En torno a la historia de la protesta laboral en Japón y el futuro de España

Recientemente, en España, el FMI ha vuelto a pedir que se rebajen los salarios y se abarate el despido. La CEOE, por su parte, ha lanzado al viento a través de uno de sus rottweilers la sugerencia de limitar los días de permiso por fallecimiento de un familiar a menos de cuatro días. En general, la línea que persiguen estos mensajes fragmentarios y esporádicos es la misma: la imposición de la inseguridad y el miedo entre los trabajadores para obtener su sumisión, para que así el empresario no tenga que hacer frente a protestas en el futuro. La estrategia es tan sencilla como multiplicar cada cierto tiempo los mensajes, hasta que llegue un momento en el que el ciudadano medio no sepa exactamente dónde están las líneas rojas, qué se ha legislado, qué es motivo de despido y qué no, y a qué tiene derecho. Todo por el bien de la economía, sin explicar exactamente cómo ayuda eso a la economía.

Pienso esto porque suelo leer la historia de otros países, y porque estoy convencido de aquello de “las barbas de tu vecino”. No son pocas las referencias a la crisis financiera del Japón de los años 90 cuando se habla de la actual crisis económica en Europa. A pesar de haber profundas diferencias entre ambas, tanto estructurales como culturales, pienso que hay ciertos aspectos que sí son extrapolables. Entre otros, cómo se prepara el terreno para mitigar esas “molestas” protestas laborales.

Esta semana me he topado en The Japan Times con un artículo de Hifumi Okuniki, profesora de derecho laboral y constitucional de la Universidad de Daito Bunka, en el que describe de una forma muy interesante cómo poco a poco los trabajadores japoneses fueron “privados” incluso del derecho legal a protestar mediante la colocación de un simple brazalete con lema en sus mangas. A pesar de que recomiendo a todos los interesados leer los artículos de la profesora Okunuki, quiero analizar este escrito en concreto.

De manera resumida, el artículo comenta que en 1967, en el caso de la Oficina de Correos del distrito de Nada, en el que los trabajadores vistieron brazaletes pidiendo aumentos salariales, la justicia falló a favor de los empleados al asegurar que ese tipo de protesta no interfería con el cumplimiento de las tareas en el centro de trabajo. En cambio, en 1973, las cosas fueron distintas para los trabajadores agrupados en el sindicato ferroviario Kokuro, en el caso de las protestas de la sección Seikan que cubría las rutas de Aomori y Hakodate. Las justicia de Sapporo concluyó que los trabajadores “deben concentrar toda su energía física y mental en la consecución de sus obligaciones laborales, y que por tanto no se puede permitir ninguna acción física o mental fuera de esas labores”. Se establecía en ese momento el “principio de devoción al trabajo”, en japonés Shokumu sennen gimu.

Según este principio, cualquier acción asociativa o lema sindical distrae de esa obligación con la empresa, algo inaceptable. Esto ocurrió en una empresa pública, pero poco después se trasladó al sector privado con el caso del Hotel Okura en 1982, donde a pesar de que en un primer momento la justicia dio la razón a los trabajadores, el máximo órgano judicial de Japón sentenció posteriormente en contra de ellos, y añadió que los brazaletes eran una señal de desobediencia a la dirección del hotel y una falta de respeto hacia los clientes.

Aunque no hubo unanimidad en la jurisprudencia sobre esta sentencia, el caso quedó grabado a fuego en la mente de la clase obrera japonesa. Por ello, tal como afirma Okunuki en su artículo, hoy día apenas se ven protestas laborales en Japón y muchos trabajadores evitan utilizar el famoso brazalete. Cabe recordar que no es porque esté prohibido, al contrario. El artículo 28 de la Constitución de Japón ampara las protestas al afirmar que “se garantiza el derecho de los trabajadores a asociarse y a negociar y actuar de manera colectiva”. Es decir, la sentencia del caso Kokuro Seikan y el principio de devoción al trabajo van en contra de la misma constitución y del propio Acta de Asociación Sindical de 1949.

