Políticos japoneses entre bambalinas

La unión entre farándula y política no es algo nuevo ni exclusivo de Japón. No obstante, con este artículo quiero mostrar cómo los japoneses tienen también sus Reagan y Schwarzenegger en el ejecutivo. Recientemente hemos vivido un momento histórico en la política nipona con la elección de Yukio Hatoyama como primer ministro, expulsando del gobierno al partido que había dominado casi ininterrumpidamente durante más de medio siglo. Los análisis sobre la figura del nuevo gobernante no han tardado en salir a la palestra, sorprendiéndonos con apuntes tan curiosos como el libro que su mujer Miyuki publicó en 2008, titulado Cosas muy extrañas que me he encontrado, y donde afirma que en otra vida viajó a Venus en una nave triangular, y cómo conoció a Tom Cruise encarnado en un japonés durante ese mismo viaje. Esta extravagante historia ha sido la comidilla de la prensa sensacionalista nipona, y ha sacado a relucir, una vez más, el carácter mediático de la clase política.

Pero estas historias no son patrimonio del PDJ ni fruto del nuevo siglo. Miremos, por ejemplo, la figura de uno de los políticos japoneses más carismáticos de la historia reciente: Jun’ichirô Koizumi. En 1982 Koizumi se divorció, dejando a su esposa sola en espera del tercer hijo. Este hecho es poco común en la clase política y en otros países podría ir en detrimento de un partido de cara a unas elecciones. Pudimos vivir su reelección, y aún hoy muchos japoneses siguen considerando al ex-primer ministro del PLD un gran político. Se dice de Koizumi asimismo que es amante del Heavy, y  le vimos imitar a Elvis en una visita a Estados Unidos invitado por George Bush.

Jun'ichirô Koizumi en EE.UU. Fuente: http://www.tonisant.com/blog/pix/koizumi-elvis.jpg

Koizumi, a pesar de haber salido discretamente de la escena política, sigue haciendo sus pinitos en el mundo de la farándula. En octubre de 2009 conocimos que prestará su voz para el personaje de Ultraman King en la película Daikaijū Battle: Ultra Ginga Densetsu The Movie, hecho que nos demuestra, claramente, que lejos de retirarse de la vida pública, la conquista de su tiempo le ha permitido cultivar sus aficiones mediáticas por otras vías.

No obstante, vayamos más allá de Koizumi, hasta la apertura de Japón a la política moderna. Si queremos saber dónde empieza esta simbiosis entre la farándula y la política en Japón tenemos que remontarnos a comienzos del siglo XX, entre 1904 y 1905. El francés André Bellesort, en un viaje a Japón en el que sigue al candidato M. Kumé (de una familia relacionada históricamente con la diplomacia), apunta en un momento dado:

“El actor estudiante Kawakami, fundador revolucionario de una especie de Teatro Libre, se presentaba a los sufragios del duodécimo distrito de Tokio. Era la primera vez que un cómico de profesión subía al estrado político, y vi que, a pesar de todo, el público japonés no tenía aún el sentido muy embotado, porque gruñó. Kawakami perdió el tiempo, pues nadie quiso oírle y se prohibió a los propietarios de yose alquilarle sus salas, esos humildes locales de conferencias a los que van por las noches hábiles oradores a contar cuentos a los tenderos y a la clase media del barrio. Solamente las mujeres trabajaron por su elección; pero si la impertinencia de aquel cómico es una señal alarmante, los cuarenta y cinco votos que obtuvo deben tranquilizar al gobierno sobre el peligro de las influencias femeninas”.

Este pasaje, recogido en La Sociedad Japonesa, obra premiada por la Academia Francesa y traducida al español por F. Sarmiento, contiene también la imagen del actor, que, vestido de uniforme, espada al cinto y pelo alborotado, deja los hombros caídos y se mantiene cabizbajo, con aspecto desolado.

El actor Kawakami, en una fotografía de 'La Sociedad Japonesa' de A. Bellesort.

