La televisión japonesa, sus programas de variedades y yo

Tras mi regreso a España en 2009 después de pasar nueve meses en Japón con una beca me dediqué a ver programas de la televisión japonesa, especialmente de humor e informativos, para que mi oído no perdiera la costumbre con el idioma. El resultado fue excelente, y no solo resultó ser una ayuda para seguir manteniendo el nivel de comprensión auditiva que había adquirido, sino una de las mejores herramientas para sumergirme en las profundidades del idioma, en la forma en la que la gente habla y en las expresiones reales de la calle.

En los años que estuve en España antes de volver a Japón en 2012, la imagen que tenía de la televisión japonesa no era del todo mala: divertida, educativa, informativa, extravagante, y de una calidad técnica insuperable. Bendita ignorancia.

En el verano de 2012, poco después de llegar a Japón, empecé a trabajar en una empresa de “investigación para medios”. A decir verdad, al principio me pareció interesante el nuevo reto. Trabajar para la televisión japonesa, en algo relacionado con los medios de comunicación, era lo mejor que podía hacer teniendo en cuenta que entonces las alternativas se concentraban en el sector de la hostelería.

Recuerdo mi primer día de trabajo. Llegué trajeado a la oficina esperando un poco de formación o algunas pautas. Nada de eso ocurrió. Me sentaron en un pequeño escritorio en una oficina gris, con mesas grises y paredes grises, y allí empecé a buscar contenidos para un programa desconocido y a traducir del inglés al japonés como buenamente podía, tratando a duras penas de encadenar oraciones en japonés, y lo que es más importante, lograr que fueran comprensibles, sobre los pantanos de Iraq, el deshielo y los osos polares o el lago Victoria entre otras cuestiones globales. Poco a poco fui descubriendo que todos esos datos formaban parte de una oferta de contenidos para un programa de televisión de una de las grandes cadenas nacionales. Contenidos que se emitirían un año después si nuestra oferta convencía a los productores de dicho espacio.

Esta forma de trabajar me parecía extraña. Corríjanme ustedes, pero normalmente en España son las mismas productoras las que tienen a redactores para esas labores, y no es ninguna empresa externa la que se encarga de buscar, simplemente buscar, posibles contenidos (neta es la palabra que se utiliza en japonés) o datos. Dudas aparte, mientras mi trabajo consistiese en buscar datos interesantes y traducir al japonés, no solo sería una labor entretenida, sino también un método de estudio de lo más interesante.

Mi ilusión apenas duró un par de semanas, y mentiría si no dijera que pensé en poco tiempo que me había equivocado al elegir ese trabajo (mis dudas se despejarían al recibir la primera nómina, mi error había sido superlativo). De un programa interesante pasamos a contenidos más frívolos, a buscar basura sensacionalista para alimentar la cloaca de la industria del entretenimiento en Japón.

Del desierto del Gobi y la contaminación de los acuíferos de la India pasamos a la parada de los monstruos, historias de vida y milagros, supersticiones y numerosas quimeras. No pasó mucho tiempo antes de que me encargaran buscar los contenidos más absurdos e imposibles, siempre bajo las palabras mágicas que hacen oro en la televisión japonesa: kandō (emoción), naku (llorar), namida (lágrima), sexy, kiseki (milagro) y kawaii (mono). Estas palabras se repiten como un sutra en los numerosos Baraeti bangumi (programas de variedades) que hay en la parrilla televisiva en Japón, donde hacen su ronda famosos y humoristas sentados en taburetes en platós rococó kawaii. La idea es sencilla: despertar sentimientos en el espectador de la manera más efectiva e incluso burda, siendo el objetivo último la lágrima.

Y eso los productores de televisión en Japón se han acostumbrado a hacerlo a toda costa. Los contenidos de estos programas, y su excelente ejecución técnica, funcionan como una bola de demolición que golpea sin contemplaciones el humor de los telespectadores para hacerles llorar o provocarles una sorpresa libre de escepticismo. Una fórmula que funciona tan bien que hoy numerosas series, películas y por supuesto programas de variedades se anuncian con las palabras kandō, namida o naku, prometiendo al espectador esas emociones precocinadas con primerísimos primeros planos de una lágrima deslizándose camino abajo por la mejilla desde el párpado de alguna chica mona.