Por otra parte, buscando en el archivo de Nippon.com sobre este tema, descubro este artículo del experto en derecho laboral Minagawa Hiroyuki sobre el declive en el número de huelgas en Japón en las últimas décadas. Según Minagawa la estrategia del shuntō, u “ofensiva de primavera”, por la que las negociaciones salariales se ven limitadas a un corto espacio de tiempo entre el fin del antiguo año fiscal y el comienzo del nuevo, ha evitado que se produzcan desacuerdos entre patronal y sindicatos al tener ambas partes que ceder terreno debido, precisamente, a la falta de tiempo. Otra razón que cita es el sistema de rōshi kyōgi (consultas entre patronal y empleados), por el que el sindicato de empresa y la dirección comparten información continuamente para la obtención de acuerdos con mayor facilidad y flexibilidad.

En este punto, hay que añadir que en Japón son mayoría los sindicatos de empresa, o lo que en España se tildaría de “sindicatos amarillos”, y que el sindicalismo de clase o regional apenas tiene fuerza y es por tanto prácticamente imposible organizar una gran movilización laboral de carácter general. En definitiva, la solidaridad entre trabajadores se limita al ámbito de la propia empresa, y la segmentación de la clase obrera (si es posible reconocerla como “clase” en Japón) es absoluta. Y aquí entra un cuarto punto que es de vital importancia, y es que desde 1946, con la ocupación americana, los movimientos asociativos y las huelgas de funcionarios públicos están prohibidas. Los funcionarios quedaron excluidos del derecho a la asociación colectiva. Por consiguiente, un elemento aglutinador y una masa crítica como es el funcionariado quedó desmovilizado por ley.

Minagawa concluye que esto explica por qué en Japón no se han producido grandes manifestaciones tras la quiebra de Lehman Brothers y el inicio de la aguda crisis financiera mundial. Y en realidad, opino que este conjunto de hechos han convertido a una sociedad japonesa animada a la protesta en los años 50 y 60 del siglo XX, en una sociedad encerrada en el círculo vicioso de la obediencia ciega y el desinterés por la política en este siglo, en comparación con otras naciones del mundo.

Y todo esto se ha conseguido a partir de la primera crisis del petróleo, en los años 70, que también afectó a Japón. Se ha logrado golpe a golpe mentando al dios de la productividad, con la ayuda del poder legislativo a veces, pero sobre todo gracias al fracaso de protestas legítimas mediante la intervención del estado, contraviniendo lo recogido en la constitución. Y a pesar de todo, Japón ha mantenido unas condiciones laborales y salariales aceptables y dignas en muchos casos, aunque eso no quiere decir que la situación no esté empeorando en la actualidad con el pretexto de la nueva y a la vez antigua crisis. Obviamente, la asignatura pendiente de Japón ha sido y será la conciliación de la vida familiar y laboral.

Y esto me lleva a España, donde empecé. Opino que este mismo mensaje por el que se criminalizan los derechos laborales está siendo utilizado frecuentemente como estrategia para llevar a la población a ese estado en el que uno no sabe exactamente dónde empiezan y dónde acaban sus derechos laborales. Un estado en el que un falso principio de devoción por el trabajo, que será obtenido a través de la inseguridad y del miedo y quién sabe si en connivencia con el estado, se convertirá en la mejor fórmula para asegurar una alta productividad a cualquier precio. Porque cualquier herejía ante el dios de la productividad se castigaría con el despido.

Esto que no me preocupa tanto en Japón, ya que al ser una cultura distinta existen otro tipo de lazos de solidaridad, me quita el sueño cuando pienso en mi país, donde una hegemonía de los sindicatos de empresa sería igual a la ruptura de los movimientos asociativos de trabajadores que trasciendan el ámbito del centro de trabajo, y donde una niponización de las relaciones laborales conduciría poco a poco, con el fin de esta crisis (porque habrá otras), a la segmentación de la clase trabajadora y a la ruptura de los vínculos de solidaridad social.

Y, sinceramente, no creo que España vaya a alcanzar unos índices de renta media y poder adquisitivo ni siquiera semejantes a los del Japón post-burbuja. Si acaso, la clase media, amplia en este país, quedará cada vez más reducida y desdibujada.