Más adelante en la historia, regresando a los ’90, encontramos otros ejemplos característicos. El 17 de Abril de 1995, se anunciaba en los medios que la elección de los gobernadores de Ôsaka y Tôkyô era un símbolo del cambio de actitud de los japoneses ante la política. Y es que Yukio Aoshima, escritor, compositor, comediante y gobernador de Tôkyô, y Knock Yokoyama, ex-cómico y gobernador Ôsaka hasta 1999, ganaron fundamentalmente por su popularidad. Su pasado artístico les valió para llegar a la población sin necesidad de tener el respaldo de ningún partido, es decir, totalmente en solitario. De hecho, sorprenderá saber que Yokoyama dirigió su campaña desde una tienda de fideos y con el único apoyo de su familia.

Ninguno de los dos candidatos invirtió mucho dinero en ingeniosas campañas publicitarias para ganar electores, y se limitaron a utilizar los espacios gratuitos de la televisión pública. Parece ser que ya tenían asumido que su participación en programas de televisión, ya sea de comediantes (Aoshima fue famoso por su personaje Ijiwaru-baasan o abuela malévola) como de tertulianos, les había acercado al pueblo. Su imagen ya estaba construida en las masas, y lo único que hacía falta era enviar un programa político.

Aoshima en el papel de Ijiwaru Baasan. Fuente: http://image.blog.livedoor.jp/rs_naka_second/

Estos son algunos de los ejemplos más significativos, pero no los únicos. La fórmula de una fuerte personalidad mediática con un sugerente programa político ha funcionado en Japón y en otros muchos países, y parece que lo seguirá haciendo cambie o no el paradigma de los medios de masas.

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Políticos japoneses entre bambalinas

Kôya san y el tronco de monedas de un yen

Una de las escapadas que más gratamente recuerdo de 2009 fue la que hicimos Paolo, Yunhee y yo a Kôya san, en Wakayama, a una hora de Ôsaka aproximadamente. Estábamos dejando atrás el invierno, y aún en lo alto de la montaña quedaba algo de nieve. El frío calaba los huesos, pero aún así, la práctica ausencia de viento hacía el paseo muy agradable. Después de mucho tiempo en tren, llegamos a lo alto de la montaña y comenzamos a pasear por el cementerio, deteniéndonos de vez en cuando frente a los enormes árboles que apenas dejan pasar la luz dentro de la naturaleza del lugar. Entre las tumbas y las linternas de piedra, algunos grupos de turistas y jubilados haciendo el papel de peregrinos.

Un anciano camina por la avenida que cruza el camposanto y llega al templo

Por el camino natural, entre mucha maleza, varios tocones de árboles que debieron tener un tamaño considerable nos sorprendieron por estar decorados con una multitud de monedas de un yen. Un sólo yen. La mínima expresión monetaria convertida en instrumento de superstición, y decorando aquí y allá árboles, piedras y el fondo de algunas charcas. ¿Cuál será el motivo real? Hagan apuestas. Seguramente algo tendrá que ver con la buena fortuna en los negocios.

Un yen clavado en la madera húmeda por la nieve derretida.
Los yenes, clavados y esparcidos por la madera.

Pasando el templo, donde los monjes nos prohíben enérgicamente hacer fotos al vernos pasar con nuestras cámaras, encontramos una caseta cerrada, hecha para el descanso del viajero. Abrimos la puerta y pasamos a resguardarnos un rato. Frente a la misma, un elemento curioso. Un gong de perfecto sonido, fabricado con una pesada roca que cuelga de un gancho metálico.

Un sonoro gong de piedra.

Después de mucho caminar, de pisar la nieve y mojarnos los zapatos, llegamos a uno de los puntos más importantes del lugar: la gigantesca pagoda del Danjogaran, de tonos vivos. Llegamos justo a tiempo para ver cómo nos cierran las puertas. A lo largo del camino, muchas otras pagodas, hermanas pequeñas del coloso de madera que es la corona de Kôya.

Una gigantesca pagoda.