Con el tiempo he observado que lo que en principio debió surgir como un reclamo, hoy se ha convertido en todo un ejemplo del condicionamiento pavloviano. Hoy hacer llorar al espectador japonés es relativamente sencillo, y me atrevería a decir que es ridículamente fácil hacer llorar a las mujeres japonesas (y a muchos hombres también) que más se exponen a este tipo de programas, como por otra parte han demostrado a veces algunos programa de televisión que realizan encuestas a pie de calle.

Este interés por la lágrima ha invadido también al periodismo, hasta tal punto que la búsqueda del los ojos lagrimosos de un personaje público son una constante en las ruedas de prensa y entrevistas en las que se trata un tema delicado, con infames ejemplos en prensa como el de la portada del Nikkan en la que la mayor parte de la página está ocupada por el rostro de la científica Obokata Haruko con los ojos inundados y vidriosos.

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La infame portada.

El problema viene cuando hay una excesiva demanda de este tipo de contenidos. La voracidad de los productores de programas de variedades hace que las peticiones sean cada vez más específicas: historias de niños enfermos terminales salvados milagrosamente por sus mascotas, historias de peticiones de matrimonio sorprendentes y poco convencionales que terminasen en fracaso, historias reales (así se me pidió, literalmente) de fenómenos paranormales sin explicación, historias de personas con una vida trágica y al borde de la muerte que lograron convertirse en deportistas de élite y ser reconocidos mundialmente, etc.

Todas estas peticiones son reales. Para esta tarea los tabloides británicos eran una auténtica cornucopia en algunos casos, aunque en otros encontrar este tipo de historias (no una, sino varias)  era un asunto objetivamente imposible desde el principio. Unos contenidos, además, que los “talentos” de la televisión presentan como conocimientos o búsquedas originales, pero que no son más que el trabajo de numerosas empresas como aquella en la que me tocó trabajar durante nueve meses, que compiten entre sí para ganarse el favor de los productores con sus habilidades para encontrar historias curiosas en Internet y tomarlas prestadas.

Este y otro tipo de tareas me descubrieron el verdadero alimento de la industria del entretenimiento y el auténtico rostro de la televisión japonesa, que dejó de ser interesante para mi cuando ya no pude más que verla de manera desapasionada, como quien descubre el truco del prestidigitador. Los programas de variedades, algunos de ellos alimentados por el fenómeno “idol” del que debo escribir otro día, se han revelado ante mi como un instrumento agresivo para la manipulación de los sentimientos. Unas lágrimas y emociones fingidas que sin embargo tienen una influencia muy importante en la forma en la que los japoneses afrontan la vida como sociedad y de manera individual.

Aunque no todo es malo en la televisión japonesa. Este no ha sido más que un intento por presentarles algo de lo que hay detrás de los programas de variedades. A decir verdad, lo habitual es encontrarse con programas de famosos comiendo y asegurando que todo está delicioso mientras una cámara hace zoom sobre un humeante trozo de comida.

Ya tendré tiempo de contarles próximamente otros aspectos de la televisión japonesa. Me quedo mientras tanto con la calidad de algunos programas infantiles, la posibilidad de aprender idiomas en la NHK, los cursos de go y shōgi, los debates políticos y de actualidad, y cómo no, los humoristas que me ayudaron con sus ocurrentes comentarios a mejorar mi conocimiento del japonés.

Televisores tirados en un lugar de Shinjuku.
Televisores tirados en un lugar de Shinjuku.
La televisión japonesa, sus programas de variedades y yo

Mis posibles últimas semanas en Japón

Mori Tower - City View

Recuerdo cómo el 11 de marzo de 2011, mientras me preparaba para ir a trabajar bien temprano en la mañana, me conecté al Canal 24 Horas y miré horrorizado las imágenes del tsunami que azotaba Japón. Al principio era incapaz de asimilar la tragedia. Sentí que era algo pasajero, que la noticia no ocuparía más de una semana. Poco a poco me fui haciendo a la idea de la magnitud del desastre, y ya no pude apartar la vista.

Fui a trabajar atento a la radio. Ya en el trabajo, con el apoyo y la solidaridad de mis buenos compañeros a los que echo de menos, me conecté de nuevo al Canal 24 Horas y mientras redactaba y cumplía con mi deber, seguía las noticias y conversaba por Internet con mis amigos en Japón. Entonces empezaron a sucederse las llamadas.

Amigos de los medios de comunicación me escribían, algunos porque pensaban que podría estar en Japón, otros porque conocían de mi relación con este país y se interesaron por establecer contacto con japoneses. Profesores y amigos en Japón también aceptaron con amabilidad hablar con los medios. Y yo, en mi interior, lamentaba no poder estar en Japón para poder hacer algo más. Puedo decir que el 11 de marzo de 2011 decidí que quería volver a Japón.

