuntura tras un tropezón del maestro ciego Sugiyama Waichi.

Enoshima 江ノ島

El puente que lleva a la isla es el Enoshima Benten, o Bentenbashi. Es un paseo agradable, en el que se puede observar toda la bahía. Hasta 1891 a Enoshima sólo se podía ir en canoa. Fue en ese año (Meiji 24) cuando se construyó el primer puente de madera que conectaba la costa con la isla. Antes de la existencia de ese puente, el biólogo marino y humanista estadounidense Edward Sylvester Morse descubrió el montículo de Oomori en un viaje a Tokio desde la que era la residencia habitual de los oyatoi gaikokujin (extranjeros contratados) en Yokohama. Poco después instalaría un laboratorio en la isla, y comenzaría sus estudios sobre las especies autóctonas. La historia de Edward S. Morse estuvo muy ligada a Japón, y particularmente a la de la Universidad de Tokio, junto a otros grandes maestros de la época como el estadounidense con ascendencia malagueña Ernest Francisco Fenollosa, o el padre de la arquitectura moderna japonesa, Josiah Conder.

Enoshima 江ノ島

Al pisar la isla, nos da la bienvenida el antiguo torii de bronce, el Seidono Torii, que es Patrimonio Cultural de la Ciudad. Data de 1821, antes de la apertura de fronteras del país (el fin del sakoku o “país encadenado”). Tras el arco de bronce, tenemos una empinada calle abarrotada de tiendas que nos lleva hacia el Enoshima Jinja.

Enoshima 江ノ島

Esto no es nada. Aún quedan muchos peldaños por subir. Hay tarjetas de un día que permiten subir al faro de Enoshima, y también utilizar las escaleras mecánicas que hay en algunos tramos. Demasiadas escaleras, aunque por el paisaje (y los gatos) bien merece la pena el esfuerzo.

Enoshima 江ノ島

Enoshima 江ノ島

Ejercitando las piernas mientras nos vamos adentrando en la naturaleza, llegamos por fin al Enoshima Jinja, con tres pabellones en los que se venera a tres diosas: Tagitsuhime no mikoto, Ichikishimahime no mikoto y Tagirihime no mikoto. Además, de vez en cuando sitúan esta suerte de umbral que las parejas pasan, para luego hacer una plegaria, previo pago del impuesto revolucionario deífico. 

Enoshima 江ノ島

Aquí una muchachas colgando su mala fortuna. Los templos hacen su agosto vendiendo todo tipo de amuletos y con el tradicional Omikuji en el que un papel escogido al azar nos dice nuestra suerte para el presente año.

Enoshima 江ノ島

Muchos de los obsesos de The Legendo of Zelda ya habréis puesto los ojos como platos si no conocéis la historia del Triforce. En realidad, el hecho de que haya tantos Triforce en Enoshima es porque se trata del Mon o emblema de la familia Hojo, una casa que cobró mucha importancia en el país y llegó a gobernarlo en el siglo XIII.  La leyenda de su origen cuenta que Tokimasa Hojo (1138-1215) fue a rezar a una de las cuevas de la isla para pedir prosperidad para su familia. El propio Dios Dragón, protector de los pescadores, apareció ante él y accedió a sus plegarias, cediéndole tres escamas de su cuerpo, que luego pasarían a ser el emblema de esta casa: tres triángulos formando una pirámide. De ahí que la isla esté llena de Triforces y dragones, lo que le da a todo un aspecto más épico y fantástico.

Enoshima 江ノ島
Enoshima 江ノ島

Pero no todo iban a ser escaleras y plegarias. Rodeando la isla, encontramos la playa rocosa y el acantilado de Chigo ga fuchi, donde la gente viene a pescar, pasear y disfrutar de las piscinas naturales. También es donde accedemos a las grutas, en las que nos ofrecerán una vela para hacer uno de los tramos. Desde esta zona, en días muy despejados, se puede observar el Fuji.