En realidad, no existe el monte o la montaña Kôya como tal, pero sí el pueblo. Se llama montaña Kôya a toda la zona montañosa que se extiende al sur de Ôsaka, en la prefectura de Wakayama. La fama del lugar, además de por sus paisajes, viene derivada de ser el emplazamiento elegido por la secta budista Shingon (“la palabra verdadera”) como lugar central de culto. Hoy es considerado como uno de los lugares sagrados de Japón, gracias además a la importancia de su fundador, el monje Kûkai (Kôbo Daishi), que llegó allí en el año 819. La UNESCO denominó a Kôya san como Patrimonio de la Humanidad en 2004, lo que, pese al turismo, está ayudando a preservar la naturaleza del lugar. Como se puede imaginar, es uno de los lugares más importantes donde estudiar la espiritualidad y el budismo en Japón.

Kôya san y el tronco de monedas de un yen

El desarrollo japonés frente al mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo.

En los albores de la industrialización del Japón, el viajero francés y cronista André Bellesort admiraba al “peligro amarillo” que suponía este ambicioso país como “un peligro muy amable”. Hablamos de finales del siglo XIX, y de la primera mitad del siglo XX, cuando el país nipón, siguiendo los dictámenes de un Occidente en ebullición, se industrializaba y comenzaba su andadura económica con la aspiración de convertirse en una gran potencia como Inglaterra, en un primero momento, y Alemania hasta la década de los cuarenta del siglo XX. Los éxitos de la producción industrial japonesa, especialmente textil, lograron que una ciudad como Ôsaka se convirtiese en la “Manchester de Oriente”. Fueron las aspiraciones militares, hondamente motivadas por el pulso económico y las restricciones a las que el mercado occidental sometía al imperio, además de por las ambiciones expansionistas, las que llevaron al desastre al país.

Otros países habían tardado en recuperarse de la guerra. Japón, casi en ruinas, supo ponerse manos a la obra con la ayuda del gobierno de ocupación del general Douglas McArthur para celebrar en pocos años lo que se conocería como el “milagro japonés”. No en vano, ya en la década de los cincuenta la locomotora del desarrollo en Japón parecía ir a toda marcha. Los políticos japoneses, con la ayuda del gobierno norteamericano, había diseñado un plan de desarrollo cuya visión de futuro colocaba a Japón en el número uno de las economías mundiales.

Terminada la década de los sesenta, Japón ya ha superado prácticamente a la Alemania Occidental en producción industrial, ganándose un puesto entre las principales economías del mundo. EEUU y la URRS miran con recelo este “milagro japonés”, y vuelve a despertar el fantasma del “peligro amarillo”.

En este contexto, el economista Hakan Hedberg escribe en 1970 un libro titulado El reto japonés, donde, a pesar de no esconder su pasión por el país oriental, destaca una serie de claves en las que, opina, se desarrollará la economía japonesa hasta 1990, llegando a acertar, en ocasiones, el futuro que la economía del país mostraría posteriormente. No obstante, Hedberg se mueve entre el análisis agorero y la actitud aleccionadora. Su libro, que hoy casi podríamos denominar una curiosidad histórica, contiene un capítulo donde desglosa “los 25 factores del desarrollo del Japón”, de los que destacaremos sólo algunos, los más importantes para este artículo.

Hedberg es, en 1970, posiblemente el único economista de Suecia con la autoridad suficiente para realizar un estudio sobre los patrones de la economía japonesa. Así lo advierte al comienzo de su obra, apuntando la importancia capital que un estudio sobre este país puede tener para el futuro de Europa.

[El reto japonés] es una combinación de amenaza y promesa. El desarrollo económico es el mayor problema de nuestro tiempo, y en el modo como Japón hace frente a una serie de problemas hay que hallar lecciones no sólo para los países subdesarrollados, sino también para los países altamente desarrollados[…]

De entre los factores que destaca Hedberg, el numero uno es sin duda uno de los más importantes, y de los que más han marcado a la economía japonesa desde sus inicios: la cooperación entre el estado y el sector privado. Sobre este punto, Hedberg aseguraba que:

[…] en la intensa cooperación japonesa entre el estado y el sector privado hay que encontrar algunos métodos prácticos de cooperación que deberían poderse copiar en los países europeos.