Cuando llegué a Japón en junio de 2012, llamé a este proyecto una locura. Y estaba en lo cierto. Desde siempre he querido experimentar la vida en Japón como un adulto más, alejado de becas o de la perspectiva cortoplacista del turista. Mi objetivo principal, quedarme unos años en el país, no ha podido cumplirse. Estoy ciertamente en lo que pueden ser mis últimas semanas en Japón.

Desde que llegué he buscado la forma de ayudar, pero parece ser que he sido más un estorbo. Mi jornada diaria se resume básicamente en escuela de 8:50 a 12:30 y trabajo sin descanso de 13:00 a 20:00. Este horario no me ha permitido tener libertad para hacer otras cosas, y apenas para buscar nuevas oportunidades. El lado positivo: es el periodo de mi vida en el que más intensamente he tenido que estudiar y utilizar el japonés, traduciendo casi a diario noticias y documentos de toda clase para muy distintos programas de televisión. He participado, en parte, en el mundo de los medios de comunicación en Japón, aunque respecto al salario y a las condiciones estoy muy descontento.

El lado negativo, por otra parte, es que no he podido disfrutar apenas de Japón, que mi salario apenas me ha permitido vivir dignamente, y que poco a poco lo que tenía ahorrado se ha ido reduciendo a la mínima expresión, y no precisamente porque lo haya gastado en ocio, sino más bien en supervivencia.

En estos momentos no recomendaría a nadie venir a Japón en las condiciones en las que yo lo he hecho. Y si tengo que dar un consejo a alguien que quiera venir a vivir a Japón, es que se case lo antes posible con una japonesa o un japonés para conseguir el visado de trabajo inmediatamente.

No me arrepiento de haber venido, aunque únicamente porque no tiene sentido llorar sobre la leche derramada. He alcanzado muchos de mis objetivos, casi todos. El único que no he podido alcanzar es el de encontrar una empresa que desee tenerme en sus filas. Ahora me apetece poder hacer algo, cualquier cosa, por la gente de afectada por el tsunami. Tal vez dedique a ello mis últimos días en Japón, un país al que sospecho que no volveré durante un largo tiempo, pero al que he quedado ligado por el resto de mi vida.

Mis posibles últimas semanas en Japón

Dentro de Hal Tokyo – Modo Gakuen (Cocoon Tower)

IMGP0593   Cocoon Tower / Shinjuku

Hoy he podido al fin entrar en la Cocoon Tower. Desde que vi por primera vez esta torre en construcción en el corazón de Shinjuku, quise entrar y subir a lo más alto. Normalmente la entrada no está permitida al personal ajeno a los centros de estudios que acaparan cada planta del edificio, pero de vez en cuando alguna actividad ofrece la oportunidad de acceder y conocer de cerca qué es lo que se cuece detrás de esos muros cortina curvilíneos.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En las 50 plantas de este edificio están integradas dos escuelas, el Modo Gakuen de Tokio, dedicada al diseño artístico y estético; y el HAL, un centro de estudios de tecnología, centrado principalmente en el desarrollo de juegos de última generación y creado con la participación de diversas empresas para satisfacer la demanda de mano de obra altamente cualificada de estas. Además de juegos, esta escuela está dedicada a todo lo que rodea este oficio, con lo que también hay departamentos para el desarrollo de gráficos por ordenador, música, diseño de automóviles, robótica y Nuevas Tecnologías de la Información. Las principales empresas que participan en este monstruoso centro de estudios son Nintendo y Microsoft, aunque también están Capcom, Square Enix, Production I.G., Tv Asahi, Yamaha, Softbank, Yahoo Japan, Rakuten, Hp, Fujitsu, entre otras muchas.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

La persona que ha ofrecido el pequeño curso (en realidad, nada excesivamente interesante, ya veréis), es uno de los antiguos desarrolladores de House of the Dead en Sega, entre otros juegos, y ahora profesor en HAL. En curso consistió básicamente en ver cómo se movía una imagen estática en la Nintendo DS, es decir, el primer paso para introducir los gráficos en la consola portátil. Sin embargo, se quedó en poco más que media hora de photoshop, retocando la figura de un lobo a lo tonto, y luego la introduciéndola en la consola.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

Nada del otro mundo, pero interesante por los comentarios del profesor, que entre otras cosas destacó que el que quiera estudiar en HAL tiene que mentalizarse de que se trata de un calvario de 4 años que requiere de mucho arte y un esfuerzo titánico a diario. Según sus propias palabras: “Si quieres echarte novia o novio, estudiar en el extranjero, o comer comida china o tailandesa, esta no es la escuela que buscas”. Se trata de una escuela muy estricta ya que los alumnos que se gradúan en la misma terminan trabajando para grandes empresas del sector, desarrollando juegos para XBOX o Nintendo, diseñando automóviles, o todo el apartado artístico que rodea a este maravilloso mundo.