Esta es mi opinión, por supuesto. Pero nunca viene mal pensar en la historia de otros países para reflexionar sobre el futuro de nuestra propia y herida nación.

Artículo en Nippon.com: ¿Por qué ya casi no hay huelgas en Japón?

Artículo en The Japan Times: Why workers can no longer wear their demands on their sleeves

Acta de Asociación Sindical de Japón: Labor Union Act (PDF)

En torno a la historia de la protesta laboral en Japón y el futuro de España

La larga apuesta que me mantuvo en Tokio (tal vez)

Shōdoshima

A veces llegamos al límite, y no tenemos más margen que depender de la suerte, sobrevivir al lento desfile de la moneda en el aire. Y a veces, sólo a veces, cae la moneda y queda a la vista la cara conveniente, la que nos da el aliento y el pasaje a una vida mejor.

Cuando mi yo agorero, el que siempre habla mucho y no deja dormir, anunciaba que estaba viviendo sus posibles últimas semanas en Japón, surgió una oferta de trabajo que me llegó a través de un amigo. Si os soy sincero, al principio rechacé enviar mi currículum ya que prácticamente lo daba por perdido. Había acudido a demasiadas ofertas de trabajo, había enviado demasiadas cartas, y el lugar en el que trabajaba en ese momento a “tiempo parcial” me había quebrantado toda autoestima y voluntad.

Pero esa misma oferta me llegó a través de cuatro amigos más, y por algún motivo, volví a leer detenidamente los requisitos. Y en realidad, era perfecto. Era el tipo de trabajo que yo, desde mi época de universitario, había querido hacer. Trataba sobre Japón en una miríada de aspectos, involucraba traducción, redacción, y corrección. Permitía afrontar nuevas responsabilidades. Y además, ofrecía el visado. No lo dudé un momento: en el último intento por estar donde quería estar, tenía que pelear de todas las formas posibles para conseguir ese trabajo.

Mientras tanto, me encontraba viviendo de prestado calculando el poco dinero que me permitiría volver a España, para enfrentarme al abismo, si las cosas seguían yendo tan mal. Un día de abril, cuando no esperaba nada, recibí la buena noticia. Desde entonces mi ánimo ha dado la vuelta. Mi voluntad, herida entonces, sigue reforzándose desde entonces. Y mi vida poco a poco va cambiando no a mejor, sino a mucho mejor.

Ahora estoy muy contento y orgulloso de formar parte del equipo de Nippon.com, donde trabajo, aprendo y disfruto cada día de lo que hago.

Aún mi visado está en trámite, pero sospecho, o espero (mejor dicho) que este sea el comienzo de una nueva y buena vida en Tokio. Por mucho tiempo.

Y no ha sido lo único bueno que ha ocurrido:

– Se publicó mi crítico y algo cínico capítulo en el libro Tadaima de la editorial Taketombo, del que ya os hablaré en detalle otro día.

– Se emitió el anuncio en el que participé como extra, y al aparecer en primer plano un microsegundo, recibí una remuneración mejor de la que esperaba.

– Gracias a esa remuneración pude ir a Shodoshima, Naoshima, Okayama y Kurashiki durante la Golden Week.

– Conseguí la mayoría de votos en el concurso de Global Asia ‘Enfocando a Japón‘.

Y mi nueva vida comenzó.

Eso sí, en diciembre tengo que aprobar el JLPT N1, sí o sí. Esto no acaba aquí, sino que empieza. Ha sido suerte, sí. Pero también he tenido que pelear y aguantar mucho para poder lanzar esta moneda. He rozado el umbral, he mirado dentro, y he vuelto.

La larga apuesta que me mantuvo en Tokio (tal vez)

Florecen los sakura y las nuevas oportunidades

Esta mañana de 20 de Marzo de 2013 los sakura habían florecido. También llegan las lluvias. Y simbólicamente, al tiempo que el Japón gris y antipático del invierno se va quedando atrás, también llegan las nuevas oportunidades con el florecimiento del nuevo año fiscal que está al caer.