Enoshima 江ノ島

Simplemente sentarse allí y ver cómo rompen las olas contra las rocas es suficiente para olvidar el estrés y disfrutar de un día magnífico. Aunque para llegar hasta allí se requiere de unas buenas piernas. No hay atajos por tierra.

Enoshima 江ノ島

En las rocas encontraréis sobreabundancia de tiñuelas (ligia oceanica), también llamadas “cucarachas de mar”, aunque a mi me parecen más un híbrido entre gamba y lepisma. Hay millones de ellas, y huyen despavoridas a gran velocidad ante cualquier amenaza. Su abundancia no es nada especial. En esta isla abunda la vida: libélulas, águilas, gatos, arañas…

Enoshima 江ノ島

Obviamente, la cocina local es rica en productos del mar. Podemos encontrar amontonadas las conchas de los moluscos a la entrada de muchas tiendas del lugar. Las tiendas de Enoshima son muy pintorescas, no sólo por su aspecto antiguo, sino por la venta de bebidas ya olvidadas en otros lugares, en botellas que harían las delicias de muchos coleccionistas.

Enoshima 江ノ島
Enoshima 江ノ島

Llegados a uno de los puntos más altos de la isla, encontramos la Ryuren no kane, o Campana del Dragón Enamorado. Aquí vienen las parejas a hacerla sonar y prometerse amor eterno ante los dioses y el horizonte. También han colocado una reja que hoy está cargada de candados (maldita costumbre) para simbolizar la unión indestructible. Es muy simbólico e irónico que casi todos esos candados se oxiden y caigan rápidamente debido al aire cargado de sal oceánica. Todo se oxida, amigos. Hasta las relaciones humanas.

Enoshima 江ノ島 Cats

Y por supuesto los gatos. Son otro atractivo turístico en Enoshima. En el camino encontramos fotos e información sobre estas criaturas, que están ya tan acostumbradas a la presencia humana, que se acercan y se dejan tocar. Este dormía plácidamente en la roca y te lamía la mano si le tocabas la pata o la cabeza.

Los gatos, las olas, los dragones y las vistas. Enoshima sin duda se ha convertido en uno de mis lugares favoritos para vivir. Tal vez, con suerte, en un futuro pueda pasar más tiempo cerca de Enoshima. Hay mucho que contar sobre esta isla. Tal vez en futuros artículos, y en próximas visitas, pueda ofreceros una nueva perspectiva.

En las tripas de Enoshima (o el Triforce que no era un Triforce)

Un paseo por el Shakujii Kōen de Tokio – 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Tokio está lleno de rincones entrañables que merecen la pena ser visitados, aunque no sean de por sí demasiado conocidos. Hace poco me quejaba estúpidamente de falta de planes para el fin de semana, así que pregunté a unos amigos japoneses sobre algún lugar agradable, en plena naturaleza, donde fuese interesante hacer un safari fotográfico. Sin dudarlo, la primera respuesta que me dieron fue el parque Shakujii 石神井公園. Este es uno de los parques más grandes de Tokio, situado al oeste de la metrópolis, y al que se puede llegar tanto con la línea Chuo de la JR, como con la Seibu Shinjuku o la Seibu Ikebukuro. En mi caso, al ser un ciudadano de pleno derecho de la Seibu Shinjuku, partí desde Toritsu Kasei 都立家政駅 hasta Kamiigusa 上井草駅, apenas 15 minutos.

Shakujii Kouen 石神井公園

Una vez llegas a Kamiigusa, y le sacas la foto de rigor a la estatua del Gundam (para algo es la ciudad del anime), hay que tomar un autobús que de deja en la entrada del parque, junto al estanque de los patos, y de las barcas con forma de cisne.

Shakujii Kouen 石神井公園

En este lugar, inaugurado como parque en 1959, la naturaleza se desata en forma de mosquitos, libélulas, arañas, cigarras (montones de cigarras en agosto), mariposas, y toda suerte de insectos. El parque tiene caminos de tierra, alguna zona de cesped, y zonas de hierba alta donde hay bastantes mosquitos, aunque afortunadamente ningún Pokémon salvaje. No ha habido necesidad, por tanto, de sacar las pokebolas en público.