Por cierto que la matrícula anual ronda los 1.300.000 yenes, casi 14.000 euros, un precio no demasiado elevado si consideramos que es Japón, y que el plantel de profesores y de colaboradores es de mucha categoría.

La mejor parte de la actividad vino después, cuando subimos al mirador de la planta 50, para observar el paisaje de Tokio desde una nueva perspectiva.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

HAL - Modo Gakuen

Poco después fuimos bajando planta por planta, para ver las distintas aulas y conocer cuál era la finalidad de cada una.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

Como he comentado antes, uno de los departamentos se dedica al diseño de automóviles, buscando qué aspecto tendrán los coches que veremos dentro de algunos años.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

También encontramos las aulas donde se crean los efectos y la música de las animaciones, así como el doblaje de las películas y videojuegos.

En el Hal Tokyo - Modo Gakuen (calidad móvil)

En esta otra sala llena de cacharros de Apple es donde verdaderos artistas hacen todo el diseño gráfico no sólo de juegos, sino también del aspecto de los productos que compramos a diario, sus anuncios, envoltorios, etc. Por supuesto, hay otra sala enorme con PC’s donde se crea todo el arte que rodea a los juegos de XBOX.

Pudimos ver asimismo la sala donde se realiza la captura de movimiento para las animaciones en 3D, así como a algunos alumnos trabajando en sus diseños tridimensionales, y un aula de robótica en plena actividad a la que no pudimos pasar, y cuyos alumnos opusieron un poco de resistencia cuando intentamos tomar fotografías.

Por supuesto, después de la visita, hubo regalo: póster más carpeta con toda la información sobre HAL. Una visita curiosa que ha merecido la pena, y que os recomiendo si alguna vez tenéis la oportunidad de hacerla. Por cierto que hay un dato curioso sobre esta escuela, y es que se trata del segundo centro educativo más alto del mundo, con 204 metros de altura, después de la Universidad Estatal de Lomonosov en Moscú, con 240 metros de altura. Lo curioso es que mientras que la Cocoon Tower alberga 50 plantas, la universidad de Lomonosov sólo tiene 36. Una última cosa: la Cocoon Tower es también el diecisieteavo edificio más alto de Tokio.

HAL - Modo Gakuen

*Las fotos tuve que tomarlas con el móvil, así que os pido disculpas por la baja calidad.

Dentro de Hal Tokyo – Modo Gakuen (Cocoon Tower)

Preparando una rica tempura de cera

Tempura de Cera

Al pasar junto a muchos restaurantes y bares japoneses es común ver escaparates con algunos de los platos que se sirven dentro. Los que habéis visto el interesante documental de Wim Wenders ‘Tokyo-ga’, ya sabéis de sobra que se trata de platos fabricados con cera, y no de comida real (¿se puede embalsamar comida?). Hoy día la mayoría de estos platos no están fabricados con cera, sino con un tipo de plástico que, por supuesto, soporta el calor y dura mucho más. Esta es una profesión que viene ejerciéndose ya desde hace más de 60 años, y que va adaptándose a las ventajas de los nuevos tiempos. Requiere de mucha habilidad y paciencia, porque fabricar una tempura puede ser sencillo, pero imagino horrores para preparar soba, udon, nigiri sushi, un simple bol de arroz, un filete o una hamburguesa, y que tenga un aspecto tan apetecible.

He tenido la suerte de poder apuntarme a una clase para aprender ha fabricar una pequeña muestra de falsa comida de muestrario. Si vosotros también estáis interesados, podéis entrar en www.yamato-sample.com y apuntaros a una clase si estáis o pensáis venir a Tokio y queréis hacer algo distinto. También podéis preparar copas de helado, cupcakes, cucharas con ramen o chahan, y otras muestras de comida hechas con plástico, y crear vosotros mismos un llavero o colgante para el móvil personalizado.

El modo en el que se fabrica una tempura no es demasiado complicado. En esta ocasión, lo único que he aprendido a hacer es el rebozado con cera. El proceso podéis observarlo en las fotos.