Se acerca la ofensiva de primavera, en la que en escasas dos semana sindicatos y patronal negocian las nuevas condiciones laborales, empresa a empresa, que tendrán los esforzados trabajadores nipones. Se inaugura el nuevo año escolar. Nace una nueva legión de salaryman y OL, muchos de ellos jóvenes comienzan su primer trabajo.

Y para que veáis que no todo está perdido, en los próximos 7 días tengo dos entrevistas de trabajo a las que voy motivado y con esperanza. Tal vez sea mi última oportunidad, y ya es mucho.

Cumpliendo con el espíritu del equinoccio, os dejo unas fotos del sakura que he capturado hoy en un paseo matinal, en los alrededores del Ōmiya Hachimangū 大宮八幡宮 antes de ir a trabajar. Sí, amigos, porque un servidor también trabaja en días festivos, como el de hoy en Japón.

Sakura 2013

Sakura 2013

Sakura 2013

Sakura 2013

Sakura 2013

Florecen los sakura y las nuevas oportunidades

Mis posibles últimas semanas en Japón

Mori Tower - City View

Recuerdo cómo el 11 de marzo de 2011, mientras me preparaba para ir a trabajar bien temprano en la mañana, me conecté al Canal 24 Horas y miré horrorizado las imágenes del tsunami que azotaba Japón. Al principio era incapaz de asimilar la tragedia. Sentí que era algo pasajero, que la noticia no ocuparía más de una semana. Poco a poco me fui haciendo a la idea de la magnitud del desastre, y ya no pude apartar la vista.

Fui a trabajar atento a la radio. Ya en el trabajo, con el apoyo y la solidaridad de mis buenos compañeros a los que echo de menos, me conecté de nuevo al Canal 24 Horas y mientras redactaba y cumplía con mi deber, seguía las noticias y conversaba por Internet con mis amigos en Japón. Entonces empezaron a sucederse las llamadas.

Amigos de los medios de comunicación me escribían, algunos porque pensaban que podría estar en Japón, otros porque conocían de mi relación con este país y se interesaron por establecer contacto con japoneses. Profesores y amigos en Japón también aceptaron con amabilidad hablar con los medios. Y yo, en mi interior, lamentaba no poder estar en Japón para poder hacer algo más. Puedo decir que el 11 de marzo de 2011 decidí que quería volver a Japón.

Cuando llegué a Japón en junio de 2012, llamé a este proyecto una locura. Y estaba en lo cierto. Desde siempre he querido experimentar la vida en Japón como un adulto más, alejado de becas o de la perspectiva cortoplacista del turista. Mi objetivo principal, quedarme unos años en el país, no ha podido cumplirse. Estoy ciertamente en lo que pueden ser mis últimas semanas en Japón.

Desde que llegué he buscado la forma de ayudar, pero parece ser que he sido más un estorbo. Mi jornada diaria se resume básicamente en escuela de 8:50 a 12:30 y trabajo sin descanso de 13:00 a 20:00. Este horario no me ha permitido tener libertad para hacer otras cosas, y apenas para buscar nuevas oportunidades. El lado positivo: es el periodo de mi vida en el que más intensamente he tenido que estudiar y utilizar el japonés, traduciendo casi a diario noticias y documentos de toda clase para muy distintos programas de televisión. He participado, en parte, en el mundo de los medios de comunicación en Japón, aunque respecto al salario y a las condiciones estoy muy descontento.

El lado negativo, por otra parte, es que no he podido disfrutar apenas de Japón, que mi salario apenas me ha permitido vivir dignamente, y que poco a poco lo que tenía ahorrado se ha ido reduciendo a la mínima expresión, y no precisamente porque lo haya gastado en ocio, sino más bien en supervivencia.

En estos momentos no recomendaría a nadie venir a Japón en las condiciones en las que yo lo he hecho. Y si tengo que dar un consejo a alguien que quiera venir a vivir a Japón, es que se case lo antes posible con una japonesa o un japonés para conseguir el visado de trabajo inmediatamente.