Shakujii Kouen 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Las variedades de árboles son un buen cobijo para pasear sin demasiado calor: arces, cipreses, sauces, zelkovas, y hasta cerezos. Con su altura y frondosidad dejan en la penumbra buena parte del paseo que rodea el lago Sanpō-ji 三宝寺池. Todo el camino, por cierto, se realiza sobre una plataforma de madera.

Shakujii Kouen 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Situado en el distrito de Nerima, famoso por sus Daikon o nabos japoneses, este lugar es sin duda conocido entre los tokiotas gracias a la cultura popular. No en vano, el estanque es un lugar frecuentemente utilizado para rodar melifluas escenas en las que una pareja pasea en barca. El lugar posee sin duda una luz muy cálida y agradable al atardecer, y salvo por el concierto interminable de las cigarras en agosto (ríanse ustedes de las vuvuzelas), se trata también de un lugar silencioso.

Shakujii Kouen 石神井公園

Shakujii Kouen 石神井公園

Cuentan que este es el parque que aparece en numerosas ocasiones en Ranma ½, al tener lugar la historia en el mismo distrito de Nerima. Yo no lo puedo confirmar, pero si es así, y alguno o alguna es fan de la serie, que no dude en visitar este parque. Eso sí, en verano protección contra los mosquitos. Los enormes árboles ya se encargarán de protegeros contra el sol.

Un paseo por el Shakujii Kōen de Tokio – 石神井公園

En el Mitama Matsuri, festival de verano de Yasukuni Jinja

Mitama Matsuri at Yasukuni Jinja

Hoy es el último día del Mitama Matsuri(みたま祭り). Este festival, que se ha celebrado en 2012 del 13 al 18 de julio, tiene lugar en el templo más polémico de la geografía japonesa, Yasukuni Jinja(靖国神社). Allí, como recordaréis, se recuerda a los caídos en los conflictos bélicos en los que ha participado (o ha sido causante) Japón desde el siglo XIX, con el inicio de la era Meiji, entre los que se recuerda varios criminales de la Segunda Guerra Mundial (era Shôwa). Sin embargo, nos olvidamos momentáneamente de las polémicas políticas para poder disfrutar de uno de los festivales de verano más populares y atractivos de los que se celebran en Tokio.

Mitama Matsuri at Yasukuni Jinja

Este festival, que comenzó a celebrarse en 1947 (Shôwa 22), se celebra en honor a las almas de los fallecidos, los que ya no están entre nosotros. La peculiaridad del mismo es que se iluminan en todo el recinto del templo, desde la entrada, alrededor de 30.000 linternas de papel. Por supuesto, como cualquier otro festival, cientos de puestos de comida se alinean a lo largo de la entrada y en los accesos. Entre la variedad, encontramos Takoyaki, Yakisoba, Monjayaki, Kasutera, Karaage… y por supuesto cerveza.

El festival comienza a las 18:00 y finaliza a las 21:30, hora a la que se comienza a apagar el alumbrado. Por lo demás, los contenidos suelen ser muy similares al resto de festivales que se celebran en Japón: pequeños puestos con típicos juegos de feria, bailes tradicionales, taiko y paseo de palanquines.

Mitama Matsuri at Yasukuni Jinja

Una de las cosas más graciosas que he visto este año ha sido una especie de pasaje del terror basado en el personaje de “Hebi Onna”(蛇女), la mujer serpiente. Gracioso y encantador, con maniquíes que pretendían dar miedo manejados con cuerdas por una chica sentada en la misma entrada. Todo muy artesanal. Lo más curioso es que pese al aspecto rancio, las chicas gritaban y los niños lloraban. En esos momentos uno comprende que también el terror se entiende de otra manera en culturas distintas.