Esta ha sido una de las claves del desarrollo japonés, que no obstante se ha visto empañada por la corrupción política y los tratos de favor, con la adjudicación de ayudas al desarrollo en regiones donde gobernaba el PLD. De hecho, es famoso asimismo el sistema de amakudari (“Caído del cielo”) por el que los exburócratas de alto rango pasaban a ocupar puestos de responsabilidad en empresas privadas, generando de este modo un sistema relativamente oligárquico, y lo que ha resultado ser más dañino, una fuerte interdependencia del estado y el sector privado. Con esta práctica también se mantenía un fuerte monopolio de ciertas empresas sobre las ayudas estatales al desarrollo.

En el libro se destacan también como factores a “una burocracia competente“, y al proteccionismo, que en realidad, junto con el sistema de intervención estado-sector privado, fue promovido por el gobierno norteamericano con el propósito de usarlo como fuerza para levantar la economía del país, pero no como sistema para impulsarlo hacia el éxito.  Estas ideas fueron acogidas por los estadistas japoneses junto a otro factor que destaca Hedberg, el nacionalismo, por el que el país se volcaba en crear una industria propia sólida, por la que sacrificarse. Este afán por resurgir como potencia creadora es descrito por el economista sueco como “un perpetuo pentatlon industrial”.

Pero sin duda, son los trabajadores asalariados los que hacen resurgir a Japón. Hedberg observa sabiamente dos características en el papel que éstos tienen en el desarrollo. Por un lado, “el índice de sudor”:

Si el índice internacional es cien, entonces la intensidad física de los obreros americanos es setenta, y la de sus colegas japoneses ciento treinta – escribe.

Luego está “la productividad”, de la que señala que:

El aumento de la producción es casi siempre mayor que el aumento de los salarios, e incluso en el caso de que las inversiones de capital contribuyan a ello en alto grado, el trabajo no se opone al proceso de la automatización.

Respecto a éste último punto, añade otro factor que llama “la destrucción creadora“, por el que explica que los medios de producción siempre se están renovando, aún cuando el ritmo de aparición de nuevas tecnologías abrume al propio empresario.

Finalmente, uno de los factores por los que Hedberg (y también el autor de este artículo) sienten más admiración es el pacifismo. De hecho, el economista advierte de

[…] los enormes recursos que pueden aprovecharse cuando el presupuesto militar es reducido a un nivel razonable.

Y con este razonamiento, deja volar su imaginación sobre una utopía en la que los países (especialmente los bloques enfrentados durante la guerra fría) reducen su gasto de defensa en favor de la investigación de las tecnologías para el bien del ser humano. Este espíritu, que sin duda alguna ha sido y es una de las noblezas del Japón actual, pese a su oscuro pasado y los ecos vivos del mismo, se recoge en un editorial del Mainichi Shinbun de diciembre de 1969, también destacado por Hedberg, en el que un periodista afirma:

Nos parecería más eficaz convertir al Japón en una nación a la que el mundo no pueda permitirse el lujo de perder en una guerra destructiva[…] Si estalla una guerra, el Japón puede evadir verse envuelto en ella si construímos una nación a la que el mundo considere digna de que se le conserve la existencia […]

Estas ideas, como veremos en la continuación de este artículo (II), son puestas en práctica durante la década de los setenta en el programa del gobierno japonés para la creación de toda una red de tecnópolis consagradas al progreso científico y económico.

La visión de Hakan Hedberg, aunque fundamentalmente optimista, acierta en muchos aspectos. De hecho, como bien afirma, el supuesto “milagro” no es más que “una buena dosis de sentido común sin ningún ingrediente mágico”.

Desafortunadamente, las crisis del petróleo y la bubble economy estaban a la vuelta de la esquina, alimentadas con las inevitables ambiciones de una clase política corrupta, cuya desastrosa influencia sobre la economía ha cristalizado en una larga crisis que analizaremos en el próximo artículo.

El desarrollo japonés frente al mundo. (I) La resurrección del peligro amarillo.

Un día en el Sumô

El pasado viernes la gente del Kansai Kokusai Sentâ nos invitó al Sumô. Así que contentos como nunca, los del grupo PS8 nos fuimos al Ôsaka Taiikukan, en Namba. Este es un vídeo de la jornada, con dos combates: El del mastodóntico Yamamotoyama, y el del Yokosuna actual, el mongol Asashoryu. A decir verdad, el combate que más me gustó fue el de Yamamotoyama, un luchador de impresionantes dimensiones. El vídeo es bastante ruidoso, así que os recomiendo bajar el volumen bastante. Por lo demás, que lo disfrutéis.