Primero es necesario tener un recipiente con cera caliente, y otro con agua fría. Con un vaso de papel, vertemos cera en el agua fría poco a poco, sin dejar agujeros, y extendiéndola lo suficiente como para “rebozar” la verdura o la gamba de cera de la que ya disponemos.

Tempura de Cera

Tempura de Cera

Tempura de Cera

Seguidamente colocamos la pieza de cera de verdura o la gamba encima de esa masa, cuidadosamente, y lo vamos envolviendo desde abajo, con las manos, sin ejercer demasiado presión. Una vez bien envuelto, le damos la vuelta a lo rebozado para que se enfríe toda la pieza.

Tempura de cera

Tempura de Cera

Tempura de Cera

Tempura de Cera

Finalmente lo dejamos secar en el papel, y procuramos no acercarlo a una fuente de calor (cosa imposible en este verano tokiota).

Os dejo también un pequeño vídeo para que veáis cómo se envuelve y se prepara una gamba. Muy sencillo.

Como podréis imaginar, mi tempura de calabaza y gamba ha llegado bastante perjudicado a casa, aunque aún tiene aspecto apetecible. Espero que ninguno de mis compañeros de piso venga borracho y con hambre, y le de un mordisco al invento.

¡Ah! Un último consejo. No recalentar en el microondas.

Preparando una rica tempura de cera

Políticos japoneses entre bambalinas

Los japoneses tienen también a sus Reagan y Schwarzenegger. Recientemente hemos vivido un momento histórico en la política nipona con la elección de Yukio Hatoyama como primer ministro, expulsando del gobierno al partido que había dominado de forma casi ininterrumpida durante más de medio siglo. Los análisis sobre la figura del nuevo gobernante no han tardado en salir a la luz, sorprendiéndonos con apuntes tan curiosos como el libro que su mujer Miyuki publicó en 2008, titulado Cosas muy extrañas que me he encontrado, y donde afirma que en otra vida viajó a Venus en una nave triangular, o cómo conoció a Tom Cruise encarnado en un japonés durante ese mismo viaje. Por supuesto, esta extravagante historia ha sido un regalo para la prensa sensacionalista nipona.

Pero estas historias no son patrimonio del PDJ ni fruto del nuevo siglo. Miremos, por ejemplo, la figura de uno de los políticos japoneses más carismáticos de la historia reciente: Jun’ichiro Koizumi. En 1982 Koizumi se divorció, dejando a su esposa sola en espera del tercer hijo. Este hecho es poco común en la clase política y en otros países podría ir en detrimento de un partido de cara a unas elecciones. Pudimos vivir su reelección, y aún hoy muchos japoneses siguen considerando que el exprimer ministro del PLD fue un gran político. Se dice también de Koizumi que es amante del Heavy, y le vimos imitar a Elvis en una visita a Estados Unidos invitado por George Bush.

Jun’ichirô Koizumi en EE.UU. Fuente: http://www.tonisant.com/blog/pix/koizumi-elvis.jpg

A pesar de haber salido discretamente de la escena política, Koizumi sigue haciendo sus pinitos en el mundo de la farándula. En octubre de 2009 conocimos que prestará su voz para el personaje de Ultraman King en la película Daikaijū Battle: Ultra Ginga Densetsu The Movie, hecho que nos demuestra, claramente, que lejos de retirarse de la vida pública, la conquista de su tiempo le ha permitido cultivar sus aficiones por otras vías.

No obstante, vayamos más allá de Koizumi, hasta la apertura de Japón a la política moderna. Si queremos saber dónde empieza esta simbiosis entre la farándula y la política en Japón tenemos que remontarnos a comienzos del siglo XX, entre 1904 y 1905. El francés André Bellesort, en un viaje a Japón en el que sigue al candidato M. Kumé (de una familia relacionada históricamente con la diplomacia), apunta en un momento dado:

“El actor estudiante Kawakami, fundador revolucionario de una especie de Teatro Libre, se presentaba a los sufragios del duodécimo distrito de Tokio. Era la primera vez que un cómico de profesión subía al estrado político, y vi que, a pesar de todo, el público japonés no tenía aún el sentido muy embotado, porque gruñó. Kawakami perdió el tiempo, pues nadie quiso oírle y se prohibió a los propietarios de yose alquilarle sus salas, esos humildes locales de conferencias a los que van por las noches hábiles oradores a contar cuentos a los tenderos y a la clase media del barrio. Solamente las mujeres trabajaron por su elección; pero si la impertinencia de aquel cómico es una señal alarmante, los cuarenta y cinco votos que obtuvo deben tranquilizar al gobierno sobre el peligro de las influencias femeninas”.