No me arrepiento de haber venido, aunque únicamente porque no tiene sentido llorar sobre la leche derramada. He alcanzado muchos de mis objetivos, casi todos. El único que no he podido alcanzar es el de encontrar una empresa que desee tenerme en sus filas. Ahora me apetece poder hacer algo, cualquier cosa, por la gente de afectada por el tsunami. Tal vez dedique a ello mis últimos días en Japón, un país al que sospecho que no volveré durante un largo tiempo, pero al que he quedado ligado por el resto de mi vida.

Mis posibles últimas semanas en Japón

El dispositivo portátil de Panasonic para limpiarse el ojete en cualquier momento y lugar

Seguramente se me esté escapando algo muy importante al ver este invento, pero de verdad que no comprendo cómo el ser humano ha llegado a este extremo: la máquina portátil de Panasonic para limpiarse el ojete wherever you want.

Bidé de bolsillo de Panasonic

Es producto del mes en el Bic Camera de Shinjuku, y la sorpresa al verlo ha sido mayúscula. Así nos venden la máquina:

“¿Has probado alguna vez la última tecnología japonesa en asientos de inodoro que limpia y refresca tu trasero con un chorro de bidé? “Handy Toilette” es un dispositivo portátil con batería que te permite limpiarte el ojete en el momento que quieras”.

Bidé de bolsillo de Panasonic

Y cuesta nada más y nada menos que 90 euros, el condenado. ¿Os imagináis llevar eso a todas partes?
– Cariño, ¿llevas las llaves?
– Sí.
– ¿La cartera?
– En mi bolsillo.
– ¿No te dejas el móvil?
– En el maletín… Ah, espera, se me olvida la máquina para limpiarme el ojete en el trabajo.

Bidé de bolsillo de Panasonic

Tengo muchas, muchísimas preguntas sobre este producto. Pero la primera que quiero hacer a Panasonic-san es “¿Por qué?“.

Señores, este es el primer paso hacia las famosas tres conchas.

El dispositivo portátil de Panasonic para limpiarse el ojete en cualquier momento y lugar

Primera nieve de Tokio

El pasado 14 de enero, coincidiendo con la celebración del día de la mayoría de edad en Japón, el Seijin no hi 成人の日, nevó. Aunque es una fiesta nacional, y muchos japoneses descansaban ese día, la esclavitud de la televisión japonesa me obligó a salir del futón temprano y prepararme para ir a trabajar. Justo antes de salir abrí la ventana de mi habitación para echar un vistazo a las nubes, sólo para encontrarme con que empezaba a nevar.
He visto pocas veces la nieve en mi vida. Esta vez la nevada fue muy intensa, aunque afortunadamente pude llegar a la oficina antes de que se acumulase. Ya en el espacio gris y deprimente de mi oficina, alguien tuvo la brillante idea de abrir una cortina por primera vez, para poder ver la calle. Mientras buscaba, traducía, escribía en japonés y me dejaba la vista, como a diario, en un ordenador de mucho antes de los smartphones, con Windows XP, echaba un vistazo para ver cómo caían en abundancia los copos. Vuelos cancelados, coches con cadenas, y un frío impresionante.

Aquí os dejo algunas fotos de aquel día y del día después.

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves en Tokio 2013

Primeras nieves de Tokio 2013

Primeras nieves de Tokio 2013

Primera nieve de Tokyo 2013

Primera nieve de Tokyo 2013

Primera nieve de Tokio

Diez supersticiones populares de Japón

Takao san 高尾山

Japón es un país extremadamente supersticioso (¿Qué país no lo es?). Creo que ha llegado el momento de contaros algunas de las supersticiones que existen en este país, algunas de ellas verdaderas creencias, otras diversiones que a veces son tomadas muy en serio. Aquí tenéis una pequeña lista de 10 supersticiones a tener en cuenta en Japón:

1) Algo que jamás se debe regalar en una boda en Japón son instrumentos cortantes: cuchillos y tijeras. Para los japoneses, esto simboliza la posibilidad de que la pareja “corte”. Del mismo modo, no se deben regalar cosas que se puedan separar en partes o en conjuntos iguales (aunque a la hora de la separación es lo más útil).