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Un día en el Sumô

Floreció

Pues sí, ya está aquí el sakura. Bueno, algunas especies de Sakura que ya han comenzado a florecer.

En estos días estoy preparando el Outline del informe final, una especie de resumen que explica las claves en las que se desarrollará el artículo que entregaré al final de este periodo de investigación de ocho meses en Ôsaka. Como ya he comentado antes, después de esto no sé qué es lo que voy a hacer. Estoy tanteando varias posiblidades: buscar un trabajo, pedir otra beca, volver a España y pelearme por un empleo o morirme de asco. Y así un largo etcétera. El tiempo que estoy ocupado aumenta de manera exponencial. Os dejo un vídeo de una canción preciosa que ha tenido éxito este año en Japón. Muy apropiada para los tiempos que corren, y para este momento primaveral.

Naotaro Moriyama – Ikiteru Koto-ga Tsurai Nara.

Floreció

Antes de que florezca el cerezo

Entre libro y libro, diccionario electrónico en mano e informe por completar, he llegado a la recta final de mi estancia en el centro de la Japan Foundation, muy a mi pesar. Y me doy cuenta de que he estado tan soberanamente ocupado, que el tiempo ha pasado volando. Así que ahora comienza la época en la que debo preparar cajas de libros y de ropa para enviarlas a España por barco cuanto antes. Con todo, no quiero volver, así que estoy buscando algún trabajo por aquí.

Mientras todo esto sucede, se acerca uno de los hitos más importantes de Japón: la floración del cerezo. Así que os dejo una foto con un cerezo por florecer. Lo próximo que veréis será el cerezo florecido.

Antes de que florezca el cerezo

Caricatura de Tadao Ando

Ayer, mientras revolvía los papeles aún más revueltos que hay encima de mi mesa, pensando en esas cosas que están entre dar batalla a la entropía y el reciclaje, encontré un sobre que me dieron en la última conferencia del arquitecto Tadao Ando a la que asistí en Ôsaka. No me había fijado antes en que en la parte inferior del sobre hay un cuadro pequeño con una caricatura de Tada Ando muy conseguida. Me ha resultado tan divertido que voy a guardar el sobre, aunque sólo lo tenga como recuerdo.

La caricatura de Tadao Ando

Sobre la conferencia de Tadao Ando, que tituló 「新しい道を切り拓く」 (‘Atarashii michi-wo kiri hiraku‘), que significa “Abrir un nuevo camino“, puedo contaros que habló, con bastante gracia, de la experiencia que está teniendo con el proyecto que está realizando en Abu Dhabi, de sus impresiones sobre el Burj Dubai, y también de sus trabajos en Italia. Luego se deslizó hacia algunos aspectos concretos de su arquitectura, como la aparente ausencia de identidad cultural, con casos como el santuario en el Awaji Yumebutai, el cual reconoció que fue aceptado a regañadientes por los sacerdotes; o bien la falta de comodidad y el diseño poco práctico de algunos de sus primeros proyectos. También, como suele hacer, se refirió a Ôsaka y a la imagen que esta ciudad tiene en Japón, y al edificio que diseñó para albergar el Museo Suntory que se levanta en Ôsaka-ko.

Y Tadao Ando de verdad. Imágen vía www.wallpaper.com (Link en la foto)
Y Tadao Ando de verdad. Imagen vía 'www.wallpaper.com' (Link en la foto)

La verdad es que en las dos ocasiones que he asistido a una conferencia de Tadao Ando, siempre he oído lo mismo, aunque con un orden distinto. El comienzo de esas conferencias, no obstante, no fue el mismo, y en ese punto sí que resultó muy interesante. Y por supuesto, me encanta que sepa hacer reir a la gente. Espero poder ver de nuevo al maestro del hormigón, ahora copiado hasta la extenuación por los nuevos arquitectos de Asia.

Caricatura de Tadao Ando