Este pasaje, recogido en La Sociedad Japonesa, obra premiada por la Academia Francesa y traducida al español por F. Sarmiento, contiene también la imagen del actor, que, vestido de uniforme, espada al cinto y pelo alborotado, deja los hombros caídos y se mantiene cabizbajo, con aspecto desolado.

El actor Kawakami, en una fotografía de ‘La Sociedad Japonesa’ de A. Bellesort.

Más adelante en la historia, regresando a la década de 1990, encontramos otros ejemplos. El 17 de abril de 1995 se anunciaba en los medios que la elección de los gobernadores de Osaka y Tokio era un símbolo del cambio de actitud de los japoneses ante la política. Y es que Yukio Aoshima, escritor, compositor, comediante y gobernador de Tokio, y Knock Yokoyama, ex-cómico y gobernador Osaka hasta 1999, ganaron fundamentalmente por su popularidad como personajes de los medios de masas. Su pasado artístico les sirvió para llegar a la población como independientes, sin el respaldo de ningún partido. De hecho, se suele recordar que Yokoyama dirigió su campaña desde una tienda de fideos con el único apoyo de su familia.

Ninguno de estos candidatos invirtió mucho dinero en ingeniosas campañas publicitarias para atraer el voto, y se limitaron a utilizar los espacios gratuitos de la televisión pública. Parece ser que ya tenían asumido que su participación en programas de televisión, ya sea como comediantes (Aoshima fue famoso por su personaje Ijiwaru-baasan o abuela malévola) o como tertulianos, les había acercado al pueblo. Ya tenían la popularidad y los medios para aprovechar las grietas del desencanto popular con la política convencional.

Aoshima en el papel de Ijiwaru Baasan. Fuente: http://image.blog.livedoor.jp/rs_naka_second/

Estos son algunos de los ejemplos más significativos, pero no los únicos. La fórmula de una fuerte personalidad mediática con un sugerente programa político ha funcionado en Japón y en otros muchos países, y parece que lo seguirá haciendo en adelante.

Políticos japoneses entre bambalinas

Un día en el Sumô

El pasado viernes la gente del Kansai Kokusai Sentâ nos invitó al Sumô. Así que contentos como nunca, los del grupo PS8 nos fuimos al Ôsaka Taiikukan, en Namba. Este es un vídeo de la jornada, con dos combates: El del mastodóntico Yamamotoyama, y el del Yokosuna actual, el mongol Asashoryu. A decir verdad, el combate que más me gustó fue el de Yamamotoyama, un luchador de impresionantes dimensiones. El vídeo es bastante ruidoso, así que os recomiendo bajar el volumen bastante. Por lo demás, que lo disfrutéis.

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Un día en el Sumô

Caricatura de Tadao Ando

Ayer, mientras revolvía los papeles aún más revueltos que hay encima de mi mesa, pensando en esas cosas que están entre dar batalla a la entropía y el reciclaje, encontré un sobre que me dieron en la última conferencia del arquitecto Tadao Ando a la que asistí en Ôsaka. No me había fijado antes en que en la parte inferior del sobre hay un cuadro pequeño con una caricatura de Tada Ando muy conseguida. Me ha resultado tan divertido que voy a guardar el sobre, aunque sólo lo tenga como recuerdo.

La caricatura de Tadao Ando

Sobre la conferencia de Tadao Ando, que tituló 「新しい道を切り拓く」 (‘Atarashii michi-wo kiri hiraku‘), que significa “Abrir un nuevo camino“, puedo contaros que habló, con bastante gracia, de la experiencia que está teniendo con el proyecto que está realizando en Abu Dhabi, de sus impresiones sobre el Burj Dubai, y también de sus trabajos en Italia. Luego se deslizó hacia algunos aspectos concretos de su arquitectura, como la aparente ausencia de identidad cultural, con casos como el santuario en el Awaji Yumebutai, el cual reconoció que fue aceptado a regañadientes por los sacerdotes; o bien la falta de comodidad y el diseño poco práctico de algunos de sus primeros proyectos. También, como suele hacer, se refirió a Ôsaka y a la imagen que esta ciudad tiene en Japón, y al edificio que diseñó para albergar el Museo Suntory que se levanta en Ôsaka-ko.