2) Cuando alguien acaba de estrenar o de construir su casa, es costumbre hacer una visita de rigor y llevar un regalo. Jamás, jamás, jamás regaléis vajilla. Los japoneses ven en la vajilla que se puede romper unos pilares débiles para la nueva casa, un mal augurio para el futuro de la casa.

3) En el apartado de regalos, mucho cuidado también a la hora de visitar a un enfermo en un hospital. Lo normal en Europa es llevar unas flores (o al menos lo era). En Japón se debe evitar llevar al enfermo plantas en macetas, porque las raíces que se hunden en la tierra simbolizan para ellos que la enfermedad se agarrará al enfermo con fuerza, o que el enfermo “echará raíces” en la cama del hospital. También por el juego de palabras neduku 根付く (enraizarse) con netsuku 寝付く (quedarse dormido).

4) En las bodas debemos tener también mucho cuidado con las palabras que utilizamos. Los verbos hodoku 解く (desatar), kiru/katto 切る/カット (cortar), hanareru/wakeru 離れる/分ける (separar), y todo tipo de palabras que impliquen eso, dan mal agüero.

5) Los japoneses también están muy obsesionados con el éxito en los exámenes, y tienen toda una serie de supersticiones. Antes de un examen muchos japoneses toman katsu-don カツ丼. ¿Por qué? Pues sencillamente por el juego de palabras con el verbo katsu 勝つ, que significa vencer, llevarse la victoria. En las konbini, antes de los exámenes de ingreso en las universidades, algunas marcas venden snacks que hacen honor a este juego de palabras. También hay estudiantes que toman caramelos con forma pentagonal, por la similitud de la palabra gokaku 五角 (pentágono) con goukaku 合格 (aprobar). Por la misma razón, compran lápices con forma pentagonal para los exámenes.

6) Otro juego de palabras se hace con el más moderno Kit Kat, que muchos nipones toman antes de exámenes o entrevistas de trabajo. En Japón lo relacionan con el juego de palabras kitto katsu きっと勝つ (ganar con toda certeza). Por la misma razón, hay que evitar los Kit Kat en las bodas, ya que también se podría leer kitto katto きっとカット (cortar con toda certeza).

7) Por otra parte, algunas de los verbos que nunca se deben decir cerca de un estudiante son suberu 滑る (resbalar, patinar), korobu 転ぶ (caer), ochiru 落ちる (precipitarse, desplomarse), Sakurachiru サクラ散る (el marchitarse del sakura, ya que lo relacionan con el suspenso).

8) Al igual que en España algunas personas se santiguan al paso de una ambulancia, algunos jóvenes japoneses ocultan los pulgares en el puño al paso de un coche fúnebre. ¿Por qué los pulgares? Pues sencillamente porque los pulgares son llamados en japonés oya yubi 親指 (Padres+Dedo), y con ello “ocultan” a sus padres ante el paso de la muerte.

9) También hay un par de cosas que nunca se deben hacer por la noche. Primero, silbar por la noche atrae a los fantasmas. Así de claro para ellos. Si el vecino se pone a silbar por la noche, está buscando una visita de la chica del pozo, del niño blanquísimo que vive en el desván, o de cualquier espíritu que ande por los alrededores. En segundo lugar, uno nunca se debe cortar las uñas antes de dormir o meterse en la cama o futón con los calcetines puestos. Los japoneses piensan que si uno hace una de estas dos cosas, no podrá ver a sus padres en el lecho de muerte, estará ausente en un momento tan importante.

10) Finalmente, una que ya conoceréis es la superstición sobre los números 4 y 9. En los hospitales y en algunos edificios no existen estos números. La razón está en las lecturas que tienen y sus asociaciones. El cuatro se puede  leer shi, que también es como se lee la letra para “muerte” 死. Por otra parte, el 9 se lee ku, y se relaciona con el Kanji de kurushii 苦しい (doloroso) o kurou 苦労 (sufrimientos, penalidades).

Y vosotros, ¿qué supersticiones conocéis?

Diez supersticiones populares de Japón