Os dejo con algunas fotos del festival, y con un vídeo en el que podéis escuchar el ambiente de un típico matsuri japonés.

Mitama Matsuri at Yasukuni Jinja

Mitama Matsuri at Yasukuni Jinja

Mitama Matsuri at Yasukuni Jinja

Mitama Matsuri at Yasukuni Jinja

En el Mitama Matsuri, festival de verano de Yasukuni Jinja

Kôya san y el tronco de monedas de un yen

Una de las escapadas que más gratamente recuerdo de 2009 fue la que hicimos Paolo, Yunhee y yo a Kôya san, en Wakayama, a una hora de Ôsaka aproximadamente. Estábamos dejando atrás el invierno, y aún en lo alto de la montaña quedaba algo de nieve. El frío calaba los huesos, pero aún así, la práctica ausencia de viento hacía el paseo muy agradable. Después de mucho tiempo en tren, llegamos a lo alto de la montaña y comenzamos a pasear por el cementerio, deteniéndonos de vez en cuando frente a los enormes árboles que apenas dejan pasar la luz dentro de la naturaleza del lugar. Entre las tumbas y las linternas de piedra, algunos grupos de turistas y jubilados haciendo el papel de peregrinos.

Un anciano camina por la avenida que cruza el camposanto y llega al templo

Por el camino natural, entre mucha maleza, varios tocones de árboles que debieron tener un tamaño considerable nos sorprendieron por estar decorados con una multitud de monedas de un yen. Un sólo yen. La mínima expresión monetaria convertida en instrumento de superstición, y decorando aquí y allá árboles, piedras y el fondo de algunas charcas. ¿Cuál será el motivo real? Hagan apuestas. Seguramente algo tendrá que ver con la buena fortuna en los negocios.

Un yen clavado en la madera húmeda por la nieve derretida.
Los yenes, clavados y esparcidos por la madera.

Pasando el templo, donde los monjes nos prohíben enérgicamente hacer fotos al vernos pasar con nuestras cámaras, encontramos una caseta cerrada, hecha para el descanso del viajero. Abrimos la puerta y pasamos a resguardarnos un rato. Frente a la misma, un elemento curioso. Un gong de perfecto sonido, fabricado con una pesada roca que cuelga de un gancho metálico.

Un sonoro gong de piedra.

Después de mucho caminar, de pisar la nieve y mojarnos los zapatos, llegamos a uno de los puntos más importantes del lugar: la gigantesca pagoda del Danjogaran, de tonos vivos. Llegamos justo a tiempo para ver cómo nos cierran las puertas. A lo largo del camino, muchas otras pagodas, hermanas pequeñas del coloso de madera que es la corona de Kôya.

Una gigantesca pagoda.

En realidad, no existe el monte o la montaña Kôya como tal, pero sí el pueblo. Se llama montaña Kôya a toda la zona montañosa que se extiende al sur de Ôsaka, en la prefectura de Wakayama. La fama del lugar, además de por sus paisajes, viene derivada de ser el emplazamiento elegido por la secta budista Shingon (“la palabra verdadera”) como lugar central de culto. Hoy es considerado como uno de los lugares sagrados de Japón, gracias además a la importancia de su fundador, el monje Kûkai (Kôbo Daishi), que llegó allí en el año 819. La UNESCO denominó a Kôya san como Patrimonio de la Humanidad en 2004, lo que, pese al turismo, está ayudando a preservar la naturaleza del lugar. Como se puede imaginar, es uno de los lugares más importantes donde estudiar la espiritualidad y el budismo en Japón.