Y Tadao Ando de verdad. Imágen vía www.wallpaper.com (Link en la foto)
Y Tadao Ando de verdad. Imagen vía 'www.wallpaper.com' (Link en la foto)

La verdad es que en las dos ocasiones que he asistido a una conferencia de Tadao Ando, siempre he oído lo mismo, aunque con un orden distinto. El comienzo de esas conferencias, no obstante, no fue el mismo, y en ese punto sí que resultó muy interesante. Y por supuesto, me encanta que sepa hacer reir a la gente. Espero poder ver de nuevo al maestro del hormigón, ahora copiado hasta la extenuación por los nuevos arquitectos de Asia.

Caricatura de Tadao Ando

Maneki Neko Ippai!! en Tokoname

El pasado fin de semana hice una escapada a un pequeño pueblo de ceramistas llamado Tokoname 常滑, en Nagoya 名古屋. Tokoname es sin duda un lugar precioso para visitar, con una extraña relación con ese personaje tan peculiar de la cultura de Asia Oriental que es el Maneki Neko 招き猫, el gato de la fortuna. De hecho, este gato tiene una avenida dedicada a él en Tokoname, la Maneki Neko doori. No es demasiado extensa, pero sí curiosa. En ella se pueden ver distintas interpretaciones de esta figura popular por distintos artesanos, y, como no podía ser de otra manera, una cabeza gigante de Maneki Neko que se puede encontrar callejeando un poco cuesta arriba.


Aparte de estas curiosidades, el pueblo en sí es bonito, con casas antiguas de madera castigada por la lluvia, con las torres de los hornos de los ceramistas asomando en el paisaje. La especialidad culinaria parece ser el Yôkan, aunque tampoco he tenido mucho tiempo de pararme a comprobarlo. Aparte de eso, la verdad es que en el pueblo no hay mucho más. Si uno espera pasarlo bien por la noche, se puede ir olvidando de ello, puesto que en Tokoname no hay más que algunas pequeñas y ruidosas Izakaya, y, cómo no, un club de Hostes y un Karaoke-Izakaya. También se puede visitar el museo de la cerámica de Inax, gran empresa que parece poseer hasta los botones de la camisa de cada uno de los habitantes del lugar (realmente la marca Inax está allí en todos los sitios).

Si alguna vez os apetece visitarlo, os recomiendo que os alojéis fuera de Tokoname. El pueblo está realmente cerca del Aeropuerto Internacional de Nagoya, y a unos 40 minutos en tren tomando la línea Meitetsu 名鉄desde la estación central de la ciudad.

Finalmente, os dejo el enlace al álbum de los Maneki Neko, para que veáis todos los que hay en la avenida dedicada a ellos. Así podéis elegir el que más os guste, o el que más detestéis, según os venga en gana.

Nos vemos, hasta que el deber me lo permita.

Maneki Neko Ippai!! en Tokoname

Estudiando la megalópolis japonesa

Como ya sabéis algunos que me leéis, estoy en Japón escribiendo mi tesis sobre la Megalópolis de Tôkaidô. Sin embargo, creo que aún no he explicado bien de qué se trata esto de la megalópolis. Para empezar, debéis saber que el primero que utilizó el término megalópolis para definir el área que acoge a una trama de grandes zonas urbanas que se conurban fue el geógrafo francés Jean Gottman, allá por el año 1961. Podemos decir, en general, que una megalópolis es el área donde conviven varias grandes ciudades, metrópolis, y ciudades intermedias; o bien, el área que acoge una red de ciudades interconectadas. De hecho, se habla de megalópolis cuando la población de una urbe supera los 10 millones, aunque teniendo en cuenta el incremento de la población mundial y el desarrollo de las ciudades, esto podría ser discutido.

En el caso de Japón, concretamente, después del desarrollo extraordinario y caótico que sucede a partir de 1945, los urbanistas tienen la necesidad de definir el crecimiento de las ciudades de otra forma. Eso les lleva a acoger con entusiasmo en la segunda mitad de los años ’60 y comienzos de los ’70 el término megalópolis, y a describir toda una serie de áreas del archipiélago donde la trama urbana había crecido notablemente. Uno de esos estudiosos es Eiichi Isomura, un geógrafo social que en 1968 escribe un libro titulado La megalópolis japonesa (日本のメガロポリス), en el que, por primera vez, se hace una descripción detallada del área de Tôkaidô. Por suerte he podido conseguir ese libro, gracias a mi tutor, y ahora estoy leyéndolo (no sin esfuerzo).

Isomura distingue cuatro megalópolis en Japón: la megalópolis de Tôkaidô, que es la más importante, y en la que se reunen las ciudades de Tokyo, Yokohama, Shizuoka, Nagoya, Osaka y Kobe; la megalópolis de Setouchi, que llega hasta Fukuoka; la megalópolis de Hokuriku, dentro del distrito de Ishikawa; y la megalópolis de Doou, en Hokkaido.

Con el paso del tiempo, por supuesto, estas áreas han sido redefinidas e incluso olvidadas. Por ejemplo, muchos estudiosos se refieren posteriormente a la megalópolis de Setouchi como la Extensión de Setouchi-Kitakyushû, englobándola dentro de lo que sería el área de la gran megalópolis de Tôkaidô.

Mi investigación, sin embargo, es algo peculiar. No soy urbanista ni arquitecto, aunque he estudiado y estudio estos temas. Por ello el punto de vista desde el que estoy estudiando el fenómeno (o realidad) de la megalópolis es desde las ciencias sociales y la teoría de la información. De hecho, la megalópolis y la Sociedad de la Información tienen una estrecha e imprescindible relación.

Así que, por el momento, ya sabéis un poco más qué es lo que estoy haciendo en Japón. Espero que los resultados de mi investigación, volcados en una tesis, sirvan para aclarar, redefinir y reconquistar la definición de megalópolis. Un concepto que resulta bastante difuso en la actualidad.

La obra de Eiichi Isomura, La megalópolis japonesa, en mi poder
La obra de Eiichi Isomura, 'La megalópolis japonesa', en mi poder
Estudiando la megalópolis japonesa

Marketing directo y vergonzante

El pasado sábado estuve paseando por las calles del osakeño barrio “Nigiyaka” (alegre y juvenil) llamado Shinsaibashi. Es un lugar de visita obligada por su peculiar estilo y fama. Al ser fin de semana, por supuesto, estaba a reventar de chavales y chavalas de distintos estilos y edades, hablando de temas triviales y gastando dinero. También había extranjeros y alguna que otra abuela despistada. Entre el ruido, las miradas cruzadas con jovencitas desconocidas y los gestos de “no quiero saber que estás aquí” de otros extranjeros, me encontré con dos tipos que hacían publicidad, creo recordar, de una tienda en la que venden ordenadores de segunda mano. La pinta de los muchachos es la siguiente: ropa informal, actitud despreocupada, y un enorme casco de cartón con forma de cubo de pollo frito del Kentucky Fried Chicken puesto en la cabeza para evitar ser reconocidos (guión) pasar vergüenza.

Ya he hablado de las curiosas estrategias de venta que existen en Japón, y de la cantidad de productos de distinta índole que se venden, y cómo la gente responde a la publicidad con voracidad. De hecho, una de las palabras que uno puede oír muy a menudo en los anuncios, tanto en las grandes superficies como en los medios de comunicación, es “shinhatsubai” 新発売, cuya traducción sería “ya a la venta”, aunque la expresión está formada por las palabras “nuevo” (shin) y “puesto a la venta” (hatsubai). En Japón la publicidad es algo realmente importante, por lo que podríamos decir que es el paraíso y al mismo tiempo el infierno de cualquier publicista o experto en marketing, que tiene que reinventar la manera de vender el mismo producto continuamente. Sin embargo, en el lado opuesto, podemos ver escenas tan tradicionales y sencillas como dos tipos voceando delante de una tienda.

Vocear (“yomiuri”) es algo que tiene mucha tradición en muchos países, y que en Japón parece ser una costumbre. Por otra parte, me resulta gracioso que surjan también iniciativas tan curiosas como esta que os he descrito. No creo que haya un equipo de especialistas detrás de esta publicidad. De hecho, no me imagino a un equipo de creativos a las cuatro de la mañana, en torno a una mesa con café humeante, exclamando de repente: “¡Ya lo tenemos! ponle a estos dos unas cajas de cartón en la cabeza y que se pongan en medio de la calle a vender nuestro producto!”. Más bien se trata de una actividad que hasta podría ser ilegal.


Esta es una muestra de lo antiguos que pueden ser los japoneses en ocasiones. Es algo que ya contaré en próximos artículos. De hecho, en el sitio en el que estoy ahora aún funcionan con VHS y cintas de cassette. ¿Será una reacción ante el exceso de productos novedosos y la rápida caducidad de los mismos? No lo sé, pero tiene su encanto que sigan utilizando cosas que en nuestros países, menos tecnológicamente desarrollados, parecen haber caído en el olvido definitivamente.

Marketing directo y vergonzante