Kôya san y el tronco de monedas de un yen

El museo Meiji Mura o el lugar de reposo de una época

Una cuestión que atañe especialmente al desarrollo de las urbes y a su modernización tiene que ver con la conservación del patrimonio. Si visitamos una gran metrópolis como Tokio, Nagoya u Osaka, podemos pensar que los únicos restos del pasado son varios templos y edificios anteriores a la Segunda Guerra Mundial. La presencia del Kindai Nihon, o Japón moderno, no es tan evidente a primera vista, pero en todo Japón siguen en pie bellos edificios de estilos importados en los que se introdujeron por primera vez elementos cerámicos. Estos edificios son una evidencia histórica de la influencia que los pueblos europeos tuvieron sobre esta cultura mucho antes de la ocupación norteamericana. Tal vez, también, del primer intento japonés de transformar su tradición arquitectónica.

Hoy día los principales edificios emblemáticos que han desaparecido de la ciudad pertenecían a la era Meiji, Taishō y Shōwa. Muchos de los antiguos templos y casas importantes de estilo puramente japonés (la mayoría de ellos construidos con madera y muros de tierra o tsuchikabe) se conservan gracias a la tradición de reconstruirlos con materiales semejantes. ¿Qué es lo que ha ocurrido con los de estilo occidental? Meiji Mura es una respuesta a esta pregunta.

Escuela secundaria de Mie y escuela primaria Kuramochi, 1888

La razón de ser de este museo dedicado a la arquitectura del Kindai Nihon viene, precisamente, de la necesidad de llevar a cabo una acción para la preservación del patrimonio que se estaba desmoronando o “estorbaba” en el desenfreno constructor de la posguerra. Esta acción puede ser discutible según los estándares occidentales de preservación de la imagen de la ciudad que a menudo obliga a la reutilización de espacios antiguos (en la mayoría de los casos, conservando la fachada y renovando el interior). El paulatino aumento de la población en las principales ciudades japonesas después de la guerra, y en especial de Tokio, fuerza en muchas ocasiones a recuperar solares que están ocupados por antiguas estructuras que en el mejor de los casos se habían quedado obsoletas y pequeñas, y en el peor tenían daños estructurales importantes que hacían peligroso su uso.

Vista general de una de las calles de Meiji Mura

Fue a raíz de la demolición del Rokumeikan de Josiah Conder que los arquitectos Yoshiro Taniguchi y Moto Tsuchikawa reconocieron la necesidad de conservar los símbolos de la arquitectura de la era Meiji, que paulatinamente estaban siendo sacrificados y arrancados de la memoria colectiva. El 16 de julio de 1962 ambos arquitectos crearon una fundación con el objeto de trasladar y conservar estos edificios, y tres años más tarde, en 1965, se inauguraba Meiji Mura a orillas del lago Iruka, conteniendo entonces 15 edificios. Hoy el museo contiene casi 70 edificios, entre los que se encuentran el vestíbulo y la recepción del Hotel Imperial de Frank Lloyd Wright y Antonyn Raymond, una reconstrucción de la catedral de San Francisco Javier que se construyó en Kioto en 1890, o la casa de Ōgai Mori y Sōseki Natsume.

Interior del Hotel Imperial, 1923

A estas construcciones, algunas de ellas meramente reproducidas y no trasladadas, se les suma la recuperación de objetos, documentos y transportes de época, que cualquier visitante puede disfrutar. Una de las cosas más interesantes que tiene este museo, en el caso particular del Hotel Imperial, es que el vestíbulo sigue teniendo uno de sus antiguos usos como cafetería y restaurante, y que incluso se ha reproducido el mobiliario que diseñó Wright para el hotel.

El museo es muy extenso (un pueblo entero), y recomiendo que sea visitado durante un par de días. Nagoya también es una gran ciudad que tiene mucho para ver. Una gran desventaja es que, precisamente por el enclave natural donde se sitúa, está un poco lejos y se tarda alrededor de una hora entre tren y autobús en llegar. Lo bueno es que una vez dentro, uno dispone de libertad absoluta para pasear, disfrutar del paisaje y fotografiar arquitectura. Más fotos en el álbum de flickr sobre Meiji Mura.

Central telefónica de Sapporo, 1898
El museo Meiji Mura o el lugar de reposo de una época